LA NEGACIÓN DE LA VIDA.

Por Jose Atuesta Mindiola

La guerra no termina con la guerra; jamás será victoria izar una bandera sobre miles de tumbas e incontables cadáveres. En las guerras las derrotas son más sonoras que la victoria, porque los pesados dolores del terrorismo y de las muertes son más fuertes que los ecos flamantes del éxito; por eso el mejor negocio para un gobierno, para una sociedad y para una persona, es evitar la guerra. Quien se somete a ella, se cubre el alma con una pesada armadura que no cohabita con la sensibilidad, el sosiego, la razón, y todo se distorsiona.

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Votar por candidatos honestos y capaces

Por José Atuesta Mindiola

Fue un ejercicio democrático interesante, el “Debate Compromisos con el Cesar”, organizado por Radio Guatapurí y El PILÓN, la semana anterior; con los aspirantes a la Cámara de Representantes por el Cesar, y al Senado, los nacidos o residentes en nuestro departamento.

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Juana Julia Guzmán una gran líder del siglo pasado

Félix Carrillo Hinojosa

«Son muchos los hechos que pueden mostrar la lucha de las mujeres en Colombia que va de la resistencia contra los conquistadores españoles, la disputa de la tierra en el siglo XIX frente a los terratenientes, que solo hasta el siglo XX hubo conquistas organizadas en busca de obtener unos verdaderos derechos fundamentales, lucha que en este siglo, persisten. Hoy día son más colectivas, que reducen cada vez más las posturas patriarcales, que va desde un frente nacional hasta la democracia posconstituyente, que ha imposibilitado la consolidación de un movimiento de mujeres con una agenda más aterrizada en el análisis del sistema político y cultural del País, que consolide los derechos sexuales y reproductivos en contra de la cultura machista.

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UTOPÍA INCAICA

Una sabiduría para tiempos de confusión

Por Donaldo Mendoza

   En 1972, el crítico peruano Julio Ortega hizo una selección de textos de la obra Comentarios Reales de los Incas (1609), del cronista de Indias Inca Garcilaso de la Vega, y la tituló La utopía incaica (Biblioteca General Salvat, N.o 80). Un título acertado para estos tiempos, y a la luz de lo que actualmente sucede en Colombia. En efecto, lo que para el Imperio incaico era una realidad posible y factible, hoy solo puede ser vista desde la lente de una ilusoria utopía.

   Inca Garcilaso escribe en una época en donde aún domina el espíritu humanista del Renacimiento, que lo fue también de las grandes utopías; es decir, de la construcción imaginaria de un mundo perfecto. Un mundo que la imperfección humana no puede alcanzar, pero que a los artistas sí se les prestaba para mostrar desde una perspectiva crítica el entorno social y político de su tiempo. Noticia grata para Inca Garcilaso de la Vega, dado que la organización social y política del Imperio incaico era bastante próxima al ideal utópico.

   Los reyes o emperadores incas no tenían conocimiento de la democracia griega, pero sí habían ido más allá de la organización política y social que aquella proponía. En efecto, al gobierno incaico hoy se le podría calificar de “autoritario y socialista”, en razón de la sucesión hereditaria de los monarcas y la propiedad común de los medios de producción, que para su caso era la tierra y todos los bienes y servicios procedentes de ella. El emperador garantizaba que todos fueran dueños, y en tal condición fueron adelantados en obras de industria e ingeniería para hacer producir la tierra, incluso en suelos áridos.

   La tierra les proporcionaba riqueza, y el sol (guardián de la vida) sabiduría. La consigna central era “hacer el bien que nuestro padre el sol nos manda”, y que “hiciesen con todos lo que quisieran que todos hicieran con ellos”. Inca Garcilaso de la Vega, hijo de un español con una princesa inca, es el “primer mestizo biológico y espiritual de América” que nos da noticias de la tradición incaica en los distintos aspectos de su organización social. Fundador también de una utopía para nuevos tiempos.

   Si bien la “corona del reino es hereditaria”, el jefe de gobierno es formado en sabiduría desde la infancia, y su educación es una guía para todos. Por ejemplo, para casarse, el hombre no podía tener menos de 24 años, y la mujer ser mayor de 18, dado que era menester que tuviesen edad y juicio, porque “el indio que no sabe gobernar su casa y familia, menos sabrá gobernar la república”. Así, quien toma la corona tiene el deber sagrado de gobernar “con justicia, piedad y mansedumbre, acariciando sus vasallos, haciéndoles todo el bien que podía”. En razón de que, “de la prosperidad de los súbditos redundaba el buen servicio para el rey, que estando pobres y necesitados mal podían servir en la guerra ni en la paz”.

   Así mismo, los jueces eran escogidos entre los que la comunidad reconocía como los más virtuosos y de pulcra conducta, de modo que “no se podía sufrir que el que hubiese sido escogido para hacer justicia hiciese maldad, ni que hiciese delitos el que estaba puesto para castigarlos”. De fallar en la administración recta de la justicia, el juez se hacía merecedor de severos castigos, que podía ser hasta la muerte dependiendo de la gravedad de la falta. Los jueces debían demostrar, ante la comunidad, el Inca y el sol, que eran “mejores que sus súbditos”. Y llevado al seno del hogar, “al padre castigaban ásperamente por no haber adoctrinado y corregido su hijo desde la niñez, para que no saliera travieso y de malas costumbres”. Y cada individuo debía ocuparse siempre en algún oficio, porque siempre hay algo por hacer; de modo que “era entre ellos cosa de mucha infamia y deshonra castigar en público a alguno por ocioso”. No había en el Imperio persona pobre o desamparada. En la esencia de la utopía, Garcilaso de la Vega ve en el Inca al “monarca benévolo que gobierna un país donde no había mendigos ni ociosos”.    

   Y en lo ético, o fundamento de la sabiduría, la antonimia virtud y vicio se resuelve en favor de la primera: “La avaricia y la ambición hacen que el hombre no sepa moderarse a sí propio ni a otros; porque la avaricia desvía el ánimo del bien público y común y de su familia; y la ambición acorta el entendimiento para que no pueda tomar los buenos consejos de los sabios y virtuosos, sino que siga su antojo”.

   Inca Garcilaso de la Vega, el «primer mestizo de personalidad y ascendencia universales que parió América», nació en Cuzco, capital del Imperio, el 12 de abril de 1539, y murió a los 77 años en la España de Miguel de Cervantes Saavedra, el 23 de abril de 1616.

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza

COCAÍNA, UN NEGOCIO DE MUCHOS

LUIS NAPOLEÓN DE ARMAS P.

Las políticas nacionales e internacionales contra el narcotráfico son bastante divertidas. Todos dicen combatirlo pero le dan las herramientas para que siga, es una especie de gatopardismo donde muchos se benefician, desde el más humilde de los raspachines hasta encumbradas figuras de la vida nacional y del Estado.

El caso de los laboratorios encontrados en la finca de un embajador es patético. Las denuncias sobre un hangar en el aeropuerto El Dorado para exportar cocaína, en asocio con el clan de Sinaloa, no han sido desmentidas. Una operación de esta magnitud necesita de muchos auspicios, a todos los niveles.

Se tiene información de que para procesar 1Kg de cocaína se necesitan 284 litros de gasolina, esto es, 1.8 barriles. Según la ONODC de la ONU, en 2019 se sembraron en Colombia 154.000 héctareas de coca, lo que implicaría una producción estimada de 1.200 toneladas (Tm) cuyos requerimientos de gasolina equivalen aproximadamente a dos millones de barriles (bl). Según la ONU, 1.200 Tm de cocaína requieren casi 8.000 carros-tanques (CT), esto es, 238 bl/CT en promedio, circulando por las carreteras con el mayor número de retenes del mundo.

Y no es que los cultivos de coca estén dispersos pues el 62 % de ellos se encuentra en el 5 % del país. La región que rodea a Tumaco, con poca población, tiene 78 gasolineras y el municipio posee el 62 % de Nariño. En el municipio de Riosucio cerca a Panamá, con pocas vías, en 2019 se vendieron 4.5 millones de litros de gasolina (28.302bl, 119CT).

Según el presidente de Ecopetrol, hoy se están refinando, en promedio, 57 millones de bl/año; esto significa que la cocaína consumiría el 3.5 % del total refinado. Pero este negocio tiene muchas cifras escondidas. Según Gustavo Petro dijo en el senado, el 10 % de la gasolina vendida va a parar a los laboratorios de procesamiento del alcaloide.

Cualquiera que sea la cifra es muy grave porque el Estado colombiano haría parte de esta actividad criminal a través de estructuras oficiales. Por eso él habla del Estado mafioso. Mucho de ese dinero se inyecta a la economía a través del lavado de activos e incluso, hemos visto que algunos bancos han facilitado la operación.

El año pasado el narcotráfico aportó $18.3 millones a la economía (CEDES, U. de los Andes), dos reformas tributarias, 1.8 % del PIB, contra 0.6 % del periodo 2011/2014, un negocio que crece. Además, de todos los insumos que lleva el procesamiento de la pasta de coca, el único nacional es la gasolina, los demás son importados. ¿Quiénes son los importadores? ¿Quién da el permiso? ¡Qué fácil es combatir el narcotráfico sin tanta retórica y sin tantos muertos! Mientras tanto, ¿qué hacen los países consumidores?

ESTOY RELEYENDO

Vida de Jesús – Ernest Renan

Por Donaldo Mendoza

Quienes tienen los libros entre sus hábitos, creyeron hallar (yo incluido) el antídoto contra el forzoso confinamiento en el ejercicio de la lectura. Dos meses, incluso, era poco para quien guarda tantas lecturas diferidas; pero no se contaba con que ese ilusorio lapso se iba a convertir en un tiempo ilimitado. La indisciplina ciudadana y especialmente el trabajo masivo del día a día callejero han fungido de caldo de cultivo para la expansión del contagio.

Y fue en la calle donde escuché la frase para este artículo: “Ahora estoy releyendo”. En efecto, no es ya un antídoto sino un plan de resistencia para encarar ese tiempo indefinido. Ahora el deber del lector es mantener despierta su disposición para responder a quienes buscan en este refugio (lectura) su salvación, y preguntan: ¿Qué libro me recomiendas? En lo que a mí concierne, la respuesta es: Vida de Jesús (1863), de Ernest Renan (Francia, 1823-1892). No pretende ser una biografía, porque se quedaría en pocas palabras*, sino un diálogo libre con los cuatro Evangelios. Con la libertad de hacer una poda al mito y la leyenda para ofrecernos un Jesucristo humano, sin despojo de lo sublime. Y lo dice en una frase que condensa su intención: “Su gloria no consiste en ser relegado fuera de la historia; se le rinde un culto más auténtico demostrando que la historia entera resulta incomprensible sin él”.

Esta obra tiene en su haber una virtud de la que casi todos los libros carecen: es censurada no por instituciones religiosas o civiles, sino por personas a veces muy piadosas, que dicen: “Renán es un racionalista”. Que no es la censura del argumento sino del prejuicio, porque calificándolo así se privan de leerlo. Mi impresión, después de dos lecturas de descubrimientos es que, quien lee esta obra, sale fortalecido en la fe. Que ya es un hecho milagroso. En razón de que el autor advierte que no cree en milagros, y lo expresa con la simpleza del sentido común, y como es común escuchar: “No creemos en los milagros, como no creemos en aparecidos, el diablo, la brujería, la astrología…”

Pero no descarta Renan que Jesús hubiese obrado eventos de esa naturaleza, en virtud de un poder mental digamos que excepcional, puesto en estos términos: “En un sentido general, Jesús fue solo un taumaturgo y exorcista a pesar suyo, sometido a los milagros que exigía la opinión…” Y agrega: “Los milagros son de esas cosas que no ocurren nunca; solo las gentes crédulas cree verlos”. Y puesto en un contexto, precisa que los milagros tienen ocurrencia en épocas y lugares donde se cree en ellos, ante personas dispuestas a creer en ellos.

En suma, Renan busca demostrar que el genuino sentido de la logia cristiana no está en esos eventos que llamamos sobrenaturales, sino en una obra de mucho mayor alcance. Jesucristo fue un reformador a fondo de los usos y credos de un judaísmo ortodoxo y milenario. Jesucristo funda una moral para todos los tiempos, con valores eternamente vigentes. Enemigo mortal de la hipocresía y el egoísmo. Mucho le debe el pensamiento libre, base de la civilización, a la memorable sentencia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Para establecer con ello la separación entre lo espiritual y lo temporal. ¡Y qué excelente ejemplo de discernimiento!

Vida de Jesús es una guía para la lectura evangélica. En efecto, Ernest Renan caracteriza cada uno de los Evangelios. Al más antiguo y original, el de Marcos, lo distingue como “el texto más autorizado”, mucho más firme y preciso, y “menos cargado de circunstancias tardíamente insertadas”. En cuanto a su escritura, pasa como el más modesto de estilo, a veces rústico. El segundo en orden de aparición, según nuestro autor, es el de Mateo. A este Evangelio Renan le atribuye particular confianza a los discursos, en donde las enseñanzas de Jesús conllevan uno de sus rasgos más característicos, la elocuencia. En cuanto al tercero, Lucas, deja ver alguna languidez en el registro histórico, “más pensadas y elaboradas las frases”, además de excesos y arreglos en algunas sentencias. Al cuarto Evangelio, el de Juan, Renán le dedica un capítulo aparte. Es el más tardío y la intención de su autor es fundar la teología cristiana, con “una idea más exaltada del papel divino de Jesús”.

Vida de Jesús tiene la virtud de las obras que atrapan al lector por la armonía de forma y contenido. El texto llega en un estilo ágil, diáfano, con una cercanía que parece familiar y, permítanme decirlo, una lozanía literaria. Y sobre el trabajo de composición, Ernest Renan nos dice: “A la lectura de los textos he podido añadir una gran fuente de inspiración, el conocimiento de los lugares donde han ocurrido los acontecimientos”. La editorial Biblioteca Edaf ha publicado esta obra (479 pp.) en distintas ediciones, con carátulas diferentes.

(*) En los tres años de vida pública, Jesucristo realizó su iluminado magisterio en su tierra natal, la cuasi rural provincia de Galilea; su tiempo en Jerusalén parece que fue de pocos meses, los últimos. Ahí la razón de que dos historiadores profanos de la época (Flavio Josefo, 37 d. C. – 100 d.C. y Tácito, 56 d. C. – 120 d.C.) le dedicaran apenas unas escasas líneas. Con lo poco que ellos aportan, la biografía, con cosas probadas, de Jesucristo se escribiría así (Renan): “Ha existido. Era de Nazaret, en Galilea. Fue un predicador sugestivo y dejó en la memoria de sus discípulos máximas que quedaron grabadas profundamente. Sus dos principales discípulos fueron Cefas y Juan, hijos de Zebedeo. Excitó el odio de los judíos ortodoxos, que llegaron a hacerlo condenar a muerte por Poncio Pilato, entonces procurador de Judea. Fue crucificado en las afueras de la ciudad. Se creyó poco después que había resucitado.”

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza