El sanandresano que derrotó a Juancho Rois

JULIAN-ROJAS-2Julián Rojas, Rey Vallenato 1991

Las palmeras de tallos rectos, coronados por penachos de hojas grandes, se enlazan cual guardianes de la arena blanca del mar de San Andrés, peces y corales de colores, se mueven rítmicamente, formando ondas que oscilan en dirección al viento; vaivenes naturales, que dan la bienvenida al visitante que incitado por su encanto, historias de piratas y la música que conjuga la mezcla de africanos y colonos interpretada en Calipso, reggae o socca, aceptan regocijados estos retozos mágicos que convierten sus sueños en realidades.
En este paraje encantador, nació Julián Rojas Teherán el 23 de julio de 1970, sus padres José Gabriel Rojas, antioqueño, y Ligia Teherán, tolimense, se trasladaron ahí, atraídos por la figura de Puerto Libre que motivaba en ese tiempo la economía de la isla. Desde los cinco años Julián, menor de nueve hermanos, tocaba el acordeón imitando a su hermano Jorge Rojas, acordeonero reconocido por sus presentaciones en la Isla. Su atracción por el vallenato le permitía a Julián extraer del acordeón las notas que su hermano interpretaba; los domingos era mostrado como novedad a cambio de chocolatinas M&M y gaseosas, deleitando con su acordeón, al interpretar canciones vallenatas.
Su hermano se traslada a Bogotá, buscando afianzar su experiencia en lo concerniente al arreglo de acordeones, Julián le acompaña en esta travesía y aprovecha el contacto que su hermano hacía con los diferentes acordeoneros que participaban en parrandas de costeños y sitios públicos para incentivar su obsesión por el acordeón.
En 1985 con 15 años grabó su primer LP al lado de Pablo Atuesta. Dos años después, se presentó por primera vez en la categoría profesional en el Festival Cuna de Acordeones de Villanueva, La Guajira, logrando un tercer puesto. En 1987 graba un LP con el compositor Antonio Serrano Zúñiga. En 1988 obtiene un tercer puesto, categoría Profesional en el Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar. En este año ingresó a la agrupación El Binomio de Oro, acompañando a Rafael Orozco, mientras Israel Romero se recuperaba de una enfermedad.
En 1991, con 20 años de edad se coronó Rey del Festival de la Leyenda Vallenata en la ciudad de Valledupar, derrotando al favorito, el reconocido acordeonero, Juancho Rois, fórmula musical de Diomedes Díaz en ese tiempo. Juancho amigo cercano de Julián lo invitó al Festival para que se presentara al concurso y se diera a conocer.
Julián sorprendido se negó inicialmente, su amigo generosamente lo convenció, lo inscribió y puso a su disposición sus acordeones, logrando clasificar ambos llegando a la final. La presentación de Juancho fue buena, pero Julián hizo una intervención que alucinó al público y jurados con la ejecución del acordeón cuando tocó el paseo ‘La estrella’, de Juan Muñoz; el merengue ‘El Mango de la plaza’, de José Rondón; el son ‘Altos del Rosario’, de Alejandro Durán, y la puya ‘La Fiesta de los Pájaros’, de Sergio Moya Molina.
Entre los Jurados: El político bolivarense Rodrigo Barraza, el periodista y abogado Armando Benedetti, los acordeonistas Emiliano Zuleta, Orangel Maestre y Beto Villa al deliberar solicitaron contemplar la trayectoria de los acordeoneros. Me contó Emilianito Zuleta, quien de inmediato rechazó la petición y afirmó categóricamente:
“Las presentaciones han sido muy buenas, pero la de Julián fue magistral, aquí no se califica quién es más conocido. Al final los jurados eligieron a Julián Rey Vallenato, Juancho con actitud gallarda, aceptó el segundo puesto. Ganó la mayoría de los festivales de música vallenata donde participó a nivel nacional y en 51 oportunidades fue coronado Rey Vallenato, categoría profesional.
Al año de haberse coronado Rey Vallenato, fue jurado junto con: Juancho Gossain, Enrique Santos Calderón y Gabriel García Márquez. Después de esto, se reúne con Edgardo Maya Villazón y Consuelo Araujo en una parranda en el sótano de la tarima Francisco el Hombre. Reencuentro que quedó plasmado en una crónica que publicó El Espectador el 19 de junio de 1966, titulada ‘Valledupar, parranda del siglo’. Momento en el que contaron anécdotas e historias de la región, Gabo, con el acordeón de Julián Rojas y Consuelo haciendo los coros cantó con un dejo nostálgico, la hermosa canción que Escalona le compuso a su gran amigo, el pintor Jaime Molina.
Recuerdo que Jaime Molina
Cuando estaba borracho ponía esta condición
Que, si yo moría primero me hacía un retrato
O, si él moría primero le sacaba un son
Estos años de proyección y triunfos opacaron el esplendoroso amanecer que su inmensa capacidad de ejecutar el acordeón le brindaba, desorientado en su madurez emocional y equivocado en sus apreciaciones, cayó en el consumo de drogas, potencializador de euforia y resistencia física, que combinado con el alcohol, generó comportamientos extraños que pusieron en riesgo su familia, salud y la voluntad; esencial para encausar su creatividad.
“No existe ninguna justificación para autodestruirme, desperdiciar mi vida y el talento tan grande que Dios Santísimo me ha brindado”. Con humildad y lucidez pese a los embates de la enfermedad, aceptó su realidad y con el cariño de colaboradores, colegas, periodistas y amigos de siempre enfrentó su situación sometiéndose a un exigente tratamiento, con el que subyugado por la grandeza del amor sincero que le prodiga afecto y cariño, sintió la necesidad de cambio que anhelaban sus seres queridos. Bajo el imperio del amor, que le había devuelto la fe y alejando temores, se apartó del camino equivocado convirtiéndose su adorada esposa y sus tres hijas en fuente de energía para nunca retroceder y conquistar el horizonte trazado.
Julián continúa grabando con varios cantantes. Actualmente acompaña al jilguero Jorge Oñate. Su interpretación contiene una creatividad innata, recreando en cada melodía un sentir de su alma, no toca por tocar, cuando lo hace trasmite al acordeón el ritmo de un artista consagrado que refleja con la sensibilidad que despierta el asombroso conocimiento de su instrumento.
En una reciente reunión familiar departiendo con el reconocido médico compositor Fernando Dangond Castro, tuvimos la oportunidad de escuchar las melodiosas notas de Julián, de quien Fernando absorto afirmó: “Julián es virtuoso en la creatividad y la ejecución; un maestro con capacidad para explorar melodías y acordes que abren fronteras en la música vallenata; fácilmente alterna armonías clásicas con compases melódicos que salen de las convenciones y normas de la música tradicional.
Conoce el instrumento, lo maneja como una extensión más de su propio organismo. Su talento es innato, la melodía que emana de su acordeón es refrescante y contagiosa”.
Por Ricardo Gutiérrez Gutiérrez

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