JOSÉ ATUESTA MENDIOLA,»EPIFANÍA DE LA MEMORIA»

Rodrigo Valencia Q

José Atuesta M.

José Atuesta Mendiola, ganador del Primer Concurso de Poesía del Cesar (1986), y uno de los ganadores del Concurso Nacional «Que descanse en paz la guerra», Casa de Poesía Silva (2003), es además conocido compositor de vallenatos y coplas, y ha participado en dos encuentros internacionales de Décimas: en Las Tunas, Cuba (2009), y en Lima, Perú (2009).
Entre otros, acaba de lanzar su poemario «Epifanía de la memoria», disponible en la tienda virtual AUTORES EDITORES, para el cual escribí el siguiente prólogo.

Leer un poemario es entrar en recintos de un alma; de un espíritu ensimismado que rememora; de una mente inmersa en el obsesivo canto a lugares y praderas de la vida. Cosas que han acontecido, pasado como viento indeleble, huellas en la piel y en los aires íntimos del alma. Pasajes, umbrales, campo y ancestros, amores y elegías al entorno que dialoga con la memoria. Es atemperar la lectura con el sabor de las metáforas, de las palabras, el discurrir del verso con su música.
Al leer un poemario uno escucha, ve y oye. Se piensa lo que el poeta piensa, se oye su flautar en un recinto íntimo, el templo que es su cuerpo-espíritu en vigilia a la espera de la anécdota que canta. El tiempo es mariposa en el vaivén de los momentos de sigilo, acompasado ritmo que pasa de uno a otro lugar imaginario donde algo es posible, algo viene, algo va.
Leer un poemario enajena de la mejor manera; entretiene más allá de toda lógica, y la bruma es por el contrario luz que invita y lleva de la mano por territorios donde se revela el rostro del poeta.
Y esto es José Atuesta Mindiola: un mirar entre velos impresionistas de la luz, un sonar desde el barro que modeló la sombra, la estancia en busca de proteger el mundo íntimo de la existencia guardada. Porque el poeta es sensible oído-ojo-y-voz. Ha sido testigo y sabe contar su testimonio, ese mirar que no se quedó en olvido porque la palabra lo re-crea, y el escucharlo nuevamente en la lectura es como abrir un ánfora de sueños guardados, protegidos por la espera de llegar a ser en otros ojos.
José Atuesta Mendiola ilumina un haber sido para el presente y el futuro; ha visto en sus vivencias bucólicas la manera de estar en el mundo; atento, con su sensibilidad de bardo que recuerda y adorna todo con la lira de su poesía. Y ante todo, es esa evocación de su experiencia lo que nos presenta como bitácora donde la letra no se cierra, sino que se abre en líneas luminosas de color y tiempo inspirado.
Y así, en su propia voz, la poesía es:

Su mirada milenaria ha cincelado
una escultura inagotable de palabras.
Descifra imperios de metáforas,
infinita conquista de la imaginación.

El artista no blasfema, su vida es el arte.

Te vestiré de poeta para que vivas
en la eternidad de la metáfora.

**RVQ**

ÉDGAR NEGRET, 100 AÑOS

Rodrigo Valencia Q


Título: Laguna-Dirección
Creador: Edgar Negret
Fecha de creación: 1995
Fecha de publicación: 2017-05-25
Ubicación: Colombia
Ubicación de creación: Museo de Arte Contemporáneo – Lima
Dimensiones físicas: 73 x 67 x 15 cm.
Idioma original: Spanish
Tipo: Obra, painted
Photographer: Juan Pablo Murrugarra
Editor: Museo de Arte Contemporáneo – Lima
Técnica: Aluminio pintado

El maestro Edgar Negret, artista de Popayán, de Colombia y del mundo, murió en Bogotá a los 92 años el 11 de octubre de 2012, el mismo día de su cumpleaños, y este año son 100 años de su natilicio. Rebasó los límites patrios con su fama, y aportó al arte universal un estilo sin límites territoriales, una estética liberada de la tradición, con la marca de las formas libertarias del siglo XX. Ganador del premio en escultura en Venecia, cuenta con obras en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el Museo Guggenheim, en la Colección Rockefeller y en otras importantes colecciones del orbe.

Sus comienzos en la disciplina académica del dibujo y modelado son reorientados por el maestro español Jorge Oteiza en los años 40, de manera que se vinculan al bloque de neofiguraciones escultóricas de temática tradicional, y posteriormente a la reflexión novedosa y postulados del abstraccionismo, muy seguramente afirmados desde su viaje a Nueva York y París. Y es aquí, en el campo de lo abstracto, donde Negret logra la plenitud de su fondo como artista de renombre internacional.

Desde entonces, su obra queda marcada por el concepto de la geometría: espacio abstracto liberado de los nexos formales del objeto como tal en la naturaleza; significación pura de la forma especulativa, de la forma idealizada, de la forma origen, de la forma totémica arquetípica, de la forma como fuerza composicional, de la forma que instaura nuevos significados y propuestas en el mundo de la plástica.

Algunas de las obras aluden a referentes como el sol, la luna, los Andes y paradigmas precolombinos; son postulados de un programa racional, matemáticamente planeado y diseñado, concreción del boceto perfectamente calculado y de una fantasía que fecunda con su orden controlado los procesos creativos.

A veces, las formas en metal aluminio están repetidas en serie, en módulos que se apoderan del espacio en espiral: envuelven el aire, desarrollan movimientos giratorios, la curva es directriz visual entre el aire que las circunda y el vacío que resuena dentro; y otras veces muestran composiciones donde el sentido de lo plano vertical, casi de pintura, se mueve mínimamente hacia el espacio adyacente externo. Aparece entonces el protagonismo del color, reemplazando la monocromía anterior con gamas planas de rojo, negro y azul, principalmente, que resaltan las partes componentes, instaurando una resonancia composicional entre forma y cromatismo.

Los planteamientos de Negret referencian la solidez de lo liviano, el límite del aire que circula con el ritmo de la curva, la pulcritud de los segmentos, los ángulos y el color de la superficie limitante, el desplazamiento del centro hacia los lados, el rigor purista de la geometría en movimiento. La obra de Negret es constructivismo cerebral; es razón premeditada, lógica seriada, sensibilidad ascética desde el origen mítico de las formas tridimensionales, discurso totémico de luz solidificada, presencia resuelta del volumen esencial potenciado por su fuerza interna; en fin, “aparatos mágicos” de finales del milenio. Es una forma de escultura que nace de la geometría minimalista de las cosas, con su desarrollo estructural, secuencial, orgánico y analítico.

Popayán cuenta con el gran privilegio de tener un museo como la Casa Negret. El legado de su patrimonio familiar, con todo el aroma de su mundo anecdótico, incluye un bellísimo dibujo de 1903 del maestro Adolfo Dueñas, que contrasta con las atrevidas metáforas abstractas de nuestro escultor; y también con una escogida colección de obras de reconocidos artistas contemporáneos: Julio Le Parc (argentino), Yutaka Toyota (nipo-brasilero), Jesús Soto (venezolano), Carlos Cruz Díez (venezolano), y los colombianos David Manzur y Santiago Cárdenas, entre otros. Paradójicamente, una valiosa herencia, legado futurista en esta urbe anquilosada; un patrimonio cultural que no ha sido debidamente acogido y protegido por la “ciudad culta”; un espacio donde el arte da testimonio entre la soledad y el abandono. Allí, el mundo privilegiado de uno de los artistas más importantes de Colombia pugna contra la falta de conciencia y el prosaísmo abundante que se apoderó penosamente de la villa de paredes blancas. Tal vez, dentro de cien años de soledad, algún fénix resucite de entre las cenizas, con ojos, alas y mirada nueva entre las sombras.

**RVQ**