Quien tiene rabo de paja… II

RODRIGUEZ-GUSTAVO-2DESDE LA BARRERA

Por: Gustavo Rodríguez Gómez*

Quienes no lo conocían bien, pensaron que Uribe Vélez permanecería muy pocos días en el cargo. “O lo matan o se lo comen vivo”, fue el comentario en los mentideros políticos de Bogotá, donde la figura del padre y los hechos de la familia habían pasado prácticamente desapercibidos. Pero estaban equivocados, Uribe Vélez permaneció 28 meses largos en la dirección de Aerocivil sin sufrir ni un rasguño. Un año después del retiro de Uribe Vélez, el Consejo Nacional de Estupefacientes, presidido por el recién posesionado ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, ordenó a la Aerocivil “suspender los vuelos de naves de narcotraficantes” y señaló que en el reciente pasado esa entidad había adolecido de una actitud pasiva y negligente, casi rayana en la complicidad. El 8 de septiembre de 1983, El Tiempo informó sobre la medida: “El Consejo Nacional de Estupefacientes solicitó ayer a Aerocivil suspender la operación aérea de la flota de aviones, helicópteros y avionetas de propiedad de Pablo Escobar y Carlos Lehder”.

Hace unos meses, la serie “Escobar, el patrón del mal” dejó traslucir las andanzas de estos dos delincuentes que lograron amedrentar al país, poniéndolo casi de rodillas, y que junto a los hermanos Ochoa y el primo de Escobar, Gustavo Gaviria (hermano de quien fuera después el asesor número uno de Uribe durante su dictadura, el tenebroso Obdulio Gaviria) traficaron, asesinaron, en una palabra, delinquieron a sus anchas, hasta que la muerte de algunos de ellos y la extradición de otros, logró frenar algo el baño de sangre con que tiñeron el suelo patrio. También la mencionada serie mostró el boato y la ostentación de la que hacían gala este grupo de facinerosos, mientras que sus aviones despegaban y aterrizaban en la más inicua impunidad, nunca antes vista, por parte de la autoridad encargada de controlar el tráfico aéreo.

Pero esas noticias, en esos momentos, quedaron sepultadas bajo otras más urgentes; al fin y al cabo, los acontecimientos son momentáneos y no hay tiempo para pensar sobre sus causas, conocer a sus protagonistas o analizar sus consecuencias. Los motivos siempre son secretos, los protagonistas se esconden detrás de testaferros que les sacan las manos de la candela, sin que aquellos siquiera se chamusquen, y las consecuencias se conocen cuando los victimarios se han arropado con ese monstruoso manto que es el fuero institucional. De manera que no volvió a saberse mayor cosa del asunto. En su libro “Los jinetes de la cocaína”, Fabio Castillo lo planteó así: “Uribe le otorgó licencia a muchos de los pilotos de los narcos, cuando fue director de Aerocivil.  Siendo Rodrigo Lara, ministro de Justicia, ordenó paralizar 30 aeronaves a los Ochoa, 10 a Pablo Escobar y a Gustavo Gaviria, 10 a Gonzalo Rodríguez Gacha y 4 a Carlos Lehder. Sin embargo dijo que sólo se había inmovilizado una pequeña parte de la gran flota aérea de los narcotraficantes de Medellín”.

El tema resucitó alrededor de la campaña política del 2002. El Tiempo trató de mencionar algunas de las medidas tomadas por Uribe durante su gestión al frente de Aerocivil: “Entre marzo 24 de 1980 y agosto 6 de 1982 se otorgaron 562 licencias; sin embargo cuando Uribe llegó a la Alcaldía de Medellín y luego a la Gobernación de Antioquia, todo rastro de su paso por Aerocivil había sido borrado o distorsionado.”

Y, como si fuera poco, jamás hubo claridad sobre el asesinato del narcotraficante Jaime Cardona y el del antecesor de Uribe en Aerocivil, Fernando Uribe Sénior; al igual que los testimonios de quienes vieron cómo las únicas veces que Uribe Vélez se acercaba a los aeropuertos, tenían que ver con la llegada de las cuadras de caballos para las dehesas de Fabio Ochoa y de sus hijos, y la labor de salvamento en que debió empeñarse el Ministerio de Justicia para evitar que en la Aerocivil el narcotráfico pudiera seguir haciendo de las suyas. Ahora bien, los escándalos de Uribe en la Aerocivil no tuvieron que ver únicamente con el narcotráfico. El 4 de enero de 1983, Nelson Sánchez Abaúnza escribió una documentada crónica en Cromos, en la que señaló que en esa entidad se habían extraviado 43 millones de pesos.

La próxima semana (si Dios quiere), veremos un resumen de dicha crónica.

Valledupar, 26 de febrero del año 2013
*Gustavo Rodríguez Gómez/El Pilón
grg1939@yahoo.com

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