Tres cantoras del ‘valle’

rita-padillaAunque su única inspiración no es el vallenato, la samaria Rita Fernández Padilla encontró en el folclor una magia que más nunca la dejó salir de esta tierra que la acogió como una más de sus hijas.

El vallenato evoluciona como casi todas las cosas, si es que se puede llamar cosa a algo tan del alma y del pueblo.

En los años 70s, tres cantores hacían versos, Carlos Huertas en Fonseca; Álvaro Cabas en Valledupar y Calixto Ochoa en Valencia. Claro que había más cantores,  pero ellos lo hacían desde su gallinero.
Hoy Lucy, Jadith y Eliana cantan, por supuesto que hay más cantoras, pero ellas están, se definen, entregan su canto a la vida.
Lucy  nació en enero, como la luna, es abogada, fiscal, mira con sus ojos verdes y pide condena cuando encuentra delitos probados. Luego en su casa canta al lado de una guitarra, lo primero se lo exigen las leyes, lo segundo el Valledupar de su vida.
Jadith nació en junio como  las brisas, es bacterióloga, en su laboratorio busca células y detecta virus, en las noches canta vallenatos con el virus que heredó de su padre Wiston y de Juan Manuel, otro de sus parientes acordeoneros. De ojos negros profundos, mira con claridad el canto del Valle, aunque viene de tierras manaureras allá en la serranía.
Eliana es Gnecco, ellos, los Gnecco no cantan, gobiernan, al menos eso dicen, pero los Martínez sus apellidos maternos tienen tres siglos de andar cantando, con acordeones y guitarras por los valles y los cerros, por el desierto y cerca del mar.
Tres cantoras de la tierra vallenata que en las calles poca gente identifica, no son artistas de revistas y televisión ni arman escándalos para salir en las paginas rosadas, al contrario en las tardes en sus días libres, toman  café y visitan a sus tías, tan conversadoras como ellas.
Hablan de moda, de cosas simples, de cosas de mujeres, incluso de sus maridos que están convencidos  que ellos de alguna manera tienen parte  en sus logros folclóricos.
Cuando Lucy grabó su primer compacto, no sólo quiso que Emilianito Zuleta la acompañara con sus notas, sino que Gustavo Gutiérrez Cabellos cantara con ella, con ese sentimiento eterno y herido que nació con él, no los incluyó como  gancho, sino que quería estar segura que dos maestros le dijeran que ella podía hacerlo y lo hizo bien.
Jadith por su parte, cuando sube a los escenarios, se transforma,  se recarga con fuerza de alegría, mueve caderas y se ríe cuando dice  con cierta picardía, “tengo un ‘jamaqueo’ que encanta”.
Los costeños conocen  la palabreja y celebran con ella, la obligan a  repetirla mil veces y ella feliz, no es un mensaje perverso, pero le encanta que el leguaje de la costa tenga unos mensajes tan sugestivos. Tan propios.
Eliana es tan sencilla y de sentido común como el derecho civil. Es abogada y sabe de contratos, pero entendió que en la letra pequeña, ella había firmado por fuerza del destino que su voz también tiene un código para el vallenato.
Para el vallenato tradicional, el de versos coquetos y simples, el de nostalgias y rebeldías, el que enamora y  acompaña desilusiones.
Cuando habla por radio, y cuando canta en sus presentaciones, parece una paloma asustadiza, luego se convierte en la atracción del concierto hasta que la gente se  pregunta, por qué las mujeres no cantan vallenatos por eternidades sino por eventualidades.
Son tres cantoras que Valledupar, quiere conoce y aplaude, ellas a su manera y casi solas, se proponen que el canto vallenato no solo sea tarea de hombres, de machos.
Así como existen campañas de género en todas sus dimensiones y funciones, deberían unirse para que  las emisoras musicales, al menos ellas, difundieran con ahínco y sin prestaciones su música, su arte hecho canción.
En estas cosas de la música vallenata, es un acto de simple justicia que ellas, profesionales de carrera y sentimentales por herencia y convicción, tuvieran desde ya una oportunidad para soñar mejor, y despertarnos a todos.
Las mujeres cantan, pero  no se por qué desorden genético,  exista la percepción de querer mantenerlas escondidas, como si fuera fácil esconder el sol con los dedos. Los mismos dedos que tocan acordeón y encuentran acordes en las guitarras.
Publicada por
Edgardo Mendoza Guerra/VANGUARDIA

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