LA LUZ ES UNA METÁFORA DE VIDA.

Por José Atuesta Mindiola

Un suave tamboreo preside el instante aquel en que el hombre recién creado en el paraíso descubre la luz del primer amanecer y se dirige a contemplar la majestad del sol, levanta su cuerpo sobre las puntas de sus pies, como queriendo ser más alto, para mirar de cerca el imponente astro luminoso.

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RAFAEL OROZCO MAESTRE (1954-1992)

Por José Atuesta Mindiola

I
La noche con su candil
en la puerta de la casa,
amigos en la terraza
con su ambiente juvenil
aplaudían en Becerril
con matices de fulgor
la voz del joven cantor
Rafael Orozco Maestre;
hoy brota un eco campestre
en los labios de una flor.

II
La ciudad de Valledupar
un puente de su faena,
el Colegio Loperena
es fiesta de su cantar,
porque ahí logra ganar,
un concurso de cantantes;
y entre los participantes
estaba Diomedes Díaz;
fue una magna epifanía
para seguir adelante.

III
Con el álbum ¡ADELANTE!,
Rafa Orozco sale al ruedo
con el gran Emilio Oviedo
el famoso comandante,
fue una entrada triunfante
que hace historia en el folclor;
pero su máximo honor
es con el Binomio de Oro,
sus canciones son tesoros
de melodía en esplendor.

IV
Rafa Orozco-Israel Romero
sus apellidos sonoros
forman el Binomio de Oro,
y con cantos de troveros
embellecen los senderos.
Jardines de melodía,
canciones en armonía
de románticos andares;
a Rafa con sus cantares
recordamos todos los días.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

LA RUTA DEL PROFESOR RAMÓN DÍAZ ROYERO.

Por José Atuesta Mindiola

Ramón Díaz Royero nace en Chiriguaná el 9 de febrero de 1940. Sus padres, Joaquín Royero Paba y Altagracia Díaz Cuadro. En su pueblo natal cursa estudios de primaria en el ‘Instituto Caldas’ del maestro Juan Mejía Gómez, un alumno aventajado del padre Rafael Vega, quien a principio del siglo XX crea el primer colegio en Chiriguaná. Estos dos ilustres maestros abrieron senderos luminosos para el fortalecimiento de la educación.♦

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La poeta y compositora Carmen Wadnipar

Por  José Atuesta Mindiola

En las páginas de mi memoria hay varios nombres de poetas y compositores de la región, que los jóvenes poco conocen y los mayores han olvidado. Hoy resalto a una mujer pionera en la composición vallenata, Carmen Ligia Wadnipar Martínez, a quien el padre del canto vallenato en guitarra, Alberto Fernández Mindiola con Bovea y sus Vallenatos, le grabaron cuatro canciones en la década del sesenta (1960).

Las cuatro canciones son: ‘El estío’, ‘El paso’, ‘No seas indiferente’ y ‘Maldita vallenata’.
De ‘El estío’, estos versos:
“Hoy por los valles no lucen las flores/
en las praderas se escucha un rumor/
ya llegó el verano y a nuestros amores /
los ha marchitado con su resplandor”.

De ‘No seas indiferente’:
“Pero debes de comprender/
que toda flor se marchita, /
y que a toda mañanita/
le llega su atardecer”.

Carmen Ligia nació en El Paso (Cesar), el 10 de noviembre de 1918. Hija de María Cipriana Martínez y Luis Wadnipar, cartagenero de origen jamaiquino. Desde temprana edad aprendió a querer la naturaleza. Desde su casa oteaba el espejo de agua de la ciénaga de San Marco, la suave brisa matinal con el rumor cristalino del río Ariguaní, la aurora teñida por el canto de las aves y el perfume verde de palmas y caracolíes. Este remanso natural que llenaba el paisaje de su entorno fue la génesis para despertar su vocación por la poesía. Su grado superior de escolaridad fue quinto de primaria, lo máximo que brindaba la escuela local, y sin embargo, logró desarrollar su afición por la lectura.

En 1950 formaliza su hogar con el comerciante Manuel Antonio Yepes y se vienen para Valledupar; crean el hotel ‘El Santander’, y después ‘El Atlántico’. Aquí se iluminaron las lámparas de la poesía y la música, que desde la niñez titilaban intermitentes. Los fines de semana, en el hotel, hacía presentaciones poéticas, acompañadas de guitarras; algunas de sus poesías las declamaba, y a veces cantaba boleros, tangos, valses y rancheras. El ambiente citadino le permite un mayor contacto con la literatura; y aunque su libro de cabecera era la Biblia, lo sabía alternar con sus poetas favoritos: Julio Flores, Porfirio Barba Jacob, José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Luis Carlos “el Tuerto” López. Hizo también varias presentaciones en la concha acústica de la plaza del barrio ‘Doce de octubre’ y en las emisoras Radio Guatapurí y Radio Valledupar.

En 1968, en el corregimiento de Mariangola, su esposo organiza un negocio de ventas y una trilladora de maíz y arroz. Ella publica un folleto de poesía, ‘Flor, voz del campo’. Tuve la feliz oportunidad de leer uno de esos folletos que le regaló a mi padre Eleuterio Atuesta, que era el inspector del corregimiento.

Unos versos de la poesía ‘Flores secas’:

Al fin el fulgor se agota
de toda luz que fulgura/
aún la nieve en su espesura
se desvanece gota a gota/.
No tires las hojas secas,
no las tires en el suelo/
mira que tus abuelos
serán como flores secas.

Con la muerte de su esposo, ella se traslada a Caracolicito. En 1992 nos encontramos en Valledupar y me dijo: “Estoy tejiendo los atardeceres de mi soledad, elaborando medicamentos botánicos y acompañada de mi mejor amiga, la poesía: ese fuego que no se apaga, aunque nos estemos muriendo”.

En año 2000 viaja con una sobrina a Cartagena, la ciudad donde nació su padre, allí su cuerpo octogenario es abrazado por el sueño celestial, el 25 de febrero de 2004. Algunos familiares y amigos recuerdan sus poesías y sus cuatro canciones grabadas por Alberto Fernández Mindiola con Bovea y sus Vallenatos. Su nombre debe estar en el Centro Cultural de la Música Vallenata.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

LA VIDA EN PALABRAS, LIBRO DE MARCE URÓN

Por José Atuesta Mindiola

La poesía es la lengua materna de la raza humana. El mundo existe por las palabras que lo nombran, de modo que somos una metáfora del lenguaje. La palabra siempre es algo compartido. Vivimos en un territorio ocupado por quien habla y por quien escucha, por quien escribe y por quien lee. Dependemos unos de otros y somos parte de una labor dinámica y perpetuamente inacabada.

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