Vida y obra de Samuelito

jorge-nain-ruiz-4Por: Jorge Nain/El Pilón

Como un homenaje póstumo al juglar que dio a conocer el nombre de mi pueblo con el título de aquella canción que grabaron e hicieron famosa Alfredo Gutiérrez y Jorge Oñate, quiero entregarles un perfil de quien fue conocido en vida como el mejor acordeonero y cantautor de La Loma, Samuel Martínez Muñoz.

Tendría unos trece o catorce años aquel muchacho de color oscuro que llamaban ‘Samuelito’ cuando inició a escondidas de su padre Pedro Nolasco Martínez a bajar un acordeón de una hilera de pitos al que escuchaba llamar ‘Tornillo e máquina’ y que el viejo guardaba en el zarzo de su casa de bajareque en la población de El Paso, epicentro de la escuela negroide del acordeón en lo que llamaban el Magdalena Grande, por las postrimerías de los años treinta del siglo pasado.

Ese muchacho escuchaba casi todos los días al viejo Pedro tocar el instrumento y como si fuera poco, a su casa venían acordeoneros como Juan Bautista Durán Pretelt, abuelo nada menos que de ‘Alejo’ y ‘Naferito’ Durán, José Antonio Serna, Octavio Mendoza, conocido en la región como ‘El Negro Mendo’; es decir, el asunto no era por falta de maestros, sino porque cuando el muchacho iniciaba a ver tocar a esos maestros, su papá se mudó para El Hatillo por asuntos de trabajo, una población que quedaba algo distante de El Paso y más bien cerca de La Loma de Calentura, llamado así por el gran hato de ‘Calenturas’, que junto al hato ‘Las Cabezas’ fueron tal vez los más grandes hatos ganaderos del país.

‘Samuelito’ siguió practicando el instrumento sin que lo supiera su padre y un buen día le dio la sorpresa tanto al viejo Pedro como a ‘Felipina’, como le decían a Felipa Santiaga Muñoz su progenitora, acordeón al pecho, les anunció que él sería acordeonero y que al igual que su papá combinaría ese arte con los oficios de criar ganado y cultivar la tierra.

Ese tipo de noticia en la región corrían como pólvora, así que muy pronto en El Paso se enteraron de que un joven hijo de Pedro Nolasco llamado ‘Samuelito’, que con su padre estaba internado en las sabanas de El Hatillo cerquita a La Loma, había tomado el camino de la música de acordeón y los acordeoneros de El Paso se empezaron a preparar para enfrentar a alguien que sin duda por provenir de una dinastía de músicos y ser hijo de quien se decía se había enfrentado a tocar con el Diablo, debía ser muy bueno.

‘Samuelito’ se inició en el arte del acordeón cuando todavía era un niño, y desde entonces el viejo Pedro Nolasco y su tío Ignacio ‘Nacho’ Martínez, quienes eran acordeoneros ya de renombre en la zona, lo llevaban a las parrandas y le soltaban uno de los dos acordeones de una hilera con los que amenizaban los jolgorios y se enfrentaban a los acordeoneros de la comarca.
Por la década de los 40 en el siglo pasado, ya ‘Samuelito’ tocaba por las calles de pueblos cercanos y a El Paso llegaban los rumores de que un muchacho hijo del viejo Pedro Nolasco era la sensación en las parrandas de Potrerillo, El Hatillo y La Loma.

Uno de los más grandes acordeoneros, compositor y verseador, es decir un juglar completo de la región pasera, sin duda lo fue Samuel Martínez, él solito llegó a enfrentarse a los tres hermanos Durán Díaz, Luis Felipe, Alejo y ‘Naferito’.

Nos contó Samuel Martínez Jr., hijo de ‘Samuelito’, quien lo acompañó tocándole la guacharaca por varios años, que la piqueria con los hermanos Durán se originó porque un amigo de ambas familias llamado Cecilio Reales, era quien atizaba la hoguera porque le decía a ‘Samuelito’ que Alejo le había robado un paseo y lo había grabado a nombre de él, entonces Samuel compuso una canción donde decía que algunos músicos se estaban volviendo famosos a costilla de otros, pero no mencionaba a nadie en particular. Sin embargo, Cecilio Reales fue a decirles a los Durán que ‘Samuelito’ les había compuesto un paseo donde lo ofendía y allí se inició una de las famosas piquerias de la historia del vallenato.
Pero ‘Samuelito’ antes ya había tenido un enfrentamiento musical muy fuerte con Germán Serna, en el cual las ofensas llegaron a ser incluso mayores que con los Durán.

Samuel Martínez Muñoz cuando tocaba su acordeón no cantaba ninguna canción que no fuera de su autoría y se dice que llegó a componer más de mil temas, los cuales en su gran mayoría se quedaron inéditos y se llevó a la tumba.
Pero el gran acordeonero que pasó su vida en La Loma de Calenturas, no fue tan andariego y no hizo tantas y largas correrías como casi todos los demás acordeoneros de su época, una penosa enfermedad de la vista lo dejó ciego, y más bien la tranquilidad de su hogar y el cariño de sus amigos le acompañaron en sus apacibles últimos días y se nos fue el 27 de septiembre de 2004, hoy en La Loma llevan 25 años haciendo un festival vallenato que lleva su nombre.

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