8 de marzo: Día de la mujer

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Imelda Daza Cotes

El DÍA INTERNACIONAL de la MUJER TRABAJADORA es resultado de luchas históricas, libradas por mujeres que, desde la Revolución Francesa(1789) reclamaron emancipación; en 1857, en EEUU, demandaron mejores condiciones laborales y un 8 de marzo de 1908 un grupo de trabajadoras textileras, cansadas de la opresión se rebelaron y exigieron reducción de la jornada laboral, fin del trabajo infantil y mejores condiciones para todos.

La protesta fue acallada brutalmente, los dueños prendieron fuego a la fábrica y varias mujeres murieron quemadas. Pero la pelea continuó en medio de dos guerras mundiales.

En 1910, en Copenhague- Segunda Conferencia por los Derechos de las Mujeres, se aprobó el 8 de marzo como el día para reivindicar esos derechos y destacar la memoria de tantas mujeres sacrificadas por esa causa . No es pues un día para exaltar la belleza femenina ni su frivolidad.

Se trata más bien de estimular/promover la lucha de las mujeres por un mundo mejor y por la igualdad de géneros. Prevalece el espíritu patriarcal y la situación de la mujer-trabajadora es calamitosa. Dos de cada tres son pobres, muchos hogares(25%) están a cargo de madres solas; un 20% de las mujeres ha sido víctima de maltrato físico/mental y violencia sexual; las estadísticas sobre feminicidios crecen.

Los salarios de las mujeres siguen siendo inferiores a los de hombres con oficios iguales. Sin embargo, seguimos cargando con la responsabilidad moral de una sociedad que reprocha en la mujer mucho de lo que en el hombre aplaude.

Pero la lucha por la emancipación femenina afronta riesgos y desviaciones. Con frecuencia se confunde con otras formas de sumisión que tienden a cosificar el cuerpo femenino hasta convertirlo en un objeto decorativo del paisaje social e inculcan en su imaginario el afán esclavizante de competir entre ellas para lograr la aproblación masculina como única recompensa. Ese modelo no se corresponde con la inmensa mayoría de mujeres que no son rubias ni escuálidas sino auténticas indígenas americanas, africanas, asiáticas o mestizas de todas partes, muy dueñas de su propio sentir.

También se confunde la reivindicación femenina con cuotas burocráticas que a veces sólo reproducen esquemas oprobiosos porque la condición femenina en sí misma no es garantía suficiente. Abundan las mujeres que al lado de los hombres oprimen a otras mujeres, promueven guerras, aplican recortes neoliberales, son corruptas e insensibles. O sea, hay mujeres que acceden al poder sin una mirada crítica del poder masculino y sin compasión por sus congéneres. Así no es.

La auténtica liberación femenina debe comenzar por la reorientación educativa que le permita aprovechar sus capacidades y desarrollar el sentido real de la política para construir un mundo donde sean posibles la igualdad de derechos, la justicia social y la paz.

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