Festivalito Ruitoqueño: Arte por donde se le mire

Los que no pudieron asistir este año a la vigésimo primera versión deberán esperar hasta el 2012. Sin más que decir y como es tradición por parte de los asiduos asistentes al Festivalito para ellos va a la cuenta de 3, un fuerte “pobrecitos”.

Los espectadores que visitaron el Festivalito Ruitoqueño se encontraron frente a frente con un lienzo limpio que atravesaba de lado a lado la tarima que recibiría a más de 50 agrupaciones.

Y la pregunta que muchos se hicieron fue: ¿Este año no alcanzó para la obra artística de la vigésimo segunda versión? Pues no. En esta oportunidad, el artista Rito HP, le daría vida a ese telón en vivo y en directo.

Durante los tres días de presentaciones, Rito sumergiría el pincel en óleos, que irían formando apartes de los instrumentos musicales, propios de la música colombiana.

Fue así como una vez más los asistentes evidenciaron que el Festivalito Ruitoqueño es arte por donde se le mire. Mientras el artista continuaba con su obra en cada intermedio, su hija, Camila, recorría de tramo a tramo la Finca Villa Leo.

La jovencita que lleva 10 años ya en el mundo de la música y que nació con esa misma sensibilidad de su padre, se presentaría con la agrupación Mochila Cantora, no solo con su voz sino interpretando la percusión.

Tal y como ocurre con ese gusto por el arte entre padre e hija, los ejemplos son incontables. Están los padres que disfrutan con la emoción a flor de piel de cada una de las presentaciones de los pequeños que conforman las bandas de vientos, de cuerdas, las corales, los tríos, los cuartetos, los dúos, de agrupaciones que siguen formando públicos para que el Festivalito Ruitoqueño no frene ni una sola de sus versiones.

Por eso es evidente que en la Finca Villa Leo se respira arte. Arte cuando se llega al lugar y se disfruta del paisaje; es arte cuando usted se sienta a escuchar cantidad anécdotas propias de la narración oral que se transforman en canciones acompañadas de tamboras; es arte cuando usted se queda viendo ese cuadro maravilloso de colores y talento musical en la tarima; es arte cuando cae la noche y se da cuenta que permaneció más de 10 horas continuas escuchando música colombiana.

Vanguardia Liberal le presenta las historias que le sustentan un poco más, por qué el Festivalito Fuitoqueño es cien por ciento arte.

Es arte porque los niños trascienden la música

Los pequeños artistas realizan reflexiones interesantes respecto al arte y el Festivalito Ruitoqueño. Solo basta preguntarles por qué el Festivalito es una manifestación artística que la ciudad no puede dejar pasar.

Para el integrante de la banda sinfónica del colegio Fundación UIS, David Bayona “el Festivalito es arte, teniendo claro que arte es todo aquello que le permite a una persona hacer una catarsis de sus sentimientos.

En tarima interpretamos por ejemplo una canción que transmite tristeza, la Malva Loca del maestro Luis A. Calvo, eso es arte”.

Por su parte Camila Patiño admitió que el Festivalito es arte porque es un espacio no solo para prepararse musicalmente sino como personas, para quererse todos como hermanos sencillamente por ese gusto particular por lo que hacemos”.

Zayda Johanna Lozada también lo tiene claro al admitir que “arte es una manera de mostrar talento y de enseñarle a la gente a enamorarse de la música colombiana”.

Es arte por el trabajo de los formadores

Así como existen academias, escuelas que siguen multiplicando el gusto por la música colombiana, están también quienes desde las aulas y desde los programas académicos van formando a los pequeños no solo con conocimientos teóricos de las ciencias exactas y naturales sino de las diversas expresiones artísticas.

Si no, que lo digan los niños de las instituciones educativas y los formadores que de manera particular toman al artista en calida de aprendiz y le dan las pautas para que mediante la pasión y la disciplina alcancen el nivel que requieren para subirse a la tarima del Festivalito Ruitoqueño.Así lo dejaron claro cada uno de los artistas.

Camilo Cifuentes, maestro del requintista Juan David Muñoz dijo que “el Festivalito es la esencia de Bucaramanga en cuestión de música, no solo es un espacio para mostrar el talento de la región andina sino para abordar diversas vertientes, música de todas las partes del país.

Evidentemente es un espacio cultural”. Por su parte su alumno, Juan David Muñoz, quien se acercó a la música colombiana hace cuatro años después de asistir al Festival de la Guabina y el tiple en Vélez, fue claro en admitir que “lo mejor del Festivalito Ruitoqueño es que no se despierta el espíritu competitivo, sino el gusto por la música, por interpretarla, por medirse y crecer a sí mismo”.

Es arte más allá de la tarima

El Festivalito Ruitoqueño también es arte fuera del escenario. Solo basta conocer de cerca la labor que se realiza mediante conciertos didácticos con los niños de las comunas de Bucaramanga. Imagínese a más de 80 niños de Morrorrico, 120 de la comuna Norte y otros 120 de Aldeas Infantiles SOS que trabajan con protección de menores hablando con las agrupaciones invitadas sobre música.

Incluso un grupo numeroso de más de cien niños también se reunieron en el Centro Cultural del Oriente, para cantar canciones de esperanza con artistas como Gustavo Adolfo Rengifo y Luz Marina Posada.

Así lo explicó María del Pilar García de Mochila Cantora, quien lideró ese trabajo llevando al Festivalito a otros sectores de la ciudad. Según explicó la directora musical se ha logrado un camino importante que es reunir a los niños de escasos recursos tras un concierto musical infantil y llevar una presentación para los adultos.

Pero ante todo, que los pequeños tengan a los artistas a medio metro y le pregunten por qué escogieron ese instrumento, qué los motivó por la música y lo mejor, despertar en ellos ese interés por tocar x o y instrumento musical.

Es arte por la formación de público

No hay nada mejor que ver cómo los organizadores del Festivalito Ruitoqueño han ido formando año tras año un público continuo y ante todo respetuoso, un público que calla para escuchar el talento de los artistas, y que aplaude cuando debe aplaudir, un público al que no le incomoda caminar por lodo cuando decide llover. Pues como se dice coloquialmente, aunque llueva, truene o relampaguee, la cita al Festivalito Ruitoqueño es infaltable.

Publicada por PAOLA BERNAL LEÓN/Vanguardia

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