LEANDRO DÍAZ, EL JUGLAR QUE COMPUSO CON LOS OJOS ABIERTOS

Díaz nació ciego, lo que no le impidió componer, a sus 17 años, el primer tema, ‘La loba de ceniza’. Su obra está compuesta por más de 350 canciones.

Una crónicaPor: Iván Meneses | octubre 05, 2021

En Alto Pino, cerca de Lagunita de la Sierra, vereda que pertenece al municipio de Barrancas, La Guajira, el 20 de febrero del año 1928 nace el compositor de música vallenata Leandro Díaz, y en Hatonuevo, del mismo departamento, fue criado. En su adolescencia sus padres se lo llevaron a Tocaimo y luego al municipio de San Diego, Cesar.

El maestro Leandro nace con ceguera física, limitación que no le impidió componer, a sus 17 años, la primera canción titulada La loba de ceniza. Díaz empezó a viajar, dándose a conocer interpretando sus melodías por toda la región; vivía de parranda en parranda con amigos y mujeres.

Años después conoce a Matilde Lina, una hermosa mujer de piel morena que trabajaba como recepcionista en Telecom, y de quien se enamoró perdidamente. Fue tan grande su amor por aquella joven de 29 años que lo inspiró a componer la canción que lleva su nombre: Matilde Lina. Este se convirtió en el tema más representativo del maestro, siendo un éxito en Colombia y en el mundo. Además, es una de las composiciones vallenatas más grabadas por artistas de todos los géneros musicales.

Pero como todo en la vida no es color de rosas, el amor que había nacido en el corazón de Leandro por Matilde Lina no le fue correspondido por ser ella una mujer casada, y además por la fama de mujeriego que tenía aquel hombre.

Como era costumbre, el corazón del legendario, Leandro Díaz, volvió a palpitar de amor. Esta vez por Josefa Guerra Castro, una linda adolescente de 18 años quien vivía en el corregimiento de Tocaimo, en el municipio de San Diego, Cesar. Esta tocaimera se convirtió en la musa de su nueva inspiración; escribiéndole la canción La diosa coronada.

Josefa Guerra era una niña consentida, muy bella y engreída, pero no era para menos, pues provenía del seno de una familia muy pudiente de Tocaimo.

Leandro se enamoró perdidamente de su Diosa Coronada, pero ella no lo veía con buenos ojos por ser ciego, borracho, pobre y músico.

El cantante buscaba el momento oportuno para llegar a la casa de los Castro, y poder sentir la presencia y percibir el aroma de aquella mortal que endiosó por sus encantos de mujer. Esta lo ignoraba y le despreciaba hasta los saludos, actitud que jamás tuvo con los demás jóvenes del pueblo que llegaban a pretenderla. Josefina se interesó en uno de ellos, que según ella y sus padres sí cumplía con los requisitos que “ un buen hombre»; debía tener para ganarse la aprobación del amor de aquella muchacha. Claro, el muchacho por quien se había decidido era también hijo de padres pudientes.

Aquel músico de casta provinciana llegaba en horas de la noche y se paraba frente a su ventana a darle serenata, cantándole la canción que le había compuesto: La diosa coronada. La reacción de la mujer fue de rechazó.

Transcurrió el tiempo y Leandro conoció a Helena Ramos, quien sí le correspondió, casándose con él.

La obra musical del legendario Leandro Díaz está compuesta por más de 350 canciones escritas a puño y letra, y sin ver una de ellas, solo sintiéndolas y viéndolas con los ojos del alma.

Entre los ramilletes de éxitos que nos dejó como legado están los siguientes: Matilde LinaLa diosa coronada, Debajo del palo e mango, Dios no me dejaLa gorditaEl cardón guajiro, entre otros.

En la música vallenata, Leandro Díaz el Ciego, como cariñosamente lo llamaban, era un juglar que enriqueció al folclor con sus joyas, que con el pasar del tiempo se convierten en clásicos y es inevitable no cantarlas, no tararearlas y mucho menos dejar de dedicarlas en medio de una parranda a una hermosa mujer.

El 22 de junio de 2013, una infección renal aguda detuvo el corazón de la leyenda del vallenato Leandro Díaz, en la ciudad de Valledupar, Cesar. En la 44 edición del Festival Vallenato del año 2011 se le rindió homenaje a la leyenda de nuestro folclor, resaltando sus obras, las cuales su hijo, el también cantautor Ivo Díaz, tiene la misión de preservar para que las generaciones venideras puedan saber que es un buen vallenato.

Los amantes del vallenato en Colombia están a la espera de que el canal RCN avance con las grabaciones de la bionovela en homenaje a Leandro Díaz, quien vio con los ojos del alma. Esta se empezó a filmar en el mes de diciembre del año pasado (2020), en Valledupar, Cesar. La locación principal del filme fue a orillas del río Guatapurí.

El cantante de música vallenata Silvestre Dangond y la linda miss Cesar Mary Trini Araque serán los protagonistas de la bionovela.

Anécdotas con el maestro Leandro

Por José Atuesta Mindiola

“Planta tus propios jardines, decora tu propia alma, en lugar de esperar a que alguien te traiga flores”. El maestro Leandro Díaz hizo suyo este pensamiento del poeta Jorge Luis Borges, por eso cultivó en su alma jardines de dignidad, de música y de poesía que enaltecieron su condición humana.

Los amantes de la música vallenata siempre recordamos a este poeta cantor, y los que tuvimos la fortuna de hablar con él, valoramos su sensibilidad y su inteligencia. Les comparto tres anécdotas con el maestro Leandro.

A finales del mes de noviembre 1992, en el la inauguración de Festival de poesía en San Diego, que organizaba el Café Literario Vargas Vila, el doctor José Antonio Murgas, en ese entonces rector de la Universidad Popular del Cesar, me delegó para que presentara a la poetisa e insigne declamadora de Montería, Rosita Santos Rodríguez.

Llegamos a San Diego, tipo tres de la tarde. Con un docente y diez estudiantes de la Universidad fuimos a visitar a Leandro en su casa. El maestro estaba en una silla bajo el alero que da a la calle, muy amable nos recibió y ordenó que nos trajeran asientos. Después de responder algunas preguntas, manifestó que no asistiría a la plaza, donde se iba a realizar el evento poético.

Mis compañeros decidieron marcharse, yo me quedé hablando con Leandro, y me permitió leerle el texto de la presentación a la poetisa, que iniciaba con una evocación de sus canciones: “Un ángel con los silbos de cardenales y la nostalgia vegetal de su nativa tierra de Hato Nuevo, sale en busca de su paraíso y lo encontró en San Diego, en donde la poesía en su voz ungida de verano profetiza las vísperas de abril en la llovizna triunfal de la primavera, y en las andanzas forestales del río Tocaimo siente la imagen de la mujer que hace reír la sabana. En este paraíso de versos y metáforas, hoy nos visita la poetisa…”

Me dio las gracias, y me despedí, camino a la plaza. Quince minutos después, se me acercó el poeta Pedro Olivella a decirme que Leandro estaba preguntando por mí, y me llevó donde él. El maestro me dice: –Profesor Atuesta, vine por usted; me gustó lo que leyó, y quiero volver a escucharlo–. Me senté a su lado, inmensamente feliz por el detalle.

Después de la presentación, la poetisa, en su declamación, nos adelantó las estrellas en la idílica noche sandiegana. Luego, en compañía de la poetisa, el profesor César López, Leandro y uno de sus hijos, fuimos al restaurante ‘Los Manguitos’. Disfrutamos la cena, y compartimos una agradable tertulia. En esas estábamos, cuando dos veces se arrimó un señor, con la obstinación de invitar a Leandro a cantar una parranda, con la promesa de pagarle bien. Con decencia y don de gente, le respondió el maestro: “Hágame el favor, hoy no acepto invitaciones, porque estoy para el profesor Atuesta y sus amigos. Otro día, con mucho gusto”.

El maestro nos invitó a la casa de su amigo Hugo Araujo, que estaba con sus colegas Juan Calderón y Antonio Brahím, el famoso grupo ‘Las tres guitarras’. Escuchamos sus cantares en la vendimia de las cuerdas. La poetisa Rosita Santos era la musa. Recuerdo que, en algún instante, ella salió, y Leandro cantó: “Tenía una Rosita Santos/ y alguien se la llevó/ ahora yo pido el favor/ que me devuelvan mi encanto”.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

¡NUEVO!

Leandro Díaz, el genio ciego del vallenato que caminó más allá de la oscuridad

Crónica

El hijo de Altopino, La Guajira, tuvo la gran virtud de hilvanar desde su pensamiento célebres canciones que se quedaron en el corazón del folclor, como aquella vez que contó: “En adelanto iban esos lugares porque tenían su diosa coronada”.

Por Juan Rincón Vanegas |@juanrinconv

La mañana del domingo 20 de marzo del año 2011, no era una mañana cualquiera, como se cuenta en una de sus canciones, sino la del cumpleaños del maestro Leandro Díaz, el hombre que visionó desde su memoria todo su entorno.

Leandro Díaz, supo darle el mejor oficio a su pensamiento, componer canciones

A esa hora el ruido y las voces huían a toda carrera, y él se extasió hablando de lo que siempre supo hacer como componer canciones, de sus licencias poéticas sin olvidar los trabajos que pasó en la vida para darse a conocer.

El silencio de Leandro era su gran compañero. Para pensar no estaba ocupado y se extasiaba con la soledad. De un momento a otro expresó. “Este estado que rodea el silencio es el que me agrada porque puedo recorrer mi pensamiento con toda calma”.

Su apertura al diálogo sirvió para entablar una larga charla donde habló de todo un poco, visto desde la dimensión de su grandeza. Muy bien lo indicó: “Si Dios no me puso ojos en la cara, fue porque se demoró lo necesario para ponérmelos en el alma”.

Frases de memoria

Al indagarle sobre las expresiones poéticas y naturales de sus canciones dijo que las pensaba mucho antes de que quedaran viviendo en su memoria. Entonces hizo un repaso por aquella que tiene una sensibilidad inocultable. Esa misma que le permitió que le otorgaran el título del poeta ciego del vallenato. “Cuando Matilde camina hasta sonríe la sabana”.

Siguió diciendo que la canción que le llenaba el corazón era ‘A mí no me consuela nadie’, aunque recalcó que a nivel de aceptación estaban ‘Matilde Lina’ y ‘La diosa coronada’.

Con esas y otras canciones se dio a conocer y hasta el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, lo incluyó en el epígrafe de uno de sus libros. “En adelanto van estos lugares: ya tienen su diosa coronada”, ‘El amor en los tiempos del cólera’.

De igual manera el maestro Leandro, trajo a colación la historia de la canción ‘El negativo’ y entonces señaló: “Esa la hice porque a las parrandas que asistía me prometían infinidad de cosas, pero pasaba el tiempo y no aparecían. Entonces, con nombre propio los mencioné, pero ni así cumplieron”.

Leandro Díaz, el juglar que tuvo la gran virtud de ver con los ojos del alma

Se quedó callado y al poco tiempo recalcó. “Eso me sirvió para que otros me dieran el doble de lo que reclamaba en mi canto. Me fue tan bien que hasta me regalaron casa y carro”. De esa manera pasó de negativo a positivo.

Sin pensarlo mucho hizo énfasis en una de sus frases. “Mientras, más lento se piensa, más rápido se triunfa”. Se quedó pensativo hilvanando otras ideas y aseguró: “Esa no es una frase de las que llaman ahora filosófica, sino que puntualmente en mí se ha cumplido. Salí de mi humilde pueblo y he viajado por muchas partes llevando mis cantos”.

El maestro Leandro, en aquella ocasión también le abrió paso a distintos conceptos de hombre curtido en el amor y volviendo a darle cuerda a su pensamiento expuso una frase con la mayor contundencia. “Si las mujeres no existieran el corazón de los hombres no tuviera oficio”.

Enseguida sacó de prisa otro concepto que ya tenía moldeado. “A las mujeres siempre las he exaltado hasta cuando me pagaban mal, como aquella famosa gordita que la castigué cantando, porque no podía maldecirla, debido a que era un acto de cobardía”. Era un veterano del amor y hasta tuvo dos mujeres en el mismo pueblo, San Diego, Cesar. Ellas, Helena Clementina Ramos y Nelly Soto, nunca disgustaron sino que fueron comprensivas.

El maestro Leandro siguió tomando la palabra y entregando sus reflexiones bien pensadas. “El dinero acabó con el sentimiento. Ya la poesía, las flores, los cantos y los detalles pasaron a segundo plano, sin pensar que lo bello de enamorar tiene su encanto”.

De un momento a otro apareció su hijo Ivo Luis Díaz, y se acabó el tiempo de resucitar las añoranzas donde sus canciones tienen largos trayectos de nostalgias, sufrimientos y eternos amores, pero Leandro antes de despedirse hizo una referencia que lo hizo sentirse orgulloso: “Ivo me pone a cantar para robarle lágrimas y sonrisas a la gente”.

Esa mañana cayó completa al recibir el despliegue de talento, humildad y cordialidad de Leandro Díaz, el hombre que se dedicó a cultivar en versos todas sus experiencias cotidianas. El mismo que puso a sonreír su vida en medio de las dificultades y soledades que lo acompañaron desde niño.

Hijo agradecido

En esa dialéctica del recuerdo hace 28 años el cantautor Ivo Luis Díaz Ramos decidió hacer la canción que su corazón le dictó. No era una tarea fácil porque se trataba de una petición de esas bordadas con el hilo del sentimiento y además encerrada en el más grande amor del mundo hacía su papá.

Un día amaneció acostado al lado de la inspiración y no había obstáculo a su alrededor. Se sentó, pensó, escribió, cantó y en el cierre estaba decirle a su papá Leandro Díaz, que le iba a entregar sus ojos y de recompensa quería que él le regalara su alma.

Ese cambio era una luz en medio de la oscuridad y los secretos del alma de un hombre que nació con la alegría de un carnaval teniendo como epicentro un bello paisaje natural.

Cuentan que él nació una mañana serena cuando la brisa de la primavera estaba por llegar. Dicen que una madre lloraba de pena tan sola y triste porque una condena él tenía que llevar. Lo que María Ignacia Díaz, no imaginó, cuan fuerte era su muchacho que soportó los impases del destino tan solo con sus cantos.

Ivo aceptó contar esa experiencia de componer una canción que lo transportaba a ese momento glorioso de su vida, donde la alegría se mecía con la melancolía pareciendo hermanas.

Después de concluir su obra maestra vino una parte esencial, el título. Demoró varios minutos y después de un recorrido por los versos llegó a la conclusión que el ideal era ‘Dame tu alma’. Estuvo tan seguro que nunca dudó en cambiarlo.

“Mi canción fue la ganadora en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 1993, la hice para homenajear la vida y obra de mi padre. Es la acumulación de todo lo que viví a su lado. Ser su hijo, ser su amigo, su compañero y su confidente, me llevó a entrar más en su vida”, dijo Ivo.

Teniendo los ojos cerrados para poner de acuerdo su pensamiento, todo ese sentir lo resumió en una frase. “Permanecer a su lado me llevó a estar como cuando la sombra se mete lentamente a las aguas del río”.

Leandro, el grande

De esta dimensión era Leandro Díaz, el hombre que nació el 20 de febrero de 1928 y se despidió de la vida el 22 de junio de 2013, dejando bellos cantos que se quedaron pegados en el sentimiento de todos, debido a que los sacaba por arte de magia desde el fondo de su alma. En fin, dejó su vida enmarcada en recuerdos.

El ciego sabio del vallenato tuvo la virtud de ponerle melodías a sus pensamientos yendo más allá de la oscuridad que abrigaba sus ojos, esos que nunca tuvieron oficio.

El cantautor Ivo Diaz charlando con su padre sobre diversas vivencias.

Él la vista me negó
para que yo no mirara,
y en recompensa me dio
los ojos bellos del alma.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

93 años del natalicio de Leandro Díaz.

Por José Atuesta Mindiola

El próximo 20 de febrero se cumplen 93 del natalicio del maestro Leandro Díaz Duarte, célebre poeta del canto vallenato. Un verdadero artista, libre pensador, de espíritu rebelde, capaz de percibir los misterios de la luz y de la sombra, los sonidos del dolor y los motivos de la vida.

Leandro era un soñador y apasionado lector. Desde muy niño su tía Erótida le leía cuentos y le cantaba versos. En varias ocasiones afirmó—La mujer que más me leyó libros fue Fanny Zuleta en San Diego; también lo hizo Natividad Toncel, una muchacha de Fonseca, y después Clementina, mi mujer-.

Expresaba que los conocimientos fortalecen la mente, y la memoria no solo sirve para guardar información e imágenes, es también un requisito para la creación. Como sabía que su vida era la música, desde aquella noche de su infancia en la finca “Los Pajales”, mientras dormía escuchó una voz que le dijo que se fuera, que su futuro no estaba ahí; y como en la profecía bíblica, sale cual peregrino que solo lleva consigo la luz interior de la esperanza. Su primera estación es Hatonuevo, donde se gana los primeros pesos cantando en una parranda. Y prosiguen sus estaciones: Tocaimo, Codazzi, San Diego y Valledupar.

“Uno debe poner su vida en todo lo que hace, para que todo salga bien”. Su condición de invidente le impidió concentrase en las imágenes visuales, pero desarrolló las otras capacidades sensoriales hasta el punto de lograr un alto grado de la sinestesia, que le permitió percibir una mixtura de impresiones mediante distintos sentidos; por eso pudo describir los colores del viento, la sonrisa de las sabanas, los secretos de los sueños y la tristeza de los árboles. Dedicaba varias horas a pensar en el destino del hombre y en la naturaleza. Pensaba las cosas y de tanto pensarlas se trasformaban en canciones.

Sumergido en la soledad de la ceguera perfecciona sus ideas y la visión del mundo. El filósofo Demócrito encerrado en una cabaña, se pasaba el tiempo pensando y estudiando. Buscaba la soledad e incluso se refugiaba en oscuros sepulcros, alejados de la ciudad. El escritor Jorge Luis Borges en el poema ‘Elogios a la sombra’, dice que Demócrito se arrancó los ojos para pensar. Una metáfora del pensar en las profundidades del silencio.

En Leandro fue un hombre de fe, y en varias ocasiones le escuchamos decir: “Recuerdo que cuando mis hermanos lloraban, yo me ponía a cantar, algo interno me decía: Leandro, la vida sin fe en mí, no tendría sentido. Y me preguntaba, ¿Quién me habla? Y yo decía, es Dios, tiene que ser Dios. Por eso llevo la fortaleza espiritual aferrada a Dios. ¡Si hubiese visto a Dios no fuera tan amigo mío!”

Leandro Díaz era único e irrepetible. Su magnífica obra musical no admite comparaciones. Leandro era Leandro. No se parecía a nadie, y nadie se parecía a él. Nunca se dejó tentar por la ligereza de plagiar versos y melodías. Las nuevas generaciones de compositores vallenatos, deben aprender del maestro Leandro: además, de su sencillez y generosidad, la medida literaria y musical de sus canciones y su riqueza poética; porque la poesía, como la sonrisa del agua, es sempiterna primavera en los jardines del alma.

DÉCIMAS A LEANDRO DÍAZ DUARTE
Por José Atuesta Mindiola

I

En la casa de Alto Pino
de Hatonuevo en la Guajira,
del cielo llegó la lira
que iluminó su destino.
Y siendo joven se vino
a la tierra de San Diego:
Leandro el poeta ciego
de la musa vallenata,
su inteligencia era innata
como la de Homero el griego.

II

En el mundo es conocida
la riqueza de su arte,
es Leandro Díaz Duarte
compositor de la vida.
Su mente siempre florida
para agradecer a Dios
por los dones que le dio
de pintar el universo:
con la pluma de sus versos

y los cantos de su voz.

III

Para mirar sus andares
tenía en el alma los ojos;
cantando tiñe de rojo
la senda de los pesares:
Y por eso sus cantares
vencen la melancolía,
están llenos de poesía
como el sol de la mañana
que hace reír las sabanas
en ecos de sinfonía.

IV

Leandro con sus canciones
fue un edén en madrigal,
su música original
la guarda los corazones.
Leandro tuvo los dones
de ser hombre de virtud,
por dentro tenía la luz
que Dios le dio para el canto;
por su nobleza era un santo
radiante de gratitud.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

«DONDE» es de lo más bello jamás compuesto por autor alguno en nuestro extensísimo cancionero vallenato

Adrian Villamizar

“No me crean, es mi opinión personal”. Adrian Villamizar

Es un paseo donde a mi gusto se conjugan de la manera más espléndida  y armónica la intención lírica del autor con la melodía en donde viaja su obra. Es tan vibrante y sincero su mensaje y esa melodía preciosa que habla por sí sola, que quienes no somos barranqueros y no conocemos  todos los escenarios de la canción (algunos ya devorados por la mina de carbón), igual se nos eriza la piel por la ternura con la que Leandro trabajó los últimos compases de cada estrofa.

Sigilfredo Almenares, médico y auditor médico guajiro, con quien trabajé un año en el Punto de Coomeva en San Juan del Cesar, es hijo del Dr. Nando Almenares (q.e.p.d.), médico también y folclorista consumado. Con “Sigi” compartimos varias tertuliadas de música provinciana y nos contaba de las fiestonas que hacía su papá allá en Barrancas para recibir el año nuevo. Allí en su casa, el domingo 2 de enero del 1972 (según lo que nos contó el Profesor Manuel Esteban Cuello en Valledupar), se develó ante el mundo DONDE, precioso canto vallenato, himno alterno de la tierra consagrada a la Virgen Del Pilar.

Sara Acosta «La Princesa Guajira»

Leandro viajaba entre San Diego y Hatonuevo acompañado por su lazarillo Otoniel Palmezano y decidieron parar en la cabecera municipal y llegar a la parranda que tenía el Dr. Almenares Brito, en donde estaba tocando el juglar Miguel Carrillo Alvarado, a quien entrevisté en Octubre de 2011. Leandro sabía que tenía el bolsillo afectado y desde que salió de San Diego ya iba craneando el meteorito que iba a hacer estallar en Barrancas antes de llegar a su pueblo y por el cual esperaba cosechar lo suficiente para no llegar a la casa materna con las manos vacías. El mismo modus operandi   de “Los Tocaimeros” y  de “La Parrandita” en una vez de las tantas veces cuando visitó a los Vives Echeverría en Santa Marta.

El Dr. Almenares lo recibió con el afecto de siempre y lo presentó con orgullo a los parranderos presentes. Leandro llamó aparte a Miguelacho para que se aprendiera la dulce melodía de DONDE y a continuación vino la feliz hecatombe. No menos de 6 veces le hicieron repetir la obra y no contentos con ello, salieron en caravana a recorrer el pueblo para llegar y acabar, literalmente,  con cada parranda y recrear el impacto emocional tan  grande por ellos vivido.

Sí al llegar con merecimientos ante  el Creador este me llegase a preguntar que escoja tres  momentos de la historia donde me hubiese gustado estar y que puedo revivir con la tecnología celestial, estos serían una piedra en la ladera el día del Sermón de la Montaña, una silla en occidental media del Estadio Azteca el 21 de junio de 1970 y aquel 2 de enero en la camioneta que paseaba (vivo) a Leandro por Barrancas como el Cid Campeador.

La turba presidida por el Dr. Almenares arribó al final al Teatro Apolo de Obardo Pinto, el cual se había adaptado como salón de baile o caseta y que en otras épocas del año servía como tendal de café de los Montes de Oca. Allá se terminó de escribir la historia de uno de los cantos que le parten el pecho a los amantes de la música de acordeón y Leandro llegó a su querido Hatonuevo con las manos llenas de amor y cash money.

Un año después de la gesta, Leandro volvió con otra canción telúrica (MI PUEBLO) recordando a aquel otro canto (DONDE): “Primer domingo de enero yo estaba, con una emoción grandota y sincera”

Me duele en lo más profundo que Leandro, teniendo con que, no haya eternizado en la letra al pobre Miguel Carrillo que lo acompañó sin pretensiones en aquella faena magistral.

DONDE  es de lo más bello jamás compuesto por autor alguno en nuestro extensísimo cancionero. No me crean, es mi opinión personal. ¡Qué hermoso sería SER barranquero para llorar de felicidad con DONDE!  si lloró yo que nací en Argentina.

“Leandro, yo te doy mis ojos, tú me das tu alma”…

Crónica

-Ese fue la primera frase que Ivo Luis Díaz hizo de la canción ‘Dame tu alma’ dedicada hace 28 años a su papá, el poeta ciego, donde lo dibujó de cuerpo entero encerrando hasta sus pensamientos-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

En el año 1992 el cantautor Ivo Luis Díaz Ramos decidió hacer la canción que su corazón y su cerebro le dictaron. No era una tarea fácil porque se trataba de una petición de esas bordadas con el hilo del sentimiento y además encerrada en el más grande amor del mundo hacía un padre ciego de nacimiento.

El cantautor Ivo Díaz, charlando con su padre teniendo como testigo a un río


Un día amaneció acostado al lado de la inspiración y no había obstáculo a su alrededor. Se sentó, pensó, escribió, cantó y en el cierre final estaba decirle a su papá Leandro Díaz, que le iba a entregar sus ojos y de recompensa quería que él le regalara su alma.
Ese cambio era una luz en medio de la oscuridad y los secretos del alma de un hombre que nació una mañana cualquiera con la alegría de un carnaval teniendo como epicentro un bello paisaje natural…

Cuentan de qué él nació una mañana serena
cuando la brisa de la primavera estaba por llegar.
Dicen que una viejita lloraba de pena
tan sola y triste porque una condena él tenía que llevar,
pero tal vez no imaginó la vieja, cuan fuerte era su muchacho
que soportó en la vida la miseria tan solo con un canto.

Ivo, aceptó siete años después de la muerte de su padre, contar esa experiencia de componer una canción que lo transportaba a ese momento glorioso de su vida donde la alegría se mecía con la melancolía pareciendo hermanas.
Después de concluir su obra maestra vino una parte esencial, el título. Demoró varios minutos y después de un recorrido por los versos llegó a la conclusión que el ideal era ‘Dame tu alma’. Estuvo tan seguro que nunca dudó en cambiarlo.
“Esta canción la hice para homenajear la vida y obra de mi padre. Es la acumulación de todo lo que viví a su lado. Ser su hijo, ser su amigo, su compañero y su confidente, me llevó a entrar más en su vida. También pensé en una crónica que le hizo el periodista Juan Gossaín donde decía que mi papá veía con los ojos del alma”.
En ese círculo del recuerdo pensó que con el alma de Leandro haría esos versos hermosos que él elaboraba en su memoria para cantarle a Dios, a las mujeres, a los amigos, a la naturaleza y mirar la vida de una manera distinta. Naturalmente él vería el sol, la luna, la belleza de la naturaleza, la cara de todos y su alegría no tendría comparación.
Teniendo los ojos cerrados para poner de acuerdo su pensamiento todo ese sentir lo resumió en una frase. “Permanecer a su lado me llevó a estar como cuando la sombra se mete lentamente a las aguas del río”.
No había lugar a frenar por ningún motivo todas las referencias que hacía de su padre, de quien conoció los secretos del folclor teniendo como testigos los ojos del alma.
“Viví a su lado todas sus vivencias, sus tristezas. Me contó todos los trabajos que pasó al haber nacido ciego en un ambiente tan difícil en Altopino, jurisdicción de Barrancas, La Guajira. Él, tuvo una niñez llena de altibajos, dándose golpes, de mucha discriminación hasta de sus propios padres. Terminó siendo rechazado a pesar de ser el primer hijo del matrimonio”, cuenta Ivo.
Esa historia explicada por Leandro Díaz marcó a su hijo, quien al lado de su familia se propuso amarlo y cuidarlo hasta el final de sus días. Y así sucedió.
No quiso continuar con esos episodios tristes, sino narrar la fuerza de voluntad de su padre quien de la mano de Dios, quien nunca lo dejó, salió adelante. “Supe como se hizo músico. De su tía Erótida Duarte cuando le entonaba canciones que él se las aprendía rápidamente. También le leía muchas historias de distintos libros. Eso le fue creando el interés por la literatura y en su momento escuchó distintas estaciones radiales que fueron vitales para estructurar sus conocimientos”.

Leandro Díaz, sonreía cuando el viento soplaba a su favor y el día pintaba agradable

Las peripecias de Leandro

Llegó el momento de Leandro dejar su hogar y abrirse paso en la vida. Ese momento no fue fácil porque en ese camino hasta llegar a Tocaimo, Cesar, encontró puertas cerradas y algunas las abrían con condiciones.
“Algunos acordeoneros se reían porque muchas veces se atravesaba en el canto. Los compositores se burlaban de sus canciones porque decía cosas distintas desde su óptica de vida”, expresó Ivo Díaz.
No acertaba una y por eso hizo la canción ‘El negativo’ porque muchos en las parrandas le prometían infinidad de cosas, pero pasado el tiempo se les olvidaba.
Después de pasar momentos difíciles vino la satisfacción porque cayó en el paraíso del folclor donde el silencio era fuente de inspiración. El mismo juglar lo aseveró. “Si Dios no me puso ojos en la cara, fue porque se demoró lo necesario para ponérmelos en el alma”.

Ivo Díaz, cantando en el monumento en homenaje a su padre ubicado en San Diego, Cesar

Monumento y escultura

La aceptación para Leandro Díaz fue tan grande que Gabriel García Márquez lo usó de inspiración en su libro ‘El amor en los tiempos del cólera’, destacando su gran composición ‘La diosa coronada’ y el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2011, fue en su honor al lado de Lorenzo Morales. También se le hicieron una escultura en Valledupar y un monumento en San Diego, Cesar, pasando entonces de negativo a positivo.
Ivo sonríe y agradece a todos los que quisieron a su papá y valoraron su talento innato. Enseguida hace una rápida anotación no solamente de las canciones que no se cansa de interpretar en distintos escenarios, sino a una célebre frase que le trae muchos recuerdos. “Ivo me pone a cantar para robarle lágrimas y sonrisas a la gente”.
Esta vez, el que lloró fue él, al recordar a ese padre noble y bueno al que le dedicó la canción ‘Dame tu alma’, ganadora en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 1993, teniendo el seudónimo de ‘El hijo del ciego’, y que luego la grabó con Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza.
Hubo un momento especial en la charla cuando contó la reacción del maestro Leandro al escuchar la canción. “Estando en mi casa le pedí la melodía en el acordeón a ‘Colacho’ Mendoza. Comencé a cantar y los presentes estaban en silencio. Antes de terminar mi papá estaba llorando y todos lo acompañamos”.
Ahora ante esta remembranza dijo. “Mi papá me dejó parte de su alma porque el resto se la regaló a la humanidad”.
Ivo Díaz, dejó la constancia de ese hijo al exaltar a su papá, quien armado de talento se dedicó a cultivar en versos todo lo que giraba a su alrededor, haciendo posible que la vida le sonriera en medio de distintas dificultades. Es más, tuvo la gran virtud de señalar su rumbo a través de una de sus célebres frases. “Mientras más lento se piensa, más rápido se triunfa”.

Cantos a Leandro

A Leandro Díaz, no solo le cantó su hijo, sino que dos compositores guajiros Deimer Marín y Adrián Villamizar, le hicieron las canciones: ‘Maestro de maestros’ y ‘Ciegos nosotros’, ambas ganadoras en el Festival de la Leyenda Vallenata de los años 1999 y 2011, respectivamente.
En ellas enmarcaron al trovador con el mejor registro humano y musical viéndolo como un luchador constante y digno de emular. También que superó barreras siendo fiel al canto de la primavera y tomando del agua más pura del folclor.

Canta, canta entonces, alma de poesía
y bríndale un goce a la gente mía.
Yo te entrego todo, si tú vida cambia,
yo te doy mis ojos, tú me das tú alma.

Leandro Díaz, el hombre que supo con sus cantos espantar las tristezas, decir que en adelanto iban esos lugares porque tenían su diosa coronada y en su pensamiento vio sonreír un amplio terreno de tierra cuando caminaba una bella mujer, hoy a pesar de despedirse de la vida hace siete años, sigue siendo un juglar eterno que tuvo la ventaja de ver con los ojos del alma.

BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas