riohacha1El Ejército y la Policía reforzaron la seguridad en el recorrido de las carrozas por distintos sitio de la capital de La Guajira.

Pese a que la Policía realizaba el acompañamiento a los bailarines y reinas, el número de uniformados no era suficiente para controlar a estos muchachos que están entre los 13 y 17 años.

Con el Ejército se reforzó el desfile de carrozas del carnaval de Riohacha, luego que un grupo de jóvenes protagonizaran desórdenes en los eventos anteriores y que fueron reprochados por toda la comunidad.

Pese a que la Policía realizaba el acompañamiento a los bailarines y reinas, el número de uniformados no era suficiente para controlar a estos muchachos que están entre los 13 y 17 años.

La decisión de la presencia militar se tomó en un consejo de seguridad, en el que Lira Deluque presidenta de la Fundación Carnaval de Riohacha, afirmó que los padres de los jóvenes deben ser responsables de lo que ellos hagan.

“Antes habíamos visto desórdenes pero este año no sé qué pasó que hasta piedra tiraron cuando uno de los desfiles iba por el Centro Cultural”, manifestó.

El viernes pasado por ejemplo, en el de Francisco J. Brito, el desorden y las agresiones fueron de tal magnitud que la mayoría de las personas que hacían parte de las comparsas decidieron retirarse para evitar sufrir algún daño.

En el consejo se decidió igualmente que el desfile de carrozas estaría encabezado por la primera autoridad de la ciudad el alcalde Rafael Ceballos Sierra, junto al comandante de la Policía coronel Alejandro Calderón Celis, quienes iban acompañados de otros funcionarios de la administración municipal.

Uno de ellos fue el secretario de Gobierno Blas Quintero, quien personalmente se encargó de revisar a los menores y jóvenes que llevaban morrales, los cuales son usados para guardar las piedras.

Por su parte los policías y soldados escoltaron en todo momento las carrozas donde iban las reinas en el desfile, aunque tenían la orden directa del alcalde de conducir hacía un centro de recepción, a los menores que fueran sorprendidos lanzando agua o tirando piedras a los bailarines.

Los uniformados contaban con el apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y la Comisaría de Familia.

POR: SANDRA GUERRERO BARRIGA/EL HERALDO