RECORDADO AL DOCENTE JAIRO JIMÉNEZ DANGOND.

Por: José Atuesta Mindiola

El escritor Ernesto Sábato, aspiraba a vivir cien años (y murió faltándole pocos días para cumplirlos), decía que unas de las claves de la longevidad es pensar y vivir el presente, y no meditar tanto en el futuro, porque el futuro está más cerca de la muerte. Tal vez, por eso interiorizó este pensamiento de Jorge Luis Borges: “el tiempo es como el río que nos arrasa, pero yo soy el río; es como un tigre que nos destroza, pero yo soy el tigre; es como el fuego que nos consume, pero yo soy el fuego”.

Estas premisas de Borges, de conocer bien dificultades para vencerlas, es como si alguien dijera: “Quien piensa en la vida, la vida lo premia; quien piensa en la muerte, la muerte rápido lo alcanza”. Claro está, que todos no cuentan con la misma suerte ni los designios de Dios para vencer los avatares del tiempo y vivir los largos años de Ernesto Sábato.

Algunos viven temerosos de la muerte, porque temen al olvido; sin embargo, los que han cultivado en las praderas del amor, la fraternidad, la honestidad y el respeto por sus seres queridos y sus semejantes, después del viaje final, su nombre y sus buenas acciones permanecen en el corazón de sus familiares y amigos.

Un ejemplo fehaciente, el profesor Jairo José Jiménez Dangond. En las páginas de la memoria de sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, resaltan: sus cualidades profesionales, su responsabilidad, compañerismo, liderazgo, y sus dones artísticos para la música y el buen humor.

Era nativo de Santa Marta (10 de diciembre de 1949), y llegó a Valledupar a la edad de 4 años, con sus padres, Miguel Enrique Jiménez Cudri, de Santana, y Lilia Dangond de Jiménez, de Villanueva. Su primera maestra fue María Namén, cuyo afecto compartió con Alfonso Campo, su mejor amigo de escuela y por siempre. También estudio en la Escuela Parroquial y en el Colegio Nariño. Bachiller del Loperena en 1970. Se graduó de profesor normalista en la Normal María Inmaculada de Manaure, licenciado en Administración Educativa de la U. de San Buenaventura y especialista en Gerencia de Instituciones Educativas en la Universidad del Tolima.

En 1973, inicia su vida laboral en la escuela Anexa a la Escuela Industrial, y continua en el colegio José Antonio Galán y en 1975, director de la Mixta Guatapurí. En 1977 es nombrado supervisor de Educación de la zona de Mariangola, y luego es ascendido a jefe de Educación Especial, Preescolar y Primaria del Departamento del Cesar, y después a coordinador de Promoción Juvenil, Prevención de la Drogadicción y Uso Creativo del Tiempo Libre. Además, fue asesor de los Secretaría de Educación departamental y en varias ocasiones fue encargado secretario de Educación. El último cargo fue el de Gerente del Plan de Modernización de la educación del Cesar, hasta el 26 de junio del 2006, cuando interno en una clínica de la ciudad, su corazón se detuvo.

Jairo Jiménez Dangond, no sólo dejó sus huellas de excelente amigo, docente y funcionario, sino una hermosa familia: su esposa, la licenciada, Miriam Elena Fadul Dangond, y sus tres hijos, Francesco, médico; Jairo, arquitecto, y Jamir Ernesto, ingeniero civil.

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Sacha y el candidato

CUENTO

Por José Atuesta Mindiola

Sacha es una perra loba siberiana, parece una escultura de nieve andante, destella ternura entre los niños y simpatía en los adultos.  Es motivo de adioses de los niños cuando su dueña suele pasearla las tardes por las calles de su barrio; llama la atención cómo mueve el espiral de su cola.

Sacha es referencia obligada de todo el que llega a casa de su dueña. El padre de la dueña es un abogado que hace poco perdió a su esposa, también abogada con importante cargo en la rama judicial. Sobrelleva los días y la nostalgia paseando a Sacha; ese oficio es reciente, antes se negaba cuando su hijo se lo sugería. Es como una ley natural, los padres al final terminan cediendo a los gustos de los hijos. Ahora, por las tardes recorre las calles y visita el parque del barrio agarrado del collar de Sacha, quien feliz mueve su cola y sigue mansa el lenguaje perruno de su guía. En un rincón del desolado parque hace sus deposiciones a la misma hora de siempre.

Pasear a Sacha es una distracción para un hombre cerca ya de los 60 años; aún la ausencia de su esposa es un tizón encendido en su recuerdo. En las noches sus amigos vecinos le invitan a jugar parqué, un sano juego donde el cigarrillo y el licor están prohibidos. Solo se permite un termo de café. En esa rutina han desarrollado la disciplina del buen perdedor, porque no se apuesta dinero. El ganador que triunfa celebra con carcajadas. Lo mismo hacen los perdedores.

Donde hay un grupo de hombre, la política termina por inmiscuirse. En dos meses son las elecciones de La Junta de Acción Comunal del Barrio, y todos coincidieron en que el abogado es el candidato ideal; además, le sirve de distracción para amainar el peso de la viudez. Cuando le hicieron el ofrecimiento, de inmediato lo rechazó. El recuerdo de tres derrotas consecutivas a la alcaldía de su pueblo, un modesto municipio ganadero a orillas del rio Magdalena, todavía es hiel en sus labios. –No quiero saber nada de elecciones, a eso no le juego–. Respondió.

Los episodios de la última derrota aún le pesaban en la memoria. “Dos horas después de finalizar las votaciones, ya festejaba con sus seguidores; su ventaja era de 500 votos sobre el segundo candidato. Solo faltaba un caserío cuyo potencial electoral no era superior de 50 votos; pero cuando llegó el delegado de la Registraduría, acompañado de hombres armados, trajo un informe de 650 votos en su contra”. <<Y sin derecho a reclamos>>, dijeron los hombres armados.

–Pero aquí es diferente, le insistían los amigos.

–Aquí no hay pierde. Seguro vas a ser triunfador. Nosotros te hacemos la campaña.

Ante tanta insistencia fue cediendo. La miel del triunfo es una tentación para el ser humano.

Sus amigos iniciaron el proselitismo electoral… “Tenemos de candidato un abogado pensionado, con experiencia, honrado y buen amigo, con deseos de servir. Una persona elegante, vive cerca del parque…”

–Pero a ese señor, yo no lo conozco–, dijo más de uno de los visitados.

–Si lo conoces, es ese que de tarde pasea su mascota por el barrio.

–Ah, ¿ese señor alto de bigote que pasea a la hermosura de Sacha y que a mis hijos y a todos nos encanta su blancura y su gracia al caminar?

–No se preocupen. Por esa blancura de animal, ¡vamos a votar por ese candidato!

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HOMENAJE AL PROFESOR Y ESCRITOR CÉSAR LÓPEZ SERRANO

Por José Atuesta Mindiola.

César López Serrano (La Paz, 1945 – Valledupar, 2021), licenciado en Filología e Idiomas. Uno de los docentes más representativos de la literatura del departamento del Cesar. Al lado de otros amigos fue promotor de tertulias que fomentaron, en Valledupar y municipios vecinos, la dinámica de interacción en torno a la narrativa y la poesía. Por más de 40 años ejerció la docencia en Valledupar: Colegio Loperena (1974-76), Técnico Industrial Pedro Castro Monsalvo (1977-2010), Colegio Pedagógico Moderno (1980-1994) y Universidad Popular del Cesar (1981- 2015).
El maestro Cesar López Serrano fue un lector infatigable. Frente a los espejos de su memoria pasaron memorables sucesos y personajes de la literatura: Ulises luchando en el mar con Poseidón en su regreso a Ítaca para el reencuentro con Penélope. Los Molinos de vientos agitando la soberbia de la imaginaria batalla con Don Quijote de la Mancha. El despertar de Gregorio Samsa en la cuna de su metamorfosis. La armonía de los círculos sonoros de los sonetos de Quevedo. El otear en las cumbres de las montañas de Machu Picchu en las páginas del Canto General. El Toro barcino de cornamenta brava de rodillas frente a la capa roja de Luis Mizar. Los sueños libertarios en los proyectiles del Popano de Diomedes Daza.

Por instantes ponía sus pies en la nostalgia de los Zapatos Viejos de Luis Carlos López, mientras Jaime Sabines convocaba a los amorosos que juegan a coger el agua y a tatuar el humo.

El maestro César López celebraba con fascinación el desfile de los grandes escritores de las renombradas generaciones y de los diferentes movimientos literarios que dejaron su caligrafía en la piel del tiempo. En compañía de Alfonso Parra, Diomedes Daza, Simón Martínez, Luis Mizar y el suscrito, fundamos en 1989 el grupo Literario Alfarero. Era el coordinador de la cofradía de la palabra. En su faceta de escritor, publicó varios artículos en revistas regionales, y escribió cuentos y poemas; fue incluido en la revista Letras Nacionales en 1979 y en la Antología de Cuentos de autores cesarenses», publicada en 1994, por el Instituto de Cultura y Turismo del Cesar, (ICTC).

Su cuento más recordado es ‘La lagartija de la abuela’, que está en la Antología de cuentos de autores cearenses. ‘La lagartija de la abuela’ es la patética narración de la soledad de los abuelos. En 1999, Naudith Rodríguez Moreno, en calidad de estudiante de Licenciatura de Lenguas Modernas y director del Grupo de Teatro La Carreta de la UPC, realiza la dramaturgia del cuento y presenta el montaje, por primera vez, en el auditorio de la sede «Sabanas»; y el profesor César López asiste como invitado especial. Ese mismo año, la obra se presenta en el «Festival regional de teatro universitario», en Cartagena, y obtiene el primer puesto; luego la presenta en Cali, en el «Festival de teatro universitario», organizado por ASCUN (Asociación colombiana de Universidades), y gana el premio a la mejor dramaturgia.



Tres poemas de la autoría de César López Serrano.
RÉQUIEM POR UN TRAIDOR

Horadante tutor de la patraña,
acuciosa estafeta del engaño,
espejo receptor de la mentira,
¡requiescat in pace!

Humos negros se elevaron al cielo,
la democracia se vistió de luto,
el campanario cantó su nota triste,
el dolor artificial de los banqueros….
se propagó como la sombra de la tarde.

Música fúnebre acompañó el cortejo,
oradores prometieron pedestales
en su memoria,
un farsante se ofreció en holocausto…. .
.


ELEGÍA A VÍCTOR JULIO ROSADO

Este hombre de campo se levanta
libre como ave sin frontera.
Hijo del sol y los potreros,
desnudó los pies a los cascajos,
chapaleó con en barro humedecido.

Este hombre leñoso fue una fibra
maciza que hizo un rito del trabajo:
lucero de la aurora en las tinieblas,
domador de muletos y los potros.
Alfarero del surco y la semilla,
pastor alegre en viaje de ganados

Este añejo hombre fue abuelo:
Pétalo nupcial de la ternura,
savia esparcida de retoños.
Madeja indefectible del gracejo.

Rota la flecha de su vida,
su partida fue un rio sin rumor,
deja corola sin aromas y una
muda presencia en cada paso.


EL MONO ZULETA (Soneto)

El más genial de todos los chistosos
que han nacido en el pueblo de La Paz.
Ponderativo y pensador capaz,
y de salud -decía- ni un corozo.

Su ingenio de talante muy jocoso
puso a prueba en un minuto fugaz,
cierta vez que un ventero bien tenaz
le propuso un radio muy hermoso.

Movía los botones del cuadrante
el hombre con su radio en ambos brazos.
– ¿Qué emisora es esa? – preguntó tajante.

¡Guatapurí! – clamó el ventero a plazo.
El Mono respondió desconcertante:
¡esa se coge aquí hasta en calabazo!

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

LA DIGNIDAD DE LA MUJER

Décimas

Por José Atuesta Mindiola

I

Del camino es la mujer
el sol radiante que alumbra,
y deshace la penumbra
con el albor de su ser.
Espejo de amanecer
la imagen de su belleza,
su lealtad es fortaleza
en el hogar y el trabajo,
no camina por atajos,
la honradez es su nobleza.

II

El amor de su mirar
es como el agua del río,
vence la sed del estío
con su permanente andar.
El edén de su cantar
es la villa primorosa
donde florece dichosa
la vida honesta y bonita.
Toda mujer es bendita
como el rocío en la rosa.

III

Hay hombre que en proceder
de tirano escandaliza,
quiere ver siempre sumisa
y de esclava a la mujer.
Del abuso del poder:
el acoso laboral,
también a veces sexual;
complementa este calvario
de los asuntos diarios
la violencia conyugal.

IV

Hoy reclaman las mujeres
en el género, equidad.
El respeto y la dignidad
escudos de sus quehaceres.
En cuestiones de saberes
no existe la diferencia,
el don de la inteligencia
es de la especie humana,
porque el hombre que se ufana
tiene vacía la conciencia.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola

¡NUEVO!

El ingeniero constructor de la familia

Por José Atuesta Mindiola

Wilber Acosta De la Cruz desde niño buscaba en el tiempo el color de los hilos para tejer su propia historia. En el corregimiento de Valencia (Valledupar), realiza sus estudios de primaria (74-76), donde sus padres (nativos de Sitio Nuevo, Magdalena), habían llegado en 1974.

En el Instituto Técnico Industrial Pedro Castro de Valledupar cursa cuatro años de bachillerato, sobresale con su comportamiento integral y destella talento en matemática y en dibujo artístico y técnico, y empieza su afinidad por dos colores: el amarillo por ser el color de los ladrillos que hacía con su padre en Valencia y origina los anhelos de ser ingeniero civil o arquitecto; y el verde, por ser el color de la esperanza.

Con el sueño de ser un profesional se va para Barranquilla, y aferrado a su proyecto logra subsistir en un mar de dificultades económicas para terminar el bachillerato en el Técnico Industrial (1982).  Regresa a Valencia, y les manifiesta a los padres el propósito de seguir estudiando, con una alternativa de trabajo. En 1983 se queda haciendo ladrillos, para ahorrar y viajar el año siguiente.

Por sugerencia de un amigo ingresa a la Escuela de Policía ‘Antonio Nariño’ en Barranquilla (1984).  Inicialmente, el interés de incorporarse a la institución era una de las posibilidades de continuar con sus estudios universitarios, y pronto pudo comprobar que es una opción laboral y de servicio nacional donde “cada acción emprendida y ejecutada, siempre pensando en el ciudadano, que aún sin conocerlo, para protegerlo arriesga uno la propia vida”.

En la Policía encuentra el color y los hilos para tejer su proyecto de vida. No terminó ninguna de las dos profesiones soñadas, pero fue el ingeniero constructor de una amorosa familia. Su esposa es su novia juvenil de Valencia, Arelis Mercedes Daza Rosado, y tienen cinco hijos; tres siguieron su vocación: El mayor es teniente y abogado. El segundo es capitán, piloto de helicópteros. El tercero, pronto obtendrá el título de subteniente.  De sus dos hijas, una es administradora de empresas. La otra, estudia medicina en la U. Simón Bolívar en Barranquilla.

Wilber Acosta De la Cruz, ostenta el grado de Sargento Mayor, y el cargo actual, desde octubre de 2016, suboficial de Comando del departamento de Policía Cesar. Para cumplir el sueño académico profesional, está estudiando derecho en la UPC, en 8° semestre, y al graduarse se retirará de la Policía, después de más de 36 años y con muchos premios y condecoraciones, para poner al servicio de la comunidad la nueva competencia.

Nos dice el Sargento: “Mi mensaje a todos los jóvenes de Valencia, del Cesar y de Colombia, que se mantengan alejados de todas aquellas tentaciones, como el dinero fácil, la delincuencia, el alcohol, las drogas, que al caer en ellas destruyen su vida y la de su familia, y es la peor de las tragedias que puede llegar a experimentar un ser humano”.

BLOG DELAUTOR: José Atuesta Mindiola

RECORDANDO A EMILIANO ZULETA BAQUERO

(11 de enero 1912 – 30 de octubre 2005)

POR JOSÉ ATUESTA MINDIOLA

I

Un juglar por dinastía
era Zuleta Baquero,
el don de acordeonero
Dios a él se lo confía.
Su madre Sara María
verseadora costumbrista,
y su padre un trompetista
el gran Cristóbal Zuleta.
Emiliano fue poeta
y músico repentista.

II

Emiliano era un portento
de grandeza natural,
hoy es leyenda inmortal
Olimpo de su talento.
Un jardín de sentimientos
dotado de gran virtud,
cultivó la gratitud
y el respeto por la gente.
Su nombre estará presente
como un racimo de luz.

III

Los pueblos agradecidos
recuerdan a este juglar,
su música fue un altar
para vencer el olvido.
Jamás se dio por vencido
en asuntos musicales
floreció como trigales
con espiga en melodía,
y cantó La Gota Fría
para Lorenzo Morales.

IV

Tiene historia musical
este músico de fama,
y Valledupar lo aclama
como rey del Festival.
La piqueria universal
de Morales y Zuleta
le dio la vuelta al planeta
en voces de otros cantores.
Que vivan los trovadores
de esta tierra de poetas.

BLOG DEL AUTOR: José Atuesta Mindiola