diomedesfoto2A diferencia de otros fotógrafos, Julio Solanilla García se queda todo el día en la tumba de Diomedes. Por: Néstor De Ávila
Julio Solanilla y Álvaro Restrepo están listos para complacer a los fanáticos.

La romería de los seguidores del recién fallecido cantante vallenato DiomedesDíaz no para. Desde el pasado 26 de diciembre, día en que se abrieron las puertas del cementerio Jardines del Ecce Homo los fanáticos llegan para visitar la tumba.

Pero no solo basta con eso. La mayoría quiere un testimonio de su presencia, y que mejor que una foto.

Y para ello hay dos fotógrafos listos a complacerlos. Entre ellos un diomedista de los ‘duros’, quien no se ha despegado un solo instante donde yace el Cacique de La Junta. Se trata del ibaguereño Julio Solanilla García, de 50 años, quien con su arte de la fotografía registra el ‘encuentro’ de cientos de seguidores con el cantor campesino.

Solanilla, quien reside en Valledupar desde hace 38 años, los últimos 25 ganándose la vida con una cámara fotográfica en eventos sociales, llega a las 6:30 a.m. a las puertas del camposanto. Inclusive es uno de los que primero entra al jardín para arreglar la tumba 1108, donde reposan los restos de Diomedes.

Revisa que los arreglos florales permanezcan organizados, los riega y prepara su equipo de fotografía, una cámara Nikon D90 y una impresora digital que le permite obtener de manera instantánea las imágenes. “A diario retrato muchas personas que quieren tener un recuerdo de su ídolo.

Yo trabajo en eventos sociales y para la temporada de fin de año hubo muchos, pero preferí quedarme en esta tumba, cumpliéndole una promesa que le hice al Cacique, que era quedarme cuidando su tumba y de paso le cumplo sus deseos que era que todos los vendedores ambulantes estuvieran presentes aquí”, señala el hombre de cabello canoso.

Este fanático del cantante de éxitos como El cóndor herido. La ventana marroncita y El mártir, se pasea alrededor de la tumba y con su voz logra entusiasmar a más de uno para que se lleve el último recuerdo con su artista favorito.

“Las fotos instantáneas, las fotos, se las tengo, quédese con un bonito recuerdo”, grita Julio Solanilla.

Asegura que el cantautor guajiro siempre posaba para su poderoso lente. Según él, le realizó registros en más de 15 presentaciones en distintos municipios del Cesar y La Guajira. “Siempre me decía ‘ven, cachaco, pilas, hazme la foto, eso sí que salga lindo’, y me abría los brazos para que yo disparara mi flash”, recuerda  entre risas Solanilla,

Álvaro Ropero, otro fotógrafo que llega a ganarse unos pesos, explica que hace lo mismo que Solanilla pero por pocas horas.  “En dos horas me hago mi plata, pero lo de Solanilla va más allá del dinero, él es muy diomedista y dice que le está cumpliendo una promesa al Cacique, anda pendiente que la gente no maltrate los arreglos, que no pisen la tumba y vive cantando sus discos, el que más canta durante el día es Oye bonita”, indicó Álaro Ropero.

A las 6 p.m.,, hora en que se cierran las puertas del cementerio, uno de los últimos en salir es Julio Solanilla García, quien se despide de los vigilantes y trabajadores del camposanto siempre con la ilusión de regresar al día siguiente.

POR: JONATHAN DÍAZ CÁRDENAS /EL HERALDO
TWITTER @JONATHANDICARDE