Los grandes del acordeón: Nicolás ‘Colacho’ Mendoza

Colacho  Mendoza

PERFILES. Nació en 1.936 en Caracolí Sabanas de Manuela, municipio San Juan del Cesar, departamento La Guajira. Aprendió a tocar guiado por el instinto natural del músico que siempre llevó por dentro. Fue elegido como segundo Rey del Festival Vallenato  en 1.969,  y en 1.987 fue escogido como Rey de Reyes.

Quienes lo conocieron, lo catalogan como una persona sencilla y de buen corazón, de apariencia seria pero en el fondo un hombre portador de una alegría desbordante. Siempre fue un hombre de pocas palabras, algo tímido,  por lo que nunca fue un gran conversador. Sin embargo, la música se convirtió  en su medio predilecto de expresión.

Su importancia radica en que fue un puente de transición entre el periodo del   grupo de fundadores del estilo de vallenato clásico  como Alejo Durán, Abel Antonio Villa, Pacho Rada, Andrés Landero, Lorenzo Morales, Emiliano Zuleta Baquero y Luis Enrique Martínez y los de la época actual.

‘Colacho’ se encuentra al centro de estos dos grupos en el que la música vallenata deja de ser algo tradicional  que se hacía más por alimentar el espíritu del campesino,  y el profesional  que asume la música como una profesión  de tiempo completo. En este periodo la música vallenata   pasa de las parrandas bohemias en los pueblos y los patios de las casas,  a las tarimas,  las ciudades y los clubes.

En este tiempo ‘Colacho’ es de esos músicos integrales que cantan, componen y ejecutan el acordeón de manera magistral, pero además, poseía  una gran capacidad de adaptación para asumir  los cambios que se veían venir  con la popularización de la música vallenata. Con humildad supo en qué momento hacer silencio para darle paso a las voces de las  estrellas del momento como  ‘Poncho’ Zuleta, Jorge Oñate, Diomedes Díaz, Silvio Brito e Ivo Díaz,  quienes dan cuenta de su capacidad interpretativa.

El escritor Gabriel García Márquez lo calificó  como “el mejor acordeonero  del vallenato,  uno de los principales difusores de este género musical y el  mejor intérprete de Rafael Escalona”.

La llegada de la modernidad en pleno,   a la música  vallenata y con  el ocaso de sus años,  hace que  regrese a sus orígenes convirtiéndose en el guardián de la música vallenata  tradicional. Asume un bajo perfil,  independiente,   ajeno a manipulaciones e intereses mercantilistas y  retorna a las reuniones y parrandas  pequeñas con sus amigos más cercanos.

Murió el 27 de septiembre de 2003 a los 67 años  en Valledupar, producto de una afección cardiaca de la que no se pudo recuperar. El Pilón

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