Votar por candidatos honestos y capaces

Por José Atuesta Mindiola

Fue un ejercicio democrático interesante, el “Debate Compromisos con el Cesar”, organizado por Radio Guatapurí y El PILÓN, la semana anterior; con los aspirantes a la Cámara de Representantes por el Cesar, y al Senado, los nacidos o residentes en nuestro departamento.

Es importante destacar la iniciativa de los organizadores, aunque no todos los candidatos asistieron. Entre los nuevos aspirantes a la Cámara, algunos analistas destacan la participación de Carlos Felipe Quintero, abogado especialista en derecho administrativo y magíster en derecho con énfasis en gobierno municipal, y de Alexandra Pineda, especialista en cooperación internacional para el desarrollo. De los aspirantes del Senado, resaltan la participación del médico y fundador de la Clínica Erasmo, Álvaro Portilla; de la experta en economía y docencia universitaria, Imelda Daza, y del líder gremial y columnista Indalecio Dangond.

Estos debates deberían ser eventos anuales, a fin de verificar si los congresistas elegidos cumplen de manera responsable con sus deberes y sus compromisos de campaña. Sería una estrategia clave para evaluar la calidad de nuestros legisladores.

La gente habla de la ineficiencia y de la escasa honestidad de los políticos; no obstante, durante las campañas la amnesia colectiva se apodera de los electores y vuelven a elegir casi los mismos. Existen, es cierto, algunos políticos honestos, estudiosos de las normas, gestores en la búsqueda de soluciones, que asisten y participan en debates, y presentan propuestas y merecen ser reelegidos.

La sugerencia es vencer el síndrome de la desmemoria y ejercer de manera independiente y autónoma la libertad de votar. El deber del elector honrado es elegir a los más honestos y capaces. La honestidad es un principio sagrado que hay que ejercer con honor.

La honestidad es un valor que se empieza a construir en el hogar desde la infancia, y la escuela es el escenario donde se gesta. La honestidad, como la moral, se aprenden en la praxis personal y social. Si los padres son honestos, los hijos aprenden a ser honestos. Si los profesores son honestos, sus estudiantes aprenden a ser honestos. Si los gobernantes y legisladores son honestos, sus subalternos actuarán con honestidad.

La honestidad exige coherencia entre el discurso y la acción. La persona honesta transita en línea recta, de frente a la luz. La práctica de la honestidad potencia una vida sana, recatada, espiritual y social; los que practican acciones deshonestas, que atenten contra los bienes públicos o privados y ponen en riesgo la vida y el bienestar de otras personas, merecen ser sancionados con la firmeza de la ley.

Es un deber, votar por los más honestos y capaces. Por aquellos que conocen la problemática social y saben cómo superarla. Se necesitan legisladores con capacidad de liderazgo y compromiso ético con el Cesar, para fortalecer la producción del campo, la creación de empresas, el patrimonio ambiental y cultural, y defender los principios fundamentales de la vida: la educación, el trabajo, la salud y el bienestar de las comunidades.

José Atuesta Mindiola

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