CLAUDIO ENRIQUE ACOSTA SOLANO UN DESTACADO INGENIERO AGRÓLOGO JUNTERO

MI CRÓNICA SABATINA

Por José Jaime Daza Hinojosa

Hoy homenaje a un Juntero osado, decidido, aplicado, ah. y tío del gran Martín Elías: Claudio Enrique Acosta Solano

Nació en La Junta- Guajira, mi tierra, el 29 de octubre de 1942. Sus padres fueron Pedro Ángel Acosta Hinojosa y Alicia Andrea Solano Sierra; es el segundo dentro de sus hermanos: Miriam Mercedes, Carmen Cecilia, Hernán, Nubia Fanny, Betsy Leonor, Patricia Isabel, José Iván y María José. Su esposa es Elly Hadechny Puello, comunicadora social de la prestigiosa Universidad Javeriana especializada en informática educativa en la Universidad del Sinú. Su hijo lleva por nombre David Enrique Acosta Hadechny, trabajador independiente, en La Junta en su Juventud tuvo una hija, la bautizó como: Cecilia y ya le regaló a Callo cuatro preciosas nietas, todas Profesionales y emprendedoras como su abuelo, tres abogadas y una docente.

Nuestro queridísimo primo, invitado de hoy es ingeniero agrólogo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y tiene especializaciones en manejo de estaciones experimentales, está la realizó en el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) que está ubicada en Palmira- Valle del Cauca, allí también realizó la de Físico-químico de suelos con el auspicio del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). También hizo una maestría en suelos en la Universidad Nacional de Bogotá.

Para la época en la que nació y hasta sus 12 años los niños en La Junta y sus alrededores andaban desnudos o con poca ropa, así pues, me cuenta Callo, como le digo por cariño, que El, junto a José Alberto Lacouture, que fue su mejor amigo de infancia, anduvo de esta forma, bañándose en el río y por los diferentes montes y praderas del pueblo, con una honda, cazando pájaros y como se dice mucho en La Junta: “ Libre de madrina”, la ropa se la pusieron a los 12 años.

En una ocasión estaba el padre de mi invitado, el gran “Negro Acosta”, junto con José Luis Cuello “Jota” (padrino de Callo), Andrés Fidel Hinojosa y el Sr Raúl Sierra, jugando dominó al frente de su casa, que era lo usual, y llegó el profesor del pueblo y le pregunta a su madre, la Sra. Alicia:

-Oye Alicia, ¿tu cuando vas a poner a ese muchacho tan bojo (así se le dice en La Junta a algo grande) en la escuela? –

-¿Cómo? Si yo lo mando todos los días-contesta ella-

-Bueno, él no ha ido un solo día. –

La escuela rural de varones de La Junta está ubicada cerca de la iglesia, al lado de la casa del Sr Antenor Gutiérrez, cuenta mi homenajeado que en aquella época llovía mucho y él salía para la escuela y en vez de entrar al salón de clases se iba para el río a bañarse con su amigo José Alberto y muchos más, en los pozos del Salto, el Güavinero y el Güavinerito, como le decimos a esos pases del río Santo Tomás de La Junta, llegaba a su casa con los ojos rojos de tanta agua, pero feliz por disfrutar esos baños tan deliciosos. Su mamá al ver que el muchacho se le quería salir de control, toma la decisión de enviarlo a la ciudad de Valledupar para que iniciara sus estudios de primaria, llega donde Rosa Elvira y “Mama Palla” y les solicita que le ayuden con Claudio para que estudiara, pues en La Junta no lo hacía; le consiguieron cupo en el colegio Parroquial, escuela que era de propiedad del padre Rois y Villalba.

Cuando se aprestaba a hacer cuarto de primaria, el famoso profesor Molina fundó el colegio Sagrado Corazón de Jesús y le sugirió a la Sra. Alicia que le colocara al intrépido muchacho en dicho colegio para alineárselo, ya que en esta institución predominaba la disciplina y los buenos principios. Era el grandulón del curso, todos los alumnos de cuarto eran pequeños y Callo se relacionaba más con los estudiantes de quinto, pues por su edad y estatura congeniaba más con estos. Dice Callo que el profesor Molina le enseñó hasta cómo tomar agua adecuadamente, le aconsejaba mucho, era su guía, lo enseñó a comportarse y gran parte de su formación como una persona correcta y responsable se la debe al gran profesor Molina, “la verdad es que no tengo como olvidar ni con que pagarle a ese gran tutor que Dios puso en mi camino” manifiesta mi invitado de hoy.

Al terminar cuarto de primaria, en la famosa calle del Cesar, se encontró con uno de sus amigos de quinto apellido Ramírez, quien lo invita a que lo acompañe al Colegio Loperena a inscribirse para realizar el examen de admisión, se fueron de a pies, conversando, y este amigo lo incentiva a que se inscribiera también y presentará el examen, para esa época el Loperena era el único colegio de bachillerato en la región, muy respetado, allí no pasaba todo el mundo, Callo aceptó y se inscribió. Al llegar el día del examen, asistió puntual, lo presentó a lo que Dios quisiera, ya que él estaba a penas en cuarto; al día siguiente, van por los resultados, vaya, ¡qué sorpresa!: se ganó a todos los amigos de quinto, ocupando el segundo puesto de todos los estudiantes que presentaron la prueba, el primer lugar lo ocupó Carlos Negrete, con 70 puntos y nuestro homenajeado obtuvo 68, lo recuerda así puntualmente. De sus amigos de quinto del sagrado, no pasó ni siquiera uno solo, y qué gran satisfacción para Callo que él, de cuarto grado ocupara el dignísimo segundo lugar entre todos.

Al llegar la época de matrículas, en el gran colegio El Loperena, lo primero que solicitaban era el certificado de quinto, y Callo decide hablar con su profesor de cuarto del Sagrado, lo pone al día de su hazaña de haber pasado y ocupado el segundo puesto en el Loperena y su querido profesor, de casualidad esposo de mi tía María Josefa, Cicerón Sierra, que era de Codazzi, le promete conseguirle el boletín y certificado de quinto, viajaron a la capital blanca (Codazzi) y solucionaron el problema. Se matriculó sin inconvenientes para iniciar el bachillerato y allí en el Loperena lo culmina y surge un impase: el certificado de quinto de Callo era de un colegio que no estaba aprobado, pero el rector del Loperena, por su buena conducta y aprovechamiento, le autoriza para que realice el examen de quinto, y de esta forma resolver esta situación, imagínense, ya bachiller, para Callo estos exámenes de quinto eran pan comido y sacó la máxima nota. Terminó su bachillerato siendo uno de los mejores bachilleres del prestigioso Colegio Loperena, se fue a La Junta, su madre muy interesada en que se hiciera profesional no hallaba cómo hacer para lograrlo y aparece como mandado de Dios mi tío Pedro Ángel Daza Mendoza, brindando sus buenos oficios para que Callo se fuera con él hacia Bogotá y allá le orientaría de cómo entrar a la universidad. Llegaron al barrio Santafé de la capital, allí se ubicaron, iniciaron las diligencias para la consecución del cupo y la única universidad que tenía abiertas las inscripciones era la Jorge Tadeo Lozano en la facultad de recursos naturales, se inscribió enseguida, la inscripción costaba $350. Llamó a su mamá y le contó que ya estaba listo para iniciar sus estudios, pero que debía estudiar de noche para poder trabajar de día y ayudarse en su manutención en una ciudad tan costosa. Pasó el primer semestre y nada que conseguía chamba, al iniciar el segundo, consiguió trabajo como profesor en un colegio del sur de Bogotá, le pagaban $180 mensuales y eso fue un verdadero alivio, era un colegio privado, se llamaba Lunapark, trabaja de 6 a 1 P.M. Le quedaba la tarde libre para estudiar. Hizo muchas amistades, entre esas, una con un señor apellido Gutiérrez que trabajaba de noche en una empresa de apuestas llamada Totogol, a Callo le llamó la atención y le dijo a su amigo que le ayudara a conseguir un puesto en esta empresa, de manera rápida y con esa chispa que caracteriza a los costeños, hizo las vueltas y se enganchó en Totogol. Ciro Monsalvo, un Vallenato que en ese entonces trabajaba en Bogotá, fue ficha clave para este enganche.

Cuando terminó su carrera, la cual realizó con lujo de detalles y siempre ocupando los primeros lugares, el rector lo llamó y le sugirió que presentara hojas de vida en: El ICA, Incora, El Agustín Codazzi y en la Universidad tecnológica de Tunja para profesor; como estaba desocupado, se dedicó a meter hojas de vida por todas partes. Lo llamaron del ICA a los pocos días y casi simultáneamente le salieron cinco oportunidades de trabajo, todas las hojas de vida que había metido, salieron positivas y no hallaba qué decisión tomar, fue cuando se fue a dialogar con el decano de su facultad para que él le ayudara a tomar la mejor decisión; su asesor le recomendó que escogiera el ICA, pues iba a tener la facilidad de trabajar y de hacer una o varias especializaciones, y de veras que así fue.

El 15 de abril de 1970 a las 10:30 A.M. Llega a Montería a posesionarse como gerente del ICA, comenzó a trabajar en el programa de suelos, que era su pasión, a raíz de eso lo enviaron a realizar la maestría en suelos en la Universidad Nacional de Bogotá, al regresar lo nombran director de Turipaná, allí trabajó ocho años, al cabo de los cuales lo enviaron a una especialización en el CIAT que está ubicada entre Cali y Palmira- Valle del Cauca, allá le tocó compartir con los gringos, -“estos americanos saben muchísimo”- afirma mi invitado -“aprendí todo lo que me hacía falta saber con estos colosos de la ciencia, fue una especialización muy productiva, me dejó grandes conocimientos, pues se alternaba la academia con la práctica y la verdad es que uno aprende es haciendo. Vine muy contento con esta especialización” – dice Callo.

No había transcurrido si quiera una semana de haber llegado, cuando recibe una llamada a las 11 de la noche y decide contestar: era el director de investigación del ICA para comunicarle que a Él lo habían candidatizado para la gerencia regional del ICA en Montería, un cargo de mucha responsabilidad pero que mi primo Calló asumía con altura porque se sentía preparado para ese reto, debía atender administrativamente los departamentos de Córdoba, Sucre, Atlántico, Bolívar y norte de Antioquia, estaba de presidente en ese momento el conservador Belisario Betancourt Cuartas. Allí permaneció 4 años hasta que los políticos de turno se lo permitieron, estaba de ministro de agricultura Germán Bula Hoyos y solicitó ese cargo para complacer a alguien de sus adentros; le ofrecieron traslado para Valledupar y otras oficinas del ICA, pero decidió quedarse en el programa de suelos hasta que pasó el chaparrón de los cambios de cargos. Después de eso nuestro invitado se retiró y hasta le ofrecieron nuevamente la dirección de Turipaná.

Trabajó 34 años en el ICA y allí se destacó ocupando las mejores posiciones, además fue profesor catedrático de la Universidad De Córdoba, dictaba la cátedra de Suelo ll, como docente laboró 14 años ininterrumpidos, también enseñó fertilidad de suelos y fertilizantes.

En el año 2003 se retira para dedicarse a sus labores personales de ganadería y agricultura, actividades estas que disfruta al máximo. Vino a visitar a su madre en San Juan del Cesar y sufrió un atentado del cual no quiere acordarse, todavía tiene una bala en su cuerpo.

Años más tarde, su familia le hace un merecido homenaje en la población de Patillal- Cesar, fue un día inolvidable, donde compartió con todos sus hermanos, sobrinos y toda la descendencia Acosta Solano. la verdad es que narrar esta vida y obra de este paisano y pariente es muy satisfactorio, cómo un niño que a los 12 años no se quería vestir, se convierte con su educación, años más tarde en gerente regional del ICA en la costa atlántica. Se caracterizó por ser muy responsable, eficiente, honesto y transparente en sus funciones, su personalidad es cristalina, sin tachas de ninguna índole y como profesional, ejemplar desde todo punto de vista. Cabe resaltar que Callo es hermano de la única y verdadera esposa que tuvo el gran Cacique Diomedes Díaz Maestre: Patricia Isabel Acosta Solano, o sea que nuestro personaje de hoy es tío de: Rafael Santos, Diomedes de Jesús, Luis Ángel y el gran Martín Elías como les decía el inmortal Diomedes.

Le envío un abrazo grande a este titán Juntero que ahora recoge los frutos que sembró, continúa residiendo en Montería y explotando su preciosa hacienda con una ganadería bien seleccionada y productiva.

Qué bueno poder hacer estos homenajes en vida a excelsos personajes Junteros que han apartado los obstáculos y dificultades y se han superado, trabajando arduamente con tesón y ahínco.

Muchas bendiciones estimadísimo Claudio Enrique Acosta Solano, aclamo al Altísimo para que nos los preste por muchos años más y que siga triunfando. Éxitos siempre.

BLOG DEL AUTOR: José Jaime Daza Hinojosa
“El Juntero Futurista “

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