EL ORO O LA VIDA

Por Donaldo Mendoza

Para bien, encontramos en la prensa regional noticias, casi a diario, sobre el río y su esencia natural, el agua. Y digo para bien, porque donde el agua llegue a faltar, morimos todos, lo mismo el justo que el mezquino. Los guardianes y los vigías del río, que casi siempre es el Guatapurí, hacen una labor humanitaria, y por lo mismo sin intereses, por la salvaguardia de ese irremplazable motor de vida que es el agua, con sus venas y arterias que la oxigenan.

Preocupa sí, que todo el énfasis se le da al río Guatapurí, como si en el resto del Departamento las cosas estuvieran mejores. Lo cierto es que hace falta una política pública desde la Gobernación del Cesar, a fin de que se multipliquen en los 25 municipios los vigías y guardianes de los ríos, con voces de concienciación en los periódicos de Valledupar y en algunas emisoras locales. Fundar esa conciencia regional aportaría luces para visualizar otros actores que tienen mucho que ver en el problema, y que están pasando de agache.

Cuando se dice que la mano del hombre es la principal amenaza, es cierto; pero es tan genérica la expresión que, puesta en contexto, parece una multitud de manos fantasmales. En cambio, algo se precisa cuando se habla de “asentamientos humanos en las márgenes de los ríos”. Importante actor en la afectación de las fuentes hídricas. Y hay que preguntarse por qué están allí, por qué permanecen, sin ley alguna que los meta en cintura. ¿Y por qué no hay ley?, porque esos asentamientos humanos forman un gremio fuerte en época electoral: desde el concejal hasta el senador encuentran en esas comunidades un volumen de voto muchas veces decisivo para su elección. Y una vez elegidos, mueven influencias para que su clientela permanezca en las márgenes de los ríos.

Mis paisanos de generación, codacenses mayores hoy de 60, recuerdan que hace cincuenta años el pozo Desiderio en el río que entonces se llamaba Espíritu Santo (hoy Magiriamo) había agua durante el todo el año, aun en verano el legendario pozo tenía profundidades superiores a dos metros, hoy es un raquítico hilo de agua, en razón de que hacendados, especialmente de cultivos agroindustriales, desvían su curso para el regadío. En el centro del Cesar la situación es peor, allí algunos algunas vías fluviales se pierden en la garganta de las minas.

Si no se les busca solución a esos mataderos de agua, la labor de los “guardianes y vigías del río” no pasará de un idealismo quijotesco. Seguramente hallarán audiencia en buena parte de las comunidades; pero mientras el Gobierno, desde Bogotá, no asuma el agua como el más fundamental de los derechos humanos, por más verso y prosa que corran por estas páginas no habrá solución posible. Pilas entonces con aquello de “ojo con el 2022”. Hoy los Midas son los políticos y los empresarios que convierten en agua en oro. La esperanza de vida está en las comunidades, que en el inmediato futuro elijan dirigentes que pongan por encima de todo interés el agua, que es la vida. He ahí el dilema.

BLOG DEL AUTOR: Donaldo Mendoza

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