La cultura ha muerto, viva el espectáculo

RODRIGUEZ-GUSTAVO-2Por: Gustavo Rodríguez Gómez||Si la cultura, ese acervo de conocimientos literarios, artísticos y científicos adquiridos por el individuo a través de su periplo vital que le permite hacer parte de un conglomerado humano civilizado, está en decadencia (por no decir que se encuentra agonizante), entonces la cultura occidental -faro ilustrativo que nos sustrajo de la barbarie- ha muerto para darle paso a la era del espectáculo; esa mal llamada cultura de masas, en donde la cantidad prima sobre la cualidad.

De ahí que un partido de fútbol atraiga más genteque una obra de teatro; un cuadernillo con las aventuras de Condorito cautive más la atención que la lectura de las obras de Bécquer; un concierto de reguetón llame más público que la disertación de un intelectual y, así, se podría seguir desgranando todo un rosario de perlas, para demostrar cómo la cultura (la verdadera erudición) ha cedido el paso a la ramplonería.

Porque si la cultura es el amor al saber, es la educación literaria y científica, es el apego a las letras y a las artes, es la protección y el galardón para los que sobresalen por su inteligencia, quiere decir que las generaciones actuales dan primacía al entretenimiento, sobre las manifestaciones del intelecto.

Y la culpa no es de la gente, destinataria final del objetivo buscado por la Ilustración, ese movimiento cultural del siglo XVIII que buscaba irrigar la cultura en todos los niveles de la sociedad, independientemente del poder adquisitivo de cada cual. No. La culpa de que, desde mediados del siglo XX, los niveles culturales de la humanidad (sobre todo en occidente) hayan descendido tanto, hasta lograr amenazar los cimientos de nuestra civilización, la tienen los productores del espectáculo; quienes, en su afán de lucro, no han parado mientes en su labor de banalizar la cultura, con tal de atraer la mayor cantidad posible de espectadores.

Lamentablemente, los medios de comunicación (preponderantemente prensa, radio y televisión), atraídos por la ganancia publicitaria, le han hecho la corte a ese depredador de la cultura: el espectáculo.

Se ha degradado tanto el vocablo cultura, que hasta se le confunde con las costumbres, usos o maneras de obrar de un pueblo o un conglomerado determinado de individuos.

Por otra parte, así como se podía hablar de la cultura occidental (como un todo), también era dado decir, sin temor a errar, que existían subculturas; casi siempre delimitadas por el idioma, sin detrimento de la coparticipación de muchos y variados rasgos culturales (música, literatura, ciencia, etc.) entre los diversos componentes parciales de ese ente absoluto.

Pero la degradación cultural a manos de la rimbombancia, ha conducido a las nuevas generaciones al envilecimiento del idioma que, al fin y al cabo, es la forma más expedita de difundir la cultura y, al perder la identidad idiomática, llegar a traspapelar los otros componentes de la civilización, no hay más que un paso.

Ahora bien, si lo que se busca con el extravío de la cultura es atiborrar la mente de los ciudadanos con nimiedades, entonces a fe que lo están logrando. Y por ese camino, pronto se volverá a la época en la cual la cultura era patrimonio exclusivo de una minoría que, no sólo detentaba los poderes económico y político, sino que además, era la dueña absoluta de las manifestaciones culturales.

 

 

 

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