El maestro Adolfo Pacheco dado de alta

El compositor de ‘La Hamaca Grande’ había sido internado el pasado 28 de junio.

Luego de permanecer 22 días hospitalizado en la Clínica Cardiovascular de Sincelejo, Sucre, el compositor Adolfo Pacheco Anillo fue dado de alta en las últimas horas y será trasladado a su casa en el municipio de San Jacinto de Bolívar.

La información fue dada a conocer por su hija Gloria Pacheco, quien mencionó que su padre inicialmente estuvo internado en la Unidad de Cuidados Intensivos del centro asistencial y luego en el área de hospitalización.

“Le dieron de alta en horas de la mañana, estamos cumpliendo el protocolo y esperamos estar pronto en nuestro San Jacinto querido. Fueron 22 días que estuvo recluido en el centro asistencial; los primeros días estuvo en Cuidados Intensivos y el resto de los días hospitalizado“, dijo Gloria Pacheco.

Añadió: “Al principio mi papá entró en estudios porque venía con una insuficiencia coronaria y una insuficiencia renal, tuvieron que hacerle cateterismo y luego si tuvo atención con electrofisiología, donde le ordenaron colocar un marcapaso“.

El maestro, de 80 años de edad, fue ingresado a la clínica el pasado 28 de junio tras presentar dificultad respiratoria, por lo que le realizaron una prueba de covid-19 para conocer si estaba infectado con el virus, cuyo resultado fue negativo. Sin embargo, le practicaron un cateterismo y le ordenaron colocarle un marcapaso.

A través de las redes sociales organizaciones culturales y músicos enviaron mensajes al reconocido compositor y a sus familiares.

“En Sayco nos encontramos contentos porque el maestro Adolfo Pacheco, autor de ‘La hamaca grande’ ya se encuentra en su hogar, luego de 22 días de estar internado por su estado de salud. Nos unimos a los agradecimientos de su familia al personal médico y asistencial de la Sociedad Cardiovascular de Sincelejo. Sin duda, su excelencia profesional y calidad humana contribuyeron en la recuperación de nuestro socio y maestro”, escribió Sayco en su cuenta de Instagram.

Adolfo Pacheco es el compositor de canciones como ‘La hamaca grade’, ‘El pintor’, ‘El tropezón’, ‘La espina’, ‘El mochuelo’, ‘El viejo Miguel’ y ‘El engaño’, entre otros clásicos grabados por artistas como Carlos Vives, Poncho Zuleta, Diomedes Díaz, Peter Manjarrés e Iván Villazón, por mencionar algunos.

También grabó varias de sus obras vallenatas y cumbias en su voz al lado del acordeonero Ramón Vargas y del gaitero Juancho Nieves. En el 2005 fue declarado compositor vitalicio en el Festival de la Leyenda Vallenata, distinción que comparte con Emiliano Zuleta, Calixto Ochoa, Rafael Escalona, Leandro Díaz y Tobías Enrique Pumarejo.

Adolfo Pacheco Anillo, un pilar de la modernidad del Caribe

Por Félix Carrillo Hinojosa

Esta es la historia del autor de temas tradicionales del vallenato y de la música sabanera como “La hamaca grande”, “El mochuelo”, “Mercedes” y “El profesor”. Nació el 8 de agosto de 1940 y fue declarado “Compositor vitalicio”.

Lo vi por primera vez en la tarima Francisco el Hombre del sexto Festival Vallenato. Él tenía treinta y tres años y yo apenas era un adolescente al que lo atraía la música. Lo vi cantando y tocando guacharaca. Ese medio día, con un sol como el que siempre tenemos en Valledupar, oí los versos de Fuente vallenata, un paseo que relata todo ese encuentro migratorio que originó nuestra música caribeña. “Como aquel alemán que te forjó y te puso en las manos de un pirata, tienes santísimo acordeón, penas como las de tu raza”.

Después supe por boca de mi padre que era Adolfo Pacheco Anillo y que venía, de un lugar lleno de música, al que llaman Sabana. Hubo aplausos para él, pero todos estábamos esperando la presencia de un nuevo concursante, al que mi padre me señaló y dijo, “ese es Armando Zabaleta y es guajiro, como nosotros. Ese es, junto con Leandro Díaz, de los buenos compositores que tiene el Vallenato”.

Cuando “Chema” Martínez abrió su acordeón y él empezó a narrar los versos de No vuelvo a Patillal, sentí un llamado que me recorrió todo el cuerpo. Sobre todo el verso, “No vuelvo a Patillal porque me mata la tristeza, al ver que en ese pueblo fue donde murió un amigo mío, era compositor como lo es Zabaleta y era lo más querido de ese caserío”. Lo cantó adolorido, gesticulaba con sus manos al cielo como elevando una plegaria  Era el homenaje a Fredy Molina Daza, un joven de escasos 26 años, que había fallecido en la plenitud de su mundo creativo. Todos aplaudieron y casi que en coro, dijeron: “esa es la ganadora, no hay más”.  

Mi padre al día siguiente, me dijo que había sido la ganadora. Él estaba feliz porque un guajiro había triunfado. Al poco tiempo, salió esa obra en la voz de Jorge Oñate y el acordeón de Miguel López, consagrando tanto al autor como a sus intérpretes.

Ese hecho, junto a la pérdida en distintos tiempos de Andrés Landero, Alfredo Gutiérrez y Lisandro Mesa, frente a Nicolás Mendoza Daza y Miguel López y, la salida de la obra Vallenatología de Consuelo Araújo Noguera, se convirtieron en el detonante preciso para que la rivalidad entre sabaneros y vallenatos se trenzaran en fuertes dimes y diretes, que aumentaron la popularidad del Festival, porque a pesar de esas discordias la presencia de los músicos de esa región, crecía siempre en busca de demostrar que ellos también podían tocar vallenato.

Al tiempo que esa rivalidad aumentaba, la popularidad del creador Pacheco Anillo, un sanjacintero, nacido el 8 de Agosto de 1940 en el hogar de Miguel Pacheco y Mercedes Anillo, se hacía más notoria y ganaba adeptos en el territorio del vallenato, lo que llevó a muchos de nuestros intérpretes a interesarse por grabar sus canciones.

Adolfo Pacheco tiene una obra reconocida por el pueblo. En una de sus canciones, narró en una décima musicalizada, a ritmo de paseo, los trazos de su infancia, cuya tonalidad menor la cubre con un dejo melancólico que trata de atrapar ese tiempo que ya se fue, en el que narra su biografía, y expone todo lo que fue su vida infantil y de adolescente. Todo ese mundo está ahí como una hoja de ruta, inmersa en ese relato de versos que lo hace grande, “dice en sellado papel, yo reverendo Trujillo, bauticé a un Pacheco Anillo, de nombre Adolfo Rafael…”.

La música hecha aquí, allá o donde se construya no tiene fronteras, es libertaria, rebelde, revolucionaria, invasora, sin hacer daño y llega a donde nunca lo pensó su creador. Es lo que pasa con la obra de Pacheco Anillo, cuyos linderos existen, pero cuando se trata de caminar, los deja tirado y a conquistar mundos se dijo, con la sola arma que ha tenido: sus canciones.

En el paseo El mochuelo, aparecen elementos determinantes, entre ellos, la inocencia y rebeldía. La primera, visible en el cazador amigo, que antepone su amistad a cualquier daño posible, en la captura de un animal, en este caso, el de un mochuelo, pájaro cantor que lo vuelve cómplice de un amorío, más cuando dice, “y me lo regaló no más, para la novia mía”. La segunda es planteada por el creador, quien consciente de lo que implica estar preso, lanza su diatriba rebelde, al decir, “Y es que para el animal no hay un dios que lo bendiga”.

Luego, sus cantares nos invita a encontrar una muestra clara del sentido de pertenencia, que muchos pierden al alejarse de su terruño, hecho visible en El viejo Miguel, obra que entra en el extenso mundo merenguero del vallenato, y en el que grita a todo pulmón: “a mi pueblo no lo llego a cambiar ni por un imperio”.

Esos hechos, visibles en su obra, recrean la propuesta de Pacheco Anillo. Sin perder el norte constructor de su mundo y personajes, que no desaparecen pese a los caminos recorridos. Dentro de esa diversidad musical que tiene, descubierta a los seis años por su abuelo Laureano Pacheco, cuando hizo un canto que permanece inédito, Mercedes, nombre tomado en honor a su madre para no hacer visible el de la protagonista central de un canto que narra la invitación a una fuga amorosa, pero que encuentra la voluntad férrea de una mujer que se planta firme: “mucho puedo ser amada, no me lo sigas diciendo, no me entrego ni me vendo, del racho salgo casada”.

A valores como Adolfo Pacheco Anillo hay que darles las gracias por lo creado. Su tierra natal debe hacerlo siempre; el pueblo vallenato lo hizo hace tiempo al declararlo “Compositor vitalicio” junto a Tobías E. Pumarejo, Leandro Díaz, Emiliano Zuleta, Calixto Ochoa y Rafael Escalona. Él es una especie de guerrero que no se dejó vencer por la adversidad.

Adolfo Pacheco fue sonsacado por el sonido del acordeón de sus compadres Andrés Landero y Ramón Vargas, la guitarra de José Nasser Sir Linares o el saxofón de Nelson Díaz. En ese entorno natural y a finales de la década del 60 nació La hamaca grande, bautizada así por Edgardo Pereira, el mejor regalo que concursante alguno haya llevado al Valle de Upar como detalle musical y que nació ante la insistencia de Ramón Vargas Tapia, quien no dejaba de decirle: “compa Ado, llevémosle algo a esa tierra”. Después de dar tanta vuelta, en busca de encontrar el texto y la melodía acorde con esa insistencia, un día sin pensarlo dos veces repitió hasta el cansancio el primer verso, “Compadre Ramón, le hago la visita pa’ que me acepte la invitación, quiero con afecto llevar al Valle en cofre de plata, una bella serenata con música de acordeón”.

Ese día, el hombre que luego sería concejal, secretario de tránsito, diputado, secretario de la Asamblea de Bolívar y que Regulo Matera decidió llevárselo para Barranquilla, donde vive junto a su compañera Betty Anillo, entendió que era la persona escogida, por la naturaleza de su música, para llevar la bandera en nombre de sus antecesores y actuales músicos de su región sabanera.

Es el mismo al que no le deja de resonar en su memoria el eco musical que guarda de su madre, al retratarla cantando los pasillos, vals y boleros de moda, en medio de una nostálgica evocación. Todas sus aventuras, vividas en tierra extraña y luego las que desarrolló en su terruño, le hizo brotar una melodía y un verso, que gratifica el tener amigos, que terminan siendo más que eso. El paseo El profesor, recoge lo que muchas veces, trató de decirles Adolfo Rafael a su compañero, “te mando distinguido profesor, uno de mis retoños predilectos, para que tu como maestro, de los mejores saques el mejor”.

Para nadie, debe ser extraño y menos para sus paisanos, que él para construir su propio mundo, le tocó vencer los diversos fantasmas y duendecillos que aparecen en el camino de la vida, ese importante segmento que tenemos y que la mayoría de las veces, “se vive, no como uno quiere, sino como toca vivirla”.  

BLOG DEL AUTOR: Félix Carrillo Hinojosa

* Escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural.

EN ENERO ‘JOCHE’ SE COGIÓ EL MOCHUELO MÁS FAMOSO DE LAS MONTAÑAS DE MARÍA

Crónica

Él compositor de San Jacinto, Bolívar, de la alegría pasó a la melancolía porque la mujer en la que descargó su amor no le correspondió a pesar de sus detalles, teniendo que con el dolor del alma cerrar esa puerta que nunca más se abrió.

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

A Adolfo Pacheco, la experiencia y las distintas batallas en el campo del amor lo convirtieron en un gladiador del folclor

Pasados 59 años el maestro Adolfo Rafael Pacheco Anillo, volvió con el pensamiento a tomar en sus manos el famoso mochuelo que ‘Joche’ le regaló para su novia en aquel entonces. Ese llamativo detalle lo hizo inspirar y poder convertirlo en canción.
“En enero ‘Joche’ se cogió, un mochuelo en las montañas de María, y me lo regaló, no más, para la novia mía”.
El hijo del viejo Miguel, el hombre de la hamaca grande con su amabilidad característica y con palabras sinceras se sentó a darse un paseo por su querido San Jacinto, Bolívar, donde aquel amigo le regaló un pajarito que había cogido, y no dudo en destinarlo a la mujer que golpeaba su corazón.

El juglar comenzó así el relato. “La historia sucedió una de las tardes del mes de enero del año 1962 donde ‘Joche’, cuyo nombre era José Elías Anillo, gran amigo y paisano, a quien le había encargado un mochuelo. Él optó por regalármelo porque no me lo quiso vender. Yo tenía pensado dárselo a Mercedes Arrieta Leones, quien era mi novia y compañera de trabajo en aquel momento”.
En ese párrafo resumió el secreto de ‘El mochuelo’ canción que grabaron 21 años después Otto Serge y Rafael Ricardo.
Con su voz pausada continuó diciendo que esa obra tuvo el más alto vuelo en la música vallenata y todavía se sigue escuchando.

José Elías Anillo, ‘Joche’, quien cogió el mochuelo

Enseguida con todas las ganas de seguir narrando expresó. “José Elías Anillo, a quien también le decían ‘Joche pulga’, tenía fama de buen cazador de toda clase de animales en esa amplia zona de los Montes de María. Después fue un excelente sastre. Él se convirtió en uno de los protagonista de esa canción donde narro que el mochuelo se lo regalé a mi novia a quien le gustaban los pajaritos”.
Estando en el éxtasis de la emoción sublime esa que provoca regresar el tiempo tocado por las añoranzas contó mayores detalles de esa obra que engalana el cancionero vallenato.
“Ese mismo año grabé la canción con el acordeonero Humberto Montes, pero poco se escuchó. Años después el acordeonero Rafael Ricardo, me la solicitó haciéndola éxito al lado del cantante Otto Serge. El canto no ha dejado de sonar, y por el poder de las costumbres y tradiciones pegadas a mi alma también está ‘El cordobés’ que es el canto a un gallo famoso que me regaló Nabo Cogollo”.

Nueva estrofa

Después de contar sobre la receptividad inmediata que tuvo la canción, recordó un episodio que contó para no dejar ningún detalle suelto.
“En un momento Rafael Ricardo me comentó que la canción estaba corta y requería de otra estrofa. Con gusto la alargue y le hice una nueva que comienza: “Tu cantar, tu lírica canción, es nostálgica como la mía, porque mochuelo soy también de mi negra querida”. De esta manera, la canción quedó con una duración de cuatro minutos y 56 segundos.
Siguió hilvanando recuerdos y señaló: “Supe que la canción al comienzo no tenía mucha acogida en la casa disquera porque dizque era fea, pero Rafael Ricardo, se la jugó y ganó. Bien lo dice el dicho que el que sabe, sabe, así esté en el oscuro”.
Soltó una larga carcajada de hombre veterano de mil luchas en el pentagrama del folclor, donde nota a nota pintó muchos cantos sin pincel y sin paleta buscando como el poeta la armonía en el color.
Entrando en el plano de las comparaciones la inspiración lo llevó a ver al mochuelo metido en una jaula y él también preso por el amor de aquella mujer. En ese preciso momento el sentimiento fluctuó en esos corredores invisibles del donde el corazón palpita con mayor razón y cantó. “Él perdió su libertad para darnos alegría, lo que pa’ su vida es mal, bien es pa’ la novia mía”.

Me dijo Mercedes…

Los años irremediablemente pasan a lista quedando solamente los recuerdos intactos, y además cantados donde se reseña que en enero ‘Joche’ se cogió un mochuelo en las montañas de María, y al regalarlo llegó directamente a las manos de Ana Dolores Arrieta o Mercedes Arrieta, profesora del Instituto Rodríguez, quien nunca quiso dar el paso para estar a su lado.
De esa manera surgió la famosa canción ‘Mercedes’ grabada en el año 1980 por Daniel Celedón e Ismael Rudas ‘El Doble Poder’, donde el compositor le insistió a esa una dama de formación cristina, pura y respetuosa que podía tener la vida asegurada. Ella, le rechazó el viaje a Cartagena y por ende le cerró su corazón con el argumento de ser casado, pertenecer a su mujer y a sus hijos.

Ante esta negativa Adolfo Pacheco no tuvo otra opción que cantarle lo siguiente a su compañera, con quien era docente en el Instituto Rodríguez de San Jacinto, Bolívar. “Ayer dijiste te quiero, hoy me pides que te olvide. Después que matas al tigre le sales huyendo al cuero”.
Mercedes también fue protagonista de la canción ‘Sin compromiso’ que cerró ese capítulo de su vida.
El compositor, el poeta, el profesor, el abogado y el excelso narrador, hoy a sus 80 años cuenta que tiempo después no supo más de Mercedes, y solamente quedó la constancia de esa historia en tres canciones.
Ahora, añora regresar a su amado pueblo, vive en Barraquilla, para escaparse de la soledad que quiere atraparlo todo a cambio de nada. La idea es volver a mecerse en la hamaca grande y llevar una serenata con música de acordeón.
Enseguida entró a la faceta de buen pensador haciendo una rápida reflexión al manifestar que el romanticismo está quedando en el olvido, especialmente entre la nueva generación.

“La poesía y los detalles poco cuentan porque la rapidez en cosas del amor no lo permiten. Ahora, se llega a la meta casi enseguida y sin esforzarse mucho”.
Esa es la verdad, porque los enamorados no hacen paseos visuales por la luna besando el silencio de la noche, las flores no llegan para hacer sonreír, no se sueña despierto y los poemas no se desmayan en el corazón de la mujer amada. Es decir, el amor poco escampa en el alma.

Al regresar a la historia inicial quién iba a pensar que 59 años después, el legendario compositor volvería a contar la historia de Ana Dolores o Mercedes, la mujer que lo llamaba ‘Ado’, la misma que recibió el mochuelo con todo amor, pero que también le dijo de manera sincera que no se entregaba, ni se vendía y de su rancho salía era casada.
Al final se le preguntó al maestro Adolfo Pacheco Anillo, si Ana Dolores o Mercedes, como él la llamó para despistar, alguna vez le dijo sobre algún nombre que le había puesto al famoso mochuelo. Sin pensarlo y después de soltar nuevamente su sonora carcajada dijo: “Periodista, dejemos así”…
Así callado se quedó el hombre que forjó en cantos su propia historia donde supo dar el mensaje preciso hasta provocar alegrías y tristezas a su corazón que al fin y al cabo son el verdadero sustento de la vida. Se quedó dibujando siluetas en su memoria con la finalidad de reconstruir ese ayer que lo marcó para siempre.

El hijo de San Jacinto, Bolívar, sigue cantando sus obras memorables que le han dado grandes alegrías en la vida

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

Al gran Adolfo Pacheco lo pintaron sin pincel y sin paleta

Crónica

-El compositor nacido en San Jacinto, Bolívar, el 8 de agosto de 1940, ya suma 80 años recibiendo a lo largo de su vida todos los honores, como en el año 2005 cuando fue coronado como Rey Vitalicio en el Festival de la Leyenda Vallenata. Eso lo llevó a declarar: “En Valledupar me gradué como gran compositor vallenato”.-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

El cantautor Adolfo Rafael Pacheco Anillo tiene la posibilidad por estos días de estar más quieto que nunca, para ver en silencio como las horas se hacen acompañar de los minutos y los segundos, pero eso sí, poniendo a dar vueltas su memoria por aquellos sueños del ayer, esos que tuvieron lugar en su natal San Jacinto, Bolívar, y que muchas veces convirtió en canciones.
Lo que no sabe el hijo del inolvidable viejo Miguel, aquel que se fue del pueblo a buscar consuelo, paz y tranquilidad a tierras lejanas, es que su paisano, el también compositor Jaime Alberto Romero Janacet, le tiene listo el regalo de una bella canción donde lo pintó en toda su dimensión..
El canto se inicia con una carga de melodía alegre y en sus primeros versos destaca su sencillez, su talento y lo ubica en esa franja de tierra donde las alegrías tienen forma de mujer, flores, paisajes y animales.

Él, es un hombre sencillo
siempre expresa su talento
le canto a Adolfo Pacheco
le canto a Pacheco Anillo,
un compositor que hizo
un mundo de melodías
le cantó a la tierra mía
y también a sus amores
como el colibrí a las flores
en Los Montes de María.

Ahondado aún más en su hoja de vida, lo definió como el gallo fino y en el hombre que es como un verso de enero donde las esperanzas las arropa el año nuevo desde aquella tierra llena de gaitas, cuyos sonidos los acompaña el viento seco de los veranos eternos.

Lo dice Jimmy Romero
y en un verso lo defino
él es como el gallo fino
cuando lo tiran al ruedo.
Él, es el verso de enero
que se escucha en lejanía
una bella melodía
cual cristalino riachuelo
como el canto del mochuelo
en Los Montes de María.

Impronta en el folclor

Cuando el viaje de la canción se iba alejando y penetraba en el corazón del viejo juglar que solía sentarse en la sombra de sus bellos cantos, lo sorprende de la mejor manera. Esta vez, recordando sus amoríos llenos de poesía que lograban en diversas ocasiones el objetivo deseado porque le rendía honores a su majestad.

Eres el árbol sombrío
que produce mil canciones
son sus frutos bellos sones
que cantó en sus amoríos
como el caudaloso río
que trae cantos y poesías
pintaste la tierra mía
con el pincel del amor
porque tú eres el pintor
de Los Montes de María.

Al final, cuando las notas del acordeón se despedían y el homenajeado estaba pintado de cuerpo entero, lo puso a mecerse en aquella famosa hamaca grande donde se le agradeció por todo lo brindado en su larga carrera, llevando hasta su alma versos y melodías que hacen más agradable el entorno de un maestro que ha dejado su impronta en el folclor. Ese, que desde el fondo de su corazón se nutre como el vino que entre más añejo adquiere fineza en su alma.

Tierra de ‘Toño’ Fernández
pueblo que te vió nacer
pintaste al viejo Miguel
hilaste la hamaca grande
para que el mundo la cante
se mesan to’ los días
al compás de melodías
que brotan de un acordeón
para que trine el cantor
de Los Montes de María.

Homenaje cantado

La historia de la canción comenzó hace seis meses cuando el compositor y abogado penalista Jaime Alberto Romero, más conocido como ‘Jimmy’, se sentó a platicar sobre diversos temas con el maestro Adolfo Pacheco, con quien mantiene una cerrada amistad desde hace muchos años.
Es así como de un momento a otro al viejo juglar de Los Montes de María, se le ocurrió hacer un rápido repaso por algunas de sus célebres obras. Era como resucitar personajes y lugares que hacen parte de sus sentimientos y que en otras ocasiones le provocaron lágrimas y muchas alegrías.
Esa tarea no fue algo fácil, pero no se quedó en el intento, sino que le dio la orden a su memoria para que pusiera en primera fila esas canciones que se han paseado por todo el mundo dándole las más grandes satisfacciones en la vida.
“Como nosotros vivimos en Barranquilla, nos visitamos frecuentemente o nos llamamos, como ahora, teniendo la oportunidad de platicar del pueblo y de todo lo que gira a nuestro alrededor. En ese ameno diálogo me surgió la idea de hacer la canción para rendirle un homenaje al querido maestro”, contó Jaime Romero.
No perdió mucho tiempo y comenzó a armar la película cantada, y para estar seguro, se le ocurrió cantarle los primeros versos al protagonista. “Vas bien enfocado. Me parezco en ese verso. No vayas a parar la inspiración”, fue el contundente consejo del maestro Pacheco Anillo.
“Esa fue la mayor inyección de optimismo, pero sin embargo fuí poco a poco hasta darle forma a la canción, ponerle la melodía más adecuada en aire de merengue, tono menor y décima espinela”.
Con esa alegría de la obra titulada ‘El cantor de Los Montes de María’, que lo tiene satisfecho, convocó en el canto y el acordeón a Ramón Bastidas y Jairo Zagarra, respectivamente.

El maestro Adolfo Pacheco con el autor de la canción Jaime Alberto Romero Janacet


Ahora, Jaime Romero se alista para que el compositor que pintó ‘La hamaca grande’ con magníficos colores, dibujó la nostalgia haciendo ‘El viejo Miguel’ y pinceló la dulzura con ‘Mercedes’ y ‘El mochuelo’, escuche este sencillo homenaje musical en el marco de sus 80 años de existencia.
Las palabras sobran, porque conociendo al gran “Adolfo Pacheco o Pacheco Anillo”, como lo saluda el autor de la canción, será un riachuelo de lágrimas porque lo supo pintar en toda su grandeza, como él hace muchos años también lo hizo de manera mágica sin pincel y sin paleta, solamente buscando con su pensamiento la armonía en el color que brindan las notas del pentagrama vallenato.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

Con presencia del compositor Adolfo Pacheco se clausuró ‘La hamaca grande’

El juglar de San Jacinto, Bolívar, cantó acompañado de un conjunto vallenato sus mejores letras mientras recordaba la importancia de la musa en su vida, lo cual fue guiado por el escritor Alonso Sánchez Baute, curador de la exposición.

Con un conversatorio donde se disertó el recorrido artístico y personal del juglar Adolfo Pachecho se dio por culminada la exposición ‘La hamaca grande’ colgada hace más de siete meses en la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo Lúquez y que inició su periplo en la Biblioteca Nacional de la ciudad de Bogotá.

El maestro musical narró cómo fueron sus inicios, sus influencias musicales provenientes de la música cubana y como se inspiró para crear canciones legendarias del vallenato como ‘La hamaca grande’, ‘El mochuelo’, ‘El viejo Miguel’, ‘Mercedes’, entre muchas otras.

Es muy grato ser el centro de esta actividad; a mí estas cosas me interesan culturalmente. El hecho de estar en esta ciudad que sabe tanto de vallenato me enaltece. Me siento enaltecido y orgulloso”, manifestó Pacheco, quien cantó acompañado de un conjunto vallenato sus mejores letras mientras recordaba la importancia de la musa en su vida guiado por el escritor Alonso Sánchez Baute, curador de la exposición.

La actividad fue organizada por la Gobernación del Cesar a través de la Biblioteca Departamental y Prodeco.

Estamos contentos de terminar este ciclo; qué mejor cierre que tener al compositor Adolfo Pacheco y tenerlo en este conversatorio con el que fue el investigador y curador de la exposición que contó con más de 12 mil visitas. La próxima semana la desmontan; los que no han podido venir los invito a que vengan y aprovechen pues esta es la historia de una región, así como lo dice la canción de La Hamaca grande: vengan y arropémonos en ella porque somos un solo sentir y un solo pueblo Caribe”, manifestó la directora de la biblioteca, María Victoria Celedón.

Por su parte el gestor cultural Beto Murgas enfatizó: “Tener a Adolfo Pacheco en la ciudad nutre y enaltece estos espacios culturales. Las anécdotas y experiencias contadas fueron muy enriquecedoras; pese a su edad sigue manteniendo una brillantez para responder”.

Entre tanto, uno de los asistentes, Jaime García Charid, dijo: “Fue una actividad muy fructífera y emocionante, que aporta a la cultura y conocimiento de este folclor”.

El gobernador del Cesar, Francisco Ovalle, el equipo de Prodeco, personajes del vallenato, así como amantes de la música de acordeón acompañaron la noche amena protagonizada por una de las glorias vivientes del vallenato, quien a sus 80 años ha escrito páginas inolvidables del folclor.

ACERCADE LA EXPOSICIÓN

‘La  hamaca grande’ es la primera exposición que aborda la historia de la música vallenata en Colombia por medio de objetos, documentos, material audiovisual y sonoro, liderada por el escritor vallenato Alonso Sánchez Baute. 

Con éxito fue exhibida en la Biblioteca Nacional de Bogotá y llegó a Valledupar en el marco del Festival de la Leyenda Vallenata, la cual fue visitada por diferentes colegios, universidades y público en general.

Es una exposición que invita a vivir una experiencia por la música tradicional de la región del Magdalena Grande en un recorrido por sus orígenes, evolución histórica, los lugares del país donde el vallenato tomó fuerza y sus distintos aires musicales y sus principales cultores.

POR: ANNELISE BARRIGA RAMÍREZ/ EL PILÓN
annelise.barriga@elpilon.com.co


Adolfo Pacheco completó 50 años meciéndose en ‘La hamaca grande’

Crónica

-El célebre compositor de San Jacinto, Bolívar, en el año 2005 fue declarado Rey Vitalicio del Festival de la Leyenda Vallenata-

Por Juan Rincón Vanegas | @juanrinconv

Hace 50 años el compositor Adolfo Rafael Pacheco Anillo estuvo buscando la fórmula precisa para unir al pueblo vallenato con el sabanero, y la encontró de la manera que llegara directo a su sentimiento. No había de otra, lo hizo con una canción donde letra y melodía tuvieron el encanto suficiente para lograr el objetivo encomendado por su corazón.
El hijo querido de San Jacinto, Bolívar, quien recientemente sumó 79 años de prolífica vida, y que en el año 2005 fue declarado Rey Vitalicio del Festival de la Leyenda Vallenata, ante la inminencia de una grabación, y teniendo en la punta de la lengua el verso “Pa’ que el pueblo vallenato, meciéndose en ella cante”, tiñó en su memoria los recuerdos de aquellos paisajes y personajes comunes que le dieron vida a la canción ‘La hamaca grande’.

“Cincuenta años. Como pasa el tiempo”, fue lo primero que expresó. Pensó un poco, y continuó: “Con esa canción logré meter sin tanto esfuerzo en esa cama colgante, como muchos la llaman, a esos dos pueblos con su folclor y sus costumbres”.
Ya metido de lleno en ese memorable canto vallenato, sonríe, porque se acuerda que esa hamaca era más grande que el Cerro é Maco, que hace parte del entorno de Los Montes de María, y que posee 810 metros de altura. Tampoco sabe cuántas madejas de hilaza se necesitaban en ese laborioso proceso de tejerla.

Se pone la mano en la frente para llamar más recuerdos, y entra en contexto cuando le hizo la más cordial invitación al compadre Ramón Vargas para que juntos llevaran varios regalos a Valledupar.

Compadre Ramón, le hago la visita
pa’ que me acepte la invitación
quiero con afecto llevar al Valle
en cofre de plata, una bella serenata,
con música de acordeón, con notas
y con folclor, de la tierra de la hamaca.

Vuelve a sonreír, y anota: “A mi compadre Ramón lo volví famoso en todo el mundo. Aquella vez, cuando escuchó la canción me abrazó y dijo que ese era un bello mensaje de unión folclórica, para que se zanjaran las diferencias”.
Enseguida, con la emoción a todo galope, y como si fuera aquel instante cuando compuso la canción, hace un paseo mental por su amada tierra donde el folclor levanta vuelo en medio de un collar de cumbia Sanjacintera, del acordeón de Andrés Landero y un viejo son de ‘Toño’ Fernández.

El legendario compositor, considerado una leyenda viviente del folclor, inclina su cabeza mientras que unas lágrimas, no se sabe cuántas veces, hacen un recorrido por sus mejillas. Es el verdadero registro de un canto nacido en su alma noble y buena.
Seca sus lágrimas, y sin más preámbulos anota: “Ese testimonio cantado pretendía, además de unir a los dos pueblos con sus leyendas y tradiciones, hermanarnos por siempre. Siento que se logró sin ninguna intervención, sino haciendo una canción que ha recorrido el mundo, y cuya historia no me canso de contar”.

Carlos Vives le grabó al maestro Adolfo Pacheco su célebre canción ‘La hamaca grande’

Efectivamente, ‘La hamaca grande’ se ha paseado por el mundo en las voces de Daniel Santos, Johnny Ventura, los hermanos Zuleta, Carlos Vives y Lisandro Meza, entre otros.
El Maestro indica que la obra tiene más de 30 versiones, y sin más preámbulos, cuenta otra anécdota: “Mi querido amigo Carlos Vives hizo una presentación en Cartagena teniendo la presencia del rey Juan Carlos de España. Observé al rey cuando la estaba tarareando. No podía creer que un personaje de esa categoría se supiera mi canción. Le cuento que esa noche no dormí de la emoción”.

Secretos de la canción

Cierra ese momento de emoción y se remite al génesis de una de sus obras cumbres que se han mantenido con el paso del tiempo: ‘La hamaca grande’. “El que me inspiró esa canción fue el inolvidable compadre y acordeonero Andrés Landero, quien fue a participar en el Festival Vallenato y no ganó. Entonces me propuse con mi canto, que hice en 1969, llevar a Valledupar al lado de mi compadre Ramón Vargas Tapias un presente con la música de mi pueblo, especialmente una hamaca grande, más grande que el Cerro e’ Maco”.
Al viejo compositor Sanjacintero le revoloteó en su pensamiento ese recuerdo cantado que fue un trasteo de sentimientos y con elementos pegados a su tierra:

Y llevo una hamaca grande
más grande que el cerro e’ Maco
pa’ que el pueblo vallenato,
meciéndose en ella cante.
A un indio faroto y su vieja gaita
que solo cuenta historias sagradas
que antepasado recuerdo esconde
p’ que hermosamente toque
y se diga cuando venga
que también tiene leyenda,
cual la de Francisco el Hombre.

No para de explicar, y añade: “Esa canción la presenté por primera vez en una parranda en San Jacinto, Bolívar, mi tierra y gustó de inmediato. Me la hicieron repetir muchas veces”.
Enseguida, relata que la canción nació sin nombre. “Muchos le ponían nombres, pero me quedé con el que me dijo mi amigo Edgardo Pereira: ‘La hamaca grande’. Pensé que era el ideal y así se quedó”.
El legendario compositor y abogado ha tenido la gran virtud de contar y cantar en más de 200 composiciones todo lo que gira en su entorno, esos mismos que tienen el sello del hombre pueblerino apegado a sus costumbres.

Recuerdos del corazón

Nunca dejó de explicar el nacimiento de varias de sus canciones, pero tiene una que hace que las lágrimas se desgajen como aguacero en el mes de abril. Es la de aquel hombre que partió decepcionado del pueblo con la finalidad de encontrar en otra parte consuelo, paz y tranquilidad.
Se trata de la historia de Miguel Pacheco Blanco, el famoso ‘Viejo Miguel’, el propietario del salón de baile ‘El Gurrufero’. Y entonces Adolfo Pacheco cantó: “Primero se fue, la vieja pal’ cementerio, y ahora se va usted, solito pa’ Barranquilla”.

En esa ocasión diseñó en su pensamiento esa historia que lo conmueve, porque al morir su madre Mercedes Anillo cuando él apenas tenía cinco años, quedó al cuidado de su padre, ese mismo al que inmortalizó con un canto.
Cerró los ojos, y comenzó la travesía por las evocaciones que no tienen distancia, pero por producto del amor paternal le llegaron directo al corazón. Y cuando menos se esperaba sacó de la baraja de su alma la frase más bella del diccionario de la vida: “Mi papá fue el más grande prócer de mis sentimientos, y esa canción es el testimonio para el hombre que supo guiarme por el mejor camino”.

Adolfo Pacheco

En ese preciso instante sobraban las palabras, no había que buscar bellas frases porque las lágrimas pedían permiso en medio de los albores del silencio, ese que es igual a la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas