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Las emociones, cómo afectan nuestro cuerpo y su importancia en la salud y la enfermedad

Stella De Ávila

Stella De Ávila

Por: Stella De Ávila

Todos poseemos en nuestro cuerpo un sistema de defensas el cual está íntimamente ligado con el sistema Psicológico, es decir con lo que pensamos y sentimos. Nosotros en forma natural producimos una especie de monitores llamados glóbulos blancos o “leucocitos”. Podríamos decir que son el cuerpo de seguridad de nuestro organismo, ellos están atentos a cualquier elemento extraño; bacterias, virus, que se presenten para eliminarlos antes de que  puedan afectarnos. Eso nos mantiene a salvo de cualquier ataque externo.

Así mismo generamos otras células conocidas con el nombre de “Killer”, que traducen en español “asesinas”.   Estas células podrían ser consideradas como el equipo élite de protección. Y se les llama así porque son las únicas que pueden atacar y eliminar las células defectuosas que produce nuestro propio cuerpo.

¿Qué significa eso? Que todos; ustedes, yo, hemos producido alguna vez células cancerosas pero cuando eso sucede si nuestro sistema inmunológico está fortalecido, de inmediato avisa a las “killer” y estas eliminan las células dañadas. Cuando el sistema inmunológico baja, es porque dejamos de producir los leucocitos y las células “Killer”,  no hay quien defienda nuestro organismo,  somos fáciles presas de cualquier enfermedad.

Según “Jesús F. Tresguerres, científico catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid”, el estrés se ha asociado claramente a la alteración de niveles hormonales, los cuales inhiben el sistema inmunológico dejando desprotegido el organismo de las defensas naturales. Expuesto a infecciones que van desde el catarro común hasta enfermedades como el cáncer”.

Factores como presión laboral, económica, conflictos familiares, descontento, ira acumulada, frustración, temores, sentimientos de rechazo, de soledad. Cualquier cosa que el organismo perciba como un entorno hostil, al cual se ve expuesto por un tiempo prolongado puede ser considerada como  detonante de enfermedades físicas  y/o emocionales.

La Dra. “Candace Pert”, científica de prestigio internacional,  pionera en  las investigaciones que descubrieron la forma como las emociones afectan directamente el cuerpo y sus funciones.  En su libro “Moléculas de la emoción”, concluye que “la mente no domina al cuerpo, sino que se convierte en cuerpo. Cuerpo y mente son una sola cosa. El vínculo a través del cual se produce esta fusión son las emociones.  A esta científica se le conoce fundamentalmente por su descubrimiento de una molécula que genera nuestro organismo, la cual produce  alteraciones en nuestro cuerpo dependiendo del estímulo recibido, llamada, “el receptor opiáceo” o “molécula de la emoción”.

La importancia de éste descubrimiento es que las emociones dejaron de ser un concepto  nebuloso medio etérico donde su existencia no se podía comprobar sino a través de los efectos que producían en el cuerpo, para convertirse en una partícula sólida que recorre nuestra anatomía produciendo diferentes reacciones, ya sean positivas o negativas.

Veinticinco años de estudios de la Dra. Pert sobre estas moléculas de la emoción también llamadas Neuropéptidos; y sus receptores tanto en el cerebro como en el sistema inmunológico han proporcionado la base científica para un nuevo campo de la medicina llamado “Psiconeuroinmunología”.  Ámbito que implica la comunicación entre mente y cuerpo y la importancia de las emociones como puente entre estas dos partes, habitualmente tratadas de manera independiente.

La Dra. Pert afirma: “El cuerpo y la mente no están separados y no podemos tratar ni entender a uno sin el otro”. Investigaciones científicas están demostrando que para que haya una verdadera sanación, el cuerpo puede y debe ser curado a través de la mente, y la mente puede y debe ser curada a través del cuerpo”. Esta eminente Bióloga junto a su equipo de trabajo, han demostrado que las emociones son las moléculas que rigen toda la fisiología, es decir, la forma como nuestro cuerpo reacciona a un estímulo determinado.

Afirma que todas las moléculas poseen un aspecto vibracional y otro de partícula. Evidentemente actúan en los dos planos. En el plano fisiológico, las moléculas de las emociones se desplazan por el cuerpo y encajan en los receptores de las células tal y como una llave encajaría en su cerradura. Cuando esto ocurre, producen un cambio en la célula. Lo magnífico y sorprendente es que estas moléculas de las emociones afectan a todas las células del cuerpo. Ellas se comunican a través de vibraciones que se trasmiten como ondas radiales y en consecuencia hacen que reaccionemos de una manera determinada. Independientemente de lo que racionalmente queramos.

Así pues, existe un  sistema de comunicación a través del cual todo el cuerpo responde a una emoción concreta.  De igual manera cada célula posee una  memoria donde guarda estas experiencias para reproducirlas cuando un estímulo externo, o interno, “los pensamientos” las evoque.

Basados en estas afirmaciones, se podría considerar que el cuerpo es como el subconsciente, donde se archivan todas las experiencias, por tal razón las enfermedades y los problemas fisiológicos son una manifestación de los problemas emocionales o psicológicos.

Sin duda. Los traumas son siempre emocionales y mentales, además de físicos. Se almacenan en forma de recuerdos en el cerebro y en cada célula, en la médula espinal, y nos cambian tanto física como psicológicamente. La mayoría de la gente cree que lo psicológico o emocional permanece en ese ámbito, y no es consciente de que un trauma emocional o psicológico que haya padecido en su vida puede tener un efecto sobre el cuerpo en forma de enfermedad.

La mayoría de las emociones están limitadas a un círculo de acciones que se conectan con nuestras creencias, recuerdos o experiencias; con los mapas conceptuales preestablecidos en nuestra mente consciente o subconsciente y que atraen a nuestras vidas situaciones donde se puedan recrear las memorias  existentes, fortaleciendo vínculos, ya sean positivos o negativos. Así como hay adictos a los fármacos, al alcohol, a la heroína, cocaína etc. Hay adictos a las emociones, tanto positivas como negativas.  Las adicciones emocionales pueden explicar por qué hay personas que escogen vivir siempre con una pareja maltratadora, o  quedarse con un jefe que las humilla. Caen una y otra vez en ese tipo de relaciones destructivas.

Cuando alguien asume la mentalidad de “víctima”, siempre está hablando de su tragedia, y si logra despertar la empatía en otro para sacar partido, descubre que hay personas que se ocupan de ella, y así se establece un convenio sin palabras con alguien que necesita sentirse salvador.  La víctima y el salvador, El dominante y el dominado,  el egocéntrico y el adulador,  establecen un vínculo de abuso y sumisión que puede ir escalando, y si ninguno de los dos cambia ambos continúan reproduciendo la adicción entre ellos mismos y  con otros.

El mismo efecto de tolerancia que surte en el organismo del dependiente de la marihuana,  la cocaína, o cualquier otra substancia  adictiva externa, se observa en las emociones, porque los receptores de la célula se adaptan para recibir el torrente de químicos necesarios para satisfacer la adicción, y  la célula hambrienta cada vez exigirá más la substancia a la que se ha vuelto dependiente.

Así el adicto a la ira,  a la depresión, al sufrimiento, etc. Producirá las acciones conscientes o inconscientes  necesarias para alimentar su hambre emocional, y cada vez irá escalando para obtener la “satisfacción” que necesita.  Esta constante producción de substancias químicas tóxicas, terminara afectando nuestro organismo, enfermándonos. Por esa razón es que vemos personas que paradójicamente “se sienten bien, sintiéndose mal”

“¿Adicciones? No tengo ninguna.  Está bien, soy adicto a unas pocas cosas. ¿Cómo cuáles? Inseguridad, estrés, preocupación, insistencia de estar en lo correcto, arrogancia, moral, control, enojo, inflexibilidad, autoritarismo, temor… ¿Ya mencione el estrés?” “Mark Vicente”

Eso podría significar que cada vez que nosotros activamos algún comportamiento ¿somos adictos a él?  Claro que no, si lo hacemos de manera ocasional.  Pero si se vuelve una costumbre día tras día, se convierte en hábito. Y si se trata de volvernos adictos, hagámoslo conscientemente.  Hagámonos adictos al bienestar, a la alegría, al optimismo, a la creatividad, a los recuerdos que nos traen felicidad, a la risa, al buen sentido del humor. Si le das nuevas opciones a tu mente ella  escogerá la mejor para tu supervivencia. Cuando tu mente y tu cuerpo encuentran la manera de producir bienestar, ellos mismos buscarán los pensamientos, las emociones y los sentimientos que los generan para mantener ese estado positivo en ti.

APRENDIENDO A COMUNICARNOS CON NUESTRAS EMOCIONES. Las emociones no se deben reprimir porque el costo a pagar es nuestra salud. Debemos permitirles que fluyan encauzadas, no se trata de hacer todo lo que se siente; sino de elegir que se debe hacer con lo que se siente. Cuando te preguntas como o que sientes ante una situación determinada, comienzas a establecer una comunicación sincera contigo mismo(a). Reconocer lo que estamos sintiendo aceptar lo que nos comunica nuestro cuerpo, es aprender a comunicarnos con nosotros mismos. Adquiere el hábito de preguntarte, ¿Qué está pasando dentro de mí en este momento? Esta pregunta te orientará y bajará la presión emocional.

No somos mejores o peores personas porque lleguemos a experimentar algún tipo de emoción. En la gama del “sentir” todos los seres humanos estamos expuestos sin excepción a experimentar todo el espectro emocional. Todos los seres humanos  podemos llegar a experimentar, frustración, envidia, atracción hacia la persona equivocada, resentimiento, culpa,  ira, intenso dolor, celos, deseos homicidas, hacia otros o hacia nosotros mismos generando conductas de autodestrucción, Todo ello dependiendo de la circunstancia que nos toque vivir.

Así mismo en muchas ocasiones rechazamos emociones que sentimos porque las consideramos inconvenientes, fuera de tiempo o lugar, y nos negamos a aceptarlas, reprimiéndolas, lo que no hemos entendido es que las emociones tiene su propia dinámica a veces muy distinta a lo que dicta la razón; reconocerlas no nos obliga a hacer lo que consideramos incorrecto o inconveniente, pero si nos ayuda a reconciliarnos con nosotros mismos. Siendo honestos con lo que sentimos, podremos canalizar  dicha emoción. Cuando reconocemos lo que estamos experimentando abrimos una válvula de escape para que la emoción pueda fluir.

Debemos aprender a enfrentar nuestras debilidades como parte de nuestra naturaleza humana, hacernos responsables sin sentirnos culpables, y sin temores infundados que nos lleven al rechazo de nosotros mismos. Debemos comprender que es en el contraste de nuestras propias experiencias donde podemos encontrar el impulso necesario para evolucionar, es en la aceptación de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser  donde se da el desafío que nos lleva a superar nuestras  limitaciones. Y es en esa aceptación sin reservas cuando aprendemos a amarnos  y a comprender el significado del  amor incondicional.

La influencia más grande que podemos ejercer sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, son las expectativas que nos creamos, cuando nos hacemos conscientes de que la realidad que vivimos y experimentamos podría ser diferente si tomamos la decisión de cambiar las grabaciones que tenemos en nuestras mentes, en nuestros cuerpos, que nos causan auto saboteo, y que esto depende de nosotros mucho más de lo que nos han hecho creer.  Podemos usar nuestro libre albedrío para cambiar nuestra forma de actuar, de percibir y sentir la realidad. Entonces es cuando la vida se vuelve realmente divertida e interesante.

(Artículo basado en apartes del libro: “Una Cita Con Mi Alma”) Autora: “Stella De Ávila Escobar”  Psicóloga. Entrenadora Personal.

Las emociones son libres, llegan y se van, no las puedes esquivar, no las puedes detener, solo las puedes canalizar.

Deja que tu cuerpo las sienta no hay nada que temer, no llegan a tu vida como premios o castigos son solo la respuesta a lo que elegimos, a la forma como reaccionamos a lo que nos toca vivir, y en consecuencia sus efectos generan la lección por aprender.

Parte de la felicidad y el bienestar de un ser humano se logra cuando comprende que sus acciones tienen consecuencias, por tal razón acepta su responsabilidad y esa sola decisión lo saca del “¿Por qué a mí?” Para hacer la pregunta correcta. “¿En que falle?” y “¿cómo puedo hacerlo mejor?”

La primera te lleva al victimismo a la desesperación.

La segunda te lleva al “como” que es el camino de la retroalimentación.

Es el aprendizaje lo que garantiza no volver a cometer el mismo error.

Te invito a que hagas el siguiente ejercicio:

Haz una lista de las decisiones que han traído consecuencias negativas a tu vida.

Y aplica las dos preguntas de análisis:

¿En qué fallé?

Y ¿Cómo puedo hacerlo mejor?

Generalmente encuentras que actuaste por impulso, dejándote llevar por las circunstancias, o lo que es aún peor no hubo una verdadera planeación.

A partir de ese reconocimiento comienza a diseñar estrategias que te permitan corregir, o en su defecto evitar cometer errores en el futuro por la misma razón.

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