
Por: José Atuesta Mindiola.- El exceso del consumo de alcohol es una tradición familiar, y es una de las razones de atraso y pobreza en muchos hogares. En nuestros corregimientos es común observar en las cantinas, los sábados y domingos, gran afluencia de trabajadores que lo que se ganan durante la semana, lo derrochan en bebidas alcohólicas, y parece importarles poco los gastos del hogar y la educación de sus hijos; y éstos desde temprana edad comienzan a repetir las costumbres del papá.
El lema, para muchos de estos hombres de campo, es trabajar para beber.
El maestro José Benito Barros, explicaba esta tendencia en estos versos: su trabajo daba asombro y lo premiaba el patrón/ con palmadas en el hombro y una botella de ron.
El consumo excesivo de alcohol es un problema social que cada día gana más adictos. El viceministro de Salud, Fernando Ruiz, dice: “tenemos una carga de enfermedad y violencia asociada al consumo de alcohol. Es necesario trabajar más en la reducción del consumo y se debe hacer desde el entorno escolar”.
Pienso que debe existir una política de Estado que regule el horario de servicio a los negocios donde se expende y se consume licor; que debe prohibirse su venta en espectáculos públicos donde hay presencia de niños; que deben realizarse campañas educativas para que los mayores aprendan a disfrutar de la música y el baile, sin tomar trago, y los jóvenes tomen ese ejemplo”.
En estos días del Mundial para prevenir las alteraciones del orden público, el alcalde de Valledupar y de otras ciudades capitales, aprobaron la Ley Seca, y enseguida los gremios del comercio salieron a protestar porque se afectaba la economía.
Desde mi visión pedagógica y con el criterio demócrata de que el bienestar de la mayoría está sobre la minoría, expongo estos argumentos: Con la Ley Seca se afecta un día la economía del gremio de expendedores de licor y sus empleados, pero que son una minoría; frente a los numerosos consumidores que ven favorecida su economía, porque cuando dejan de beber un sábado se ahorran una gran cantidad de dinero que lo invierten en la calidad de vida de su familia, y además, el exceso de bebidas alcohólicas incita a las peleas, a la violencia intrafamiliar, y aumenta el riesgo de accidentes.
Según un informe (publicado por El Tiempo, 04/07/2014), la Policía asegura que la embriaguez está ligada a las riñas: en el 2013, murieron en medio de peleas 5.626 personas y 69.935 resultaron heridas.
El domingo, 29 de junio, que estuve en el mercado de la ciudad, fui testigo silencioso del diálogo entre dos mujeres. El tema era que el alcalde Fredys Socarrás, debería aprobar la Ley Seca, mínimo un sábado de cada mes, para que los hombres no salieran de la casa, conversaran con la familia, se acostaran temprano y fueran a misa el domingo, y el dinero que iban a derrochar en ron y cerveza, lo dieran para aumentar las compras de la comida y otros menesteres del hogar.
