Parque Isla Salamanca: ‘aeropuerto’ natural para la fauna

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Visitar el lugar es un buen plan en esta temporada de vacaciones. El parque Isla de Salamanca es un destino ecoturístico desconocido, que alberga una biodiversidad única

Muchos no imaginarán que un viaje tan corto pueda llevar hacia un paisaje como este en el Caribe colombiano. A tan solo 30 minutos de Barranquilla, en el kilómetro 11 de la vía que conduce hasta Santa Marta, el Vía Parque Isla de Salamanca da la bienvenida a su santuario verde.

Bajo los pies hay crías de especies que viajarán muy lejos por el país, y hacia el océano. Entre el follaje cantan aves locales y otras migratorias que atraviesan medio mundo. El recorrido por la sala cuna de la naturaleza apenas empieza.

El mar Caribe, el río Magdalena y la Ciénaga Grande de Santa Marta forman esta isla continental del departamento del Magdalena. A pesar de estar a 6 metros sobre el nivel del mar, la temperatura de esta mañana no ha sido inclemente; la humedad escasamente moja la frente y la nariz. Tras la búsqueda del colibrí vientre de zafiro (Lepidopyga lilliae), Oscar Contreras Núñez se dirige hacia el interior de sus 56.200 hectáreas de extensión.

El intérprete ambiental dirige la exploración ecológica en la zona que ha destinado Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN) para el ecoturismo en este bioparque, que corresponde solo al 0,5% del total de su tamaño. Cinco senderos terrestres y tres acuáticos componen la oferta.

El 90% de los visitantes provienen de países del exterior como Japón, China, Corea del Sur, Francia, España y Norteamérica. La mayoría son ornitólogos —se dedican al estudio y avistamiento de aves—, por eso su época predilecta es entre octubre y enero, la mejor para esta actividad.

La isla cuenta con 200 aves entre residentes, migratorias y endémicas, de las 1876 con las que cuenta Colombia, el primer país del mundo en aves. 35 especies de reptiles, más de 50 mamíferos, nueve especies de anfibios y más de 140 peces terminan de completar este carnaval de la vida en un conjunto de playones, ciénagas, caños, canales y bosques de manglar. Gracias a esa biodiversidad, en 1964 fue declarada parque natural, en 1998 como sitio Ramsar de importancia mundial, y en 2000 como Reserva del Hombre y la Biosfera por la Unesco.

Guiados por el manglar.Haciendo sonidos con la boca, Óscar induce el canto de los pájaros en un trayecto sobre una senda de madera que hace las veces de puente sobre el agua. Hojas de distintas tonalidades y troncos de distintos tamaños decoran el lugar; es difícil diferenciar entre los tipos de mangles, pero no para Óscar quien lleva más de cuatro años trabajando en el parque.

“Hay tres especies de mangle: el salado, el amarillo y el rojo, y hay una cuarta pero esa no es tan común donde estamos, se llama mangle zaragosa, es un arbusto más que todo de zona seca”, explica Óscar mostrando cada uno.

El mangle mantiene sus hojas húmedas de sal líquida. El sabor de la hoja del Mangle Negro es salado, es el alimento favorito de las iguanas, por eso les llaman ‘mangles iguaneros’. Unas raíces sobresalen del agua a la altura del puente, esos son los mangles rojos que se encuentran en los suelos pantanosos a la orilla de las aguas.

La isla también está cubierta por bosque de pantano y tiene subzonas pequeñas de bosque seco espinoso donde hay olivos, trujillos y cartacea. La tranquilidad del lugar es incomparable; de pronto, una sombra de colores fuertes y brillantes pasa de un lado al otro. “Es el colibrí cienaguero, ¡qué suerte!”, exclama Óscar, quien lo ha reconocido solo con escuchar su canto. “Los observadores de aves observamos con el oído, no con los ojos”, dice. Él tiene problemas de visión, pero no es impedimento para avistar aves, el secreto está en conocer el canto de cada una y seguir el sonido entre la arboleda.

Este pajarito es el consentido del parque, es una especie endémica de la región y está en categoría crítica por riesgo de extinción. Estas características también las comparte con el Golofio (Molothrus armenti), que ese día no se dejó ver. Salamanca es considerado centro AICA, área importante para la conservación de las aves en Colombia y el mundo.

Durante el camino el agua va cambiando de color, empieza a ponerse naranja debido a diferentes eventos naturales que se presentan. El final del primer recorrido llegó temprano. Desde lo alto de una torre de observación, el agua no parece tener fin en el horizonte. PNN quiere hacer más torres como esa para impulsar la avifauna.

Riqueza viva

El resto es casi imposible de ver, pero la fauna no acaba ahí. En lo más profundo del bosque habitan chigüiros, zorros perro, hurones, gatos pardo, zorros chucho, ratas de anteojo, animales que nadie imagina tenerlos tan cerca. Hay otros vulnerables como la nutria, el ocelote, el tigrillo y el manatí que están en peligro de extinsión.

El siguiente sendero es el de los cocodrilos, donde se puede observar algunos individuos de babillas y caimán aguja. Aunque caminen por su hábitat, estos animales, contrario a lo que piensan muchos, ante la presencia humana prefieren estar ocultos.

“Nunca a nadie en el parque lo ha atacado un cocodrilo, y los hemos visto de cerca, levantan la cabeza en forma de advertencia cuando ven a alguien, entonces uno sabe que hasta allí puede acercarse”, cuenta Oscar, señalando los túneles donde viven.

Visitar el parque Isla de Salamanca es un viaje por los sentidos: escuchar el canto de las aves, ver la singularidad de sus paisajes, percibir el aroma de su ecosistema, palpar el agua de los mangles, probar la sal de sus hojas. Y todo eso está a un paso de la casa.

El pulmón de Barranquilla

En el bosque de mangle confluye un perfecto equilibrio entre el agua dulce del río Magdalena y la salada del mar Caribe. “Es una fábrica de oxígeno para Barranquilla. Todos los deltas de los ríos deben tener una zona de desfogue en época de lluvias que puedan inundarse, ese es el papel de toda la zona del parque”, informa Jair Mendoza Aldana, profesional de Ecoturismo de PNN seccional Caribe, quien anticipa el recorrido por las rutas acuáticas.

Sobre el caño clarín viejo, que alimentaba el complejo lagunar en la parte norte del parque, solo se sienten las ondas del agua en el balanceo de la canoa. El lugar era la vía de acceso a Ciénaga antes de que existiera la carretera. Después de un corto silencio, los pájaros cantaban anunciando que están ahí. Las únicas aves que no se pueden ver por aquí son las playeras.

En ciertas partes el olor del agua no es muy agradable, pero es el olor de las transformaciones naturales, es la materia orgánica que está en descomposición y se une con el metano, porque toleran bajas tensiones de oxígeno tanto en el agua como en el suelo. Es un indicativo de que las cosas están marchando bien.

Los cambios de bosque se ven con claridad al tiempo que avanza la canoa. Con el mangle negro hay un contraste entre azul, verde y el ocre del agua, luego el túnel que sigue es de mangle rojo.

Volver a la ciudad luego del recorrido por la magia de la naturaleza resulta algo caótico. Pero los recuerdos son imborrables.

Datos

Entrada
Visitantes nacionales: $15.000
Visitantes extranjeros: $39.500
Niños y estudiantes: $8.000
Automóvil: $11.500
Colectivo: $29.000
Bus o buseta: $61.000
Moto: $8.000

Senderos acuáticos:
Desde $150.000 por 10 personas. Duración: de 1 a 5 horas.

Senderos terrestres:
Desde $20.000 por 10 personas. Duración: 40 minutos.

POR: ADRIANA CHICA GARCÍA/EL HERALDO


elportalvallenato@gmail.com

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