Apoteósico recibimiento a los medallistas olímpicos de Colombia en Bogotá. La capital se paralizó

¡BIENVENIDOS, CAMPEONES!

Luis Alberto Gutiérrez llegó con 50 banderas a la sede del Comité Olímpico Colombiano (COC), en el occidente de Bogotá, convencido de que se las raparían de las manos. No vendió ni una, ni la de 25.000, ni “la baratica de 5.000 pesitos”, pero se ganó un premio que no tuvo precio: el saludo y la sonrisa de Mariana Pajón, flamante campeona olímpica. 

La bicicrosista, junto con seis de los otros siete medallistas de Londres-2012 (Catherine Ibargüen, Óscar Figueroa, Yuri Alvear, Jackeline Rentería, Óscar Muñoz y Carlos Oquendo) y tres más de Juegos anteriores (María Isabel Urrutia, Mábel Mosquera y Diego Salazar), fue ovacionada ayer en una caravana que partió del COC y terminó en la Casa de Nariño.

“Ver a esos campeones pagó el día, ya vendrá otro en que venda mis banderas, pero esto no sé si se repita”, dijo Gutiérrez mientras veía partir el carro de bomberos con los 10 homenajeados en su plataforma y un bus escoltándolos, en cuyo interior iban otros deportistas que estuvieron en la Olimpiada, además de algunos familiares, dirigentes y entrenadores.

El trancón por la avenida 68, sentido sur-norte, se armó en cuestión de segundos y muchos se pegaron al pito, no para disolver la congestión, sino para sumarse al festejo, aunque con el paso de las cuadras los carros fueron reemplazados por miles de personas que se volcaron a las calles.

En el sector del CAN, por ejemplo, militares y policías honraron con aplausos a los nuevos héroes de la patria. Esa sería apenas una de muchas muestras de afecto, como la de los niños del colegio Amanecer de Modelia que, con banderitas en la intersección de carrera 50 con calle 26, le dieron color y calor humano al recorrido.

Unos metros más adelante, frente a la embajada estadounidense, el alto flujo de personas obligó a la primera gran detención, que fue aprovechada por los deportistas del bus para abandonarlo y montarse en un planchón de la Policía que iba con músicos, quienes encontraron una razón para empezar a tocar.

A él también se subieron, tomados de la mano, Claudia Londoño y Carlos Mario Pajón, los padres de Mariana, que cantaron a ritmo del tradicional Colombia tierra querida, de Lucho Bermúdez.

La respuesta popular en el trayecto hacia el centro de la capital fue en ascenso, como la cosecha colombiana de medallas en suelo inglés. Algunos corrieron al estilo Usain Bolt para alcanzar a tomarles una foto a sus nuevos ídolos o, en su defecto, enviarles gratitud en forma de besos.

Todos esos gestos fueron retribuidos con sonrisas espontáneas de los medallistas, a los que recibió una multitud en pleno corazón histórico de Bogotá. Esa marea humana hizo recordar recibimientos como los de Lucho Herrera luego de ganar la Vuelta a España en 1987 o el de la Selección Colombia después del 5-0 sobre Argentina en Buenos Aires -septiembre del 93-.

El carro de bomberos pareció entonces impulsado por la gente y vino a detenerse frente a la plaza Núñez, del Palacio, donde el presidente Juan Manuel Santos se encargó de extender el homenaje (véase nota anexa). Luego, el vehículo siguió su marcha por la ya desolada carrera 7a. y tomó la calle 6a. hacia occidente.
Ya a esa altura, era un carro de valores, no sólo por los preciados metales que transportó sino por el incalculable tesoro humano que exhibió.

‘Casa, carro y beca’ para nuestros héroes olímpicos

El presidente de la República, Juan Manuel Santos, anfitrión ayer del homenaje a los medallistas de Londres-2012 en la Casa de Nariño, reiteró su compromiso para impulsar con más fuerza el deporte colombiano. Más presupuesto, subsidios de vivienda, creación de escenarios y otros incentivos fueron algunos de los anuncios del mandatario durante el emotivo y emocionante homenaje en el que le impuso a cada uno la Cruz de Boyacá, la máxima distinción que el Gobierno Nacional le entrega a un ciudadano colombiano por sus aportes a la patria.

“Ustedes han llenado de honor, orgullo y alegría a nuestra patria. Sus triunfos son nuestros triunfos, su ejemplo es el mejor legado que pueden dejarles al país y a todas las generaciones”, dijo Santos, quien afirmó que aumentará la inversión para el desarrollo de los deportistas para que en los próximos juegos, los de Río-2016, se puedan celebrar muchas más medallas.

Además, recordó que Cuba, una de las potencias deportivas de la región, le debe al país unos 50 millones de dólares canadienses desde la época del presidente Belisario Betancur y que ya adelanta las gestiones para que la deuda se pague en ‘especie’ con el envío de entrenadores de diferentes disciplinas.

También confirmó que ya firmó un decreto para asegurarles subsidios de vivienda prioritaria a los ganadores de medallas en los Juegos.

Y, en un “reconocimiento especial para Mariana Pajón”, anunció la construcción de una moderna pista de bicicrós en Medellín para la masificación de esta disciplina, única que dio dos medallas en Londres-2012.

La sede para las federaciones deportivas del país también hizo parte de la lista.

Paralelamente, la Universidad Militar Nueva Granada ofreció a los ocho medallistas una beca completa para que estudien una carrera de pregrado o especializaciones a partir del próximo año.

Pajón agradeció y Figueroa reclamó

En medio de la alegría de los medallistas olímpicos a su regreso a Colombia, hubo tiempo para los agradecimientos, pero también para reclamos.

Mariana Pajón, metal dorado en BMX, siempre aprovecha la ocasión para ofrecer sus triunfos al país. “Estos logros son de toda Colombia. Gracias por apoyarnos y por creer en nosotros. Nuestro deporte ya es grande y esto es apenas el comienzo porque vendrán cosas mucho mejores”, exclamó la antioqueña ayer en plena celebración en Bogotá. Por su parte, el pesista Óscar Figueroa, plata en Londres-2012, pidió acciones del Gobierno. “La gloria olímpica no lo es todo. Nosotros no somos simples deportistas”, anotó Figueroa para reclamar cambios en la Ley 181 de 1995, que fomenta la actividad física y habla de las garantías para los deportistas y su desempeño. “Es una ley vieja, de hace 17 años, y que necesita actualizarse”, dijo desde el mismísimo atril presidencial, algo que no cayó bien entre los encargados del protocolo. “Esta es la voz de los héroes de la patria”, finalizó.

Fabián M. Rozo Castiblanco
Iván Andrés Gutiérrez G.
Redactores de EL TIEMPO

 

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