PANQUITO

Por Romelias Durán Lagos

Francisco Balcázar Millán. Nacido en el Plan de la Sierra Montaña el 17 de agosto de 1.928, es hijo de Agustina Balcázar Peñate llamada por todos Agustinita y de Antonio Millán Perea, un mestizo nacido en San Sebastián de Rábago o Nabusimake. Agustina era la hija mayor de Luis Manuel Balcázar y Salvadora Peñate,, ambos oriundos del Molino en La Guajira. El, de raza blanca y ella cariachil; la recuerdo vestida de la misma manera y a la usanza de las señoras mayores de la época, con pollerìn de percal blanco y faldón de etamina también de fondo blanco con florecitas negras pintadas, que le cubría las piernas hasta los tobillos; la blusa era de la misma tela, y en ocasiones de opalillo blanco; un trapo negro amarrado a su cuello por debajo de la mandíbula, cubría su cabeza dándole el aspecto misterioso de las hechiceras o brujas voladoras. Tengo la vaga idea que Luis Manuel era carpintero o ebanista, de donde Cayetano Balcázar uno de sus hijos heredo la vocación

Gina, era el apelativo cariñoso que hijos, nietos y bisnietos le daban a la señora Agustinita Balcázar, por su estatura pigmea, peculiar modo de caminar y andar nervioso como de perrito Chiguagua o Pekinés, agregado a su picardía de indígena cariachil, se hizo famosa con hipocorístico de Agustinita, junto con Ciro Durán Perpiñán y Rafaela Morón Diaz, en la Jagua del Pedregal, fue una de las primeras empresaria de la diversión promoviendo fiestas y espectáculos; acompañada por su hijo Francisco, sus hijas Patricia, Ana, Angela, sus nietas Juana Esther, Rosita Balcázar y otras amigas en las que se encontraba Rosa Cárdenas festejabas las fiestas del 3 de mayo en honor a la Cruz.

El jolgorio duraba tres días, acompañado con opíparos banquetes, variadas viandas golosinas, y dulces mojadas por corrientes de Ron Caña y Chirrinche, se hacían en una enramada adornada con coloridas serpentinas de carnaval. Cuando los hombres bailadores de cumbia eran los que venían de la zona bananera de Santa Marta, en lugar de velas prendían billetes y les enroscaban almojábanas a las mujeres en los brazos; lox jolgorios eran semejantes a las bacanales celebradas por los romanos en honor a Baco, o como el de los griegos para Dionisio, el hijo de Zeus y Sémele.

Pankito me contó que muy temprano, a la edad de 15 años, se inició en el arte de la música, con un acordeón que le regaló el “Viejo Mile” a su primo hermano Cristóbal Balcázar Zuleta, el hijo mayor de Emiliano que tuvo en la Jagua con Petronila Balcázar Peñate, hermana de Agustinita. La primera canción que interpretó se llamaba “El cuerpo humano” compuesta por Patricito Lago, el papá de Laguito; después, El Piojo, una de las primeras canciones que compuso Emiliano Zuleta en la llamada Casa del Filo de la finca Santa Cruz de Víctor Jiménez; Panco tiene aún la bondad y la picardía cariachil heredada de su madre Agustinita y los rasgos arhuacos e inteligencia de los Millán y de los Perea para el gracejo y el chascarrillo; las notas de su acordeón eras más alegres y ágiles que la del Maestro Emiliano Zuleta Baquero, siendo este último más poético.

Mi hermano Guillermo Segundo y yo, a tempranas horas, cuando íbamos a traer la leche a La Brecha, una parcela que papá tenía en el camino del Plan, más arriba de “Portaceli”, pasábamos frente al bahareque de Agustinita recuerdo el Acacio rojo que había al costado de la culata de la de la casa, debajo del que hacían el altar de la cruz con hojas de palma, olivo y flores, para los festejos en su honor, que comenzaban nueve días antes del 3 de mayo, alumbrándola con cirios y velas.

Panquito, además de ser un juglar y buen intérprete del acordeón, era cazador de zaínos, tigrillos, venados cauqueros; algunas veces lo veíamos llegar banqueteado en su burro, cargando un bello ejemplar de esos cérvidos; en otras, llegábamos a comprar la carne, mi mamá luego convertía en un delicioso guiso

Pankito a pesar de sus 92 años, aunque le faltan las fuerzas para ejecutar el acordeón, conserva intacta la memoria, no solo nos cantó dos composiciones suyas, sino también dos de las primeras del “Viejo Mile”

LA NIÑA JUANA IGLESIAS

Voy a saca’ este merengue
para una linda morena
yo estoy sufriendo por ella
y la ingrata no me quiere (bis)
Para mí es una belleza
esa bonita muchacha
y sufre franco Balcázar
por la niña Juana Iglesias (bis)

Yo pensé hacerte feliz
pero tus padres no lo quisieron
siendo un amor verdadero
mi vida era para ti. (bis)

yo te prometo un hogar
mi vida donde lo quieras
en la jagua del pilar,
Urumita o Villanueva (bis

LA JAGUA DEL PILAR

Tengo un merengue bonito
yo se los voy a cantar
para el barrio el Paraíso
para la jagua del pilar
la tranquilidad
y el barrio del Paraíso (bis)

Ya la jagua del Pilar
tiene lo que quería
tiene un bonito hospital
y un puesto de policía.

También tiene su alcaldía
que la hicimos de dos pisos
lo que la gente quería,
tener un buen municipio

En la curva del ramal
está el barrio san Benito
y a la salida pal plan
el barrio Cascajalito.

Cuando en vacaciones regresaba de Chía o Bogotá ocasionalmente bailaba en la «La Pista», construida sobre la plataforma de lo que fue la primera escuela pública, ocupada hoy por la tarima , donde se lleva acabo los actos principales del “Festival Vela del Marquesote” ; Bailes que eran generalmente amenizados con los Acordeones de Pankito y Carmen Gregorio Daza Balcázar, Leonel Lago Manjarrez en la caja, su hermano Luis Alberto “Beto lago” en contrabajo y “Chanchi” el hijo de Panco Salas y Juana Guerra en la guacharaca.

Durante las idas que suelo hacer a mi querida tierra, la Jagua del Pilar, en algunas ocasiones he tenido la oportunidad de visitar a Francisco Balcázar Millán en su casa del barrio Casalito unos pasos arriba de la que perteneció a su mama en la margen norte o derecha del camino que conduce de la Jagua al Plan de la Sierra Montaña, diagonal a la casa de «Oncha» la mujer de Miguel Daza Castrillón, que lo abandonó y se voló con el odontólogo empírico que andaba con un «gatillo» por los pueblos haciendo extracciones masivas y en una “sola sentada” de molares y dientes sin importarle si estaban sanas o con caries; de igual manera las extraía, arrojándolas a una mica de peltre blanco; todavía siento escalofrió, cuando recuerdo con espanto, la media bacinilla de sangre por la hemorragia que le sobrevino a mi madre cuando cometió semejante barbaridad, solo con el propósito de ponerle una prótesis(Chapa) total removible que tenía coronas de oro.

Pensaba que estaría en la maloca que fue de su mamá Agustinita, pero no fue así; Nancy Balcázar la nueva dueña de la casa, me indico el nuevo lugar de su vivienda; Lo encontré debajo de la sombra mezquina del Trupio o Cují que hay frente a su casa; estaba sentado en una desvencijada mecedora de hierro, tejida con cuerdas de plástico azul, algunas rotas; Emocionado, me acerqué a saludarlo, pero no sintió mi
presencia, ni me vio porque a sus ojos amauròticos le alta la luz física, y a su alma la luz de la esperanza, reflejadas en la oscuridad, el abandono y la ingratitud de quienes gozaron escuchando su alegre acordeón; Pankito, no solo está ciego, también padece de sordera profunda.

La vista del sórdido cuarto de barro y bahareque donde habita, produjo gran perturbación a mi espíritu; una habitación estrecha con techo de zinc, suelo de tierra apisonada, puerta única de una hoja del mismo material del techo. Del marco de la puerta, amarrada a un clavo, sale una cuerda de nailon azul que llega hasta árbol de cují; perpendicular a esta, hay otra que pasa por encima de la silla azul y termina en el cambuche donde hay una pluma de agua que le sirve de ducha y una “taza campesina” destartalada, como inodoro. Esas cuerdas son el único camino del reducido mundo en que vive actualmente; su intimidad pertenece al público; menos mal que la sordera y ceguera físicas que le acompañan, no lo dejan ver la miseria que lo rodea; sin embargo, no se queja, canta, y es muy agradecido con quienes lo visitamos.

Me senté en la piedra que hay recostada al tronco del Trupio, para escuchar en silencio las nostálgicas notas de su acordeón y su canto lleno de profunda tristeza de Juancho Polo Valencia.

EL PAJARO CARPINTERO

Cuál es ese pajarillo
que canta por la mañana
cuál es el pajarillo
que canta al amanecer (bis).

Oigan, mis amigos,
que me alegra tanto el alma,
óyeme, caramba,
que me da tanto placer (Bis).

Pero ¡déjenlo que cante!
déjenlo que alegre el silencio
en la montaña. (Bis)».

Le hablé cuando terminó de cantar; al reconocer mi voz se alegró, y dijo: «Gracias Rome»’ como solían en mi niñez solían llamarme en La Jagua.

El “Piojo” es una composición inédita que Emiliano Zuleta hizo en la época que sembraba tabaco en la sierra y pernoctó en la finca Santa Cruz de Víctor Jiménez, a cuya casa llamaban . Dice Pankito que en esa casa había tanto piojo, que las mujeres por las tardes se sentaban en el sombrío de la culata, una detrás de la otra, a sacarse los piojos y liendres.

EL PIOJO

M e fui p’a la casa el filo
En busca de mi acomodo
Y estaba cunda del piojo
Sara Sánchez con sus hijos.

Sara Sánchez en la cabeza
que de ahí depende todo
tenía tanto piojo
que hasta en la naturaleza

¡Ay!, no vuelvo a la casa del Filo
Ni por una onza de oro
Si estaba cundida del piojo
Sara Sánchez con sus hijos

Víctor que estaba durmiendo
Se sentía como un muchacho
Tenía veinte en el sobaco
Que se lo estaban comiendo

La señora Águeda Jiménez
Dijo, yo quizás también tendré
Le revisaron el pelo
Y en una hebra tenía diez.

Esta es una composición que hace dos años hice para él, esperando que algún día alguien pueda grabarla para la posteridad.

PANKITO

En La Jagua, un amigo mío al que llaman Panquito,
tocaba con mucho brío el acordeón muy bonito.
Francisco se llama el hombre, y se apellida Balcázar,
un gallo con mucha espuela, un gallo con mucha casta.

Su máma era Agustinita, la que en La Jagua Celebró
la fiesta ‘de la Cruz de mayo, donde todo el mundo bailó
Francisco es un hombre noble, Francisco es nuestro juglar,
que en La Jagua regalaba su talento singular. (bis)

Hoy mi amigo se encuentra triste y sin consuelo cantando
El pájaro carpintero y las canciones de Emiliano.
Hoy Panquito vive solo, sin amigos y sin mujer,
con nostalgia de esos días, cuando el mundo él podía ver;
al igual que Leandro Díaz, Panquito se encuentra ciego;
Panquito se encuentra ciego, al igual que Leandro Díaz.

Por eso te digo amigo, que nunca te quedes solo;
que enamores a una mujer que te ame y que te quiera;
que te ame y tú la quieras, y te sepa comprender,
que te para muchos hijos, ¡enamora a esa mujer! (bis)

En La Jagua un amigo mío, a quien le llaman Panquito,
lo rodeaba un gran gentío y ahora él está solito.
Ahora él está solito, y lo rodeaba un gran gentío,
lo rodeaba gran gentío y solo quedó Pankito

**

Mis agradecimientos para Francisco Balcázar Millán y Freddy Durán Balcázar, su sobrino, por sus valiosos aportes para que este escrito fuera posible. Romelias Durán Lagos

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