
Yolanda es mucho más que una musa. Le tocaron los años duros, y sin posar, levitaba bajo la luz de lo cotidiano, allí fue dibujada a mano, eternizada entre los años setenta y el mar.
Un país, su película rodada en blanco y negro, la que ella ayudaba a narrar asentándola con la voz de Pablo Milanés, entonces nadie tan conocido como hoy.
Tres hijas, un apartamento en El Vedado, visitas, ceniceros, guitaras, problemas y risas, los trovadores, los directores, la vida colectiva. Un mundo en construcción con banda sonora.
De esa vida en blanco y negro nació una gran canción de amor, un himno, el testimonio de una era. De esa vida en blanco y negro nacimos nosotros, el mejor testigo de esas canciones y de esas mujeres que nos recuerdan lo que somos, por si se nos olvida de momento, nos recuperamos de un acorde.
Es imposible contar la historia de nuestros padres, separados o dispersos, unidos en la tierra o en la infinitud, sin cantar esta canción, es imposible no tragar en seco frente a nuestras fotos de familia, intentar recomponer la idea de eternidad sin rumiar: “Quisiera fuera una declaración de amor”.
Esto dice siempre Yolanda Benet al hablar de su canción y de su eterno e indestructible nexo con Pablo Milanés.
Ella es mucho más que una musa, y se le ha escapado a cuanto periodista o fotógrafo ha podido, entre otras cosas por la manipulación y los malos entendidos, y porque el arte del amor se hace en presente continúo. Yolanda no vive atrapada entre las cuerdas de una canción. Yolanda es mucho más y Pablo siempre lo supo. Es su eternidad el gran tesoro que lo ampara.
Cubana, dulce, carismática, aguda y sobre todo: cienfueguera hasta la médula. Yolanda viene de una ciudad a la que llaman, La Perla del Sur. Villa fundada por los franceses, las mujeres que allí nacen son graciosas, refinadas, nadadoras y con una noción abierta y visionaria del mundo porque el puerto, el verde azul puerto lleva y trae la certeza de que el horizonte es transitable y todo depende de tus ideas claras para atravesar la transparencia del agua.
Según ella misma me ha contado, la primera canción que escuchó de Pablo Milanés era muy popular y la cantaba cuando formaba parte del grupo “Los Bucaneros”, a principios de los 60, se llama “Estás lejos”. Ella conoce a Milanés en noviembre de 1968, entonces trabajaba en el (ICAIC) Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, y escuchando “Para vivir” se percata de que este compositor, de sólo 23 años, no se le parecía a nada de lo que sonaba aquí en aquella época, tenía algo diferente. Primero conoció su voz, luego apareció él.
Se encontraron gracias a un amigo que atesoraba una cinta con todas las canciones que Pablo estaba cantando por aquellos días y no se cansaban de escucharlas, una y otra vez. Ella se enamoró de la voz y de las canciones, pero a Pablo nunca lo había visto; hasta que un día ese amigo lo lleva a la puerta de su casa.
Entonces Pablo era un muchachito con uniforme, un recluta, un hombre común, pero a Yolanda su latido le decía que no era cualquier hombre, siempre le llegó hondo, aun sin haberlo visto. Ella eratambién era una muchachita que trabajaba en el ICAIC, pero su sensibilidad la guiaba con certeza.
“Sí, comprendo que él pasó una etapa muy mala, fue muy golpeado y era y es muy rebelde. La vida le ha regalado cosas muy bonitas; sus hijos, su carrera. Tuvo momentos en que lo aplastaba el dolor, necesitaba esa tristeza para componer, eso lo motivaba. Es curioso pero durante nuestro matrimonio tuve la satisfacción de que no hubo una sola canción de tristeza. Teníamos un mundo muy especial”.
Un día le cantó “yo no te pido que me bajes una estrella azul…” y ella le dice: –Qué linda esa canción de Silvio”, y él dijo – No, es mía y para ti. Fue la primera de todas las grandes canciones que él le compuso.
Yolanda es un cascabel, aguda y humilde, revoluciona todo a su paso, Pablo melancólico, callado, con sus espejuelos de pasta cuadrados. Cuando ella lo conoce él cantaba cosas muy tristes, arrastraba un poco de toda esa tristeza personal hasta sus obras, muchas de ellas trataban de rompimientos, de amores distanciados, de repente: “Yo no te pido” fue un salto a su alegría. Era una canción diferente a las que él estaba acostumbrado a componer.“Era un cambio de su energía. Su obra anterior tenía nostalgia, gorrión, yo vi en esa canción un cambio para bien”.
La canción Yolanda es luminosa, es un canto a la eternidad. Es un desgarramiento y un himno. “¿Yolanda? Yolanda es toda magia. Ella se me aparece, es un espíritu delicado, y me acompaña. No te puedes imaginar a qué lugares del mundo llega, los recónditos sitios en que yo he estado y me he encontrado con esa canción”.
Puede acabarse todo, puedes poner en duda muchas cosas, pero nos quedan aquellas obras que nos dicen que fuimos reales, que hubo una utopía y un amor. Yolanda es una pieza clave. ¿Cómo nació?
“Él estaba enloquecido por tener un hijo y nace Lynn, la primera de nuestras tres hijas. Cuando la niña tenía como una semana de nacida Pablo viaja para hacer un trabajo del ICAIC. Fue terrible desprenderse de la casa; se va al interior del país y cuando regresó nosotras estábamos en la casa de mi madre. La niña estaba majadera, lloraba, no se quería dormir, yo lo intentaba, pero era una lucha. Llegó Noel Nicola, Pablo cogió la guitarra y me cantó “No me pidas”, “Quiero poner la tierra a tus pies” y “Yolanda”.
En ese minuto ella no lo escuchó con atención, estaba atendiendo a la niña, no se percató de su cara de frustración, estaba concentrada en la bebita. Con calma, ya por la noche, muy tarde cuando todo el mundo se había dormido y estaban solos, mientras le daba el pecho a la niña ella le pide a Pablo que le cante las nuevas canciones, y por primera vez escucha: Yolanda.
“Para una mujer recién parida, lactando, el hecho de que se aparezca Pablo con una canción como esa me paralizó. Pero sobre todo porque él supo unir muchas cosas que teníamos en común, códigos, símbolos, y todo aquello lo trasmitió a través de una canción aparentemente tan sencilla”.
“Yo podía acordarme de más cosas, confiarte más y más cosas pero siempre le he huido a esto, sinceramente pienso que el mérito de todo, que puede haber con relación estas canciones, es solo de él. Pablo es el artista, el poeta. Yo soy Yolanda.
Algo curioso es que ni él ni yo mencionamos la posibilidad de grabarla alguna vez, era íntimo, un secreto de ambos. La canción empezó a trascender en el ICAIC, los músicos, los directores, y además le hicieron un arreglo maravilloso; se grabó enseguida en el propio ICAIC, lo estrena Pastor Vega en un documental y Pablo empezó a cantarla en los conciertos. En los primeros años no tuvo esa repercusión que tiene hoy. Ahora es un himno. Él me cuenta siempre que ha tratado de quitarla del repertorio, tiene cosas nuevas, canciones que bien pueden estar en su lugar, pero no ha podido nunca, porque la gente no lo deja”.
Yolanda la entiende como parte de su mundo cotidiano, Yolanda & Yolanda armonizan en un universo tanto personal como universal, pertenece al gusto estético que ella adoraba y que siempre admiró en Pablo. Lo curioso es que esta canción demoró en hacerla entre 20 minutos y una hora, parece muy simple, pero en el arte las cosas simples toman una dimensión insospechada.
“Se fue de todo pronóstico, no creo que él pensó nunca que esa obra iba a trascender tanto, a mantener su vigencia a pesar de los años que tiene; a pesar de lo que hemos vivido los dos después; porque sí hicimos nuestras vidas posteriores y hemos sido felices cada quien en su historia. Yo creo que fue hecha con su inmenso talento y con tanta verdad y tal sentimiento, con tanto amor en su momento, creo que es lo que hace que trascienda día a día”.
En cambio: “El tiempo el implacable el que pasó” fue el final.
“Ya estábamos separados. Es innegable, se trata de una canción que trae consigo un desgarramiento terrible, la compuso en plena crisis. Pero eso es un artista, un creador, el ser humano que saca con ingenio su dolor convirtiéndolo en joyas”.
“Pablo es el padre que siempre quise tener para mis hijas e incluso, si fuera más allá, para mí, desde que lo vi por primera vez, en su acercamiento con los niños, su ternura, me gustó, no creo haberme equivocado”.
Tienen tres hermosas hijas: Lynn, Liam y Suylen. “Tenemos 7 nietos en común. Las tres niñas estudiaron música, Lynn es flautista y además cantante profesional. Una decoradora nata, transforma muy bien los espacios, en eso se parece mucho a mi”.
Pablo y Yolanda han encontrado un hermoso equilibrio, el de estar juntos siempre que pueden para disfrutar de la familia que han creado, en las buenas y las malas. A mi pregunta de cómo pudo rehacer su vida más allá del mito ella contestó: “Siendo eternamente “Yo”.
Fuente: Wendy Guerra, EL MUNDO.es, Google noticias e imágenes, edición El Lagarto Verde
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Excelente narración…
Pablo fue, ha sido y será ejemplo para muchos cantantes, pero poco para excelentes hombres.
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