El amor

RODRIGUEZ-GUSTAVO-2Por Gustavo Rodríguez Gómez

Amar no es sólo decir ¡te amo!; tampoco basta el embeleso; ni mucho menos, contar que se ama a alguien. Amar, en realidad, es comprensión, respeto, confianza, tolerancia, libertad; en una palabra, generosidad para con la persona amada.

Es entender a esa persona, tal cual es. Es respetarle su opinión, así no la compartamos. Es creer lo que nos dice. Es aceptarle sus defectos. Es dejarle usar sus espacios. Es sacrificarse por ella.

Ahora bien, ¿cómo se demuestra el amor? Acaso, ¿diciéndole, a cada instante, te amo? ¡No! O será, tal vez, ¿contando a los cuatro vientos, que se la ama? ¡Tampoco! O, quizás, ¿dándose a los arrumacos en público? ¡Menos aún! Entonces, ¿cómo?

Aceptando que esa persona, al igual que cada uno de nosotros, es un ser individual, diferente a los demás. Entendiendo que no podemos ni debemos, so pena de castrarla mentalmente, pretender cambiarla para hacerla igual a nosotros. No; no podemos aspirar a que la persona amada piense como nosotros, hable como nosotros, se conduzca como nosotros.

También, aceptando sus explicaciones; creyendo lo que nos dice, salvo los casos de flagrante mentira. Además, perdonando sus errores; olvidando sus equivocaciones; condonando, aún, sus injurias.

No debemos olvidar que el amar es un proceso que pasa por diversos estadios; el primero de ellos lo constituye la atracción personal; es decir, esa persona nos agrada, nos gusta, nos atrae.

Después nos conocemos, nos tratamos y nos enamoramos de ella; tal como es. No como un cuaderno en blanco, sobre el cual escribiremos nuestra personal  perspectiva de la vida; sino como un libro, muchas de cuyas páginas, hasta el momento ya han sido escritas y que al leerlas nos van encantando. Algunos pasajes, tal vez, no nos gusten; pero no podemos reescribirlos. Así los encontramos y así debemos dejarlos. Lo más que podemos hacer es escribir algunas anotaciones al margen, con el fin de entender mejor esa página cuando volvamos a leerla; mas no podremos borrar lo escrito por la persona amada, para reemplazarlo por nuestras personales opiniones.

Luego del enamoramiento, vendrá al fin el amor; inicialmente apasionado y es, allí, donde se le puede malinterpretar; llegando, incluso, a destruirlo. Porque la pasión nos puede cegar hasta hacernos olvidar que el amor, también es desprendimiento y, equivocadamente, podemos creer que la persona amada es de nuestra propiedad y, como tal, podemos disponer de ella a nuestro antojo y que nuestros son su tiempo, su accionar y hasta sus pensamientos.

Si el objeto de nuestro amor es débil, cederá a nuestra posesión y se entregará, atada de pies y manos, a nuestros caprichos, a nuestro enfermizo y posesivo amor y, tarde que temprano, el amor morirá. Pero, si por el contrario, esa persona es recia, reaccionará ante nuestro acaparamiento y, del choque de personalidades, puede sobrevenir la ruptura. A menos que la persona amada, en forma oportuna, sutil o abiertamente, nos haga caer en cuenta de lo errado de nuestra actitud y aún tengamos tiempo de enderezar nuestro rumbo y podamos salvar el amor que está a punto de naufragar. Claro está que, para esto último, se requiere de una buena dosis de sensatez, acompañada del deseo de conservar el amor del ser amado.

Por otro lado, si durante la etapa del amor apasionado, los dos seres que se aman, no han caído en la insensatez de la posesión o, habiéndolo hecho, ha ocurrido la oportuna reacción ante esta depredadora del amor, pasan al siguiente estadio, el del amor verdadero, cuyas características ya fueron esbozadas anteriormente y lo hacen perdurable hasta la muerte del ser amado y, aún, después de ella.

Ahora bien, cada etapa demanda su tiempo; entonces, no se ama de verdad al día siguiente de haber conocido a la otra persona y mucho menos de inmediato; lo que los poetas llamamos amor a primera vista, no es otra cosa que atracción, enamoramiento a lo sumo; pero jamás amor. Amar, amar de verdad requiere meses, años tal vez. La duración del proceso depende del grado de madurez de los enamorados y no de la intensidad de la atracción o del enamoramiento.

De todas maneras, amar es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Éste es el sentimiento más grande y noble que puede anidar en nuestra alma; el que nos hace diferentes a los demás seres de la naturaleza; que nos aparta de nuestra esencia animal, para comunicarnos la espiritualidad necesaria para lograr aproximarnos a Dios y vivir de tal manera que podamos, al morir, gozar de la plenitud eterna de Su Gloria.

 grg1939@yahoo.com

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.