Por Donaldo Mendoza*
Hace poco me enviaron un video sobre las virtudes de la guanábana y la chirimoya en la prevención de cáncer. Ya sabía de la guanábana, pero de la chirimoya… Esta información me hizo recordar que, cuando rondaba los cuarenta –años ha–, la fruta en el ‘voz a voz’ de la época –no había internet– era la pera; decían que servía para la próstata. A esa edad uno quiere prevenir futuras dolencias. Consumí pera, en pulpa y en jugo, durante años. Y dejé de comprarla, primero por el hastío y segundo por el costo que, comparado con otras frutas, era demasiado alto. La próstata siguió su destino…
Casualmente, leyendo el volumen «Notas de prensa 1980 – 1984», editado por Norma (1995), que reúne las columnas dominicales de Gabriel García Márquez en El Espectador, me topé con una titulada “Terrorismo científico” (págs. 392-395), con estas líneas en el primer párrafo: “Alguna revista de divulgación científica publicó la versión de que la berenjena era el preventivo más eficaz del colesterol: sus precios se dispararon hasta un punto en que era como comer pepitas de oro”. Aquí viene el cuento de la salvia.
Tal como reza el título, la salvia, una planta silvestre (abundante en los montes que rodean Popayán), que casi todo lo cura, no cuesta nada, salvo caminar un poco y regresar a casa con unas cuantas ramitas. Una planta sagrada en esta bendita tierra. En la antigüedad, griegos y romanos la tenían como la «planta de la sabiduría y la inmortalidad». La salvia –se lee en Google– proviene del latín y está relacionada con el verbo salvare (salvar / curar) o el adjetivo salvus (saludable / sano) … Como planta de monte, facilita su siembra en el patio o en materas, basta que no le falte el sol ni el agua, y de vez en cuando removerle la tierra.
De sus poderes saludables hablan estas dos referencias: una, en los «Cuentos de Canterbury», de Geoffrey Chaucer (1340-1400), dice el narrador, de un guerrero herido: “…bebiendo salvia para no perder los miembros dañados”; dos, un maestro de construcción recordaba sus tiempos de soldado en el Amazonas: “antes de entrar en la selva, para varias horas de camino, uno se tomaba una infusión de salvia…”. En el caso personal y familiar, en 1985 una señora del campo nos recomendó salvia para tratar un problema digestivo, y remedio santo… Desde entonces en mi casa no falta la infusión de salvia. No obstante, como en todo, su uso debe ser moderado.
Se sugiere poner las hojas al sol para deshidratarlas; luego, hervir y echar en un pocillo unas siete hojas (ver Youtube). Aquí, algunas propiedades medicinales de la salvia… y mucha fe.
- Para problemas digestivos (llenura, gases, flatulencias, diarrea, dolor estomacal…).
- Elimina exceso de azúcar en la sangre (ideal para diabéticos).
- Cuando se sienten síntomas de cansancio, desazón, ansiedad, angustia, apatía, depresión, falta de energía… la salvia tonifica y vivifica.
- Calma dolores menstruales, mitiga trastornos de la menopausia y regula el sistema hormonal.
- Mejora la memoria y la concentración.
Se sugiere no usar la salvia durante la gestación y la lactancia, o si se tienen problemas de riñón o epilepsia.
“Planta sagrada y todopoderosa”, decían los antiguos; y alguno de ellos lo dejó grabado en piedra: «De qué puede morir un hombre que tiene salvia en su casa».
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