Semana por la paz

“Demos el paso el encuentro es con la paz”

Giomar Lucía Guerra Bonilla

La patria se ha ido, sin ruido, previniéndonos de ello el desarraigo, el desorden social, la insolidaridad, se fue sin que nadie haya hecho un gesto o dicho una palabra para retenerla” (Raíces de Existir”-(Simona Weill)

Bajo el lema “Demos el paso, el encuentro es con la paz,” la Iglesia católica realizará este año la Semana por la paz del 6 al 13 de septiembre con varios actos conmemorativos, según informó el Padre Jesús Torres Líder de Pastoral Social en La Diócesis de Valledupar. De igual manera la festividad de San Pedro Claver, consagrado como día de los derechos humanos.

“Son miles las iniciativas territoriales que están con la paz, lugares que se han declarado territorios de paz, que trabajan con voluntad por lograr una paz con justicia social, convivencia, desarrollo humano y cuidado del medio ambiente” expresa Fernando Sarmiento de Red ProdePaz.
Monseñor Fabio Henao, Director del Secretariado de Pastoral Social, dice que la Semana de la paz se realiza en medio de unas circunstancias muy especiales, en las cuales el país está y personas comprometidas con el tema de la paz realmente conmovido por los asesinatos de miles de personas entre ellos. Defensores de derechos humanos
Los colombianos padecemos una serie de experiencias dolorosas, causadas a través de un periodo que supera las cinco décadas que testifican unas memorias de alteración del orden interno, de la paz ciudadana y de la concordia.
La convivencia entendida como la condición y circunstancia de vivir con otros, demanda una comunicación permanente y la expresión de sentidos y saberes que al ponerse en escena, y al ser desarrollados procesos de conciliación, conducen a una relación armónica entre los miembros de una comunidad.

Por lo cual hay que definir los criterios para la convivencia y el progreso referidos a una manera de pensar, de ser y de hacer, así como las formas de ver y entender el mundo, modos de amar y cómo lograrlas en la relación social y, en especial la familia desarraigada víctima del desplazamiento forzado, donde es necesario abordar programas de apoyo a la educación pluricultural, adoptar una pedagogía del amor que orienta el ser y el quehacer, la interacción de las personas con su entorno, proteger la libertad sobre la cual debe basarse la organización social, promover la solidaridad con el individuo y el colectivo convocados por el derecho de todos los seres humanos a dar sentido a su existencia.
Desarmar la palabra para no agredir a los demás, actuaciones que pueden desarrollarse en el diálogo social en el hogar, en la escuela, con organizaciones cívicas, sociales, políticas. En la reflexión colectiva, la experiencia compartida, la proximidad cultural. Sin embargo estas políticas son letra muerta si campean la pobreza y la miseria, si no hay solución y voluntad política para zanjar los problemas sociales.


Si no somos capaces de frenar toda esta oleada de violencias, vamos a dejar perder entonces un momento crucial de la historia, Y entonces no podemos “seguir dando pasos” para hablar de la intolerancia, del rechazo al diferente, del desempleo y del subempleo, de quienes destruyen y no cuidan los parques de sus barrios no preservan el medio ambiente, desperdician el agua, tiran basura a la calle, taponan alcantarillados de aguas lluvias, acequias, los ríos, (Laudato Si Papa Francisco) escombros que impiden el uso de las vías, estacionan en sitios peatonales, generan caos vehicular, incomodan a los enfermos en los hospitales.
En medio de la angustia y del apremio que genera la situación de emergencia y la magnitud del problema, son muchos las personas que desde su quehacer cotidiano, hacen modestos pero significativos aportes a la reconciliación para la convivencia pacífica, la tolerancia, fomentando la formación integral de las nuevas generaciones, recuperando la identidad cultural, en un proceso de reconstrucción y fortalecimiento del tejido social. El núcleo familiar tradicional se ha trastocado, la violencia intrafamiliar, la madre cabeza de familia ausente del hogar y/o el padre que no está presente por una u otra razón, y otra serie de elementos de este tenor nos muestran un ambiente no propicio para la educación regular, nada fácil de asumir. Es la madre, la que de pronto ya no puede guiar, dar las bases fundamentales, arrullar, ni amamantar, sino luchar por la subsistencia de su hijo, por el apremio de un trabajo casual.

“Este año, en medio de esta semana de trabajo, oración y reflexión, nos proponemos dialogar y reconocer los esfuerzos que, desde todos los niveles, se hacen por la paz. La paz es una tarea confiada a la responsabilidad de todos, es una certeza, una esperanza que tiene a su favor el porvenir y destino de Colombia. La paz es necesaria”. (Monseñor Óscar Urbina Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia)

Vivir la vida es rechazar toda forma de violencia.

BLOG DE LA AUTORA: Giomar Lucía Guerra Bonilla

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