Luciano Gullo Fragoso, entre la soledad y los recuerdos

luciano-guyoUna violina, su eterna compañera, ‘abraza’ sus labios para que su mente siga deshilvanando los versos que le acompañarán a su tumba, como reflejo de que su telegrafía juglaresca tiene mensajes de eternidad poética antes y después de ‘La Despedida’. (Foto: William Rosado/VANGUARDIA)

Luciano Gullo se aferra a la vida ‘arrastrando’ recuerdos con una velocidad mental que contrasta con su movilidad física, la que por el paso de los años y una caída, lo confinaron a un cuarto del barrio Sicarare, donde no llegan los que usufructúan la herencia artística que engendró.

El paso de los años le quitaron la velocidad de gacela que a sus 20 primaveras le permitieron remplazar a su padre en el puesto de telegrafista en Fundación del Puente, departamento del Magdalena.

Este oficio, por demás, lo relacionó con los intérpretes de música vallenata del entonces, lo que lo entusiasmó tanto que dejó tirado los cables y herramientas de Marconi, para empuñar una guacharaca y cantar los versos que le brotaban sin cables ni teletipos.

Hoy, cuando el mundo no recuerda ese paso de las comunicaciones, Luciano Fermín Gullo Fragoso, también está igual de olvidado por las generaciones de vallenatos que han deleitado sus canciones sin detenerse a escudriñar la mente que las creó, sólo su violina lo abrasa en la soledad de un cuarto del barrio Sicarare de Valledupar, para que sus débiles labios la ‘besen’ y le arranque las melodías que lo hicieron protagonista de las grandes parrandas del folclor.

Gullo Fragoso no solo arrastra la soledad de sus 90 años, sino el olvido de los que han zapateado y se enamoraron con sus canciones, arrinconado a la suerte de cada semestre, para que por voluntad de los liquidadores de la Sociedad de Autores y Compositores, Sayco, le llegue una mesada muy distante en cifras a la que devengan los compositores de hoy, pese a los clásicos que su mente parió y que muchos desconocen si quiera que son de su autoría.

Nativo de El Paso

Nació en El Paso en 1923, cuando las tenues noticias del folclor tangenciaban los nombres de Eusebio Ayala, Octavio Mendoza y otros, tal vez, más como perniciosos parranderos que como cultores de un ritmo que más tarde se convertiría en la marca de una región, ese entornó lo rubricó y lo enrutó por los senderos que lo convertirían en el acólito de figuras como Tobías Enrique Pumarejo, Abel Antonio Villa, Nafer Durán, Luis Enrique Martínez, Ovidio Granados entre otros.

Su más rimbombante canción se la grabó ‘Colacho’ Mendoza con el bombardino de Rosendo Martínez, la caja de Rodolfo Castilla y la guacharaca de Adán Montero, ese tema se llama ‘La Despedida’, que le sirvió de entrada triunfal al callejón de los éxitos y cuya letra ha sido regrabada por una cantidad de grupos locales y foráneos.

“Si quieres partir sin mi compañía
ya me vengo a despedir
adiós morenita mía”

“Cuando tenía nueve años hice la primera canción, la cual me quedó inconclusa. Fue la ternura fraternal de un hermanito al cual tenía en mis brazos y a quien comencé a cantarle, ahí nació mi pasión por las canciones”, dijo.

Luis Enrique Martínez grabó varias canciones de su autoría, pero que aparecieron a su nombre pues antes era más satisfactorio eso, nunca le interesó ni hubo diferencias por esto, la consigna era parrandear y levantar los amores que se derretían por ellos en las largas faenas de la juglaría.

Con el paso del tiempo apareció su nombre en el catálogo del ‘Pollo Vallenato’ con el tema antológico ‘Donde quiera que vayas’ que recobra vigencia en cada Festival Vallenato’ en la interpretación que hacen los aspirantes a la corona de rey.

“Recuerdo aquella mañana que te vi
que brillabas de hermosura como el sol
no puedo resistir esa gran emoción
que sorpresa recibí, dentro de mi corazón
donde quieras que vayas yo voy
a pedirte un poquito de amor”

Obras antológicas

Gullo Fragoso fue uno de los pilares para el despegue de Jorge Oñate con Los Hermanos López, por eso es fácil escudriñar en cada disco y encontrar una obra de este maestro olvidado, entre estas se pueden destacar: ‘El Puente de Mariangola’, ‘Flor de Duranía’, ‘El Colibrí’ y ‘El Compadre’ esta última se la hizo a su entrañable amigo Tobías Enrique Pumarejo, parrandero de grandes faenas.

“Mi padre fue muy rico, un capital que hizo como telegrafista y como administrador de Pedro Castro Monsalvo de ahí la gran amistad con Tobías y Tito Pumarejo, grandes criadores de caballos, una vez, don ‘Toba’ se cayó de un caballo y se lo llevaron grave para Valledupar, esa noticia me enguayabó mucho, entonces le hice esta canción. ‘Mi compadre’”, relata.

“Al llegar a la casa de mi compadre Tobías
me dijo doña Ruth, ya su compadre se fue
se lo llevaron grave y yo no sé todavía
no he tenido noticias de su llegada allá al valle
pero tengo la fe de que se haya mejorado
y el día menos pensado a mi lado lo tendré”.

Luciano Fermín fue uno de los fundadores del grupo Los Playoneros del Cesar, cuyo nombre fue obra suya y en el cual cantaba y tocaba la guacharaca con el acordeón de Ovidio Granados, con quien vivió una época de giras, parrandas y episodios que no tenían valores comerciales, pero sí de enormes satisfacciones personales.

Anduvo con Aníbal Velázquez, Dolcey Gutiérrez, Nafer Durán, Luis Enrique Martínez, Los Playoneros del Cesar entre otros.

En la época exitosa de Alfredo Gutiérrez también aflora una de las más conocidas canciones de Gullo ‘Linda mariposa’, la que se constituyó en todo un tema antológico del repertorio de Gutiérrez.

“Yo voy hacer una bonita cabaña
combinada como el iris de colores
con rayitas y granitos de esmeraldas
y un jardín de perfumadas flores”

Aferrado a la historia, con una mente tan lúcida como las aguas del río Diluvio donde tanto retozó su juventud en las sabanas copeyanas, Gullo se tiene que conformar ahora con una soledad que le aflora la nostalgia de esas inolvidables parrandas de las que fue protagonista

Hoy en un cuarto que comparte con una sobrina que por sus quehaceres le toca dejarlo solo gran parte del día, unicamente unas menciones de honor aferradas a la pared, son testigos de la vida de un hombre que sembró semillas de oro en el folclor vallenato.

Publicada por WILLIAM ROSADO RINCONES/VANGUARDIA

 

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