¿Que es la vallenatologia?

Luis Carlos Ramirez Lascarro

“Los juglares se convirtieron en reyes;
la música en ciencia, por cuenta de Vallenatología, el libro de Consuelo;
y una familia con más de dos músicos, en dinastía”.
José Jorge Dangond.

Una de las características que define a la gran mayoría de los escritos y comentarios acerca de la música vallenata es el uso de un lenguaje hiperbólico, justo como el empleado en el fragmento que sirve de epígrafe a este artículo, el cual es recogido en el libro Mitología vallenata (Sánchez, 2.020).

Esta afirmación desmesurada del primer director del canal regional de televisión, Telecaribe, podría pasar a ser una más de las incontables anécdotas sobre la música vallenata, de no ser porque con la inclusión del término Vallenatología en el Diccionario de Americanismos de la Real Academia Española de la Lengua, posterior a la inclusión de Vallenato, como manifestación cultural y como gentilicio, en el Diccionario de la Lengua Española en el 2.017, se le ha dado ya un status de oficialidad, se le ha refrendado como de uso culto en Colombia – uso que no es tal en la realidad – , como el “Estudio académico del vallenato”. Definición que, sin embargo, se queda corta puesto que desde la aparición del libro de Consuelo Araujo esta palabra se ha incorporado al léxico regional como una forma de referirse a todo lo concerniente a la música vallenata, pero en particular al accionar de los coleccionistas de datos y anécdotas, sean estas inventadas o verídicas, acerca de los actores de esta música y su contexto.
El uso de la palabra vallenatología para referirse a todo lo relacionado con la música vallenata es una de las tantas cosas que fueron fundacionales en el libro homónimo de Araujo, pues en la reseña de la autora, al final del libro, se hace referencia a la vallenatología, entendiéndola como la música vallenata en sí misma: “Hoy es una de las columnistas más populares y leídas de la costa Atlántica, y su carta Vallenata es la mejor síntesis de lo que ocurre en la tierra de Abraham Maestre… y tantos otros personajes de la vallenatología” (Araujo, 1973, p. 133) Lo que no se tiene claro es si este texto y esta visión corresponden a la misma autora o se debe atribuir al editor del libro u otro tercero y si se usó de ese modo el término para conectar la reseña con la obra que la contiene, en una especie de autorreferencia, o si el uso se debió a una confusión o a incomprensión del uso adecuado que se le debe dar, pues epistemológicamente puede usarse este neologismo como sinónimo del estudio (logos) del vallenato, pero no en referencia al objeto de su estudio en sí mismo.
El uso de esta palabra en el ámbito vallenato se puede rastrear desde el álbum Cuando el tigre está en la cueva (Mendoza, 1.969), en donde aparece como una especie de subtítulo del álbum: “VALLENATO – LOGIA”, aunque dada la tipografía empleada puede entenderse como el propio título del álbum, pero dejando de lado la dificultad que presenta el diseño de la carátula para definirlo, este término es ya en ese trabajo una forma de llamar a los textos escritos acerca del vallenato, pues cuatro de estos son reproducidos en las carátulas del álbum: Colacho, declarado fuera de lote, una nota de prensa salida en el diario El espectador el 30 de abril de ese mismo año, Al compás del Vallenato, columna escrita por Juan Gossaín; Piedras y vallenatos, nota anónima y Son y Alma del Vallenato, en la columna Signo de escorpión de Gonzalo Arango, en el diario El Tiempo.
Luego del libro de Consuelo Araujo se ha usado el término en un sinfín de publicaciones informales, con status de ciencia. Sentido mismo que se ha usado en dos libros de Julio Oñate Martínez: en el prólogo del libro El ABC del vallenato, donde el escritor Daniel Samper Pizano asegura acerca del autor: “En una ciencia – la Vallenatología – donde se auto-gradúan a diario Doctores en vaguedades, él es preciso en sus ideas y profuso en sus pruebas” (Oñate, 2.003) y en el capítulo del libro Los secretos del vallenato referente a Alfredo Gutiérrez, que empieza: “Para la mayoría de los doctos en la nueva ciencia de la Vallenatología…” (Oñate, 2.017).
Es claro ya que etimológicamente este término refiere al estudio del vallenato, cabe preguntarse, sin embargo, si a este estudio – tal cual se ha venido haciendo – se le puede dar un carácter científico, para lo cual se debe considerar que “la ciencia es un sistema acumulativo, metódico y provisional de conocimientos comprobables, producto de una investigación científica y concerniente a una determinada área de objetos y fenómenos” (Chávez, E. y Lanz, R., 2013). Los estudios sobre la música vallenata no constituyen, hasta el momento, un conjunto estructurado sistemáticamente, poseedor de un método particular enfocado en ese ámbito específico. Y, además, muchos de los conocimientos que se tienen acerca del vallenato son tenidos como inamovibles e incuestionables, aunque regularmente no se logre tener un consenso, siquiera, en el significado de la palabra vallenato. No es, entonces, la vallenatología una ciencia. ¿Puede llegar a serlo? Es poco probable dado que cada género musical tiene unos elementos comunes con los demás y los elementos que los constituyen siguen una serie de leyes generales, que también les son comunes a todos, los cuales son abordados por una ciencia en particular, la musicología, y es por esto que no existe una ciencia específica que estudie cada género en particular.
El vallenato es una música en la que predominan las canciones, las piezas musicales cantadas, que son artefactos híbridos, constituidos por un componente musical y uno literario, por tanto, su estudio se debe abordar, atendiendo a su texto, desde la musicología y desde la literatura, la filología, la lingüística o alguna de sus partes o disciplinas relacionadas. En lo contextual el abordaje puede ser muy diverso, pero se centra casi de manera exclusiva en las ciencias sociales: Historiografía, Etnomusicología, Sociología, Economía, etc. Se debe aclarar, no obstante, que la letra no permite definir a un género musical cantado, por lo cual es un error pretender cifrar la singularidad del vallenato o de cualquier otro género en función de sus letras. Estas le pueden agregar unas particularidades en relación al contexto mismo de las canciones, pero como texto en sí mismo, en lo narratológico, poético o morfosintáctico y demás, no es una herramienta válida para definir y diferenciar un género musical cantado de otro. Esas diferencias las explica la musicología, desde donde menos se ha estudiado a esta música y a las músicas populares del caribe colombiano en general.
Desde el ámbito académico regional no se le da este mismo status científico a la vallenatología, sin embargo, si se han llevado a cabo algunas acciones institucionales que la han ligado, definitivamente, con estas esferas: El lanzamiento en el 2.013 de la Revista vallenatología como memorial del Encuentro de Investigadores de Música Vallenata que organizaba la Universidad Popular del Cesar y el establecimiento del énfasis en vallenatología de la Licenciatura en música de la universidad de La Guajira y su grupo de investigación LEMA (Luis Enrique Martínez), desde su creación en el 2.017, además del programa de música de la Facultad de Bellas artes de la UPC, abierto en el 2.018, que incluye la “Cátedra de música vallenata”, lo cual se podría tomar por equivalente al énfasis dado en UniGuajira; sin embargo, el énfasis en este programa se centra en lo interpretativo mientras que el de la licenciatura de UniGuajira se centra en la investigación, en la formación de intérpretes investigadores.
Se podría pensar que esta institucionalización le convierte en una disciplina académica, sin embargo, se debe tener en cuenta que “las disciplinas se identifican, al menos en parte, por la existencia de departamentos en las universidades, aunque no se puede presuponer que cada departamento represente una disciplina” (Becher, 2001) y estos esfuerzos institucionalizados no han conducido a la creación de un departamento que otorgue un grado como vallenatólogo, encaminado a participar de un mercado laboral particular y de la comunidad científica en general, algunos de los elementos que se definen como característicos de unas disciplina académica y se deben considerar a la hora de evaluar si es la vallenatología una de estas en particular:
Ciertamente, las disciplinas académicas poseen las principales características de otras profesiones: tienen autonomía colegiada sobre la capacitación profesional y la certificación de la competencia profesional, tienen un distinto conjunto de conocimientos y destrezas que se institucionaliza en un curriculum, tienen su propia ética profesional y existe una comunidad de profesionales que cultiva habitus profesionales distintos. Las disciplinas más estables son más cercanas a las profesiones, mientras que los miembros de las nuevas y menos estables probablemente no lleguen a considerarse a sí mismos como científicos (Leyva y Guerra, 2.020).

No es, entonces, la vallenatología una disciplina académica tampoco, aunque está más cerca de llegar a serlo que de convertirse en ciencia. La vallenatología como ciencia no es más que una ilusión, una pretensión, un deseo prácticamente irrealizable. Un embeleco.

¿Qué es, entonces, la vallenatología? Se puede llamar de esta manera a los estudios del vallenato desde una ciencia o una disciplina en particular o, también, a los realizados de manera interdisciplinaria o transdisciplinaria. En este sentido el vallenato se puede constituir, en un momento u otro, en objeto de estudio, objeto de conocimiento, objeto de investigación y/o campo de investigación, conceptos sobre los cuales se brinda gran claridad en Objeto de investigación y campo de acción: componentes del diseño de una investigación científica (Leyva y Guerra, 2.020).

Para entender la forma correcta de usar cada uno de estos conceptos es necesario definir, previamente, qué es el vallenato, para lo cual usaremos la definición registrada por la RAE: “Música y canto originarios de la región caribeña de Colombia, normalmente con acompañamiento del acordeón”, aunque esta no sea muy conveniente, como he mostrado en el artículo ¿Qué es el vallenato?.

Este es el objeto al que nos referiremos, en esta parte, como vallenato y que puede dividirse en, al menos, dos partes: el texto y el contexto. Cada una de estas dos partes son en sí mismas un objeto de conocimiento, pues estas son “la parte del objeto delimitada especialmente para dirigir hacia ella la actividad cognoscitiva del sujeto” (Leyva y Guerra, 2.020). Cada ciencia o rama de una ciencia puede tener en estas partes del vallenato su propio objeto de estudio, la arista del objeto que estudia, por ejemplo: las representaciones sociales para la sociología, las temporalidades para la historia y la distribución de los grupos dedicados a interpretarlo, bien sea por zona geográfica, estrato social e incluso nivel de escolaridad, para la economía, entre otros. Cuando hacia alguno de estos objetos de estudio se dirige la actividad científica se convierte en objeto de investigación. En este ejercicio el objeto de investigación es una particularización del objeto de estudio de una ciencia.

Si tomamos, por ejemplo, el objeto de estudio de las temporalidades presentes en las letras de las canciones vallenatas podemos tomar, dentro de estas, como objeto de investigación las fases o periodos compositivos a lo largo de la historia, pero también las percepciones del tiempo de los autores e incluso las continuidades y las rupturas identificables en las letras de las canciones a través del tiempo. El campo de investigación, finalmente, es la parte del objeto de investigación a la que directamente se refiere la indagación de la investigación científica realizada y que puede ser un aspecto, una propiedad, etc. Siguiendo con el ejemplo que se ha venido utilizando, en el objeto de investigación de las percepciones del tiempo, se puede abordar el campo específico de las representaciones que se han construido de este en las canciones, tal como se muestra en Experimentar el tiempo: órdenes temporales en las canciones vallenatas del caribe colombiano: 1950-1990 (Corena, 2.013), donde se identificó un presentismo predominante en las canciones de los juglares y al pasado como un tiempo mítico o como un modelo de vida digno de imitar, desde la perspectiva de los compositores que les siguieron.

Desde el punto de vista musical el ejercicio puede hacerse, por ejemplo, tomando la ejecución de la guitarra bajo eléctrica en la música vallenata, como objeto de conocimiento; como objeto de estudio al repertorio del Binomio de oro, dada la importancia que le dieron a este instrumento dentro de sus grabaciones; como objeto de investigación se puede seleccionar al repertorio interpretado por Rangel “El maño” Torres, dejando de lado el interpretado por José Vásquez y, finalmente, seleccionar como campo de investigación específico las técnicas interpretativas usadas en la línea de bajo de la canción La candelosa, como muestra de los aportes de este bajista a la consolidación del estilo interpretativo característico del bajo vallenato.
De esta misma manera se pueden ir construyendo otros objetos acordes a la investigación acerca del vallenato que deseemos o necesitemos hacer, de acuerdo al estudio que estemos adelantando.
¿En qué estado se encuentra la vallenatología?
La música vallenata es, probablemente, la música popular colombiana sobre la que más se escribe, con lo cual se ha venido configurando un conjunto bastante amplio de publicaciones de diferente tipo sobre esta música y que es difícil de rastrear en la informalidad, pero que se ha podido rastrear en espacios formales en el trabajo: Análisis métrico de la literatura publicada sobre música vallenata (Restrepo, 2019), en el cual la autora nos da a conocer los siguientes hallazgos:

Se encontraron 276 trabajos publicados desde 1962 hasta diciembre de 2015 por 209 autores, de los cuales se destacan los artículos académicos (54%) que se han difundido en 108 publicaciones periódicas, libros (24%) y capítulos de libros (5%) que se publicaron mayoritariamente en español (97%). La mayoría de los documentos publicados son en autoría única, solamente 9% de los trabajos fue publicado en colaboración. Esta literatura creció a una tasa de 8.9% al año y se duplica aproximadamente cada 19 años. (Restrepo, 2019).

En estos resultados se puede ver un panorama alentador, dado el gran aumento de las publicaciones, sin embargo, se debe considerar el hecho de que no existen revistas académicas especializadas en vallenato indizadas en bases de datos, lo cual es un indicativo de lo local que continúa siendo el alcance de estos trabajos y una invitación a seguir fortaleciendo la institucionalidad universitaria que los produce, así como sus formas de circulación entre los círculos académicos, intelectuales y/o científicos en procura de fortalecer el prestigio de estos estudios y quienes a ellos se dedican, en el ámbito académico.

En el ámbito de la música vallenata existe una marcada reticencia a que este fenómeno se estudie desde la academia, con método y a la luz de teorías científicas, como ya lo he mostrado en el artículo La ciencia y el vallenato; desaprovechándose todas las ventajas que esta perspectiva ofrece para el acercamiento al fenómeno, superando la folclorista, que es la predominante en la mayoría de los textos escritos sobre la música vallenata.

Esta perspectiva hace énfasis en las biografías de figuras importantes de la composición, la ejecución o el canto, así como en las reseñas de los grupos que han liderado la escena, además del interminable debate acerca del surgimiento y la consolidación del género mismo, sin que se llegue a poner en entredicho en ese ejercicio la veracidad de toda una serie de supuestos que se han hecho canónicos en la vallenatología y que se pueden resumir, más o menos de la siguiente manera:

– El vallenato es música folclórica
– El vallenato tradicional es narrativo
– El vallenato tradicional es poesía
– El vallenato tradicional no es comercial
– El vallenato tradicional no es machista
– El vallenato tradicional no denigra de las mujeres
– Los nuevos intérpretes han acabado el vallenato

Estos trabajos desde la perspectiva folclorista son la tendencia más antigua, la de mayor cantidad y la que más influencia tiene en la organización de eventos y festivales, en los ámbitos gubernamentales y en lo que se enseña en colegios y universidades. Aunque esta perspectiva, hay que decirlo, se extiende a la mayoría de los trabajos en torno a todas las músicas populares del caribe colombiano.

Abordar las biografías con método, por ejemplo, permite mejorar el tratamiento de las fuentes y pasar de construir un anecdotario y el ensalzamiento de la figura estudiada a construir un conocimiento confiable sobre esa figura, su obra y sus contextos, relacionando sus acontecimientos vitales con su producción artística.

La tarea por hacer para poder consolidar un corpus de estudios en torno a la música vallenata es grande y, sinceramente, es poco lo que se está haciendo en ese sentido y casi nada lo que ha aportado para ello la inclusión del vallenato en la LRPCI tanto en el ámbito nacional como el de la humanidad, a pesar de que – en teoría -la investigación hace parte importante de la salvaguardia de esta manifestación.

Es necesario que se creen medios especializados para el estudio de la música vallenata, que se publiquen revistas de manera estable, que se garantice la publicación y la difusión de los estudios realizados, organizar una biblioteca digital donde se encuentren disponibles todas las publicaciones sobre esta música – libros, artículos en libros o revistas, ponencias, reseñas, etc. – y una discoteca, también digital, donde se encuentren todas las grabaciones publicadas que sea posible conseguir, con los metadatos necesarios para su documentación, que se organicen eventos académicos periódicos dedicados a la presentación de resultados de investigaciones y/o avances de las que estén en curso, pues esos foros secundarios realizados en los festivales no son el espacio suficiente para la consolidación de una comunidad académica que englobe a entusiastas, coleccionistas, melómanos, investigadores, gestores y promotores de festivales y demás actividades en torno a esta música. Esto, mejoraría la recepción de la crítica y evitaría o al menos disminuiría el fundamentalismo de muchos de los puristas que defienden acaloradamente los supuestos nombrados antes – y otras creencias – y llevan a marginalizar cuando no desterrar de los círculos que dominan a quienes se apartan del discurso hegemónico de la vallenatología.

Conclusiones

La vallenatología no es una ciencia y es prácticamente imposible que llegue a serlo.
La vallenatología no es una disciplina académica y aún le falta mucho para llegar a serlo.
La vallenatología es un conjunto de estudios, académicos o no, metódicos o no, sobre el vallenato, realizados desde una ciencia o una disciplina o desde varias de estas.
La vallenatología está en mora de superar la perspectiva folclorista, dándole cabida sin reticencias a aquellas que permiten abordar la integralidad del fenómeno, en su texto y su contexto, para explicarlo y entenderlo de mejor manera.

Luis Carlos Ramirez Lascarro

3 comentarios sobre “¿Que es la vallenatologia?

  1. Más que oportuno este aporte es necesario para ahondar esa reflexión y aporte académico que no debe ausentarse del diálogo y las interpelaciones que se vienen haciendo alrededor de la música vallenata y todo el tejido literario que la abraza. El aporte sin caer en esa visión cientifista está contextualizado y argumentado desde esa palabra que se está perdiendo para engrandecer el lenguaje al interior de la música, poesía y literatura. La Vallenatologia para que tiene un proceso pero que que falta esa rigurosidad que usted mi querido profesor deja entrever en su escrito. Abrazos.

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  2. Me gustó mucho el escrito porque ese personaje Luis Carlos Ramírez Lasscarro definió el vallenato de una manera distinta a cómo todos lo hacemos según la real academia de la lengua española, segundo hizo énfasis en que el festival que se realiza en Valledupar necesita que se siga conservando en cuanto a la intraestructura que es la que se está perdiendo y tercero que el PES vallenato no deje de tener esa protección para que el vallenato continúe vigente en la tracción.

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