La paz en Colombia

DESDE LA BARRERA

Por Gustavo Rodríguez Gómez

Se ha vuelto inveterado en nuestro país decir que la violencia empezó hace apenas 50 ó 60 años. Mentira. En nuestra patria –que antes se llamó, de manera sucesiva, Nuevo Reino de Granada, Gran Colombia, República de Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y sólo hasta 1886 recibió el nombre de República de Colombia, con el que se la conoce actualmente– siempre ha habido violencia: primero fue el sometimiento a sangre y fuego de los aborígenes por parte de los españoles, después la oprobiosa esclavitud para los negros.
Durante la Colonia se vivió una paz aparente, pues –sometidos los pocos indígenas que quedaban, esclavizados los negros, y los criollos jugando a la nobleza– a los conquistadores les quedó fácil gobernar, hasta cuando a Nariño y a Carbonell se les dio por la Independencia (ya que Camilo Torres, Francisco José de Caldas y demás descendientes de Don Pelayo, con el sainete del Florero de Llorente, sólo buscaban que no les quitaran sus personales prebendas).
Ahí empezó la debacle: pues Torres y compañía no estaban de acuerdo con eso de la Independencia tal como la concebían Nariño y Carbonell: con igualdad y libertad para todos y entonces vinieron las guerras de la Patria Boba que le sirvieron en bandeja a Morillo su labor de reconquista, en la que arrasó con vidas y honores. (Lo llamaron Pacificador, como a cierto general contemporáneo).
Después, Bolívar expulsa a los españoles y nos da la libertad; pero los criollos creen que esa libertad los constituye en amos y señores del país y terminan desterrando al Libertador y apoderándose del país y, para mejor lograrlo, se dividen en dos facciones (liberales y conservadores) y bajo supuestas ideologías, convencen a los de la gleba de que los sigan y peleen y hasta den la vida por sus amos.
Y nuestro territorio patrio se baña en sangre hasta cuando los liberales y los conservadores se cansan de esa matanza que, aun cuando los deja indemnes –pero más ricos y más poderosos– desangra a la nación y detiene su desarrollo.
Pero ya es tarde, pues los desarraigados de siempre han aprendido que tienen derechos y quieren hacerlos valer y Colombia (desde hace 50 ó 60 años) se sigue tiñendo de sangre, con los resultados que hasta los párvulos conocen.
Para entonces, los llamados bandoleros liberales se han convertido en guerrilleros y los pájaros conservadores en paramilitares, y mientras los primeros luchan por conquistar derechos, los segundos combaten para ayudar a los amos a impedirlo.
Pero esta lucha por ideales, se corrompe de parte y parte, pues las aspiraciones originales se convierten en mero lucro y, con tal de lograrlo, se comete todo tipo de barbaridades. Y quien pierde es Colombia, su gente pobre, los más débiles, los indefensos; pues quienes tienen capacidad para armarse se defienden, recurriendo incluso al asesinato.
Durante estos 50 ó 60 años, han sido variadas las ocasiones en las cuales algunos quijotes han querido encontrar la paz, pero siempre aparecen los belicistas que aman la guerra, pues de ella derivan pingües ganancias y, entonces, todo queda en esperanzas frustradas; pues los guerreristas, con su violencia soterrada desarman los planes con los que se busca la armonía en el país.

Ahora, aparece Santos con su proyecto para hacer la paz y, como es lo acostumbrado, todos aquellos para quienes la concordia es mal negocio o, mejor aún, la guerra es el  telón de fondo más propicio para ocultar todas sus trapacerías y hasta sus crímenes y además para seguir delinquiendo, entonces no solamente reniegan de la paz, sino que también llenan a los pacifistas de innumerables denuestos; de los cuales, el de arrodillados, es el más benigno.
Así, podríamos decir con Perogrullo, que los enemigos de la paz (Colombia los conoce muy bien), son amigos del caos, del desorden, del delito, del crimen. Porque, con la  guerra, arropan sus fechorías actuales y pretéritas, como dijera el escritor y poeta francés del siglo pasado, Paul Valéry: «La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, en beneficio de quienes sí se conocen, pero no se masacran.»
Y, lo que es peor, se dan golpes de pechos y se inventan argumentos para desprestigiar esa paz que Colombia anhela y necesita.

*Gustavo Rodríguez Gómez
grg1939@yahoo.com
 

 

Un comentario sobre “La paz en Colombia

  1. desconocía la historia, germen de la cultura, del perfíl. de los colores, sabores, melodias rictus, tics, de un país que conforman un país..Gracias por compartirlo, por hacernos más sabios ,más libres también, porque es lo que da el conocimiento……libertad.

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