Fundación Centro Cultural Loperena

JOSE-MANUEL-APONTE-MARTINEZPor: José M. Aponte Martínez

Como anillo al dedo o pedrá en ojo tuerto me llegaron los comentarios del buen amigo y distinguido arquitecto vallenato Jaime Palmera Pineda, quien a pesar de no residir aquí, dá cátedra y le pone planas a sus colegas, que solamente viven pendiente de hacer platica dándole la espalda a los problemas urbanísticos que tiene la ciudad, sobre la situación del Colegio Loperena y una posible solución de sus problemas con la creación del Centro Cultural Loperena. Hay que agradecerle a Jaime su interés porque esta ciudad sea agradable y de manera especial se incremente la cultura.

La semana pasada estuve en Barranquilla llevando a mis nietos Nando y Jose a unas competencias de natación en el Colegio San Jose, que tiene una historia de más de 100 años y es regentado por los jesuitas, que ahora con Francisco I están de fiesta; Nando y José ganaron todas las competencias con los de su categoría y se vinieron bañados y cubiertos de oro, en representación del Colegio Bilingüe de esta ciudad.

En San José más tradicional y antiguo que nuestro querido Loperena, donde cursé 5 años de bachillerato en compañía de Víctor Medina Morón, Orlando Torres, Leonel Rojas, Jorge Campo, Venancio Araos, Ramiro Guerra, Francisco Suárez, Moisés Mojica, Chema y Amiro García, Carlos Troncoso, Arcadio Sierra, José Augusto Solano, Alfredo Martínez, José Alberto Corrales, Fabio Gutiérrez, Hugues Hernández, Alberto Orozco, Fabio Dangond y Gumercindo Peñaloza y un poco de gente que por razones de espacio u olvido omito a quienes siempre recuerdo con mucho cariño y gratitud, hoy está en crisis y se está cayendo, pues como lo convirtieron creyendo hacer un bien, pero le hicieron un mal, en Monumento Nacional, ahora nadie le puede meter la mano para evitar su ruina. Pero retomo el tema sobre el San José que funcionó por espacio de varias décadas en el Centro de Barranquilla en un lote costosísimo y ya insuficiente para sus miles de alumnos, resolvió vender y comprar varias hectáreas por los lados de la Universidad del Norte y ahí construyeron ¡tronco de colegio!, con canchas para cuanto deporte hay, piscinas, coliseo cubierto, teatro y escenarios culturales, capilla y todo lo que un colegio moderno necesita para una buena educación con salas de informática que uno se queda con la boca abierta viéndolas y todavía les queda un buen pedazo de terreno en donde de pronto, con la ayuda del Papa Francisco I, construya una Universidad.

En Valledupar los Colegios Loperena, Pablo Sexto, Roig y Villalba, El Carmelo, El Santa Fe, El Virrey, La Sierra y ya el Bilingüe se han convertido en un verdadero problema que le han hecho perder la tranquilidad a sus vecinos y han vuelto su entorno un caos en las horas que se recogen y se dejan los alumnos, lo mismo que nos sucede a los vecinos del Barrio Novalito, que con la instalación de una EPS, hemos perdido la tranquilidad y el espacio para cuadrar y meter nuestros carros, pues a pesar que el inmueble arrendado tiene parqueadero propio no lo utilizan, sino que lo hacen en nuestras zonas y no hay forma de que los quiten ni atiendan nuestras súplicas.

Por qué no pensar que esos centros educativos hagan lo mismo que el San José en Barranquilla y en Medellín y construyan nuevas, modernas y bellas instalaciones por los lados de la Universidad Nacional en La Paz, a excepción del Loperena que hay que hacer el esfuerzo para dejarlo como está y sí se cae no hay otro remedio que meterle un buldócer y ahí sí vender y coger para otra parte, pero ese es el caso extremo y por ello estoy completamente de acuerdo con el Dr. Palmera cuando dice: “Una vez recuperada las instalaciones del Centro Cultural Loperena se utilizará para todo tipo de arte y artesanías, con salas de música y lecturas permanentes o temporales que se complementen con otros como el comercio que se da con EXPOFESTIVAL durante el FESTIVAL VALLENATO”.

Doctores Toño Maya, Ava Carvajal, William Fuentes, Oscar Guerra, Jaime Soto, Calule Gutiérrez, Jaime Tadeo y Enrique Orozco, Fausto Cotes, Edgardo Cuello, Peñaloza y Bornacelli, por qué no se unen en un acto de filantropía, se rascan el bolsillo y sacan unos pesos de lo muchos que honesta y arduamente se han ganado y le dejan a su ciudad el legado de la Fundación Centro Cultural Loperena, para que sus nombres queden plasmados eternamente en la historia de Valledupar, a no ser que el magnate industrial y comercial Carlos Mattos Barrero en unión con el magnate agroindustrial Carlos Murgas Guerrero, ayudados por el Muñe y Miguel Villazón, se les adelanten en esta magnifica idea.

Felicitaciones al Doctor Miguel Daza, Gerente de Alumbrado Público por atender nuestra petición y levantar las bases peligrosas convertidas en trampas de las lámparas instaladas y robadas en las calles 15 y 16; valdría la pena que las que todavía quedan, fueran pintadas y reparadas.

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