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La compañera de ‘Gabo’ en la construcción de ‘Noticia de un secuestro’

Autor: Claudia Liliana Bedoya S. | El País | Cali

arteagaLuzángela Arteaga se retiró del periodismo y en la actualidad está dedicada a la asesoría en comunicación institucional. Foto: Especial para El País

Conocer, casi que en primicia una de las obras claves de  Gabriel García Márquez es un honor que pocos, como la periodista Luzángela Arteaga, pueden tener en el anecdotario de su vida.

Y es que Arteaga junto a Margarita Márquez fueron quienes acompañaron al Nobel en la construcción de  la obra  ‘Noticia de un secuestro’ que, justamente, este año cumple 20 años de la publicación de la primera edición; y la fecha fue recordada durante el Festival Gabriel García Márquez, realizado este fin de semana en Medellín.  

 La historia de la periodista y su trabajo al lado de Gabo ocurrió hace unos 22 años cuando  Darío Arismendy le pidió a su reportera del programa 6AM  de Caracol Radio viajar a Cartagena para ayudarle a su amigo  García Márquez con una investigación.

“No me cuentes nada. Vete a trabajar con él”, fue lo único que le dijo quien entonces era su jefe directo.

Al día siguiente Luzángela Arteaga estaba en Cartagena para uno de los encuentros que, sin duda,  le cambiaría la vida. Llamó por teléfono al Nobel, concertó la hora de la cita y llegó hasta el lugar del encuentro. “Su casa era totalmente blanca, él también estaba vestido de blanco, se sentía una paz infinita”, recuerda.

Y  en ese primer encuentro con “El maestro”, como lo llama Arteaga, él  leyó el primer esbozo de lo que sería la novela. “Al terminar de leer me dijo: ‘Tengo muchas preguntas sobre esto, ¿quieres trabajar conmigo?’ Ahí empezó una jornada de trabajo que terminó casi dos años después. Y a las dos horas tenía una lista infinita de tareas y empezó la historia”, cuenta.

Luzángela regresó a Bogotá y su  ritmo de trabajo  cambió. Dedicaba mediodía a sus labores en Caracol y el resto del tiempo a la investigación. “Fueron horas de hemeroteca, de conversaciones, de audios, de rescate de detalles, de redactar derechos de petición. Todo para ayudarle al maestro a ambientar lo que era el país mientras sus protagonistas estaban adentro”.

Y empezó investigando todo lo que pasó aquel 7 de noviembre cuando secuestraron a Maruja Pachón y a  Beatriz Villamizar. “Él quería saber qué tiempo transcurría de Focine hasta el lugar del secuestro, cuántos semáforos había en la ruta, cómo era el clima ese día, cuál era la situación de orden público. El maestro quería hasta meterse en el baúl del carro en donde las metieron a ellas, pero no lo logramos”.

En el libro, que narra todos los hechos que rodearon una serie de  secuestros a periodistas  en el país como Francisco Santos, Diana Turbay, entre otros;    nada fue escrito al descuido, todos los detalles tenían que ser precisos y confirmados.  García Márquez hasta solicitaba los reportes del clima, en las fechas y horas cruciales en la que ocurrían los hechos.

Cuenta Arteaga que fueron horas completas de grabaciones que comprendían las conversaciones de Gabo con los protagonistas de la historia y que, Margarita Márquez, su prima, era la encargada de transcribir todo el material. Entre los tres había largas horas de conversación de manera presencial en Cartagena o por teléfono cuando el Nobel se encontraba en México.

 Señala   la periodista que de todo lo que investigó lo más doloroso fue tener acceso a la necropsia de Marina Montoya. “Fue espantoso saber cómo la habían enterrado en una fosa, cómo no se habían atendido los protocolos, cómo sus ropas habían terminado envolviendo a un niño. Eso fue difícil”.

Explica que la labor fue tan minuciosa, tan callada y reservada, que nunca fue amenazada por andar hurgando ciertos archivos. “Ni en mi casa sabían lo que estaba haciendo, pero sí sentía mucho temor por el país en el que estábamos viviendo. Éramos un país sometido al terror y al espanto del narcotráfico”.

Dice que en la obra García Márquez dibujó con sus palabras  las emociones más profundas de los protagonistas. “Sentimientos como la rabia y la impotencia  que expresaba Alberto Villamizar a la radio colombiana,  horas después del secuestro de su esposa Maruja, el maestro las supo interpretar en el libro con fidelidad”.

Gracias su trabajo, ella conoció a un Gabo “serio, analítico, concentrado en sus temas. Él me inspiraba un respeto absoluto y una admiración impresionante, pero además, una sed de conocimiento impresionante”.

Asegura que en sus encuentros presenciales con el Nobel y en sus largos diálogos de horas por teléfono “me respondió todas las preguntas, me enseñó con su ejemplo de ética, rectitud y  verticalidad. Sería ilógico no aprenderle”.

Es tal la confidencialidad que le guardó y que le guarda a Gabriel García Márquez que dice que así le propongan escribir un libro contando todos los detalles de su trabajo de dos años para ‘Noticia de un secuestro’, no lo haría.

“Mientras el maestro estuvo vivo, él era el que tenía que contarlo. Yo puedo contarle a otros colegas lo que hice como periodista, pero realmente nunca he pensado en algo más allá”.

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