*Félix Carrillo Hinojosa

“A grandes males, grandes remedios” es un viejo decir, que El Estado trata de aplicar ante las delicadas acciones que se dan en sus empresas y también, en las que siendo privadas, son de su vigilancia. Es el caso del eterno problema que se presenta en la organización recaudadora ORSA que SAYCO y ACINPRO construyeron para evitar la guerra del centavo, que estas dos organizaciones enfrentaban en la década de los 90’, pero que con el transcurrir del tiempo y ante todo por la acción del dinero, tiene tanto o más poder que las dos juntas. Su memoria comercial y el desarrollo con conocimiento de “donde y como” se llega al usuario que trata de evadir el pago del derecho de autor y conexos, por acción u omisión, le da a ese brazo de estas dos organizaciones un súper poder, que ha puesto en jaque en más de una ocasión a SAYCO cuando ésta le ha pedido la memoria de, “a quien y qué le cobra al usuario”, hecho que hasta este año pasado se dio, después de más de una década de solicitud. Todas esas quejas se fueron acumulando y permitieron que el legislativo se llenara de los requisitos necesarios y terminara por construir una salida más científica y vigilante y menos sujeta a la corrupción, que responsabiliza al mismo Estado de su accionar protagónico, en un proceso que no debe por ninguna de las formas y contenidos, ser ajenas al compromiso que debe tener frente al artista colombiano, cuando en sus articulados dentro de las diversas leyes, el legislador nos ha prodigado, una gran memoria sobre el derecho de autor y conexos, entre las que destacamos: “El Estado impulsará, estimulará y fomentará, los procesos, proyectos y actividades culturales, respetando la diversidad cultural de la nación colombiana”.

Ante esa desconfianza acumulada, que ha generado más de un nuevo rico en ese desarrollo del cobro y pago del derecho de autor y conexos en Colombia, por parte de las agremiaciones que tienen personería jurídica para ese fin y de aquellos que fuera de la ley, cobran y llenan sus bolsillos con el producido de “un creador y de un intérprete”, parece que le llegó el final a ese mal momento, que durante muchos años hemos padecido. Es por eso, que El Estado presenta, una nueva manera de mirar ese eterno problema, del instrumento que se tiene para cobrar un “derecho”, no un “impuesto”, que esté mejor entronizado con las nuevas tecnologías y la realidad social de todas las partes que están en este proceso de la cultura nacional. Se trata de la conquista que trae la ley 126 que sobre el tema de la formalización del sector del espectáculo público de las Artes Escénicas y es lo relacionado con “La Ventanilla Única”, que a manera de instrumento soberano presenta el legislativo, para construir la confianza que tanto necesita el usuario y el artista colombiano. Pero como estamos en Colombia y para infortunio de nosotros, es bien sabido que “hecha la ley, hecha la trampa”, ya ciertos miembros de diversas agremiaciones están haciendo lobby para que la antigua ORSA, que tantos dolores de cabeza nos dio en el pasado, cambie de nombre y pase a desarrollar esa tarea, delicada por cierto y que necesita de toda la transparencia necesaria, para construir un mejor futuro de la cultura del “recaudo” sobre el derecho de autor y conexos en Colombia. Sin entrar a señalar a nadie con el dedo inquisidor, es bueno decirles a quienes tienen esa responsabilidad, que el artista nuestro está cansado de ver surgir nuevas alternativas que terminan siendo más dañinas que las anteriores, es decir, “resulta peor la medicina que el mal”. Como ya tenemos el carro, es bueno encontrar quien lo maneje, pero bien, no a medias y con las mañas que terminen destruyendo un nuevo sueño. Estoy convencido, que si lo hacemos bien, terminamos de una vez por todas, con esos vicios corruptos que han puesto en mala posición a las agremiaciones artísticas colombianas y a quienes la orientan.

¿Cuál debe ser la hoja de ruta, del nuevo instrumento que plantea El Estado conocido como “VENTANILLA ÚNICA”?, ¿Quiénes son los encargados de dirigirlas?, ¿Cuál será la reglamentación que debe tener ese instrumento para evitar su contaminación? Y lo más esencial de ese proceso, ¿cómo le responde El Estado al artista nacional en un eventual fracaso del mismo? .Todos estos interrogantes deben ser estudiados con la mesura que merece todo este proceso. No dudo un instante, en que debemos recurrir, a los saberes que tienen muchas personas sobre este menester, para encontrar el fortalecimiento de una nueva alternativa, que puesto en el horizonte artístico debe generarnos un mejor amanecer. Contamos con buenos seres humanos incontaminados, que nacen para hacer una buena labor al servicio de la comunidad, que en el caso del tema artístico los habrá siempre. Creo en la gente,  que por muchos errores que cometa, quiera transitar por el sendero del bien. A ellos no se les puede quitar ese propósito y El Estado debe propiciar esos espacios y nuestras agremiaciones deben de servir como las cajas de resonancia, de esos anhelos que cada uno de sus asociados tienen. No olvidemos que al interior de nuestras agremiaciones tenemos profesionales autores, compositores e intérpretes o hijos y nietos de los mismos, cuya profesionalización es evidente. Si eso es verdad, por qué recurrir a un material humano, que va más para obtener grandes ganancias personales y no para defender un ideario artístico como debe ser, que estoy seguro, con el uso de esa mano de obra nacida de nuestras huestes, serán de mejor desarrollo para el mundo artístico nacional.

Queremos de manera conjunta, proponer la reglamentación de la “VENTANILLA ÚNICA”, para evitar que sea en una sola vía y si producto de un consenso entre las partes involucradas: Autores, Compositores, Intérpretes, Editores, Productores y usuarios. Esa gran mirada, construida entre todos, debe ser el eje, por la que debe transitar la misma y así, evitar esos grandes malos sobresaltos a que estamos acostumbrados cada uno de los sectores artísticos nacionales. No olvidemos, aunque ciertos sectores lo hacen, que el gran negocio de las artes no debe acumular ganancias y riquezas para un solo lado, que ese hecho debe ser compartido con toda la equidad que ello implica. No es bueno mirar de soslayo, el problema que viven actores, libretistas, directores y demás protagonistas, en los canales privados. Ese problema debe ser acogido por todos los actores del arte nacional y en un acto lleno de la mayor dignidad posible, poner a cada quien, en el sitio que le corresponde. Señores de los canales privados es hora ya que piensen de manera más racional, en que sin actores, libretistas, musicalizadores, directores, extras y todo ese gran mundo, que permite la realización de nuestras grandes obras en medio audiovisual, deben ser tratados mejor. El negocio de las producciones audiovisuales no debe ser planteado en una sola vía. Buen negocio es aquel que deja satisfecho a las partes, pero en lo que atañe a nuestras actividades artísticas, el autor, compositor e intérprete siempre van por debajo de sus reales pretensiones económicas. Ω

*Compositor Colombiano   

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