FISCALIA: IMPUNIDAD TOTAL.

Eduardo Dangond Castro

El caso de Sigifredo López, exdiputado y ex secuestrado del Valle, por parte de la Fiscalía, que todo indica que se convirtió en un nuevo oso de la justicia en Colombia, revive el debate del sistema acusatorio mixto colombiano.

La reciente reforma judicial no ha desdibujado la imagen de una justicia ciega, lenta, traumática a pesar de los avances de la tecnología, puesto que, no le ha llegado el avance de la celeridad. Por el contrario, le ha adicionado el ingrediente de la justicia espectáculo, al haber  anunciado verbigracia, ampliamente en todos los medios de comunicación el fiscal General que iba a dictar medidas en contra de la Farc política.

Esa práctica  de allanar, publicar y sancionar a través de los medios periodísticos las capturas de sindicados, para luego verse obligados a exonerar a los implicados de todo cargo constituye una constante de equivocaciones en su accionar de la justicia en Colombia.

Desde la época de Pablo Escobar hasta la presente han sido muchos los casos en las cuales la improvisación del ente acusador ha sido de tales proporciones que han capturado en múltiples ocasiones a inocentes como sucedió con la primera captura inmediata del presunto implicado con la muerte de Galán.

Lo grave de todo lo anterior, resulta  que la mayoría de los colombianos somos los que pagamos con nuestros  impuestos esos errores judiciales ante las innumerables demandas que se derivan por cuantías inconmensurables.

La fiscalía y su sistema acusatorio no ha levantado vuelo y todavía camina en pañales al no concentrarse en la recopilación  de la totalidad de las pruebas reinas y plenas antes de acusar a los delincuentes.

De allí, resulta las estadísticas en el cual, la probabilidad de condena por un delito en Colombia no supera el 20%. En materia de HOMICIDIOS LA IMPUNIDAD ES TOTAL  al resultar esa probabilidad que gira en torno al 3%. La Fiscalía registró 62.737 noticias criminales e igualmente registró 1.699 sentencias condenatorias. Es pertinente destacar que este 3% es un porcentaje ligeramente inferior al que muestran las cifras del sistema penal anterior frente al  tema creciente de la impunidad.  Lo cual constituye en términos estadísticos un descalabro y fracaso total del nuevo sistema acusatorio. Se dilapidó con la reforma judicial los ingentes esfuerzos humanos y presupuestales ocasionados con motivo del nuevo sistema.

En otros sistemas judiciales más modernos se califica a los fiscales y cuando sucede este fenómeno y se les caen las acusaciones o las capturas de los sindicados, sencillamente el fiscal pierde el cargo.

Acusar a un inocente es distraer la acción de la justicia para no enjuiciar al verdadero responsable y denota el engranaje de un sistema lento, ciego, impulsivo, folclórico y en ocasiones politizado.

Por ello, bastará preguntarnos una y otra vez, hasta que punto es válido capturar a un presunto delincuente y después iniciar la investigación. En Colombia la presunción de inocencia no se cumple. Ligereza, ceguera, improvisación, lentitud de términos para los jueces e impunidad son las reglas generales de la justicia en Colombia.

EDUARDO DANGOND CASTRO.

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