Panamá, 3 mar (PL) En una mezcla de política y pachanga se han convertido los carnavales de este año en Panamá que se celebran cuando faltan dos meses para las elecciones generales y han obligado a los candidatos a mojarse en los culecos.
En Panamá les llaman culecos a los bailes populares en parques, plazas y lugares al aire libre pero protegidos por vallas, o «mojaderas», porque el principal atractivo de los culecos es el agua que riegan carros cisternas sobre los bailadores.
Los culecos se realizan hasta caer la tarde, pues cuando se esconde el sol comienzan los desfiles de carrozas y las tunas calle arriba y calle abajo para apoyar a sus reinas en una competencia de mucho colorido y esplendor.
Esas congas y comparsas, al igual que los culecos, han puesto a pruebas las capacidades de los candidatos presidenciales y a los demás cargos públicos, de mover cintura y pies para congraciarse con los carnavaleros y tratar de sumar votos para los comicios previstos para el 4 de mayo.
Los cuatro candidatos de los partidos Cambio Democrático, Panameñista, Democrático Revolucionario, y Frente Amplio por la Democracia, sus vicepresidentes, y los tres independientes, se han lanzado por la capital y el interior, en especial Los Santos, la meca de estas fiestas, más para hacer campaña que para bailar.
El jolgorio terminará el martes por la noche vísperas del miércoles de ceniza, primer día de la cuaresma, con el tradicional entierro de la sardina, que llegó América desde España.
Es la apoteosis de las carnestolendas y el momento en que la caña y la cerveza corren con mayor abundancia por el frenesí que despierta la hora del castigo, pues se quema o se apalea a alguna figura simbólica que represente el pasado como un llamado a la reflexión y una esperanza de que los tiempos cambien.
En ese instante, candidatos y gobernantes aguantarán la respiración, y no precisamente por el humo de las piras, sino por el mensaje de la sardina que suele ser más certero que las encuestas de opinión.

