El mal de Alzheimer

RODRIGUEZ-GUSTAVO-2Por Gustavo Rodríguez Gómez/El Pilón

En 1906, los psiquiatras alemanes Emil Kraepelin y Alois Alzheimer, definieron e identificaron la enfermedad que lleva el nombre del segundo de estos científicos, ya que fue éste quien observó y detalló la neuropatología característica de esta dolencia.

La Organización Mundial de la Salud calcula que este trastorno neurodegenerativo afecta actualmente a unos 18 millones de personas en todo el orbe, y se estima que esa cifra aumente a 34 millones hacia el 2025, con enormes repercusiones para la sociedad en su conjunto, ya que no solamente quienes la padecen, la sufren; sino que también sus familiares, y quienes cuidan de estos enfermos, deben sobrellevar la carga de este aciago mal, cuyos indicios corresponden a la pérdida gradual de la memoria; como, por ejemplo, no entender el significado de las palabras leídas o escuchadas, no reconocer los lugares de la casa de habitación, olvidar el rostro de los seres queridos; hasta llegar a la incapacidad total para hacer las cosas que, de manera rutinaria, se venían haciendo diariamente.

La percepción a través de los sentidos (olfato, gusto, oído, etc.; y ni qué decir del sentido común) va disminuyendo; en pocas palabras, el cerebro está perdiendo su capacidad conductora de las acciones personales del individuo.

Sin lugar a dudas, se trata de una enfermedad realmente fatídica; pues el cuerpo está allí, probablemente (excepto el cerebro) gozando de excelente salud; sin embargo, el comportamiento cada día empeora; la persona se aleja del mundo real, mientras su existencia se va devastando; pues los síntomas que experimenta el enfermo de alzheimer, son el resultado de la muerte de las neuronas encargadas de dirigir las diferentes partes del organismo, encomendadas del cumplimiento de las funciones que se han deteriorado por esta dolencia y, como quiera que las neuronas son las únicas células del cuerpo que no se regeneran, entonces la fatalidad, en estos casos, es monstruosa.

Y aún cuando, también se la confunde con la demencia senil, es decir extravío de la vejez, también puede ocurrirle a personas adultas todavía jóvenes.

Pereciera ser un infortunio proveniente de los hados culpables de las predestinaciones en la humanidad; no obstante, no es más que la consecuencia de la falta de fortalecimiento del cerebro; pues, éste al igual que las demás partes de nuestro organismo, también requiere de cuidados, de nutrientes, de ejercicios; en fin de un sinnúmero de atenciones que lo mantengan sano, eficiente, eficaz, capaz de responder a los deseos de nuestra mente; ya que aquél no es más que el órgano de ésta.

Por eso, es recomendable, leer, escribir, hacer ejercicios tales como la resolución de crucigramas y demás prácticas de entretención que habitualmente se encuentran en periódicos y revistas, y que involucran la recurrencia a la memoria. También es aconsejable no aislarse de los círculos de convivencia, puesto que el ver, el hablar y el escuchar, siguen siendo las mejoras formas de interactuar o, mejor aún, de estar vivo.

La industria farmacéutica ha investigado sobre esta enfermedad y ha logrado desarrollar medicamentos que ayudan a fortalecer el cerebro y, por consiguiente, a retrasar la aparición de la fatídica dolencia.

Empero, una buena alimentación, una vida alejada de vicios y más próxima a los ejercicios físicos y mentales, es la mejor forma de prevenir este mal que, como se dijo al principio, no destruye el cuerpo, pero acaba con el sentido de la percepción y el discernimiento o, lo que es lo mismo, con nuestra vida racional.

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