Crónica: ‘Rumores de viejas voces’, de Gustavo Gutiérrez, el poeta romántico del vallenato

Por: Juan Rincón Vanegas– @juanrinconv

-‘El flaco de oro’, en el año 1969 se coronó como el primer rey de la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata y 13 años después volvió a repetir el triunfo-

Gustavo Enrique Gutiérrez Cabello.Valledupar, Cesar, 12 de septiembre de 1940.

Gustavo Gutiérrez Cabello, el hijo de Evaristo Gutiérrez Araújo y Teotiste Cabello Pimienta, desde muy joven tuvo la virtud de convencerse que la vida sin amor no tiene ningún sentido. De igual manera, en sus canciones se descifra el más extenso poema cantado por donde corre un mundo lleno de nostalgias, tristezas y pocas alegrías.

Definitivamente es el hombre solitario que le canta a su Valledupar del alma y muy bien lo afirma con toda sinceridad. “En el transcurso de mi vida me he ido volviendo más melancólico y más triste por los años. Eso sí le agradezco a Dios que me otorgó el talento justo a mis pretensiones y eso vale todo el tesoro del mundo”.

No se podía ingresar al objetivo de la historia porque el poeta romántico y soñador continuaba exponiendo sus razones de vida. “Yo soy una persona común y corriente: sencillo, simple y me catalogo cariñoso. Me gusta la tranquilidad, estar solo y rodeado de pocas personas. Nunca estuve deseoso de fama y popularidad, y he tratado de eludirla hasta donde es posible, pero llega un momento en que es imposible”.

Siguiendo a toda carrera por sus comienzos como compositor expresó. “Mi inicio fue producto de un desengaño, quien lo iba a creer, pero es la verdad. Mi primera canción la hice por unos celos cuando contaba con 19 años. A ese desengaño le hice una letra que titulé ‘La espina’, y como con la poesía no me iba bien le puse música y la estrené con el acordeonero Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza”.

Continuó diciendo. “Dicen que mi primera canción es ‘Suspiros del alma’, pero esa fue como una especie de ensayo porque para mí la primera es ‘La espina’, que me marcó toda la vida, una marca indeleble que me grabaron inicialmente las orquestas de Pacho Galán y La Billos Caracas Boys”.

Valledupar, novia inmortal

Una buena cantidad de canciones de Gustavo Gutiérrez giran alrededor de Valledupar, la Capital Mundial del Vallenato. Esa donde ha vivido precisamente en todo el corazón de esta bella tierra, la plaza Alfonso López. Exactamente en sus palabras lo plasmó con total claridad.

“Valledupar es mi novia inmortal, la más fiel de todas, la que nunca me produjo desengaños, ni celos. Siempre está ahí inmutable y la contemplo hermosa en el pasado, el presente y la contemplaré hermosísima en el futuro. Yo diría que mi gran amor es Valledupar”.

Enseguida entró a dar una explicación precisa sobre la canción ‘Rumores de viejas voces’ que lo catapultó a la gloria del folclor vallenato, al ser el primer ganador en el año 1969 del concurso de la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata.

“Hace 52 años gané con esa canción que hice cuando ví que Valledupar estaba cambiando. Comenzaban a pavimentarla, se tuvo la primera invasión en ‘Las tablitas’, hoy barrio Primero de mayo. Iba creciendo como algo ineludible porque el progreso no se podía contener, pero hice la advertencia que ojalá nunca cambiara su sentido musical, ese de las vivencias cantadas porque se perdería el encanto de esta amada tierra”.

En ese momento del diálogo llegó la memorable frase de ‘La Cacica’, Consuelo Araujonoguera. “Yo quiero que se mantenga viva y perenne la lámpara votiva de la fe en nuestra música vallenata, en nuestros valores, en nuestro sentido de pertenencia para que cuando pasen los años podamos decirle a Valledupar como Gustavo Gutiérrez Cabello: Rumores de viejas voces de tu ambiente regional, no dejes que otros te cambien el sentido musical”.

De otra parte, en el año 1982 Gustavo Gutiérrez volvió a saborear su segundo triunfo en el Festival de la Leyenda Vallenata con la canción ‘Paisaje de sol’ que después grabara Jorge Oñate con Juancho Rois, donde vuelve a enmarcar a Valledupar.

Así cuenta la historia de la célebre canción. “En aquella ocasión estuve en el corregimiento de Atánquez con motivo de la fiesta del Corpus Christi, y en la tarde al regresar a Valledupar vi un maravilloso paisaje de sol que me llamó mucho la atención. Ya en horas de la noche con toda esa vivencia me senté a hacer la canción que tuvo la mayor proyección en el mundo vallenato”.

Sin dar espacio a más nada cantó uno de los versos. “Traigo la esperanza del hombre alegre de aquel cantor, que en versos y flores mitiga el alma, mata el dolor. Las nubes descansan en la serranía y al bajar al Valle llueven de alegría. Aquel paisaje nació sobre una tarde de sol y allí el destino marcó el sendero de mi canción. Y desde entonces yo soy romántico y soñador, porque no puedo cambiar la fuerza de mi expresión”.

Música a las poesías

Dentro de las confesiones de Gustavo Gutiérrez, está que se inició como poeta y después le añadió la música.

Gustavo Gutierrez Cabello sigue cantando y anorando a su viejo Valledupar

“Antes de componer música vallenata hacía poesías. Lo que pasa es que la poesía es un género en el aspecto escrito que ante la actitud de la vida existe y es hermosísima, pero no comercial y de una vez pensé que llegaba más al público poniéndole música. Entonces en vista de que con la poesía ví que no iba a pasar nada, fue cuando me nació la idea de ponerle melodía a mis letras y casi todas tienen rima y las puedo declamar”.

Al final cuando la charla era larga, la poesía giraba alrededor de las palabras, los cantos eran la mayor fuente de inspiración y ahora más que nunca teniendo una vida calmada que le produce quietud espiritual, él agradeció especialmente el más grande homenaje que le hicieron en el Festival de la Leyenda Vallenato del año 2013. Entonces se aprovechó el instante para invitarlo a recordar una de sus canciones y se quedó con ‘El cariño de mi pueblo’, esa que lo pinta de cuerpo entero con su flacura a cuestas.

Es la verdad porque en esos versos expresa con el corazón en la mano que es un honor que todos lo quieran, es el gran placer que le regala la vida y que muchos desearían. Así es el poeta cantor que ha tenido momentos felices de esos que nunca se olvidan. Además, que lo más bello para él es regalar ternura hasta sentir el cariño de la gente de su pueblo.

Eso sí, teniendo en cuenta que como en la canción ‘Rumores de viejas voces’, no se puede dejar que otros le cambien a Valledupar su sentido musical. “Ese es mi clamor”, recalcó Gustavo Gutiérrez.

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“DURANTE CINCO DÍAS ME MONTÉ EN EL TREN DE LA FELICIDAD”, ROSENDO ROMERO

Crónica

-‘El poeta de Villanueva’, agarrado por la nostalgia y metido de lleno en el silencio que otorga el recuerdo, presentó desde su punto de vista lo vivido durante el 54° Festival de la Leyenda Vallenata-

Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv

Por más de 120 horas el compositor Rosendo Romero Ospino con motivo de su homenaje en el 54° Festival de la Leyenda Vallenata hizo un bello recorrido en el tren de la felicidad, ese que lo llevó a diferentes puntos del corazón del folclor.

Así lo bosquejó teniendo su memoria en línea directa con sus sentimientos y un canto que nunca dejó de escucharse. Era la felicidad del poeta que siempre tenía la luna en la mira y era casi negado al saludar.

También el cantautor escondido en el contexto de las añoranzas al querer morirse teniendo las ilusiones rotas cuando estuvo atrapado en aquellas noches veraniegas. Además, se ubicó a un lado del sepulcro para no quejarse más de esa pena y poder resucitar con el poder de su inspiración.

El compositor Rosendo Romero recibió por parte de la Ministra de Cultura Angélica Mayolo, un gran reconocimiento por su gesta a favor de la música vallenata

Estando meditando como aparece en el afiche promocional, aceptó contar esos instantes que quedaron calcados para siempre en todo su ser.

Sin más preámbulos comenzó diciendo. “Describir ese homenaje del 54° Festival de la Leyenda Vallenata es algo glorioso para mí y mi familia. No esperaba tantos reconocimientos y efusividad de cariño. Por donde iba era recibido con todos los honores. Mi agradecimiento con el corazón en la mano es para la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, una empresa folclórica que hace posible que el vallenato tradicional siga vivo”.

Al contar ese detalle se regresó un momento y comentó. “Todo comenzó el día que me entregaron la noticia del homenaje y me mostraron el afiche. Mi corazón comenzó a palpitar con mayor fuerza. Siguió la visita a la Casa de Nariño donde el presidente Iván Duque Márquez, recibió a la delegación vallenata y pude interpretar varias de mis canciones. En este acto a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata le otorgaron la Orden de Boyacá, soberano reconocimiento a su gesta grandiosa”.

Después el maestro Rosendo Romero opinó sobre lo vivido al ser jurado del concurso de pintura ‘Los niños pintan el Festival Vallenato’, donde participaron 130 estudiantes de Valledupar.

“Esta experiencia resultó maravillosa porque se pintaron los cantos vallenatos comenzando por el acordeón, la caja, la guacharaca y lugares emblemáticos de Valledupar. Hay mucho talento entre los estudiantes de Valledupar porque en ellos está el despertar de la vida y la visión e imaginación creativa. Quiero felicitar a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata por este concurso que anualmente congrega a la niñez alrededor de nuestra amada música vallenata”.

Hizo una pequeña pausa y con el corazón en la mano bajó la vista para acumular esa importante historia. “La noche de la inauguración copó todo. Nunca en mi vida había recibido tantas estatuillas, tantos pergaminos y teniendo a mi lado a las más altas personalidades del país, a mi familia, también al alcalde de mi tierra Villanueva, a muchos artistas y ganándome los aplausos de miles de personas”.

En ese instante el poeta y soñador que ha tenido la virtud de unir versos y ponerles melodías para darle gloria al folclor vallenato, logró atesorar en su corazón todas las energías positivas. Además, esa memorable noche invitó a varios de sus colegas para que lo acompañaran.

“Desde que me hicieron el anuncio del homenaje dije que lo iba a compartir con mi familia, con mis paisanos y con todos los compositores de Colombia. Es así como me acompañaron a cantar en la tarima ‘Francisco el Hombre’ de la Plaza Alfonso López: Gustavo Gutiérrez, Fernando Meneses, Roberto Calderón, Rafael Manjarrés, Marciano Martínez, Reinaldo ‘Chuto’ Díaz, Deimer Marín; los cantantes Silvio Brito, Rafa Pérez y el Rey Vallenato Juan José Granados, entre otros”, anotó Rosendo Romero.

El maestro Rosendo Romero recibió la estatuilla Fundación Festival de la Leyenda Vallenata por parte del presidente de la entidad Rodolfo Molina Araújo

Total agradecimiento

El hijo de Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo, después de pensar como resumir en pocas palabras el homenaje recibido, manifestó. “Para mí lo puedo decir con conocimiento de causa que el Festival de la Leyenda Vallenata es el punto máximo de nuestra música. Ha sido como recibir el Premio Grammy en mi absoluta madurez que me permite apreciar con mayor amplitud este gesto”.

Esta vez, como en su canción no le sobraron las palabras al poner de presente el total agradecimiento. “Este gesto no me hizo superior a los demás, sino que canalicé el cariño sentido en los distintos lugares donde estuve presente. A esto le sumamos los medios de comunicación y redes sociales. Ese cariño no tiene precio”.

‘El poeta de Villanueva’, sigue con esa sonrisa que aparece solamente en momentos de gloria y nuevamente montado en el tren de la felicidad reflexionó sobre los vagones que nunca se detienen, así al maquinista le toque endulzar lo amargo de aquella vieja pena.

En este sentido lo que al célebre compositor nadie le advirtió era que extrañar tenía un alto costo y por eso pidió que ese famoso tren de la felicidad únicamente se detuviera en Villanueva, La Guajira.

Había una razón valedera, porque teniendo abierto el pentagrama de su pensamiento se acordó de su paisana a la que le cantó que por ella el mar se le hizo cielo, la ternura era su mejor fragancia y sus poemas calcaban las noches de su ausencia. De esa manera quiso llegar al mismo lugar donde nació y empezar de nuevo, sabiendo que nada es como ayer, especialmente las navidades, la época más linda de los años.

Al terminar de esbozar lo sucedido alrededor del homenaje recibido, se quedó unido a sus cantos que no tendrán nunca olvido, porque como en el amor todo es un cultivo.

Rosendo Romero Ospino, ‘El poeta de Villanueva’, homenajeado en el 54 Festival de la Leyenda Vallenata

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LOS DICHOS DE ‘PONCHO’ ZULETA, “POR SUPUESTO”

Crónica

-Él se mantiene vigente a través de sus cantos, versos y jocosidades que corren de boca en boca. Es todo un personaje que se define como “Inconmensurable y original en el contexto del universo vallenato”-

Por Juan Rincón Vanegas
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La vida de Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta Díaz, ha trascurrido entre presentaciones musicales, parrandas, apuntes jocosos y comidas de monte. Eso hace parte de su idiosincrasia como el hombre que llena todos los requisitos para estar enmarcado dentro de las celebridades del vallenato de ayer y de hoy.

En ese sentido aparecen los famosos dichos que refiere con una gracia única regándose de inmediato como verdolaga en playa y causando la natural celebración. Dos ejemplos son: “Y nos acabamos, cuando a mí me corten la lengua y a mi hermano le corten los dedos” y “Yo conozco al flojo, aunque lo vea sudao”.

Esos dichos en la voz de ‘Poncho’ Zuleta, tienen la mayor naturalidad sintiéndose con sabor a tinto recién bajao del fogón de leña, lo mismo que a suero con yuca y pescao frito.

Cuando al artista se le indaga sobre los famosos dichos sonríe y expresa. “Esa es la identidad de nosotros los costeños que le ponemos la pimienta y el sabor a los hechos cotidianos. Desde siempre los dichos se han impuesto y es una cantidad que no alcanzaría a referir. Los dichos hacen pareja con los cuentos provincianos que son inigualables”.

Entre los cuentos donde ‘Poncho’ Zuleta, ha sido protagonista aparece el narrado por el legendario cajero Pablo López, cuando en el año 1982 estuvieron en Estocolmo con motivo de la entrega del Premio Nobel de Literatura al escritor Gabriel García Márquez.

“En aquella ocasión ‘Poncho’ Zuleta quería tomarse una foto con el rey de Suecia y observó un tipo elegante y bien parecido. Entonces me dijo, ese es el hombre. Le expliqué que dudaba que fuera el rey, pero insistió y le tomé la foto. A cabo rato supimos que el tipo era el botones del hotel. Enseguida, ‘Poncho’ nos advirtió que cuidado mostrábamos esa foto”.

‘Poncho’ al lado de su hermano Emiliano Zuleta, puso en lo más alto el nombre de la musica vallenata – Foto Fundación FLV

Siguiendo con los cuentos provincianos ‘Poncho’ Zuleta, la mayoría de veces ha referido los del inolvidable Jorge Oñate. “Una vez ‘El Jilguero de América’ viajó a Estados Unidos. Al llegar al aeropuerto de Washington y ver la bandera de ese país dijo, aquí el Junior de Barranquilla gana más de la cuenta, mire el montón de estrellas que tiene”.

De otra parte, es el autor de muchos dichos que ha incluido en distintas producciones musicales o narrado en parrandas, lo que se ha constituido en un valioso aporte al folclor vallenato.

  • – Mi amor si la belleza matara, tú no tendrías perdón de Dios.
  • – La verdad es que yo no sabía lo que era querer tanto a una mujer.
  • – Ay ombe, tengo el corazón suavecito…
  • – Y esos ojos tan lindos que me tienen encandilao.
  • – El vallenato es como la yuca, nunca aburre.
  • – Más peligroso que una aguja en un pastel.
  • – Tú veras sino regresas, yo he hecho todo lo posible.
  • – Cógeme el trompo en la uña.
  • – Ay que tener conformidad porque la vida comienza es mañana.
  • – Pica, pica, papujo pica.
  • – Cada pato con su mazorca.
  • – Yo también echo mis mentiritas, pero no así.
  • – Mi única esperanza eres tú, pero mejor no digo tu nombre.
  • – Cariño, mátame con el fuego de tu mirada.
  • – Yo soy como el hambre que va y vuelve.
  • – Oye morenita, llegaste como mandada de Dios.
  • – Ay muñeca me tienes trasnochao.
  • – Bueno mi gente, que no se note la pobreza.
  • – Te saben los labios a miel de abeja.
  • – Compadre Emiliano póngale ‘Coimbre’ a ese acordeón.
  • – Pero mis hijos si me respetan, tengo una vara de totumo suazá.
  • – Cuando es que nos pegamos otra cogía.
  • – Eso es por no dejar, entre más lejos te vayas más te quiero mi vida.
  • – Ajo, borracho flaco que ha dado lidia.
  • – Hoy estoy más fácil que un purgao.
  • – Que cada centella sea un trago de ron.
  • – Ajo, Emilianito estoy como un pavo real.
  • – El pecado se comete cuando las faltas no se reconocen.
  • – Apenas se acaba la botella se hacen los borrachos.
  • – Están gorreando y picándoles el ojo a las mujeres ajenas.
  • – Hoy me meo la barba como el chivato arrecho.
  • – No te cambio ni por suero salao.
  • – Esto es pura mazorca y bollo limpio.
  • – Jala más que una manila.
  • – Linda ella hasta el cabello y si se peina se ve mejor.
  • – Tranquilo compadre, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.
  • – Haga como yo, no le baje la guardia, insista.
  • – Tranquila mi gente que la esperanza cura.
  • – Y esos amores secretos cuando vienen a ver es el barrigón.
  • – Ay mi vida, me sabe la boca a canto.
  • – Bonito que estoy yo ahora. De donde mi comadre Tirsa, a donde mi comadre Sagrario y viceversa.
  • – Ahora es que se a ver la tusa que purga al mono.
  • – Es que nosotros si nos hemos comío las verdes y las maduras.
  • – Carajo y esto es pa’ que sepan que el jobo mata.
  • – Sabroso que es el encoñamiento.
  • – Vamos mujeres que el sobregiro aguanta.

En medio de este recorrido de dichos, aparece el canto dedicado por Diomedes Díaz a ‘Poncho’ Zuleta, llamado ‘A un colega’, donde destaca de manera especial su gesta en la música vallenata. “A Dios le pido compadre que me le dé larga vida, porque con su canto bonito hasta los dolores se alivian”. Y continuó diciendo. “Que cante ‘Poncho’ Zuleta, que cante toda la vida, esas canciones sentidas que alegran el corazón”.

La vacuna

El pasado 13 de abril a ‘Poncho’ Zuleta le aplicaron la segunda vacuna contra el Covid-19, pero al hacerlo preguntó qué a partir de cuándo se podía tomar sus tragos de licor. Le contestaron que lo mejor era no beber en las siguientes 72 horas. Enseguida sonrió y expresó. “Gracias. Me asustaba era que el tiempo de abstinencia fuera de un mes”.

En otro momento, al indagarle a ‘Poncho’ Zuleta, sobre su edad indicó que los años no se cuentan, sino que se viven. También hizo una jocosa referencia a su edad. “Yo tengo 10 años menos que mi hermano Emilianito”.

Así se la pasa ‘Poncho’ Zuleta alegrando en invierno y en verano la vida de los amantes del folclor vallenato. Naturalmente, dedicando cantos, dichos y versos que se mantienen vigentes con el paso del tiempo y que son como la yuca que nunca aburre. “Por supuesto”.

Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta Díaz, a su canto le añade diversos dichos que recorren el mundo vallenato – Foto Fundación FLV

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AQUEL RETRATO INOLVIDABLE DE NICOLÁS ‘COLACHO’ MENDOZA

Crónica

-Hace 18 años murió “Nicolás Elías”, como lo llamaba Diomedes Díaz, dejando su nombre enmarcado en los anales del folclor vallenato donde aparece como el primer Rey de Reyes del acordeón en el año 1987-

Por Juan Rincón Vanegas

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Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, primer Rey de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1987

Cuando Nicolás Elías Mendoza Daza creyó que su corazón tenía la edad precisa para amar, tomó la determinación de hacerlo y en esa ocasión no lo demostró con notas de su acordeón, sino con un retrato para que la joven escogida tuviera su imagen a primera vista.

Ella, Fanny Lourdes Zuleta Fernández lo recibió y lo guardó como el más grande tesoro, no sin antes decirle que SI. Esa respuesta puso de fiesta al corazón del gran ‘Colacho’ Mendoza, quien desde ese instante comenzó a edificar ese amor que llegó hasta el final de sus días, el 27 de septiembre de 2003 a las 10:45 de la mañana.

El retrato fue el verdadero pasaporte para comenzar más feliz que nunca su vida artística, con la cual cosechó los mejores triunfos desde su llegada a Valledupar procedente de su tierra natal, Caracolí Sabanas de Manuela, La Guajira.

Es así como el siguiente paso, después de dos años de amores y tener el visto bueno de los padres de su amada: Marcos Zuleta y Delfina Fernández, se casó con Fanny el 15 de agosto de 1962, hecho que motivó una canción de su inseparable amigo Rafael Escalona.

Entristecido quedó Escalona
porque Fanny se llevó a ‘Colacho’
mírenla, vestida de blanco
con su velo y su corona.

Al llegar a Valledupar, ‘Colacho’ Mendoza tuvo la mayor acogida por parte de la familia Pavajeau Molina, y poco a poco comenzó a escribir su historia musical que lo puso en el máximo pedestal cuando en 1969 se coronó como el segundo Rey Vallenato al lado del cajero Rodolfo Castilla y el guacharaquero Adán Montero.

En esa ocasión interpretó el paseo ‘La guacamaya verde’ (Luís ‘Pitirri’ Castrillón); el merengue ‘La Pule’ (Emiliano Zuleta Baquero); el son ‘Elvirita Armenta’ (Simón Salas) y la puya ‘Cuando el tigre está en la cueva’ (Juan Muñoz).

Dieciocho años después, se coronó como el primer Rey de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata, y en esa oportunidad lo acompañaron en la caja Pablo López y en la guacharaca Virgilio Barrera. Presentó el paseo ‘La creciente del Cesar’, el merengue ‘La brasilera’, el son ‘Las vacaciones’, todos de la autoría del maestro Rafael Escalona, y la puya ‘Cuando el tigre está en la cueva’, de Juan Muñoz.

Su hazaña musical la redondeó al grabar con los cantantes vallenatos Jorge Oñate, Poncho Zuleta, Diomedes Díaz, Iván Villazón, Silvio Brito, Alberto Fernández Mindiola, Carlos Lleras Araújo, Pedro García, Ivo Díaz, y cerró con Adalberto Ariño.

Las exaltaciones a ‘Colacho’ Mendoza como músico vinieron de todas partes: comenzando por Alfonso López Michelsen, Rafael Escalona Martínez, Consuelo Araujonoguera, y terminando con Gabriel García Márquez, quien escribió. “Bastaba que ‘Colacho’ tocara un vallenato de Escalona para que fuera maravilloso, sin más pruebas que el poder de su talento y la autoridad de su voz”.

En el universo vallenato quedaron regadas por montones las notas del acordeón de este juglar que se ganó el cariño de todos, como el de su colega y amigo Emilianito Zuleta Díaz, quien le regaló una canción:

Es difícil componer una canción
y ponerle el sentimiento que uno quiere
componerla con todito el corazón
y buscarle una apropiada melodía,
por eso es que yo hago esta composición
dedicada para Nicolás Elías
que nació fue pa’ sabé tocá acordeón
y esa es la nota que emociona al alma mía.

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Nicolás ‘Colacho’ Mendoza y Fanny Zuleta, escribieron una gran historia de amor

El hijo de ‘Colacho’

En esas travesías del amor por los vericuetos del sentimiento llegó al hogar de ‘Colacho’ y Fanny, el 24 enero de 1964, el hijo que le seguiría los pasos en la música, Wilber Nicolás, quien se convirtió en Rey Vallenato en el año 2013, y su primer acto fue visitar la tumba de sus padres en el cementerio Jardines del Ecce Homo de Valledupar.

En medio de la emoción infinita y de rodillas sobre ese pedazo de tierra le pidió a sus compañeros de hazaña, el cajero Aníbal Alfaro Simanca y el guacharaquero Wilman Jaimes Barbosa, que lo acompañaran a dedicarle a sus viejos la canción que más les gustaba, ‘La vieja Sara’, del maestro Rafael Escalona.

“Cuando mi padre la interpretaba, mi madre lloraba. Era su canción preferida”, dijo Wilber con la nostalgia dibujada en el rostro al recordar a los dos seres que le marcaron el camino y le dieron la mayor enseñanza de vida.

La historia del retrato

Una tarde del mes de abril de 2004, cuando Fanny Zuleta volvió a retroceder el tiempo debido a que el 37° Festival de la Leyenda Vallenata se hizo en homenaje a ‘Los grandes’: Consuelo Araujonoguera, Alfonso López Michelsen, Rafael Escalona Martínez y Nicolás‘Colacho’ Mendoza, sacó de un viejo baúl los recuerdos gráficos y apareció la famosa foto que tenía una dedicatoria con su puño y letra: “Para mi inolvidable Fanny, de parte de su novio que no la olvida un instante”.

Aquella vez, como agradecimiento al periodista por dedicarse a exaltar a los personajes del folclor vallenato, ella lo hizo depositario de ese recuerdo inolvidable.

Todavía se conserva el retrato de ‘Colacho’ Mendoza joven, lleno de vida y se le añora con su timidez, con sus detalles, con su sombrero, con sus melodiosas notas del acordeón, pero más como lo describió Fanny Zuleta, escondido en su habitación viendo en la televisión el programa ‘El chavo del 8’, que lo hacía reír a carcajadas.

Ese era ‘Colacho’ Mendoza, al que su compañero Ivo Luis Díaz, el hijo de Leandro, lo definió en una magistral canción como “el acordeonero más noble del Valle, el del sombrero fino y el acordeón al pecho”.

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REFRESCANDO LA MEMORIA DE NUESTRA ADOLESCENCIA (1960-1990)

Por: Arminio Piñeres Grimaldi

EL ESPARCIMIENTO JUVENIL DE LOS OCAÑEROS DE LOS AÑOS SESENTA A NOVENTA

Los muchachos Ocañeros buscaban esparcimiento de diferentes maneras; en las tardes de fin de semana unos practicaban fútbol y Béisbol en las peladas canchas de El Tíber y La Primavera; Básquetbol, Voleibol, y Ping Pong en los diferentes espacios escolares o bien hacían natación, luego de duras caminatas hasta Pozo Bravo, cerca de Aguas Claras, o al sitio de La Planta, en el río Algodonal, pues entonces se podía nadar en sus aguas; otros disfrutaban las tardes con sus novias o amigas, en las vespertinas dominicales bailables del Hotel Timaná, animados con las cumbias, porros, boleros y el aire musical de moda del Merecumbé, melodías interpretadas por las Orquestas o Bandas de Lucho Bermúdez, ‘Los Melódicos’, ‘La Billos Caracas Boys’, Pacho Galán, del ‘Loco’ Gustavo Quintero y Peyo Torres con su Orquesta ‘Los Diablos del Ritmo, que se escuchaban con la avanzada tecnología de los discos de 78*RPM. Asimismo se disfrutaban también los inolvidables bailes animados por la Orquesta ‘Ritmo Tropical’, cuyo director era conocido como ‘Rocho’, el popular músico oriundo de Ábrego José de la Rosa Vergel.

Estaban también quienes jugaban en los billares situados al frente del Colegio José Eusebio Caro, uno en el Hotel Alcázar de propiedad del señor José Rodríguez y el otro establecimiento del señor Luis Felipe Torrado, este último atendido por ‘Cataplasma’, un pálido y langaruto personaje implacable con los menores de edad a quienes no permitía la entrada. En esos billares los jóvenes se aglomeraban para presenciar el duelo entre los mejores billaristas. Allí mostraban su habilidad Jairo Gandur, Enzo Grimaldi, Alonso Esper y el ‘Yoli’ Quiñonez, los más diestros jugadores; y alrededor de su juego se hacían apuestas al igual que en el establecimiento de Billares y Campo de Riña de Gallos del ‘Bar Colombia’ de don Pedro Quínn, el cual fue adquirido posteriormente por don Nahin Numa Helo.

Jóvenes más disciplinados y con talento artístico, dedicaban espacios libres de su estudio, al aprendizaje e interpretación del Piano, Guitarra, Tiple, Violín y otros instrumentos en la Escuela de Música dirigida por el Profesor Rafael Contreras.

EL CINEMATÓGRAFO

La hermosa Gina Lollobrigida

Los cineastas asistían a presenciar las películas que se exhibían en el teatro ‘Granada’ donde don Hacip Numa su propietario, ejercía de operario y publicista. Allí se presenciaban muy buenas películas del cine Norteamericano, francés o italiano protagonizadas por actores de la calidad de Humphrey Bogart, Errol Flint, Clark Gable, Rock Hudson o Robert Mitchum y las despampanantes actrices Sofía Loren, Gina Lollobrigida, Silvana Mangano y Brigitte Bardot, quienes arrancaron los suspiros del público juvenil.

También solían acudir a los Teatros ‘Avenida’ y ‘Morales Berti”, establecidos antes que don Hacip trajera del municipio de El Carmen las máquinas de su cinematógrafo, donde funcionó inicialmente. En estos cinemas de Cesar Numa y doña Agripina de Morales Berti presentaban cintas de la pujante cinematografía Mexicana, lo cual permitió admirar a actrices como María Felíx, Sara García, Silvia Pinal, Dolores Del Rio y la argentina Libertad Lamarque; a actores como Pedro Armendáriz, Arturo de Córdoba y Cantinflas; y eximios cantantes como Pedro Vargas, Jorge Negrete, Luis Aguilar, Enrique Guzmán y Pedro Infante, este último ídolo de muchísimos jóvenes.

En la maravillosa voz de este Mexicano, era factible deleitarse escuchando Serenata sin Luna, Amorcito Corazón, Mañanitas Tapatías, Serenata Huasteca, Luna de Octubre y otras pegajosas melodías de la música Ranchera.

De la primera de estas, ensayada por noveles voces de muchachas Ocañeras, escuchábamos:

“No hace falta que salga la luna
Pa’ venir a cantar mi canción,
Ni hace falta que el cielo este lindo
Pa” venir a entregarte mi amor”

Fueron los años de artistas Ocañeras como: Las Hermanitas Pérez (Aida y Yolima), Blanca Sierra y tiempo después Yolanda Pérez, Elva O’meara (María del Mar), Carlos Julio Melo, Oscar Fajardo, integrante de los Tríos Los Provincianos y Los Isleños; Alfonso Carrascal Claro, declamador, cantante y compositor de ‘La Mugre’ y ‘Mi Tierra’. De esa época contemporánea han irrumpido compositores, intérpretes y voces de la talla de Gustavo Quinn, José Luis Baene, Hernán Páez Mozo, Mauricio Calle, Jesús Neira o Hernán Grimaldo, además de otros cultores del arte musical.

Brillaron Músicos como los Maestros Guillermo Lemus Sepúlveda, compositor de ‘Desvelos’ y la Danza ‘Agasajo’, Carlos Julio Melo Paredes, Saúl Calle Álvarez, Mario Restrepo y su agrupación musical Unidad Latina, Henry Paba y su Orquesta ‘MAKORÉ’.

Tiempo después irrumpieron dos grandes artistas, los cuales merecen una mención especial, como fueron el Pianista Felipe Calle y el Violinista Jesús Clavijo Solano, ambos con estudios en el exterior y que se han destacado como exitosos concertistas.

BANDAS Y AGRUPACIONES MUSICALES:

Los jóvenes admiraron, en diferentes épocas, nuestra Banda Municipal de Ocaña, patrimonio cultural de la ciudad y el departamento, que en las décadas de los años sesenta a ochenta, ofrecían sus ‘retretas’ o conciertos en la Plaza 29 de Mayo, ocasión propicia para el encuentro de los muchachos y las jovencitas; y posteriormente la Coral de la Universidad Francisco de Paula Santander.

ENCUENTRO CON LA MÚSICA TROPICAL

Una tarde de camino al Colegio Caro, al pasar frente al Café Bar del Hotel Alcázar, varios compañeros de estudio nos detuvimos, al escuchar las notas entre graves y alegres de un sonoro acordeón, interpretado por un hombre alto y fornido que lucía un sombrero ‘vueltiao’. Su voz era fuerte y maciza, propia de un campesino de las sabanas del Magdalena, que se acompañaba del citado instrumento, el cual ejecutaba con agilidad y virtuosismo. De las manos de este ‘morocho’, surgía una música con la cadencia y el sentimiento del artista nato,

Este pedazo de acordeón
Donde tengo elma mía
Ahi yo tengo mi corazón
Y parte de mi alegría

Se trataba del Rey ‘negro” Alejandro Durán Díaz, nacido en la sabana ardiente del municipio El Paso (hoy en día perteneciente al departamemto del Cesar), al interior de la Hacienda denominada Santa Bárbara de Las Cabezas, propiedad de los hermanos Alejandro, Arístides y Germán Gutiérrez De Piñeres. Allí, ese hombre que jamás había pisado una escuela de Música, en armonía con la exuberante naturaleza, inspiró su canto contemplando en las noches tibias el alto cielo estrellado o quizá absorto en el nocturno sonido del silencio.

Con un instrumento que Don Germán le trajo de Barranquilla como regalo, le dio continuidad a los pasos de su padre Nafer y años después, se habría de coronar 81968), como el primer Rey Vallenato, en las fiestas bulliciosas del Valle de Upar.

Con un corrillo de muchachos escuchábamos absortos esa magia musical de este gran intérprete, de los cantos raizales y vernáculos, cuando de pronto se levantó su voz ronca, como si estuviera ensayando su canto en la sabana, al pie de un árbol corpulento y veranero, cuando entonó: entonó La cachucha Bacana:

Oye lo que dice Alejo
Con su nota apesarada
Que es como el guacharaquero
Con su cachucha bacana

Y luego continuó: “para que no se olviden de este negro, les voy a cantar el 039. Y allí quedamos embelesados con el improvisado y para nosotros un novedoso concierto, hasta cuando el sonido de la campana del Colegio, nos volvió a la realidad de nuestra siguiente clase de Álgebra, con el profesor Anaya.

Así transcurrió el novedoso encuentro con «ese fuelle nostálgico y muy humano, que tiene tanto de animal triste” como lo identificara Gabriel García Márquez; y este hecho constituyó también, nuestra primera experiencia con la música de nuestro litoral Caribe, lo que nos condujo a admirar ritmos alegres y jacarandosos, tales como las cumbias, los porros y otros géneros musicales, brotados de geniales maestros como José Benito Barros, Rafael Escalona, Julio Erazo y tiempo después las maravillosas composiciones de Los Corraleros de Majagual, Lucho Bermúdez o Pacho Galán; así como las interpretaciones de cantantes como Nelson Pinedo y la Tolimense Matilde Díaz.

A partir de ese entonces, nuestras mentes y desafinadas gargantas, se fueron acostumbrando a entonar repetidamente, melodías como Momposina, Las Pilanderas, La Piragua, La Pollera Colorá, Cosita Linda y Carmen de Bolívar y muchas más.

EL LEÓN DE DAMASCO

EL VIEJO ‘LEÓN’ Y EL PASEO CAMPESTRE POR ÁBREGO

El tropel de muchachos subía por una cuesta ligeramente empinada de una calle del barrio ‘El Tamaco’, cuando de pronto apareció por una esquina, el ‘León de Damasco’. Se trataba de un pintoresco camión que, ante los ojos infantiles parecía de enorme tamaño, pintado de variados colores y en el frente su desafiante nombre. En el timón, don Isaías Elam, quien así había bautizado a su carro, tal vez en memoria de su lejana Siria.

La tropilla infantil saltó a un lado de la angosta calle y encaramada sobre un sardinel, agitaba sus brazos hacia el conductor. Don Isaías, hombre de aspecto bonachón y rostro cetrino, acentuado por su inseparable tabaco, que sesgado sostenía en su boca, detuvo su camión y les gritó: “arriba muchachos los llevaré hasta el parque”.

Prosiguió su marcha y antes de desembocar en el parque principal, frenó su camión frente al almacén de expendio de textiles que, en asocio con su hermano, tenían en la ‘Calle de los turcos’, luego llamada ‘La franja de Gaza’. Desde allí atendían la demanda de finas sedas, coletas y géneros, al igual que muy buenas telas para las damas de la población, al tiempo que surtían los pueblos del entorno provincial.

Sus vecinos y competidores eran casi todos paisanos llegados de las distantes tierras del Medio Oriente, tales como el Líbano, Siria , Turquía y Palestina; y entre otros los señores Manzur, Name, Salim, Zajia y Hacip Numa, José Pedro Busaid, Elías Awad, Luis Chaya, Elías Sagra y Miguel Haddad, quienes aclimataron su existencia en el solar de Euquerio y de Margario, por la atracción de su agradable clima, la bondad y señorío de sus gentes, sus mujeres tradicionalmente hermosas y también por el rico sabor de la cebolla cabezona roja, la cual descubrieron cómo adecuado ingrediente para elaborar el Kibbe, los pastelitos ‘Indios’ de repollo o ‘Pastelitos Turcos, y de este modo degustarlos con el Tabule, el Tahine y otras delicias de la comida Libanesa y Siria.

‘Se acabó el paseo’, exclamó el conductor descendiendo de la cabina. Ya llegamos, repitió ante la vocinglería de sus improvisados pasajeros; sigamos, gritaba la muchachada, cuando Don Isaías les reclamó: ¿entonces adonde quieren ir de paseo? ¡Queremos ir a Ábrego! respondieron unánimemente, pues pensaban en la excursión que, con su profesor, tenían proyectada en el Colegio Caro.

Escucharon cuando Don Isaías, recordando el próximo recorrido de sus ventas, decía a su hermano: “el martes tengo que llevar unas telas a Ábrego”. Sin tardanza le solicitaron que les colaborase para hacer realidad la soñada excursión y los condujera a dicha población, y el hombre asintió risueño a la petición.

Adelantando los preparativos del paseo que, al siguiente día habían de emprender, el maestro Gratiniano les comentó bastante preocupado: ‘Muchachos: pero es que no hay carro y resulta bastante costoso contratar una “chiva” donde quepamos todos’. No importa, fue la respuesta, pues ya tenemos transporte. Si, ¿cuál? ‘El León de Damasco’, replicaron estos. Don Isaías se comprometió a llevarnos.

Muy temprano en la esperada mañana, apretujados dentro del camión, en medio de su agitación y alegría, los estudiantes abordaron el viejo León, el cual arrancó estrepitosamente por una calle destapada e hizo sonar su bocina al paso por el mercado público, que a esa hora estaba repleto de campesinos, al igual que una cantidad de camiones, que llegaban cargados de víveres y los presurosos compradores de abastos.

El vehículo partió hacia Abrego, pasando por La Ermita y Guayabal, para detenerse luego en Chapinero, lo que les permitió saborear allí Kola Calle o una Favorita, bebidas gaseosas de fabricación local.

Reanudada la marcha por una carretera destapada pero bien conservada, no tardaron en divisar la población de su destino adonde se dirigían, el cual se destacaba en la llanura por la blanca torre de su iglesia. Entraron por la calle principal que a la vez era el paso o vía nacional hacia Cúcuta; ante sus ojos desfilaban casas con fachadas de colores y luego la amplísima plaza o parque arborizado, en cuyo entorno se encontraban la sede de la Alcaldía, varias oficinas públicas y la Casa Cural.

Continuaron su recorrido por una vía empedrada y siguiendo las indicaciones de Don Carmito Torrado, se fueron buscando la Escuela y recorrieron el sendero que era como una calle albaicinera, pues todas las casas lucían sus muros blanqueados con carburo o cal, al igual que el recinto escolar donde bajaron a descansar y consumir su merienda.

Avanzando la mañana emprendieron la caminata hacia la vereda de ‘La María’, dejando las últimas casas con grandes solares en las afueras del pueblo, y luegose detuvieron frente a la represa de aguas del Algodonal, rodeada de arbustos que ocultaban los palos de guayabas, caimitos y grosellas. Más adelante, se insinuaba una vasta sabana, en donde con los sembrados de cebolla y tabaco se mezclaban incipientes cultivos de Olivos y la construcción de rústicos canales de irrigación, con agua tomada de la abundante corriente del cercano río.

En algarabía alegre y un fenomenal bullicio, marcharon por un sendero empinado, y a medida que ascendían, eso les permitía apreciar los riscos y una hermosa arboleda inclinada sobre el río, al igual que escuchar el rumor de las aguas en la profundidad de su cauce. El torrentoso río, formado por las quebradas de Oroque y Friofrío, que nacen en la cumbre de Jurisdicciones u Oroque, descendía estrepitosamente por un lecho de caprichosas vueltas rocosas y enormes piedras, las cuales al chocar, oxigenan sus aguas dándoles a ellas el sabor de un licor insuperable.

Entrado el mediodía arribó la alegre tropa al risueño caserío de La María, de propiedad del señor Toño Arévalo, Abreguense de sonrosado rostro y amables ademanes, que de inmediato los hizo seguir al amplio corredor de la casona. Toño, ya avisado por el Maestro de la Escuela, les tenía preparado suculento sancocho de ‘gallina de campo’, de su bien nutrido corral, que luego fue acompañado con un sabroso guarapo de caña.

El paisaje campesino era incomparable por el vistoso entorno de la serranía, la verdura de la tierra labrantía, los arroyos que se deslizaban de la montaña y las altas cumbres del Oroque, gran mirador de la geografía de la región. Todo ello mantuvo encantada a la muchachada, la cual disfrutó a más no poder, tremenda caminata por la cordillera, motivo de una insospechada experiencia.

Esa altura que dejaba divisar en la lejanía las inmensas sabanas del Magdalena Medio, hasta entonces centro de la actividad colonizadora de los finqueros y labriegos Ocañeros, fue para los estudiantes y su profesor una gratísima vivencia, la cual recordarán por muchos años.

El regreso hasta Ábrego fue un agradable descenso y ya, con la caída del sol, dejaron atrás al pueblo que había deparado tan grata impresión a sus ávidas mentes; retornaron a Ocaña al anochecer cuando su luz nocturna despertó a quienes venían adormilados por el cansancio. En la mañana del siguiente día de clases, todos pugnaban por hacer a sus compañeros la narración atropellada de su correría.

Tomado del Libro ‘AYUDA DE MEMORIA’ de Arminio Piñeres Grimaldi

Arminio Piñeres Grimaldi

ALICIA EVOCA RECUERDOS DE ‘SAMUELITO’ MARTÍNEZ

-Hace 99 años nació en La Loma, Cesar, el hombre que supo darle el mejor sentido a sus vivencias y convertirlas en canciones, que hoy son un referente en el folclor vallenato-

Crónica

Por Juan Rincón Vanegas | @juanrinconv

No es ‘Alicia adorada’, a la que le prometieron recordarla toda la vida, tampoco ‘Alicia la campesina’, la misma que sacaron de la montaña y, menos Alicia, esa niña fantástica que tenía su morada en el país de las maravillas. Se trata de Alicia, la hija del juglar Samuel Antonio Martínez Muñoz.

Alicia contó detalles de su padre, quien desde La Loma puso en alto al folclor vallenato.

Alicia Martínez Navarro es la misma estampa de ‘Samuelito’, la que cuenta muy convencida: “A mi papá no me canso de recordarlo”. Es así como desde el barrio Álamos del Norte, ubicado en el corregimiento de La Loma, municipio de El Paso, Cesar, donde nació hace 69 años, narró detalles de ese hombre que junto a su madre, Guillermina Navarro, la trajeron al mundo.

“La historia de mis padres fue de esas que poco puedo definir, porque se quisieron mucho, pero los celos mataron el amor. Mi mamá me contaba que era muy celosa, y mi papá, un conquistador de corazones de marca mayor. Un día, ella decidió dejarlo para no seguir en lo mismo”.

Llena de una gran cantidad de añoranzas, expresó: “Me contaba mi mamá que a cada rato le reclamaba, pero seguía igual y, solamente quería agradarla con canciones y detalles. Una vez llegó, y ella lo recibió contenta haciéndole un huevo frito. Enseguida, él tomó su acordeón y le cantó: “No estaba contenta con ‘Samuelito’, ella me esperó en la casa con un huevito frito”.

Al poco tiempo, cada uno tomó su rumbo y, hasta ahí terminaron esos amores que dejó una hija, quien lo acompañaba a las parrandas y siempre ha destacado sus proezas musicales.

Evocando a papá

“Cada vez que lo visitaba en su casa, las últimas veces ya estando ciego, él recordaba distintas historias al lado mi de mamá, y la mayoría de sus cantos, unas verdaderas vivencias.
He sido una defensora de su arte porque fue un juglar completo, a los padres hay que venerarlos porque las alegrías superan las tristezas”.
Destacó su máxima obra, ‘La Loma’, grabada por Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate y Silvestre Dangond, entre otros. “Ellos pusieron en lo más alto el nombre de ‘Samuelito’. Además, esa canción se interpreta en la mayoría de los festivales, donde muchos se han coronado con ella. Precisamente, Alfredo Gutiérrez y Álvaro López se coronaron como Reyes Vallenatos interpretando ‘La Loma’, el homenaje que ‘Samuelito’ le hizo a su hermano Ignacio, a quien cariñosamente llamaba Nachera”.
Enseguida, expresó que cuando Carlos Vives grabó ‘Clásicos de la Provincia’, hace 28 años, el viejo juglar quiso que en una próxima ocasión le incluyeran su canción insignia.

Alicia Martínez Navarro, la hija de Samuelito

“Mi papá, al escuchar la mayoría de canciones clásicas que grabó Carlos Vives, nos dijo que le hiciéramos llegar la razón, incluso, él habló en la emisora Radio Guatapurí, y no se concretó nada, pero nunca es tarde.
Sería un detalle lindo en homenaje a ese juglar que se inmortalizó con esa obra”, dijo Alicia. No paró de contar, y con ese sentimiento a flor de piel, comentó: “Mi papá no se dedicó a grabar sus propias canciones aprovechando todo lo que sabía, sino que se quedó viviendo en La Loma donde murió el 27 de septiembre de 2004. De todas maneras, muchas de esas canciones las grabaron importantes artistas vallenatos. Entre las anécdotas, contó que una vez su papá se puso de acuerdo con el maestro Calixto Ochoa para encontrarse en Becerril, la tierra del cantante Rafael Orozco, y hacerle escuchar algunas de sus canciones, entre ellas ‘El arte musical’.

Al llegar el día de la cita, ‘Samuelito’ partió de La Loma, pero en el camino se encontró con un amigo y comenzó a parrandear. Hasta allí llegó el viaje.
Durante sus últimos días, seguía haciendo canciones a distintos amigos que querían llevarles un mensaje cantado a sus conquistas. Por este ‘trabajo musical amoroso’ le daban algún dinero.

En su casa se la pasaba añorando aquellos tiempos felices donde el amor aterrizó en su corazón infinidad de veces, donde en el corregimiento de Potrerillo, por tener el acordeón en el pecho se libró de una puñalada, y hasta para decirle a su hermano Ignacio que lo esperaba en La Loma con los brazos abiertos.

En su paso por la vida ‘Samuelito’ se prodigó con el acordeón y también dejó 10 hijos: María Cristina, Alicia, Samuel, Luis Rafael, Fabio, Felipina, Patricia, Luz Elena, Jorge Luis y Jaime. Tres de ellos han seguido sus pasos: Jaime es acordeonero; Samuel y Fabio, compositores.

Precisamente, su hijo Fabio ganó en una ocasión el concurso de canción inédita vallenata del Festival de Canciones Samuel Martínez con el paseo ‘Mi padre y mis sentimientos’.En la inspiración narraba:

“Cuando lo noto pensando
Yo vivo llorando las penas
por él
Y aunque lo veamos cantando
Vive amarguras Martínez Samuel”.

Festival de Canciones Samuel Martínez El homenaje perdurable a Samuel Antonio Martínez Muñoz se realiza en el corregimiento más grande de Colombia, La Loma, donde en el año 1990 se creó por iniciativa del abogado, cantante y compositor Jorge Naín Ruiz Ditta, el Festival de Canciones Samuel Martínez, que se ha convertido en un referente del folclor vallenato.

Al respecto, Alicia Martínez señaló: “Nosotros, sus hijos, estamos agradecidos por el homenaje que cada año le hacen a ‘Samuelito’ para perpetuar su nombre. Él se lo merecía, y esperamos que regrese pronto el Festival de Canciones Samuel Martínez, que se suspendió debido a la pandemia del Covid 19”.

A su vez, intervino el gestor del evento Jorge Naín Ruiz: “Para mí fue un honor al lado de un grupo de amigos crear este certamen en homenaje a ese juglar humilde, talentoso y noble, que supo darle muchas glorias a la música vallenata.
El negro ‘Samuelito’ tiene su festival, que ha alcanzado una gran relevancia a nivel nacional. No fue nada fácil sacarlo adelante hace 31 años porque La Loma era un pueblo pequeño y nos tocaba pedir casa por casa para lograr el objetivo”.

‘La Loma’ cantada por Diomedes Díaz

La noche del domingo 18 de julio del año 2010 Diome- des Díaz se presentó en el Vigésimo Festival de Canciones Samuel Martínez.
En esa ocasión, por primera vez interpretó la insigne canción ‘La Loma’, llenando de júbilo a los presentes en la plaza principal. En medio del canto, ‘El Cacique de La Junta’ sorprendió a todos al decir: “Porque un hombre como Samuel, solamente lo pare La Loma”.

Samuel Antonio Martínez, juglar que compuso numerosos cantos y alivió penas.

Imposible olvidar a ‘Samuelito’ en la fecha de su natalicio, dos de septiembre de 1922, ese juglar que compuso numerosos cantos, alivió penas y alegró corazones, teniendo su acordeón al pecho en medio de los albores del sentimiento.

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BLOG DEL AUTOR: Juan Rincón Vanegas

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