Muchas leyes y códigos han pasado por sus manos, pero la tesitura hacía los cuadros permanece incólume para perpetuar una inclinación que viene de familia; desde sus tiempos de estudiante de bachillerato perfiló el arte de la pintura con el carboncillo plasmando las figuras de los próceres de la patria.
Con estas manifestaciones se fue perfeccionando y a la vez le servía de fuente económica para financiar ciertos extremos de su educación; hoy Jesús Alberto es un destacado hombre de la pintura, lo que le ha permitido el reconocimiento de los expertos en la materia.
“No es fácil pintar, especialmente para mi, que tengo el tiempo medido, pero mi amor por el arte me permite ‘robarle’ minutos a mis otras ocupaciones para tomar el pincel y concéntrame en los motivos, lo que me llena de una satisfacción grande, especialmente cuando término la obra y recibo la aceptación de lo críticos”, manifestó este artista.
Para alimentar su inspiración, Palmera suele alejarse a lugares tranquilos, especialmente a la zona rural, donde le da rienda suelta a su creatividad, allí manda a vacaciones los libros y adopta las temperas, oleos, acuarelas, crayones, esmaltes, serigrafías, pasteles y demás, al mejor estilo de los consagrados del arte.
Asegura que seguirá manteniendo una actitud de búsqueda personal o colectiva, articulando la percepción, la imaginación, la indagación, la sensibilidad junto con la reflexión a la hora de realizar y disfrutar las diferentes producciones artísticas, las que en su mayoría reflejan las tradiciones y costumbres vallenatas.
Jesús Palmera dice que en Valledupar hay muy buenos exponentes del arte y destaca como uno de sus más destacados impulsores a Armando Iguarán, a quien considera el gestor de su dedicación a la pintura y con quien conlleva gran parte de su experiencia. Vanguardia

