Andrés Becerra Morón y sus tres sinfonías

ANDRES-BECERRAAndrés Becerra Morón indiscutible creador y exponente de la música vallenata.

Andrés Becerra Morón forjó y definió su vida con la creación literaria de la música, y también, con el arte redentor y el oficio de la política regional.
Y son tres sus sinfonías: Una la sueñera del bolero, otra el triunfalismo de la ranchera y la última el teclado vegetal del acordeón.

Y con brillo y espada, lo confirma su voz sonora y lírica, que se advierte claramente nacida en los tumbos y las raíces del mismo río Chiriaimo de San Diego, muy cerca de la Sierra Montaña, de donde se desgranan los aguaceros de los cantos vallenatos. Esa era su vida, la música, ese era su cosmos, su mundo, su galaxia, su arraigo y de ahí de esa masa inmaterial y divinizada nace su expresión, sus pasos, su verbo, su estampa y su elocuencia desbordada y de justo dominio emotivo sobre la concurrencia que lo fulguraba y lo aplaudía. Eso era él en toda su dimensión humana, un hombre megalómano y un confeso polifónico.

Pero a la vez lucía de político curtido, discursivo, un reconocido tribuno, amigo entrañable de la retórica en la plaza pública. Vivía, cuando sobrevenía el reposo electoral, con ansiedad y hambre por pronunciar una oración doctrinaria sobre el liberalismo y los avatares del gobierno de turno, todo lo contrario de la doctrina escolástica y carlista de su padre don Francisco Becerra Arzuaga, el máximo conductor de su partido en el hoy municipio de San Diego. El doctor Alfonso López Michelsen lo exaltaba y lo celebraba con gozo intelectual. Así fue amigo del expresidente Ernesto Samper, del expresidente Andrés Pastrana y de su padre el expresidente Misael Pastrana, y al mismo tiempo, admirador rotundo del expresidente Carlos Lleras Restrepo y de las letanías del doctor Carlos Arango Vélez y del expresidente Alberto Lleras Camargo, cuyos textos entonaba con el prodigio de su memoria. Siempre habitó entre las grandes y las ilustres amistades de su tiempo, como el doctor Leonardo Maya Brujés, Clemente Quintero Araújo y sus hermanos, Oscar Pupo Martínez, Crispín Villazón de Armas, Alfonso Araújo Cotes y Aníbal Martínez Zuleta, entre otras figuras inolvidables.

Y reitero que son tres sus sinfonías: Su existencia, su lealtad a la sinfoniatrópica y la plena vigencia de lo musical en el trópico, lo de su propia tierra, lo luminoso de las Antillas, el fuego lento del bolero que inspiraba la guitarra auténtica de Nino Ramos, en los sardineles de la vieja iglesia de San Diego por allá en la década de 1940. Sonaba, también, evocadora la guitarra serenatera de don Juan Oñate Calderón, el abuelo inmenso de Jorge Oñate, el hoy célebre maestro del canto. Andrés Becerra Morón se lucía interpretando el bolero ‘Vereda Tropical’, de la autoría del cubano Tito Gómez interpretado magistralmente por los cantantes Pedro Vargas, Javier Solís, Esquivel o Carlos Santana. Así entonaba’ Cosas como tú’, ‘Sabor a mí’, ‘Toda una vida’ y otras más del abanico galante de su juventud.

Eran los tiempos en que Andrés Becerra oficiaba de profesor en la Escuela Rural de San Diego y un poco más tarde de Inspector de la seccional de Caja Agraria en Valledupar.
Y sobreviene ‘Cuatro Milpas’, la ranchera de la autoría del mexicano Aristéo Silvas Antúnez y cantada por la voz fabulosa del médico Alfonso Ortiz Tirado y de otras rancheras del charro Jorge Negrete, tales como ‘Juan Charrasqueado’ y ‘México lindo y querido’, canciones que le movía las fibras de su alma y de su espíritu al todavía mozalbete Andrés Becerra. En esa sinfonía altanera y grandilocuente, aparece el otro charro José Alfredo Jiménez con su ranchera ‘No Me Amenaces’ que lo enloquecía hasta ver las luces del Cerro Pintáo, en el San Diego de su corazón y citamos otras muy suyas como ‘Sigo siendo el Rey’, ‘La noche de mi mal’ y el ‘Jinete’ y tantas otras de Agustín Lara y Vicente Fernández.

En esa época Andrés intuitivo y reflexivo, intentaba en su mismo modo de vestir, parecerse en algo a los mexicanos inmortales, como también lo hacía su gran amigo Rafael Escalona.
Andrés Becerra Morón fue un creador, exponente y símbolo de la genuina música vallenata con sus compañeros de parranda Rafael Escalona, Alfonso Murgas, Alfonso Cotes y Beltrán Orozco. El músico y autor que más admiró y siguió fue a Emiliano Zuleta por su connotada creación ‘El Aburrío’, ‘Carmen Díaz’, ‘La Pimientica’ y todos aquellos poemas inolvidables. En esta sinfonía fue profundo y admirable tanto en la interpretación como en la promoción y la creación del canto vallenato. Su acordeonero de cabecera fue Colacho Mendoza y le encantaban la piquería y los versos de Toño Salas. Pero para él, el gran maestro de todos fue Juan Muñoz.

Por José Antonio Murgas/El Pilón
Exrepresentante a la Cámara, ex gobernador del Cesar y exministro de Trabajo.

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