La dinastía Zuleta Díaz debería ser Zuleta Daza

Hermanos-Zuleta

Sofisma o tabú, las costumbres quisieron perderse de los genes maternos, los mismos que a través del tiempo le dieron la razón a Pureza del Carmen, la mujer que incluyó en su árbol genealógico el apellido Díaz, que posteriormente se convirtió en un mito considerado como la dinastía más grande del folclor vallenato, los Zuleta Díaz.

Cuando Tomás Jacinto Daza Pichón y María Francisca Díaz se enteraron del nacimiento de su hija, acordaron llamarla Pureza del Carmen y se aferraron a las leyes de la iglesia que durante mucho tiempo hizo que los hijos nacidos de parejas no casadas llevaran el apellido de la madre y no del padre, entonces la niña fue registrada como Pureza del Carmen Díaz Daza, más conocida como Carmen Díaz, hermana de cuatro herederos más: Darío, Jacinto, Raúl y Otilia. El tiempo pasó y nunca hubo cambio de apellidos, ella creció y llevó orgullosamente la impronta de su madre, aunque vivía en un feliz hogar de padres y hermanos.

Al otro lado de la historia estaba Emiliano Zuleta Baquero, hijo de Sara María Salas Baquero y Cristóbal Zuleta Bermúdez. ‘El Viejo Mile’ como era referenciado en la comarca nació en La Jagua del Pilar o Pedregal (La Guajira) el 11 de enero de 1912. Su infancia la vivió allí mismo, un lugar casi que desconocido en la geografía del país. Emiliano heredó la vena musical de sus padres, se encargó de trabajar y abrirse un espacio en las labores del campo al lado de ‘La Vieja Sara’. Un día se le dio por robarse el acordeón de su tío Francisco Salas, hermano de su madre, y tomó rumbo hacia una finca cafetera, cuando regresó sabía tocarlo y comenzaba a sacarle música a sus primeros cantos. Decía Emiliano que “fue un robo consentido”, aunque su madre no compartiera que fuera músico porque le parecían que eran netamente borrachos, no pudo contenerlo, el destino lo perseguía. A los 15 años compuso un canto dedicado a su tío, de esa manera comenzó algo más que el gusto y compró su primer acordeón, que le costó 12 pesos. El instrumento junto al machete y el hacha, lo acompañaron por muchos años por su oficio de campesino.

Pero en sus viajes y mucho antes de conocer a Carmen Díaz, Emiliano hizo una parada en Urumita, otra tierra de grandes músicos y con un calor humano incalculable. En ese pequeño municipio guajiro se enamoró de Prudencia Muegues, ‘La Pule’, en ese nido engendró dos hijos: Cristóbal y Teobaldo Zuleta Muegues.

Aunque eran sus dos primeros retoños, ‘El Viejo Mile’ no detuvo su rumbo. Como buen acordeonero, cantante, compositor y verseador inició el recorrido que pasó por ‘La Sierra Montaña’, una finca anclada en las estribaciones del Cerro Pintao de Villanueva, anclado en lo que hoy es la Serranía de Perijá. En su ir y venir Emiliano conoció a Pureza del Carmen Díaz, la mujer que logró ‘amarrarlo’ por unos 22 años. El destino abrió paso al amor y fue en 1939 cuando Emiliano Antonio Zuleta Baquero y Pureza del Carmen Díaz Daza se casaron. De ese hogar nacieron ocho muchachitos: Emiliano Alcides, María Clara, Carmen Emilia, Tomás Alfonso, Fabio, Mario, Carmen Sara y Héctor Arturo. Otros nacieron vestidos de melodías y arropados con canciones.

Ya con sus hijos, Emiliano y Carmen se instalaron entre Villanueva y ‘La Sierra Montaña’, esas tierras vieron levantar el humilde hogar de los Zuleta Díaz. ‘Emilianito’ nació en el barrio El Cafetal (Villanueva) y luego la familia se mudó al barrio San Luis, donde ‘Poncho’ nació del vientre de Carmen Díaz y fue recibido por María Núñez, la partera de la época.

“Un pueblo que en ese tiempo estaba lleno de piedras, era muy pequeño, pero a la vez de un calor humano hermoso, extraordinario. Levantado en un hogar humilde, de unos padres lindos. Fue una infancia muy bella, llena de nobleza, espiritualidad y sentimiento. Desde que abrimos los ojos nos inculcaron buenas costumbres y nos orientaron para que nos levantáramos como lo hicimos, para lo que humildemente somos hoy en día”, recalca ‘Poncho’ Zuleta.

Labores del campo
Emiliano Zuleta Baquero era dueño de una finca en la que sembraba café y caña de azúcar, eran diez horas que empleaban montados sobre una mula para llegar al sitio partiendo desde Villanueva. La carretera era un sueño de aquellos niñitos que solamente conocían la selva, los arroyos del camino y algunas calles empedradas del pequeño municipio.

“Mis padres dedicados al cultivo del café y la caña de azúcar tenían una fábrica para hacer panela, también tenían ganado, era un terreno mixto. De esa manera nos levantaron, acostumbrándonos al campo. Mi papá me enseñó a trabajar muy duro, porque teniendo yo quizás cinco, seis o siete años me dicen que nos levantaba a las 3:00 de la madrugada a moler caña; todo el día sembrábamos café, plátano, malanga, arracacha y cebollín”, rememoró Tomás Alfonso en medio de una tranquila charla.

Como Emilianito era el mayor de todos los hermanos, la vieja Carmen Díaz siempre lo mantuvo a sus pasos, asistía a la finca pero no con tanta frecuencia como ‘Poncho’, Fabio o Mario. Cuando llegó el tiempo de estudiar, los pequeños fueron matriculados en el colegio Santo Tomás de Villanueva, liderado por Rafael Antonio Amaya, un pedagogo intelectual, rudo y de carácter.

Mientras todo eso pasaba, Zuleta Baquero sin saber les inculcaba a sus hijos los sonidos del acordeón, así como el canto y la composición, porque los hermanos Zuleta Díaz no veían, ni calcaban otras costumbres que la música: “Ver a mi papá con un acordeón a la orilla de un fogón haciendo sus canciones en la madrugada era una cosa tan hermosa y espontánea, innata; él no tuvo ninguna clase de estudio, al igual que mi mamá, por eso los cantos eran de sus vivencias, sentimientos y experiencias del campo, a eso le cantaba, a su compañera de siempre como fue Carmen Díaz y a sus hijos que fuimos su alimento espiritual”, dice ‘Poncho’ Zuleta.

De esa manera fueron creciendo los raíces vallenatas en las almas de Emiliano, ‘Poncho’, Fabio, Mario y Héctor, quienes también sacaron adelante los estudios teniendo en cuenta que a su madre no le gustaba la idea de ver a sus hijos convertidos en músicos, menos como su padre, quien permanecía de parranda en parranda; algunos fueron enfrentamientos musicales con el rey de reyes del Festival, Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, otros con Luis Enrique Martínez, su hermano ‘Toño’ Salas, Calixto Ochoa, Alejandro Durán, entre otros, pero también se tejieron inolvidables lazos de amistad como la de Gabriel García Márquez, Rafael Escalona y Leandro Díaz.

Un barrio de músicos
Antes de músicos, la familia Zuleta Díaz estuvo dedicada netamente al campo, el único que desempeñaba el oficio era Emiliano Zuleta Baquero como acordeonero y compositor.

“Emiliano nació en el barrio El Cafetal, ya los demás lo hicieron en el barrio San Luis. Yo vivía a 80 metros de la casa de los Zuleta Díaz, pero esa zona tenía una particularidad y era que vivían grandes personajes musicales como los Torres, donde el líder era Reyes Torres y que hijos como Camilo, ‘Chide’ y Rángel ‘Maño’ Torres (murió con el acordeonero ‘Juancho’ Rois en un accidente en Venezuela); vivía el padre de Andrés ‘El Turco’ Gil; también estaba Antonio Amaya, que era el rey de la colita (expresión musical de antaño) y sus hijos eran músicos; pero los Zuleta Díaz se diferenciaron porque ‘El Viejo Emiliano’ era apetecido por los músicos de otras regiones, él recibía a Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Alejandro Durán”, argumentó el compositor Alberto ‘Beto’ Murgas, quien tiene la misma edad de ‘Poncho’, es compadre de sacramento de ‘Emilianito’ y nació en el barrio San Luis.

En el enjambre de tantos talentos, ‘Emilianito’, ‘Poncho’, Mario y Héctor se interesaron por el acordeón y la composición, mientras que Fabio concretó el talento para narrar cuentos.
“El compadre Emiliano fue quien desarrolló el arte de la música a temprana edad, tenía un grupo que competía con uno mío, mientras que ‘Poncho’ salió aventajado para los versos, en la Sierra se los echaba a todo lo que veía”, resalta Murgas.

¿Es la dinastía más sólida del vallenato?
Ese interrogante, según ‘Beto’ Murgas, se responde con un sí elevado al cubo, porque ningún apellido musical tiene tanta resonancia como los Zuleta Díaz. “El papá de Carmen Díaz era acordeonero, tenía un tío (Rudecindo Daza) que también tocaba acordeón, además por los Zuleta ni se diga porque ‘La Vieja Sara’ era cantadora, hacía versos y el papá del viejo Emiliano tocaba trompeta. Por eso es que a los Zuleta Díaz nada les queda grande”, describe Murgas quien es el compositor de ‘Tus sueños’, la primera canción que le grabaron los hermanos ‘Poncho’ y Emiliano en el álbum ‘Río Seco’ que salió en 1974.

Separación tempranera
En 1966, Carmen Díaz no soportó más las parrandas y andanzas de su esposo Emiliano Zuleta Baquero y decidió ponerle fin al idilio amoroso que los unía. Fue 22 años después del nacimiento de ‘Emilianito’, el mismo que se había marchado para el Colegio Boyacá de Tunja después de que en una exposición cultural, cuando estudiaba en el Colegio Nacional Loperena (Valledupar), le otorgaran una beca para terminar el bachillerato lejos de sus hermanos, padres, amigos y de su tierra.

“Mi compadre Emiliano había terminado primaria y salió de Villanueva para irse al Loperena de Valledupar, él ya iniciaba a tocar acordeón y una vez vino una excursión de Tunja con el Colegio Boyacá, los profesores querían conocer un acordeón y una persona que lo tocara, entonces localizaron a Emiliano, cuando lo vieron quedaron locos con la improvisación, ahí buscaron a mis padres en Villanueva y les pidieron que se los entregara para llevárselo, mi mamá no quería pero al final se resolvió y lo dejó irse”, narró ‘Poncho’ Zuleta.

Siendo cinco años menor que Emiliano, ‘Poncho’ todavía cursaba la primaria en Villanueva, al terminar su hermano mayor le pidió que se fuera a acompañarlo: la soledad era tan profunda que el sentimiento vertido por el acordeón de Emiliano no improvisaba sobre los mismos acordes.

“Mi compadre Emiliano me envió una carta que duró tres meses para llegar desde Boyacá; en esa época una llamada telefónica tenía que uno esperarla desde las 8:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde, un marconi duraba tres días. Emiliano me mandó ese papel en febrero y llegaría en mayo o junio (risas), como siempre fuimos inseparables y queridos me hizo llorar, porque me decía; ‘Hermano, pues aquí estoy en Tunja, fue muy duro al principio, la comida, el clima muy fuerte, he llorado mucho y me hacen mucha falta, pero este es un colegio hermoso que siento me estoy preparando bien y si tú vienes será igual’, y así fue, terminando la primaria me mandaron para Tunja”, recordó Tomás Alfonso.

Mientras Emiliano y ‘Poncho’ luchaban por salir adelante en aquella institución educativa que cambió sus costumbres y quehaceres, la vieja Carmen Díaz trabajaba en una prendería que organizó en Valledupar en la calle 17 con carrera 10 y llamó ‘Carmelita’ en Valledupar.

Pero ya la música hacía parte de lo que en el futuro serían los Hermanos Zuleta; Emiliano interpretaba su acordeón, ‘Poncho’ tejía versos, tocaba la guacharacha y la caja, además de cantar.

“Llegué a Tunja y me encontré un colegio internado, con esa disciplina que uno debía tener un comportamiento impecable. Nosotros veníamos de un hogar muy completo y no se nos hizo muy difícil, claro que yo reconozco que era un muchacho travieso e inquieto, yo era un pelado imperativo; en Villanueva me gustaba darme trompadas con los pelados bañándome en el río, peleaba mucho, pero en Tunja se me acabaron los brincos (…) Claro que siempre privé a más de tres cachaquitos, no crea usted (risas)”, dice ‘Poncho’.

En la capital de Boyacá se graduaron de bachiller, luego Emiliano ingresó a estudiar Agronomía en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, con sede en Tunja, pero cuando ‘Poncho’ culminó sus estudios decidieron irse a Bogotá, fue así como ‘Poncho’ comenzó a trabajar en el Departamento Administrativo de Planeación Distrital y a estudiar en la Universidad Gran Colombia en la facultad de Derecho, un tiempo después se retiró y se matriculó en la Universidad Libre; ‘El Gago de Oro’ por su parte entró a laborar en la Corporación Nacional de Turismo y también cambió de carrera, se inclinó por la Economía y la desarrolló en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Pero en la música ‘Poncho’ era más atrevido, antes de grabar con su hermano lo había hecho con Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza (1969) y los Hermanos López, allí interpretó la guacharaca, hizo coros y apareció como compositor.

En 1971 aparece en el mundo discográfico el nombre de los Zuleta, aunque en el primer álbum fue Emiliano Zuleta y su conjunto, de ahí en adelante la historia les permitió grabar 33 compactos y amenizar millones de casetas, conciertos, fiestas privadas y eventos de alto reconocimiento como fue darle la bienvenida al expresidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, entre otros, que quedaron en la historia. Otro fue integrar la delegación que acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, al lado del cajero Pablo López y los compositores Rafael Escalona y Pedro García.

Y a pesar de que la dinastía ha tenido pérdidas grandes como son las muertes de Héctor y Mario, así como la de Carmen Díaz y Emiliano Zuleta Baquero, es muy difícil que estos apellidos desaparezcan del campo musical y cultural, teniendo en cuenta que lo hecho hasta ahora es fuera de serie.

PD: “Soy un hombre que puede morir tranquilo, porque su música tiene quien la difunda, contrario a lo que ha ocurrido con mis colegas, que son muy grandes, pero su obra no ha tenido continuidad”. Fragmento tomado de una entrevista realizada por Félix Carrillo Hinojosa a Emiliano Zuleta Baquero.

Héctor Zuleta fue un genio de la música, inició en la música a los 17 años y murió a los 21. Fue productor, compositor, verseador y un músico completo.

El primer LP que grabaron Los Hermanos Zuleta se llama ‘Mis preferidas’, apareció Emilianito Zuleta y su conjunto. Fue lanzada en 1971 con 12 canciones.

La dinastía Zuleta Díaz se da luego de la herencia musical de Cristóbal Zuleta Bermúdez y Sara Baquero (padres del viejo Emiliano), así como de Tomás Jacinto Daza Pichón y María Francisca Díaz (padres de la vieja Carmen Díaz).

Emiliano Zuleta Baquero fue un campesino que con el pasar de los días aprendió a tocar acordeón, a componer canciones y versos, así fue como hoy en día dejó la huella de una dinastía, la dinastía Zuleta Díaz.

“Ver a mi papá con un acordeón a la orilla de un fogón haciendo sus canciones en la madrugada era una cosa tan hermosa y espontánea, innata, eso era lo que hacía mi papá que no tuvo ninguna clase de estudio, al igual que mi mamá. Los cantos eran de sus vivencias, sentimientos y experiencias del campo, a eso le cantaba, a su compañera de siempre como fue Carmen Díaz, a sus hijos, que fuimos su alimento espiritual”: Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta.

Por El Pilón


elportalvallenato@gmail.com

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