‘Beto’ Murgas, un ‘museo’ de conocimientos en el vallenato

POR WILLIAM ROSADO RINCONES 

Villanueva, La Guajira, ha sido un territorio bendito para ‘parir’ juglares, y músicos en todas las generaciones, pero hubo una época en que esa cosecha de talentos brotó en una bonanza tan enorme que todos crecieron parejos y marcaron referencia en sus apellidos y dinastías, las que le dieron sello propio a ese territorio anclado al pie de la sierra y oteado por el patrono Santo Tomás que, en esta oportunidad, si le tocó creer, que su suelo estaba bendito para el folclor.

Era tanta la producción que existían sectores que se peleaban la hegemonía para saber en cuál germinaban más talentos, y uno de estos, era el barrio San Luis, allí el abono folclórico hizo brotar verdaderos genios para la música, sin sospechar que labrarían sus nombres en un hall de la fama criollo, cuya placa tendría la firma del mejor juez: el pueblo.

En ese barrio nació un compositor de pergaminos, al pie del cerro Pintao, ese fue, Alberto ‘Beto’ Murgas’ Peñaloza, una autoridad con charreteras melódicas, las que adquirió en las mejores batallas folclóricas: en actos cívicos, serenatas y luego en las parrandas en ese entorno en donde los dotados se tropezaban. El San Luis, era el emporio de apellidos afinados para la musa, notas, melodías y poesías.

La naturaleza musical de ese barrio difícilmente dejaba nacer gente para otras profesiones y artes, allí emergieron clanes como Los Amaya, Torres, Gil, Ovalle, Maestre, Zuleta, etc. En medio de esa maraña de maestros, creció ‘Beto’ Murgas como cariñosamente comenzaron a llamarlo, ahí en ese ambiente su oído marcó una sentencia, para que la fama terminara arrodillada a la agudeza de su escarceo armonioso.

A ‘Beto’ la gloria le madrugó y lo subió en un peldaño por donde se trepaba un monstro llamado Alfredo Gutiérrez, quien venía devorando el mundo con su prodigioso estilo para tocar y cantar, este encuentro dejó como resultado, la grabación de su primera canción: ‘Cariñito Mío’ que lo metió de inmediato por el túnel de los tesoros, esa nueva experiencia maduró su moldura musical, esa que gestó en los actos cívicos en el Roque de Alba y en las esquinas de su amado San Luis.

OTRAS INFLUENCIAS

Pero no solo fue el entorno urbano de Villanueva al que le debe su inclinación por la música. En la finca de su abuela en la sierra villanuevera, tuvo su primer encuentro con la juglaría, cuando Nelson Martínez, un enamorado de una tía, llevó un acordeón en plan de conquista y luego de la faena parrandera lo dejó en esa parcela, allí el muchacho comenzó a necear los teclados, mientras su familia se iba a coger café, después de esas vacaciones, ‘Beto’ se devolvió al pueblo ya con conocimientos del instrumento.

Después tuvo otro ángel en el camino, Héctor Bolaño, hijo del gran ‘Chico’ Bolaños, el acordeonero más grande que ha gestado el vallenato en todos los tiempos dicen los conocedores del folclor. Con Héctor pulió sus nociones. Con esas instrucciones, armó su primer grupo con Andrés ‘El Turco’ Gil y Camilo Torres. Ya cuando entra al bachillerato, en el colegio ‘Roque de Alba’, se tropieza con otros de la gallada: Daniel Celedón, Nolberto y Rafael Romero, Publio Daza, Luis Moya con quienes siguió el crecimiento musical.

“Resolvimos llamar ese grupo como ‘Los Rockelynos’, pero no solo porque éramos estudiantes del Roque, sino porque era la época del furor del rock, y había unos a los que les gustaba esa tendencia y cantaban y tocaban esa música moderna, es más en esa época de 1965, no había una identidad como tal del vallenato” asegura Murgas.

Al conjunto le metimos, acordeón, batería, guitarra eléctrica, tumbadoras, no tenía caja, pero si dos güiros, en ese entonces teníamos la influencia de las emisoras de Venezuela que entraban claras a Villanueva, de ahí que tocábamos eran temas de La Billos Caracas, Los Melódicos, de Palito Ortega. Daniel Celedón cantaba boleros y Plubio Daza, rock, incluso hasta concursábamos. Una vez llegamos a Valledupar y competimos con unos roqueros de Santa Marta que se llamaban ‘Los Tigres’”.

Asegura Murgas que esa competencia los aterrizó en el vallenato porque sintieron que ese si era un grupo estructurado y dejaron el rock a un lado después de esa pena que pasaron en el Radio Teatro de la emisora Guatapurí. “Ahí nos interesamos por el vallenato, sobre todo yo, que era el que tocaba el acordeón” complementa Beto Murgas.

Pero, dice Murgas Peñaloza que, la supremacía musical no era exclusiva del barrio San Luis, había otros sectores como ‘El Cafetal’ y ‘El Hormigueral’, en donde hacían olas otras familias como:Los Sarmiento, Los Daza, Los Ospino, Los Romero, quienes junto a los que estaban en la parte rural que eran de la Villanueva Grande, como Emiliano Zuleta Baquero, de La Jagua; Chico Bolaños, de El Molino; y Chema Ramos de Urumita, todos conformaban los paradigmas, en los que el conjunto naciente de Beto y sus muchachos, escuchaban para pulir su pretensión.

NACE EL COMPOSITOR

El arranque como compositor fue con una canción que aún no se la han grabado se tituló ‘Amalia’, la recuerda como el momento de apego juvenil por la simpatía de una amiga. Pero su arranque se lo dio Alfredo Gutiérrez, después de que se enteró de que este, iba a tocar a San Juan del Cesar, allí se encontró con Fredy Molina, a quien utilizó de puente, Alfredo Gutiérrez escuchó la grabación en el estilo de Beto y de inmediato se impactó, se la llevó, e incluso, la grabó con los mismos arreglos que, le entregó, Murgas Peñaloza.

Era tal vez el primer compositor de la provincia de Villanueva que le grababa un artista grande, de la talla de Alfredo Gutiérrez, y eso sirvió para que otros artistas, miraran para ese entono, así se lo reconocieron colegas, como, Rosendo Romero. Alfredo Gutiérrez le volvió a grabar un pasebol llamado: ‘Por un Amor’. Al año siguiente, en 1971, el mismo Alfredo Gutiérrez, le grabó el mejor de sus temas, el que lo terminó de meter por la puerta grande. ‘La Negra’, un suceso musical que se tomó al mundo folclórico de la época, hecho a una mujer villanuevera llamada: Isabel Cristina Saurith.

Esta canción llamada ‘La Negra’, se volvió ‘viral’ como dicen ahora, antes de que la grabará Alfredo Gutiérrez, las parrandas de los ‘Rockelynos’ lo hicieron popular, pero fue el Trío ‘Los Inseparables’ quien lo sacó de las fronteras del pueblo y empezaron a tocarlo en toda la comarca, con José Jorge Arregocés y Tito Mindiola. Luego apareció nuevamente Alfredo Gutiérrez a quien Beto se la entregó, la grabó, pero no salió en el LP de ese año. En ese sentido, hubo que sacarla en otra producción y fue tanto el impacto, que en un posterior trabajo la volvieron a incluir y se tituló el LP con ese nombre, multiplicando las copias vendidas y la regrabación de otros conjuntos y orquestas nacionales e internacionales de los que tiene Murgas una estadística de unas 40 versiones de su canción estrella, a pesar de que hay otros cantos que son de sus afectos como: ‘Grito en la Guajira’, ‘Juglares de mi tierra’ Nativo del Valle’, Después de Viejo’, en las que ya la temática picaresca desaparece y brota un compositor vestido de sentimiento y amor por otros entornos que hacen parte de esa sincronización folclórica que diferencia al folclor de esta provincia.

OTROS INTÉRPRETES

Después llegaron otros intérpretes: Jorge Oñate le grabó: ‘Días del ayer’; Poncho Zuleta, ‘Tus Sueños’; Daniel Celedón, ‘Calles nostálgicas’, y de ahí en adelante se volvió una romería de artistas buscando el talento de Beto Murgas, entre estos el Binomio de Oro, de quien se volvió indispensable en los primeros discos de este conjunto, siempre con su estilo revolucionario, picaresco y pegajoso, grupo al que le alcanzó a entregar 11 temas, todos están en la galería de la popularidad, desde el arranque con ‘La Gustadera’.

“’Nativo del valle’ fue el tema que me consagró como hacedor de merengues, ese tema me lo grabaron los Hermanos Zuleta, pero yo nunca se los di. Inicialmente lo había autorizado a Víctor Reyes, pero me sorprendió ‘Emilianito’ con una llamada desde Bogotá, en la que me comunicaba que ya lo habían grabado y que su letra la había tomado del sonido del Festival Vallenato en donde yo lo había presentado”.

Con este tema hay una simpática historia, que después de haber sido finalista con empate con el también compositor Luis Cujia, este último se los ganó, porque en tarima, a su edad, ya bastante entrado en años, se adornó de un singular baile que enloqueció a los asistentes a la plaza Alfonso López, lo que fue determinante, a la hora de la elección.

‘Beto’ Murgas es un artista que se forjó en un entorno que lo acorazó de música, aprendió a tocar casi todos los instrumentos, llegó a ejecutar el bajo con figuras como El Turco gil, y el mismo Alfredo Gutiérrez. Dice que toda esa fortaleza lo volvió melómano, su gusto por los ritmos lo contagiaron desde ese patio villanuevero, en donde vivió al lado de dos orquestas, y fue un gran admirador de ‘Toño’ Amaya, a quien llamaban el rey de las colitas, además de otros músicos de la sabana y del Atlántico que llegaron a Villanueva y le marcaron su periplo musical, tales como Michi, Sarmiento, y Antonio Hernández. “Tal vez eso influyó en mi forma de componer que, no era el vallenato clásico, sino que tenía un poco de revolución, pero eso sí, dentro del canon vallenato, con unas variables en la estructura musical que también había recibido la influencia en los inicios como rockero”.

Se necesitarían interminables renglones para arropar la vida musical de este representante del folclor que alternó la academia con el folclor, nunca las parrandas intercedieron en su labor de trabajador del SENA en donde duró 20 años, desde donde sacó adelante su familia y por lo cual goza de una pensión que le da tranquilidad. Además, porque también se supo desempeñar como delegado de Sayco, en Valledupar con una labor muy destacada.

Beto Murgas

Su proyección empresarial ligada al amor por el folclor, lo llevó a crear el único Museo del Acordeón existente en Valledupar, uno de los sitios más visitados de la ciudad y en donde le da satisfacción recibir y atender distintas delegaciones de Colombia y el mundo. Tema este, que será motivo de otra entrega periodística de este compositor al que indiscutiblemente hay que quitársele el sombrero y que hoy 8 de agosto celebrará su cumpleaños en medio de acordeones y de sus más de 90 obras grabadas.

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