Por Donaldo Mendoza*

“Cada artista va trabajando, a tientas, sobre todo
si se trata de un auténtico creador, y es incapaz
de formular claramente sus teorías”.
Julián Gállego

     Julián Gállego (España, 1919-2006), historiador del arte, nos lleva, a través de la introducción y doce capítulos, por un período asaz difícil de definir: «Pintura contemporánea» (Biblioteca General Salvat, N°. 8, 1971. 101 pp.). Difícil, porque como igual sucede con la ‘moderna’, es problemático determinar un momento sin precedentes dentro del historial artístico. Análoga cosa ocurre con la novela: el Quijote, por ejemplo, es ‘moderno’, y el realismo maravilloso de Las mil y una noches es ‘contemporáneo’ de Alejo Carpentier. De modo que se aceptan tales rótulos como meros comodines, a fin de delimitar un lapso en la cronología; en este caso el siglo XX, hasta 1970.

    El editor Julián Gállego está plenamente consciente de tales salvedades en cuanto al ‘comienzo’ del arte moderno, y trae para apoyar su punto de vista disímiles voces: unas que señalan a Delacroix (La casa del león) o a Turner (Barco de esclavos); otras, que Goya (El sueño de la razón). Y yendo más atrás, postulan a Vermeer (El arte de la pintura), Rembrandt (El hijo pródigo en la taberna), Velázquez (Enano con un perro). Y otras más osadas ven el comienzo de la pintura moderna en la cueva de Altamira (entre 15 y 12 mil años a. C.). Es lógico inferir que todos los grandes artistas pasaron por ‘modernos’ en su tiempo, y por su grandeza lo siguen siendo. Una anécdota revela esa condición, siempre nueva, de la obra de arte: cuando Velázquez expuso en el Panteón de Roma el retrato de su siervo Juan de Pareja, un asombrado testigo emitió este juicio: «Todo lo demás parecía pintura, pero éste solo verdad».

    No hay un pasado que se rompe, hay un presente en movimiento que da fe de nuevas realidades; y los pintores, sean figurativos o abstractos, nos van mostrando segmentos de realidades de las que somos testigos; así, la ciencia, la tecnología, la sociedad consumista… transitan ante nuestros ojos con sentidos inéditos: “viejas paredes, suelos pisoteados, maderas carcomidas, son objeto de deleite estético para quien los contempla, cuando antes si acaso inspiraban asco”. Desde mediados del siglo XX una generación de pintores daba alma y color a esas realidades: Fautrier, El árbol verde / Cristo en la cruz; Dubuffet, El enemigo de lo común / Más bello de lo que piensas; Tapies,Inspiración y amistad / Del objeto a la escultura.

    Característica básica de la pintura moderna es que la naturaleza genuina del cuadro, su belleza, no deriva de lo que representa, “sino de lo que es el cuadro en sí”; en 1890, Maurice Denis lo definía así: «Superficie plana recubierta de colores agrupados en cierto orden». Y saber ver es condición sine qua non para el observador del cuadro; de otro modo, un cuadro de Picasso podría pasar por obra ‘inconclusa’, como suele suceder con pinturas suyas que muestran, simultáneamente, su faz y su perfil, que para algunos no pasan de ser simples mamarrachos.

    El punto de quiebre en la pintura contemporánea fue la fotografía, hasta se llegó a decir que el fin de la pintura había llegado, al menos la figurativa; lo cual no sucedió, pero sí trajo consigo la liberación de la pintura de sus fines imitativos y, precisa Julián Gállego: «La fotografía supuso la muerte de la mala pintura, de aquella que no basaba su valor en los valores plásticos del propio cuadro (color, composición, textura, grafismo, pasta), sino en su aspecto fundamental».

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*Donaldo Mendoza Meneses es un destacado docente, columnista y gestor cultural colombiano, reconocido principalmente por su labor intelectual en los departamentos del Cesar y el Cauca. Es natural de Agustín Codazzi, Cesar. Debido a su larga permanencia y aportes en la ciudad de Popayán, es considerado un «prócer cesarense en el Cauca». Se graduó como bachiller en el Colegio Nacional Agustín Codazzi (1974) y posteriormente obtuvo el título de Magíster en Educación y Filosofía Latinoamericana, U. Sto. Tomás de Aquino. Es un prolífico columnista. Ha colaborado con medios como El Espectador, El Liberal (Popayán), Proclama del Cauca, El Pilón y El Portal Vallenato.Se le reconoce por su agudeza crítica y su capacidad para analizar la realidad social y literaria de Colombia.

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