¿LA CULPA ES DE LA MINA?

Por Falena Atuesta Salas

Días atrás escuché en un medio radial, opiniones relacionadas sobre cierta empresa minera y la problemática que generaría la posible suspensión de su actividad y partida de la región, lo cual me hizo cuestionarme sobre la responsabilidad objetiva que se le atribuyen a un tercero, desconociendo la inoperancia administrativa en el manejo de las regalías de nuestras entidades territoriales y de nuestra poca visibilidad como veedores de ese recurso.

Las regalías constituyen “el pago que hacen las compañías petroleras y mineras al Estado Colombiano, por explotar yacimientos de un recurso natural no renovable (…). Se destina a solucionar las necesidades básicas insatisfechas de los departamentos y municipios como educación básica, salud, agua potable y alcantarillado entre otros y a financiar grandes proyectos que traigan progreso a la región.”

La Ley 1530 de 2012 “por la cual se regula la organización y el funcionamiento del Sistema General de Regalías”; establece, palabras más palabras menos, que las entidades beneficiarias del sistema, podrán hacer uso de los recursos que están distribuidos en los diferentes fondos, si presentan proyectos de inversión los cuales son evaluados, viabilizados, aprobados y priorizados a través de los Órganos Colegiados de Administración y Decisión- OCAD.

La pregunta sería ¿quién tiene la posibilidad de formular y presentar un proyecto de inversión? El artículo 25 de la Ley antes señalada, faculta a todas las personas naturales o jurídicas, públicas o privadas, y las comunidades étnicas minoritarias para formular proyectos de inversión, en los términos del inciso anterior, es decir de conformidad con la metodología y lineamientos definidos por el Departamento Nacional de Planeación con base en los parámetros que defina la Comisión Rectora. Estos parámetros no son traídos de los cabellos, ni de alta complejidad, al contrario, son una serie de formatos donde se da aplicación a una metodología de formulación de proyectos que para el caso en concreto se usa la metodología General Ajustada – MGA. Me atrevo a decir que, si no fuesen tan laxos esos formatos, los proyectos tendrían un mayor impacto en la región, porque el papel aguanta todo.

Entre los objetivos y fines del Sistema General de Regalías descritos en el artículo 2 de la Ley 1530 de 2012, resaltó los numerales 3 y 5 los cuales establecen: “promover el desarrollo y la competitividad regional de todos los departamentos, distritos y municipios”. Y “fortalecer la equidad regional en la distribución de los ingresos minero – energético, a través de la integración de las entidades territoriales en proyectos comunes; promoviendo la coordinación y planeación de la inversión de los recursos y priorización de grandes proyectos de desarrollo”.

La finalidad del Sistema de Regalías es propender por la sostenibilidad de la regiones, pero como región productora no hemos aprendido a formular proyectos que nos permitan impulsar procesos productivos y visualizar nuestra económica desligada de la actividad minera; el carbón es un recurso natural no renovable y se extinguirá en algún momento; pero como hemos generado una simbiosis economía-minería, es fácil tildar como responsable de la hecatombe de la disminución del empleo de la región y por lo tanto de la caída de la economía a una empresa que decide suspender su actividad. Pero somos nosotros los que hemos fallado en el manejo de las regalías, nuestras administraciones no priorizan proyectos de impacto que permitan el fortalecimiento de la nuestra economía; prueba de ello es el balance sobre la ejecución de la regalías con énfasis en el corredor minero que entregó el Comité de Seguimiento y Evaluación a la Inversión de las Regalías – CSIR presentado por la Fundación Universitaria del Área Andina en enero de este año; invertimos en plazas públicas, parques, polideportivos, en municipio que no cuentan con agua potable, si no hacemos el intento de minimizar la brecha de las necesidades básicas insatisfechas, como podemos ser economías robustas, nos hace falta fortalecer nuestra agricultura y tecnificarla, construir plazas de mercados con cadenas de producción, incentivar la industria, fortalecer los bancos de proyectos, los semilleros de investigación, tener visión de región competitiva, porque la culpa no es de la mina.

Un comentario

  • Donaldo Mendoza

    Interesante artículo. La lección se sembrar el carbón o el petróleo sigue sin aprenderse. Con regalías se podría impulsar la reforma agraria integral, empoderar al campesino con tierra y asistencia técnica. Colombia estaría en capacidad de exportar alimentos como Israel exporta cítricos sembrando en el desierto. Hemos visto piscinas olímpicas en Arauca o Casanare, devoradas hoy por la maleza.
    El artículo deja abiertos interrogantes que responder a la pregunta de, qué será del Cesar cuando se termine el carbón, fecha que no parece lejana. Se volverá a morder el polvo de la miseria, como pasó con el fin de la bonanza algodonera.

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