Moscú (PL) Equilibrio, justicia, multipolaridad frente a la hegemonía de Estados Unidos, el doble rasero en la defensa de los derechos humanos por parte de Washington, y la hostilidad hacia naciones que disienten de su política configuran en parte el complejo panorama mundial.
Una reflexión sobre esos asuntos y otros interrelacionados llegan a través de la politóloga rusa Veronika Krasheninnikova -directora general del Instituto de Investigaciones e Iniciativas de Política Exterior-, quien en conversación exclusiva con Prensa Latina se acerca a la realidad latinoamericana y al pensamiento de José Martí.
PL: ¿Cómo explicar la visión de José Martí sobre el equilibrio del mundo y su vigencia a la luz del nuevo modelo de configuración, basado en la multipolaridad, que promueven con ahínco Rusia y China, y sus socios del Grupo Brics; el concepto martiano de justicia social, en cuanto al papel del Estado para con su pueblo, y por último, sus sabias recomendaciones a los latinoamericanos de no permitir las ambiciones geopolíticas de Estados Unidos?
VK: José Martí es un símbolo de la lucha por la independencia. No solo para Cuba sino para muchos otros pueblos; su vida y el propio destino muestra cómo las más talentosas personas, polifacéticas, dejaron su vida a un lado en nombre de su pueblo y de la independencia.
Martí fue hombre talentoso, a la vez poeta, escritor, publicista y político. Toda su vida, su obra y su actividad estuvieron permeadas por las ideas humanistas y la lucha por el bienestar del pueblo.
Su primer poema dramático, «Abdala», que escribió con apenas 16 años, muestra a un joven ya maduro políticamente, pese a su corta edad. En Europa ese análisis político solo comenzaba a desarrollarse y demuestra cuánto Martí fue un hombre de vanguardia para su tiempo.
Si para entonces las guerras imperiales las llevaba a cabo España, ahora la fase del imperialismo está en manos de Estados Unidos.
Hoy observamos una nueva ola de expansionismo de Estados Unidos, y uno de los factores catalizadores de esa expansión es la crisis económica.
Sabemos que, en condiciones de crisis económica, el capitalismo toma un giro drástico a la derecha, endurece las medidas al interior del país, y en materia de política exterior, ansía la expansión, nuevas conquistas, nuevos mercados y recursos más baratos.
Fue este uno de los factores de la cruzada de Estados a Unidos a Medio Oriente, las acciones contra Libia y hoy observamos el conflicto en Siria.
Estados Unidos se arrogó el papel no solo de policía mundial, sino de gendarme y en realidad ha actuado como un agresor internacional.
En estas circunstancias cuando ya no existe la Unión Soviética, no hay un país así que pueda contrarrestar a Estados Unidos; se requiere aglutinar los esfuerzos. En nuestra región euroasiática, los socios de Rusia, India, Irán y China son un obstáculo en el camino de Estados Unidos hacia el dominio mundial.
América Latina, más que otro continente, experimenta en carne propia los instrumentos de la política agresiva de Estados Unidos.
Por eso la mayoría de las personas, la mayoría de los pueblos están del lado de la verdad, del lado de la justicia. Sorprende que el término justicia Estados Unidos no lo utiliza para nada.
PL: ¿Qué comentarios le merecen los procesos de integración en América Latina y el liderazgo de Cuba en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)?
VK: La Celac, que fue fundada hace poco más de un año con participación activa de Venezuela y Cuba, es una excelente iniciativa; el hecho de que Estados Unidos y Canadá no formen parte, le imprime singularidad y resulta un factor positivo.
Estados Unidos a menudo practica la creación de agrupaciones regionales a miles de kilómetros de sus fronteras. Observamos organizaciones como esas en Asia Central. Participa en esas estructuras sin ser una potencia del área.
En esos casos, el principio fundamental debe ser: «para los problemas regionales, soluciones regionales». Para resolver nuestros asuntos no se requiere la intromisión de una potencia que se encuentra a miles de kilómetros de nosotros, y que no está interesada en el desarrollo pacífico y próspero de los países.
PL: Recientemente usted se pronunció porque Rusia debía dar un seguimiento oportuno y sistemático de las violaciones de los derechos humanos por parte de Estados Unidos. ¿Considera que existen suficientes elementos para sentar a Washington en el banquillo de acusados por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en general? Estamos hablando incluso de la lista «Guantánamo».
VK: La lista rusa «Guantánamo», creada en respuesta a la lista «Magnitski», adoptada en diciembre de 2012 por el Congreso de Estados Unidos, incluye a funcionarios norteamericanos que han participado en la violación de los derechos humanos de los rusos y de otras personas. Ha sido nuestra respuesta diplomática.
Sostengo que el tema de los derechos humanos es extremadamente importante y en esta esfera Rusia debe actuar no solo en respuesta a los pasos agresivos en su contra, sino de forma permanente, regular y con cautela.
Debemos observar de manera constante las acciones de Estados Unidos que contravienen el Derecho Internacional y reaccionar con recursos políticos e informativos ante los políticos norteamericanos que cometen crímenes militares.
Nos referimos, por ejemplo, a hechos concretos de los últimos años como las cárceles secretas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Europa, el traslado de sospechosos de terrorismo a los Estados donde las torturas no están prohibidas (los vuelos secretos y secuestros), y la autorización oficial de la Casa Blanca y el Pentágono para las prácticas de torturas.
Con un eufemismo cruel, Estados Unidos considera los suplicios «métodos sofisticados de interrogatorio».
Si miramos más ampliamente la política exterior de Estados Unidos en los últimos 10 o 20 años, vemos que es el más grande violador de los derechos humanos en el mundo.
Ellos han privado a las personas no solo de los derechos elementales, sino del derecho fundamental a la vida. Hoy millones de sirios sufren las consecuencias de que Estados Unidos ampare a los terroristas en lucha contra el gobierno de Bashar Al Assad, y los privan de una vida pacífica y próspera.
Todos los pueblos y Estados que no estamos de acuerdo con la política de Estados Unidos debemos aglutinar las fuerzas y luchar contra esas acciones criminales.
PL: Numerosas organizaciones defensoras de los derechos humanos insisten en los reclamos del cierre de la prisión de Guantánamo -situada en una porción de territorio cubano ocupado ilegalmente por la nación norteña-, una promesa del presidente Barack Obama durante su primer mandato. ¿Qué comentarios tiene al respecto?
VK: Una de las primeras promesas simbólicas durante la primera campaña electoral de Obama fue precisamente el cierre de la cárcel de Guantánamo, pues con justicia fue considerada símbolo de los abusos norteamericanos y de actos ilegítimos.
Pasaron, sin embargo, cuatro años y en diciembre de 2012 el Congreso ratificó que la base de Guantánamo continuará funcionando. Ello es demostrativo de la gran diferencia entre las promesas y los actos.
La cárcel de Guantánamo no solo deber ser cerrada, sino que Estados Unidos debe abandonar Guantánamo.
Está claro que es un tema de principio, fundamental; mientras tanto, Guantánamo sigue siendo un símbolo de la violación no solo de las leyes norteamericanas.
PL: Tras el inicio del segundo mandato del presidente Obama, ¿qué le aconsejaría usted al mandatario en relación con el mantenimiento del bloqueo norteamericano contra Cuba y el encierro de los cubanos antiterroristas en las prisiones de Estados Unidos?
VK: Primero impresionan esas colosales sanciones contra Cuba, qué teme un país como Estados Unidos, armado hasta los dientes, por qué le teme a la pequeña nación.
Quizás temen que los ciudadanos norteamericanos viajen a la isla y vean que se puede vivir dentro de otro modelo político, quizás temen a ese ejemplo de modelo social. Esa dureza y hostilidad de la política norteamericana respecto a Cuba impacta.
Frente a esto y considerando las acciones de la administración de Obama en el primer mandato, en el segundo período resultaría improbable esperar algunos pasos positivos.
Porque, a pesar de todas las esperanzas de los propios norteamericanos que esperaron cambios, esas expectativas no fueron satisfechas, y resultó que el presidente Obama podía llevar a cabo una política más agresiva, incluso, que su antecesor George W. Bush.
Recordemos que el primer mandato comenzó con el incremento del contingente estadounidense en Afganistán, y luego Obama desató una guerra contra Libia, y hoy estimula y provoca una guerra civil en Siria.
Por eso pienso que se avizoran tiempos complejos para el mundo en general, y para Cuba en particular.
La crisis económica crea el contexto, en cuyos marcos se intensifica la agresión de los estados imperialistas. Debemos estar todos atentos y profundizar en la política de Estados Unidos, en sus instrumentos de impacto político y militar.
Por otra parte, mientras (Washington) apoya a terroristas en Siria y en esa misma región, mantiene tras las rejas a cuatro cubanos luchadores antiterroristas, y otro cumple un periodo adicional de tres años en libertad condicional en Estados Unidos; eso no es más que un ejemplo más de la hipocresía americana en este tema.
Y hasta qué punto y hasta dónde puede llegar con una política dura de confrontación con aquellos Estados que no están de acuerdo con su política.
PL: El Departamento norteamericano de Estado anunció que el país se retiraba del grupo de trabajo sobre la sociedad civil, de la comisión presidencial ruso-estadounidense, y al mismo tiempo, la portavoz Victoria Nuland aseguró que el gobierno de Obama seguirá trabajando con las organizaciones no gubernamentales que quieran colaborar, al margen de lo dispuesto por las autoridades rusas. ¿Qué opina sobre ello?
VK: La historia de Rusia y de la Unión Soviética muestran que ni las acciones militares ni los tanques ni aviones pudieron derrotarlas.
Napoleón lo intentó y Hitler también, pero no pudieron hacer nada. Sin embargo, el desplome de la Unión Soviética mostró que el instrumento más efectivo para la desintegración del Estado eran las tecnologías de erosión, a través de la sociedad, del trabajo psicológico, sobre la conciencia social, y con líderes de los países.
Por eso Estados Unidos siempre llevó a cabo esa política, y tal como lo prometió la portavoz, van a intensificar semejantes acciones.
En los últimos tres años existió la subcomisión para la sociedad civil, pero de manera paralela la Casa Blanca desembolsó durante más de 20 años muchos millones de dólares «para apoyar a la sociedad civil rusa».
El daño está en que ese enfoque desacredita a la sociedad civil, por cuanto hoy en Rusia muchas personas entienden «por sociedad civil a las organizaciones financiadas por Estados Unidos».
Todas esas organizaciones financiadas desde Occidente siempre lucharon por el imperio de la ley, pero en cuanto aparecieron las leyes redactadas sin los consultores americanos, y que restringen la influencia occidental al interior de Rusia, resultó que las organizaciones no gubernamentales no tienen la intención de cumplirlas.
Nuland confirmó que van a continuar y a intensificar ese trabajo, pienso que debe ponerse atención a sus palabras y observar de cuál forma van a diversificar la labor, teniendo en cuenta la nueva legislación y las medidas que adoptaron las autoridades rusas para limitar la influencia de las organizaciones no gubernamentales.
Vale recordar que uno de los funcionarios del Departamento de Estado expresó que el objetivo principal del «reinicio» (peregruzka) en las relaciones era incrementar la influencia internacional del primer ministro Dmitri Medvedev, para mostrarlo más influyente de lo que era en realidad.
El presidente Putin no necesita esa «peregruzka», por eso durante la presidencia de este, ellos (Estados Unidos) tienen planeado lanzar programas «discretos», de largo plazo, al margen del poder del Estado, y comunicarse, como dicen, en directo con la población.
En realidad es lo que denominamos el trabajo de erosión. Hemos visto como se llevó a cabo en las últimas décadas.
*Jefa de la corresponsalía de Prensa Latina en Rusia.

