LA NEGACIÓN DE LA VIDA.

Por Jose Atuesta Mindiola

La guerra no termina con la guerra; jamás será victoria izar una bandera sobre miles de tumbas e incontables cadáveres. En las guerras las derrotas son más sonoras que la victoria, porque los pesados dolores del terrorismo y de las muertes son más fuertes que los ecos flamantes del éxito; por eso el mejor negocio para un gobierno, para una sociedad y para una persona, es evitar la guerra. Quien se somete a ella, se cubre el alma con una pesada armadura que no cohabita con la sensibilidad, el sosiego, la razón, y todo se distorsiona.

La guerra es la negación de la vida. El pensamiento guerrista es ajeno a la biofilia. La biofilia es la victoria de la vida contra las actitudes violentas; es la vitalidad concomitante del crecimiento ético y estético en el ser humano. El biófilo irradia luz interior; camina lejos de las sombras de la injusticia, de la arrogancia, del fanatismo y la violencia.

La biofilia es el respeto por la vida y por las leyes creadas para exaltar los derechos y los deberes ciudadanos. El biófilo tiene espíritu democrático, escucha y dialoga, respeta la diversidad social e ideológica; además, acata y cumple las normas, y a sus contradictores no los estigmatiza como enemigos.

La biofilia es la pedagogía de la paz, de la solidaridad, de la verdad y el reconocimiento por los otros. El biófilo no hace trampa ni cambia las reglas en la mitad del juego para salir vencedor, es como el buen padre que orienta a sus hijos por la honestidad y les enseña que el dinero no es todo, porque después terminan haciendo todo por dinero.

Nuestro país necesita que la biofilia sea siempre una actitud en la conciencia y en los sentimientos de todos los colombianos, pero en especial de los gobernantes, legisladores y empresarios. Un gobernante iluminado por la conciencia biofilia tendría como prioridad trabajar con eficiencia y eficacia por sus gobernados; el nepotismo no estaría en sus libretos; las obras de su administración tuvieran el sello oficial y nunca la publicidad de la imagen personal. Los legisladores ejercerían a cabalidad sus funciones de ser guardianes de las leyes, de los bienes del Estado y de la defensa de las comunidades.

Si los comandantes de los grupos armados se dejaran tocar por la biofilia, entenderían que Colombia está hastiada de tanta sangre inocente derramada. Los miles de muertos combatientes, supuestos militantes e inocentes, en nada contribuyen con los ideales de paz y justicia social.

“El sendero de la paz siempre es mejor que el de la guerra. Toda guerra es una desgracia para cualquiera de los adversarios”. Dice el viejo general argentino, Martin Balza. No hay duda. Las palabras de este octogenario militar que actuó como coronel de artillería en la guerra de Las Malvinas (1982), son reflexiones que nacen de su experiencia de ver tantas imágenes dolorosas de la muerte. Pero desafortunadamente, todavía en muchos seres humanos y gobernantes predominan los sentimientos guerristas.
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Como epílogo este poema de mi autoría:
SENSACIONES DE UNA NIÑA QUE HUYE DE LA GUERRA

Todavía
la furia escarlata
de la pólvora y el metal
riega humo en la memoria.
El peso de la herida
arrastrándose entre escombros
deja en cada esquina un desierto.

Aunque es otro el tiempo
que un país lejano
me sueña y me renace,
tengo miedo:
una sinfonía de esqueletos
hace fiesta en mis ojos.

¿Cómo vivir otras sensaciones,
sí el dolor interminable de la guerra
me llena el cuerpo de muerte?

Jose Atuesta Mindiola

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