La corona de la equidad, el sueño de las acordeoneras mayores del Festival Vallenato

Este jueves se presentaron las 8 candidatas a la corona con edades entre los 16 y los 27 años, provenientes de todos los rincones del país. Primerizas y experimentadas, todas tenían en común ese estilo retador para tocar el acordeón, como desafiando a aquellos que no creen que son capaces de tomarse el mundo vallenato.

Seguir leyendo «La corona de la equidad, el sueño de las acordeoneras mayores del Festival Vallenato»

Sara Arango, el acordeón del San Jorge

Félix Carrillo Hinojosa*

Desde los 11 años esta artista recorre los festivales musicales. En 2019 se consagró en el Encuentro Vallenato Femenino en Valledupar.

La mejor acordeonera de las riberas del San Jorge es Sara Arango. Nació en La Apartada, pueblo de hatos de ganado y de pescadores que se surten del río, el 27 de marzo de 2005, en el hogar de Lina Pérez y Edwin Arango. Se alzó entre músicas en las que pitos, redoblantes, bombos, platillos, bombardinos y trompetas sirven de refugio a ritmos como el porro, la cumbia y el fandango.

La mejor acordeonera de las riberas del San Jorge es Sara Arango. Nació en La Apartada, pueblo de hatos de ganado y de pescadores que se surten del río, el 27 de marzo de 2005, en el hogar de Lina Pérez y Edwin Arango. Se alzó entre músicas en las que pitos, redoblantes, bombos, platillos, bombardinos y trompetas sirven de refugio a ritmos como el porro, la cumbia y el fandango.

La conexión con ese instrumento, al tenerlo en sus manos, fue mágica. Al posar sus dedos sobre esos botones sintió un volcán despierto al brotar la melodía de un eterno sonsonete que los principiantes no se cansan de tocar hasta saberla de memoria: era La piña madura, una sencilla melodía que sirve de patrón en el aprendizaje.

Esa primera inquietud sobre una hilera de pitos y armónicos sorprendió al profesor de música que preguntó: “¿Quién le enseño?”. El padre de Sara Arango se encogió de hombros y dijo: “Ella no tiene acordeón, creo que nació con el don de la música”. Fue tanta la sorpresa, que el instructor decidió prestarle sin temor el acordeón para que se lo llevara para su casa.

Esa tarde y parte de la noche, estuvo el instrumento sometido a la terca obsesión de la niña que, en su iniciación musical, repasaba la clásica melodía y al filo de la media noche, cayó bajo el embrujo de sus diminutos dedos. Con la tarea cumplida se durmió con una sonrisa plena, llena de música.

Con 11 años metidos en un diminuto cuerpo, empezó el camino sobre un instrumento que la llena de pasión. Al explorar otros senderos de la música desde ese instrumento, Sara Arango siempre contó con el apoyo de sus profesores Luis Castañeda, Carmelo Rodríguez, Efraín Peña y Gerardo Porto.

Pasaron los meses y, en una oportunidad, Jorge Oñate al verla tocar en un quiosco, sorprendido exclamó: “Esa jovencita toca más acordeón que muchos acordeoneros ganadores del festival y, de los actuales, ni se diga, les da sopa y seco”. Poco después se les sumaron las palabras de Emiliano Zuleta Díaz quien dijo: “No hay un acordeonero que toque como ella. Toca Carmen Díaz y Olvídame mejor que yo”. A Israel Romero, por su parte, se le oyó decir: “Sara tiene un futuro maravilloso. Es una acordeonera bendecida”.

Con 11 años metidos en un diminuto cuerpo, empezó el camino sobre un instrumento que la llena de pasión. Al explorar otros senderos de la música desde ese instrumento, Sara Arango siempre contó con el apoyo de sus profesores Luis Castañeda, Carmelo Rodríguez, Efraín Peña y Gerardo Porto.

Pasaron los meses y, en una oportunidad, Jorge Oñate al verla tocar en un quiosco, sorprendido exclamó: “Esa jovencita toca más acordeón que muchos acordeoneros ganadores del festival y, de los actuales, ni se diga, les da sopa y seco”. Poco después se les sumaron las palabras de Emiliano Zuleta Díaz quien dijo: “No hay un acordeonero que toque como ella. Toca Carmen Díaz y Olvídame mejor que yo”. A Israel Romero, por su parte, se le oyó decir: “Sara tiene un futuro maravilloso. Es una acordeonera bendecida”.

Su versatilidad le permite tocar los cuatro ritmos del vallenato con gran habilidad, tanto como porros, cumbias y fandangos de la mejor manera. Muchos eventos saben de su presencia, en el territorio cordobés, en Antioquia, el Cesar y La Guajira, ganando en más de 20 festivales. Uno de sus más representativos triunfos lo logró en el Encuentro Vallenato Femenino, en 2019, en Valledupar, en la categoría infantil.

Tiene el propósito de grabar un producto con las mejores voces, con canciones que tengan la verdadera esencia vallenata. Poco a poco escala en sus sueños, hasta ahora ha ingresado a los estudios de grabación en un par de oportunidades, produciendo dos sencillos, Tierra de ensueño, un porro de Luis Alberto Prado; y Qué tiene ese muchachito, un paseo alegre de Kique Araújo.

Su ejecución es impecable, aunque no deja de señalar que sus fortalezas musicales están en construcción. Es ambidiestra en la ejecución de su instrumento y hace malabares para divertir al público, el acordeón en el pecho o en la espalda como también hace uso de la tecnología al ejecutar ese instrumento en su celular. Sin dejar de buscar la perfección, su camino es ser una profesional con su estilo propio.

Sara Arango sigue en un amplio diálogo con su paisaje natural, donde el verdor de sus sabanas es musicalizado por las aves y las notas salen de las diversas expresiones que, al tocar su acordeón, se vuelven realidad. Ella construye el sendero musical influenciado por Emiliano Zuleta, Israel Romero, Juancho Rois y Héctor Zuleta, quienes con su ejecución le enseñaron que la rapidez debe ser acompañada con mucha melodía, pulso, precisión y firmeza.

Toda esa gracia que tiene Sara Arango, con virtuosidad, elegancia y donaire, seguirá en ella para poner en un mejor sitial sus conquistas musicales con su aliado de siempre, el acordeón.

*Félix Carrillo Hinojosa
*Escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural.

SARA ARANGO PÉREZ «LA REINA DEL ACORDEÓN»

«No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento»: Gabriel García Márquez

Por: Ramiro Elías Álvarez Mercado

Gracias a este mundo globalizado, y más cercano por la magia de las comunicaciones y las redes sociales, hemos tenido el privilegio de conocer grandísimos talentos que muchas veces han estado ocultos por falta de apoyo y oportunidades, dentro de esos talentos quiero destacar y resaltar el de una adolescente muy carismática y genial que se viene abriendo paso de animal gigante en este competitivo y muchas veces discriminado y hasta machista mundo de acordeonistas, pero que con su aporte, capacidad y aptitud viene dándole una nueva oxigenación a la música vallenata. Se trata de Sara Arango Pérez quien llegó a este mundo el 27 de marzo de 2005 en el pintoresco y alegre municipio de La Apartada (Córdoba), más exactamente un día domingo el cual es de un ambiente bullicioso, alegre y festivo, para los habitantes de estos pueblos, porque es el día en que normalmente los campesinos de la zonas rurales pertenecientes a la cabecera municipal llegan a vender sus productos, aprovisionarse para su semana laboral y porque no decirlo también a tomarse uno que otro licor y participar en una parranda amenizada por músicos de la región, o el sonido de una tienda, cantina o bar.

Abrió los ojos escuchando el fluir de las aguas cantarinas del majestuoso e imponente Río San Jorge, muchas veces temeroso y otras apacible y silencioso rodeada de los aromas de las flores locales, los trinos de las aves silvestres y la belleza de su entorno.

Es la hija mayor del hogar conformado por Edwin Andrés Arango Restrepo y Lina Marcela Pérez Padilla y sus dos hermanos menores Alexandra de 13 años y Eleazar de 11. Su padre, un licenciado en teología y músico de percusión; su madre, una profesional en Administración en Salud y Recursos Humanos: ellos han sido la base fundamental en la crianza con buenos valores, ética y moral de su primogénita y demás hijos.

Sarita, como cariñosamente la llaman sus padres y allegados, realizó sus estudios de básica primaria en la Institución Sitio Nuevo y la secundaria en el Colegio Daniel Alfonso Paz (INDAPAZ) de La Apartada donde recién se graduó como bachiller y a la par también obtuvo el título como Técnico en Sistemas del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) en el año 2020.

Esta niña prodigio del acordeón, según nos contó su padre, antes del primer año de nacida, ya era seducida por los sonidos mágicos que emanaban del instrumento arrugado porque al escucharlos movía sus deditos simulando la interpretación del mismo y una sonrisa iluminaba su bellísima carita angelical. Fue así como vio en su hija la oportunidad de cumplir un sueño frustrado que tuvo desde niño: ser acordeonista. Por eso siempre ha sido su apoyo, su bastón, su guía incondicional y también asesor musical en la naciente carrera de esta estrella que brilla con luz propia en el firmamento vallenato y de otros aires musicales como: la cumbia, el porro, paseaíto, pasillo, entre otros.

La magia y el encanto entre Sarita y el acordeón fue como se diría popularmente «amor a primera vista», pero fue hasta antes de cumplir los 11 años cuando su papá hizo un esfuerzo económico y, mediante un préstamo bancario, le compró ese regalo soñado. Seguidamente la ingresó a una escuela de su terruño donde con la mirada atónita del profesor, la primípara alumna, se aprendió en el primer día de clases, la melodía de la «Piña Madura». Bajo la supervisión de su papá y el apoyo incondicional de sus maestros de la escuela y colegio como Luis Castañeda, Carmelo Rodríguez, Efraín Peña y Gerardo Porto, despega y continúa su ascendente carrera musical.

Admiradora de grandes maestros del acordeón como Israel Romero Ospino, «El Pollo Isrra»: el primer estilo en el que enfocó y se convirtió en una alumna aventajada; ahora es común escucharla ejecutando pases y melodías emulando a grandes acordeonistas que han dejado una huella indeleble en la historia del folclor como: Emiliano Alcides Zuleta Díaz, Héctor Arturo Zuleta Díaz, Nicolás Elías «Colacho» Mendoza Daza, Álvaro López Carrillo, Navín López, Juan Humberto Rois Zúñiga, Julián Rojas Teherán, etc. Ellos, los que han tenido la oportunidad de escucharla, han sucumbido y enviado mensajes de admiración ante la calidad interpretativa de la adolescente apartadense.

Su majestuosidad, pulso, precisión en las notas, firmeza en los dedos y ejecución de su instrumento bendito y sagrado acompañado de un carisma arrollador, una sonrisa encantadora y contagiosa la han convertido en «La Reina del acordeón infantil”, la más laureada y ovacionada, obteniendo el primer lugar alrededor de unos veinte festivales de música de acordeón donde se ha consagrado, por su derroche de creatividad, talento y disciplina.

Son testigos de sus proezas y galardones los festivales de La Apartada (su tierra natal), Ayapel, Sahagún, Buenavista, Montelibano, en el departamento de Córdoba; Los Palmitos (Sucre), San Juan de Urabá (Antioquia) y la consagración en el festival vallenato femenino EVAFE en Valledupar, entre muchos más.

Sarita, a parte de interpretar de manera magistral la música vallenata y otros aires musicales del Caribe colombiano, también nos deleita con otras proezas como ejecutar el acordeón en la espalda, con el dedo meñique, es ambidiestra y ejecuta casi toda la melodía de una canción utilizando únicamente los bajos del instrumento; por eso es comúnmente escuchar y ver sus vídeos en el programa radial y canal de YouTube del maestro Julio César Oñate Martínez, «JUGLARES» donde muy frecuentemente nos presenta algo nuevo de esta talentosa artista. El maestro Emiliano Alcides Zuleta Díaz dice: «para tocar acordeón, primero hay que saber dónde tiene el corazón» y creo que ya Sara Arango descubrió el corazón de su acordeón y de ahí su gran capacidad y maestría en la ejecución.

Su gracia natural, donaire, virtuosismo, destreza, clase y elegancia la hacen merecedora de un sitial de honor en nuestro panorama artístico y musical donde la tendremos por muchos años encumbrada como «La Reina del acordeón»


BLOG DEL AUTOR: Ramiro Elías Álvarez Mercado