ADANIES DÍAZ, UNA HISTORIA

VALLENATO DE VERDAD

Por Graciela María Morillo Araújo

La vida de este hombre comenzó en Lagunita, un diminuto corregimiento de Barrancas, La Guajira. Sus padres eran Luis Guillermo Díaz Ospino –primo del compositor de Hatonuevo, el ciego Leandro Díaz- y Herminia Brito Bolívar, los cuales lo criaron en medio de unos hermanos con quienes supo descubrir rápido ese mundo que giraba alrededor del campo, donde comprendió que en medio de montañas y el contorno silvestre, cerca de los potreros, se aprende a cantar mejor.

Estudió parte de la primaria en Barrancas, pero a temprana edad se fue a Riohacha. En este lugar donde también estaría cerca de su sobrino el buen compositor Romualdo Brito, continuó con los estudios. Terminó el bachillerato en el Liceo Almirante Padilla.
Se dio a conocer en parrandas familiares y de amigos como también participaba en casi todas las fiestas y festivales de la provincia de Padilla.
Conoció a Claríbel Ortiz y luego de un corto noviazgo le propuso matrimonio. Se casaron un 22 de Diciembre de 1973.
De otro lado, en el la parte musical Adaníes Díaz comenzaba a aspirar cada vez más: Numa Bateman sería una de las primeras personas en llevarlo a un estudio. En el año 1974 grabaron una canción, en homenaje a Santa Marta, donde sirvió como Guacharaquero y corista, mientras Bateman tocaban el acordeón y cantaba a la vez, al mejor estilo de los antiguos juglares.
Pocos años después, al lado de Darío Díaz grabó un nuevo sencillo, y en esta ocasión por primera vez Adaníes Díaz participó como solista principal.
La oportunidad de su vida, sucedió a mediados de los años setenta en una Fiesta del Dividivi. En aquel tiempo, esta se celebraba en el parque Almirante Padilla. El conocido periodista Lenin Bueno Suárez y Edgar Ferrucho Padilla, aprovecharon el evento para organizar un concurso de acordeón. Como jurado estaba nada más y nada menos que Ismael Rudas. Adaníes ganó el primer puesto en voz. De esa manera, se llevó a cabo la unión de Ismael Rudas con Adaníes Díaz, introduciendo a éste al ámbito profesional con la empresa Codiscos de Medellín. Para Adaníes era lo más grande que le había pasado en la tierra después del nacimiento de su primera hija, Joyce Galena. El primer larga duración se llamó «De competencia» luego vino un segundo llamado «Violento» y luego un tercero «Como siempre»
En el año de 1979, ya estaban unidos como una organización Adaníes y Héctor Zuleta.
«Sensacionales» fue el álbum que los introdujo en la sintonía de los artistas más escuchados. El tema Estrella fugaz, barrió con las demás melodías de los diferentes cantantes que estaban de moda. En todas partes eran requeridos para que tocaran El cobarde del pueblo y Mi tierra y mis canciones -dedicada especialmente a su bella esposa Claribel-, y nadie daba para acertar quién era mejor cantando o tocando el acordeón. En la mirada de Adaníes Díaz se observaba felicidad al haber inaugurado esas nuevas canciones, porque estaba seguro de que Héctor Zuleta era el músico que más sabía alcanzar con su velocidad del teclado la revolución sonora de su voz.
El segundo álbum se llamó Pico y espuela, y resultó ser más para la gallera que para el baile de caseta. A parte de la canción que da nombre al disco, está el hermoso tema Problema tuyo, en cuyo coro Adaníes sube el volumen de su voz con la misma facilidad de un equipo de sonido moderno. El aviso es una canción clásica, bella y romántica, que pone en prueba clara que ya se estaba asomando en el panorama el verdadero monstruo del vallenato.
En el año de 1982, ya tenían listo el trabajo que marcaría el boom de la pareja. Para los gustosos seguidores de estos dos nuevos talentos, el nombre del álbum «Nuevamente los sensacionales». Marianita fue una canción que en seguida se apoderó de los oyentes, de los amantes de la música vallenata, batiendo récord en las distintas emisoras del país, siendo de la autoría de Juan Segundo Lagos. La canción lo subió a la inmortalidad, convirtiéndose rápidamente en el himno de su carrera musical.
La noticia de que Héctor Zulueta había muerto conmovió a la región y desconsoló a su compañero de fórmula quien lo lloró desgarradoramente.
En Riohacha, la vida de Adaníes Díaz no parecía tener sentido. Sólo la compañía de su mujer y sus hijos Joyce Galena, Adaníes de Jesús, Joismar Galeana y Luis Guillermo, llenaban ese vacío. Nunca se imaginó ni pretendió que la única manera de volver a hacerle compañía a Héctor Zuleta, era encontrándose con él en el cielo.

Ese 9 de febrero de 1983 en que llegó de la calle para decirle a su mujer que había que viajar al pueblo, para hacer una diligencia. Al retorno y en forma absurda ocurrió el accidente que apagara la voz y la vida del «Príncipe Guajiro» o «El cantor de los indios»

Graciela María Morillo Araújo

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