Sí es cierto, pero no es verdad

La obra cumbre de nuestro admirado nobel Gabriel García Márquez es posterior a toda esa labor que desarrollaron nuestros juglares y que cantaban como hablaban los abuelos de él.
“Yo conozco el flojo aunque lo vea sudao” Tomás Gregorio Hinojosa Mendoza.

Se ha vuelto una constante en los medios impresos, radio y televisión, en lo que tiene que ver sobre la narrativa vallenata, la diatriba sabanera liderada por creadores, periodistas, músicos y gestores cultores, quienes recurren a diversos temas en procura de mostrar su desacuerdo con el tratamiento que reciben por parte “de los vallenatos” al interior del Festival de la Leyenda Vallenata, que al decir de los quejosos es un desarraigo para con ellos.

Todo comenzó en 1969 con la participación de los músicos Andrés Landero, Alfredo Gutiérrez y Lisandro Meza en ese Festival y se reafirmó con el lanzamiento en 1973 del libro ‘Vallenatología’, de Consuelo Araújo Noguera, lo que dio pie a muchas polémicas que bien vale la pena retrotraer, en procura de encontrarle la sinrazón de las mismas.

En esos dimes y diretes se han construido unas premisas, que es necesario analizar para lograr poner en su cruda realidad qué tanto de verdad tiene lo que ellos argumentan, situación que ha tomado un tono reiterado, que no ha podido ser subsanado, pese a que han habido gestos de mano tendida que ellos no valoran, convirtiendo en “enemigo” todo lo que provenga de nuestra provincia y tenga el sello de Consuelo, Rafael, Gabriel y Alfonso.

Bien es cierto que la obra en ritmo de paseo ‘La hamaca grande’, cuyo autor es Adolfo Pacheco Anillo, tiene todos los méritos armónicos y melódicos para estar en el extenso listado de los buenos temas del vallenato, no es verdad que la misma sea principio y fin del mundo construido por el paseo. Si eso que asevera el escritor Ariel Castillo Mier fuera verdad, entonces en dónde quedaría la tradición de nuestros juglares del siglo XIX, quienes son los padres del paseo.

Con su obcecada posición, Castillo Mier pretende y cree que lo logra, hacernos caer en cuenta que el único poema existente y para mostrar dentro del paseo se resume en la obra citada de Pacheco Anillo, situación que demuestra una vez más que el tema vallenato en manos de quienes no lo conocen termina siendo un desatino, máxime cuando el responsable del texto publicado en un destacado medio se atreve a argumentar que “es muy raro encontrar en las composiciones tradicionales tan exquisito cuidado en la métrica”.

Esta osadía lleva al crítico literario a pasar por encima de Emiliano Zuleta Baquero con su ‘Gota fría’; de un Julio Vásquez y ‘El Viajero’; de ‘Chema’ Gómez con ‘Fonseca’; un Carlos Huertas y su ‘Tierra de cantores’; Leandro Díaz con ‘Dios no me deja’; Lorenzo Morales y su ‘Errante’; Calixto Ochoa con ‘Lirio rojo’; que sumado a una centena de juglares son el sustento del movimiento vallenato, anteriores al surgimiento de Adolfo Pacheco Anillo como creador, de ellos tomó muchas influencias, ya que él no inventó el vallenato y mucho menos el paseo.

UN RECLAMO SERIO

Es lamentable que un hombre como Ariel Castillo Mier, erudito en el tema literario más no en lo atinente al vallenato, halle tantas fortalezas en Pacheco Anillo y desconozca lo que tienen nuestros creadores, al afirmar que “el lenguaje sencillo del canto oculta una sabia destreza verbal por parte de Adolfo Pacheco, reveladora de la creatividad del poeta. Nadie habla así, nadie mete una serenata en un cofre de plata, sólo el poeta, el hacedor puede armar con las cumbias un collar y meter en la misma hamaca a los gaiteros y a los acordeonistas”

¿Será qué Escalona, Vásquez, Díaz, Ochoa, Morales, Zuleta, Huertas y Gómez están lejos de su imaginario, lenguaje y sentido de pertenencia?

Por eso no tiene sentido lo que de manera forzada pretende el crítico literario, al sustentar que la mencionada obra de Pacheco Anillo es un canto de concordia, un himno fraternal y luego, usa unos calificativos que en vez de sumar dejan mal parados al creador de ‘La hamaca grande’, a su defensor y a quienes quieren seguir en esa posición, que por demás se ha vuelto un sin sentido, al afirmar que “nosotros los vallenatos le cerramos el paso a toda delegación que de la sabana llegue a Valledupar y en especial al Festival de la Leyenda Vallenata”.

Si bien es cierto, que Andrés Landero Guerra, Alfredo Gutiérrez Vital, Ramón Vargas, Lisandro Mesa, Julio De la Ossa, Enrique Díaz, César Castro, Felipe Paternina, les tocó más duro que a los nuestros en la ejecución de las obras con raíces vallenatas y en el manejo de nuestros ritmos, cuando se enfrentaron a Nicolás Mendoza, Miguel López con Jorge Oñate, entre otros, quienes por razones de hábito, biodeterminismo cultural, los lleva a conocer lo íntimo de la rutina que sus antecesores crearon.

Alfredo Gutiérrez se coronó tres veces como rey del Festival Vallenato.

Pero no es verdad lo dicho por el escritor, que al interior del Festival de la Leyenda Vallenata se procedió a evaluar a los músicos sabaneros con criterios inadecuados. No se puede argumentar tal hecho, sin haber asistido a esos eventos, todo porque a su alrededor, pocas personas, entre ellas Adolfo Pacheco Anillo con sus reiterados argumentos, le hace reafirmar una mentira.

Es bueno recordarle al creador sanjacintero que cuando participó en 1973 con Ramón Vargas en la categoría profesional y en el concurso de la Canción Inédita fue declarado mejor guacharaquero de nuestro evento, en donde tuvo la mala fortuna, junto a su compañero, de enfrentarse a Luis Enrique Martínez, toda una fuente influenciadora del estilo vallenato, en donde obtuvo el segundo lugar con su paseo ‘Fuente Vallenata’ y la obra ‘No vuelvo a Patillal’, de Armando Zabaleta, fue la ganadora.

UNA LÍNEA A SEGUIR

El tiempo justiciero, como siempre, pone los hechos en su justa dimensión y nos ha demostrado que la música más divulgada en todos los festivales de música vallenata es la de Luis Enrique Martínez, como también es un acierto la decisión del jurado que eligió la obra de Armando Zabaleta Guevara, convertida con el paso del tiempo en una de las más clásicas de nuestro movimiento musical.

Saldada esta primera acción, no encuentro la mala intención de los jurados frente a la participación de Pacheco Anillo y Ramón Vargas en el Festival de la Leyenda Vallenata o de anteriores delegaciones llegadas de la sabana del Bolívar Grande, no sin antes advertir que nuestra música llegó a la tierra de Pacheco Anillo, Landero Guerra y Vargas Tapias, por un proceso dinámico de migración y no a la inversa, prueba de ello nacen dos grandes que tiene esa cultura musical: Andrés Gregorio Landero Guerra y Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital.

Sus padres son de nuestra provincia vallenata y ellos son: Isaías Guerra y Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta, uno de Rinconhondo y el otro de La Paz, ambos pueblos del Cesar.

De viva voz el músico Andrés Landero dijo que “nosotros no conocíamos la puya. La vinimos a ensayar fue en el festival”, posición honesta de un hombre bueno como Landero Guerra, que contrasta con lo planteado por el crítico literario Ariel Castillo Mier, quien construyó una defensa más grande que la realidad de los hechos, quien termina señalándonos con su dedo acusador del yo Todopoderoso, al decir “la falta de juicio y sensatez” de la que hemos carecido los vallenatos.

¿Por qué tienen que ser obligados interlocutores Consuelo Araújo Noguera, Rafael Escalona Martínez, Alfonso López Michelsen y Gabriel García Márquez en ‘La hamaca grande’, reconocida obra de Pacheco Anillo? ¿Por qué el despropósito del columnista, quien se desborda temerariamente al decir que nos “inventamos a Francisco el Hombre”, sin percatarse que es el mismo creador de San Jacinto, quien reafirma la leyenda cuando él mismo reconoce que trae “unas leyendas cual las de Francisco el Hombre”, en contrario de lo que el columnista afirma y da por hecho?

Es bueno advertir que la obra cumbre de nuestro admirado nobel Gabriel García Márquez es posterior a toda esa labor que desarrollaron nuestros juglares y que cantaban como hablaban los abuelos de él.

Ya ese hecho cultural era parte de nuestra fortaleza y lo que hizo nuestro bien ponderado escritor, ante todo, por razones de sangre y tierra, no por embelecos, mostrar en su brillante narrativa las tradiciones de la tierra guajira, de donde son sus abuelos, madre y descendientes. Por eso no es raro el afecto que Gabriel García Márquez nos tiene, que es tan grande como el que nosotros le expresamos.

Por eso Valledupar reclama sin decirlo y en eso todos hacemos fila de sólido respaldo, en cuanto al tema del Festival de la Leyenda Vallenata. Si este evento no se construye en la Capital mundial del vallenato, como la denominó el hombre de teatro y radio ya fallecido Héctor Velásquez Laos o El Vaticano del vallenato, como la bauticé, la historia de nuestra música fuera otra.

No olvidemos que lo hecho por ese evento fue nada menos que un reordenamiento cultural, alrededor de una música provinciana que poco o nada valía, dispersa en todo el Magdalena Grande, lo que es hoy el Magdalena, Cesar y La Guajira.

A mí en lo particular no me gusta esa postura, que a veces raya en lo insostenible, que Ariel Castillo Mier tiene frente a Pacheco Anillo, en donde se pone unas orejeras que no lo hacen mirar hacia otros creadores vallenatos, tan valiosos o más que el mencionado creador sanjacintero. Pero bueno, ese es un problema que tiene el articulista y solo él debe resolverlo, sin que ello vaya en detrimento de nuestra cultura vallenata y de los valores que ambos tienen.

De lo que sí estoy seguro es que no es cierto ni lo será jamás que para concursar en nuestro evento cultural haya que recurrir a introducir a más de nuestros cuatro ritmos, el paseaito, el pasebol, la guaracha o la charanga, el porro, la cumbia y la gaita.

No necesitamos de acciones exotéricas ni de agoreros de turno para consolidar a nuestros ritmos e instrumentos. Eso ya lo demarcaron nuestros juglares y de cuya acción siempre estamos agradecidos.

Es por eso que el Festival de la Leyenda Vallenata es lo que es: el primer certamen de la música vallenata. Es necesario advertir que nuestros bisabuelos, abuelos y padres nos enseñaron que esos cuatro ritmos y tres instrumentos eran los fundamentales para alegrar a una Nación.

A ellos, a los creadores, ritmos e instrumentos, son a los que hay que defender. Seguimos en esa tónica con la firme convicción que las futuras generaciones no van a ser mezquinas en la defensa y continuidad de esos sueños.

Por eso no tiene sentido que usted junto a Pacheco Anillo, ‘Chane’ Meza, Numa Armando Gil Olivera y Arminio Mestra Osorio, haciendo énfasis que a estos dos últimos, se les ha ocurrido “la brillante idea” de poner por encima de los creadores del merengue, a ‘El Viejo Miguel’ como el mejor en la historia del vallenato, tema que si no lo graban Los Hermanos Zuleta Díaz no tendría la altura interpretativa vallenata de la que goza hoy día.

Ellos lideran una burda acción con la que pretenden hacerles creer a los asistentes a las reuniones privadas o en foros abiertos, donde solo hablan ellos, que por acá tenemos una soterrada maquinaria contra los músicos del Bolívar grande.

Esa aseveración se cae de su peso al encontrar que valores como Alfredo Gutiérrez Vital ha ganado tres veces, Julio Rojas dos veces, Julio De la Ossa una vez, sumado a que Andrés Gregorio Landero Guerra fue declarado rey vitalicio por la Fundación del Festival Vallenato, en cabeza de Consuelo Araújo Noguera, junto a Emiliano Zuleta Baquero, Francisco Rada Batista, Abel Antonio Villa Villa, Antonio Salas Baquero, que entre otras no tienen nada que envidiarle a los músicos de la Sabana. Igual el reconocido compositor sanjacintero fue homenajeado junto a Leandro Díaz, Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo y Calixto Ochoa, ¿será que estos están por debajo del mencionado creador Bolivarense?

PARA RECORDARLO

Es bueno que eso no lo olviden, ya que nosotros cuando llegaron Lisandro Mesa, Enrique Díaz, César Castro, jamás tomamos banderas de exclusión, solo que ellos se enfrentaron a los mejores de nuestra provincia vallenata y no tenían como ganarles.

Como prueba está un ‘Colacho’ que en el contexto vallenato tiene un mayor reconocimiento que Andrés Landero, Lisandro Mesa, Ramón Vargas, sin que suene a irrespeto con los valores de la sabana del Bolívar grande.

Como dijera mi primo Diomedes Díaz “se las dejo ahí”, para sustentar la piqueria que hace rato quiere arman Ariel Castillo Mier con la segunda voz de Pacheco Anillo y otros de menor tenor, a quienes no les temo afrontar, para que debatamos el tema cuando quieran y donde ellos digan, pero que para infortunio nuestro, son personas, que no pierden oportunidad alguna para despotricar de una mujer que como Consuelo Araújo Noguera, quien tiene todos los reconocimientos que parten desde nuestra provincia vallenata hasta los diversos escenarios, a donde llegó su labor en pro de esta bonita música nuestra, sin ese maniqueísmo perverso que esas mencionadas personas no se cansan de esgrimir, sin una retórica argumentativa que permita validar sus voces.

No me canso de unirme a ella cuando de manera enfática decía “aquí calificamos bien al que toque vallenato. El paseo que sepa a paseo, el merengue, el son y la puya a lo que en esencia ellos saben. No aceptamos disfraces”.

No olviden Castillo Mier, Pacheco Anillo y quienes le secundan, que aquí en esta tierra nuestra, en la gran provincia vallenata, nosotros pese a la ausencia física de “La Cacica” seguimos en la misma postura. Nosotros no traicionamos nuestros sueños por ir en busca de lo que no es nuestro. Que interesante sería, que ustedes en vez de estar exponiendo malquerencias, miren a su entorno social y ante todo lo musical, se hagan una autocrítica y después de ello, verán que han perdido un valioso e irrecuperable tiempo, peleando contra el vallenato mientras el porro, la cumbia y la gaita agoniza.

Es bueno que ustedes le enseñen a esa nueva generación, el valor inmenso que tiene su cultura musical, ya que nuestros juglares y la misma “Cacica” nos enseñó a trabajar, defender y proteger lo nuestro. Ella lo que hizo, no fue arbitrario ni un robo cultural al escribir “Vallenatología”, que dio inicio, sin proponérselo la autora, a la apertura de una investigación sobre la música vallenata. Y es bueno que ustedes no sigan vendiendo la pobre idea, que todo lo que realizó Aníbal Velásquez, Lisandro Mesa y los Corraleros del Majagual, es el formato que usamos nosotros. Eso no es cierto ni es verdad. Nuestros artistas, todos sin excepción, con todas las influencias que el entorno produjo, han pulido su estilo. Les pregunto: ¿qué hay de Aníbal Velásquez en los Hermanos Zuleta Díaz? ¿Qué hay de Lisandro Mesa en Luis Enrique Martínez? O ¿de los Corraleros del Majagual en Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Silvio Brito, Iván Villazón?

Si lo que dicen es verdad, ¿en dónde quedó la labor de nuestros juglares que antecedieron a sus mencionados y valiosos artistas? No olviden que primero son los abuelos que los padres. Esto demuestra Ariel Castillo Mier y Adolfo Pacheco Anillo que ustedes en el tema vallenato, no son muy acertados en sus comentarios, situación que los lleva a plantear de manera fragmentada los hechos, con no muy buena intención, porque se dejan llenar de una serie de fantasmas que tienen, que es bueno los vayan eliminando, para que les quede claro como lo dijo nuestro valor vallenato Sebastián Guerra: “como yo conozco el tema no sufro de engaño”.

*Escritor, Periodista, Compositor, Productor Musical y Gestor Cultural para que el vallenato tenga una categoría en el Premio Grammy Latino.

BLOG DEL AUTOR: Félix Carrillo Hinojosa

“El Grammy Vallenato sí vale la pena”

Por: Félix Carrillo Hinojosa

Ante el continuo interrogante, planteado por periodistas e investigadores de la música vallenata, es importante darle las respuestas necesarias y enrutar este proceso de la Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum por el camino que debe ser.

No es cierto que el logro de tener la Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum sea mirado como una subcategoría dentro de los Premios Grammy Latinos.

Catalogarla así sería minimizar su conquista y la Academia Latina de la Grabación, ente que tiene la responsabilidad de su asidero y propagación no tiene categorías de segunda o tercera clase. Todas cumplen su cometido y dentro de la organización que las rige reciben el tratamiento que han logrado mantener.

En el caso del Vallenato es bueno hacer hincapié en lo siguiente: nunca, antes del nacimiento de la categoría, este género musical había sido tenido en cuenta dentro de esos inmensos premios, ya sea como participantes en una categoría o como protagonistas de una gala o exaltado algunos de sus personajes. A partir del nacimiento de la misma se han dado los siguientes hechos, que es bueno que nuestros lectores tengan en cuenta:

Al nacer la categoría Cumbia-Vallenato/Álbum entró el nombre de los artistas de Colombia en la baraja del premio de la música más importante que tiene el continente y el mundo como lo son los Grammy tanto americanos como latinos, sin dejar de lado que Carlos Vives y Egidio Cuadrado abrieron los caminos al ganar con los Clásicos de la Provincia, tres Grammy, uno americano y dos latinos con nuestra música vallenata, que crearon un excelente espacio para nuestro folclor. Sobre esa base, inicié todo el proceso de buscar una categoría como en efecto ocurrió y del que son testigo los artistas vallenatos, periodistas y agentes comerciales de nuestra música, hecho del que se pretendieron apoderar unas personas que no sudaron ese proceso y que le hicieron apología al hecho vivido por el famoso extravío de la Custodia de Badillo.

Este desatinado momento no fue óbice para que se ubicara el vallenato, un movimiento musical de gran fortaleza en Colombia, no solo por sus ventas, sino por su masificación en todos los medios de comunicación, las nuevas tecnologías y los grandes conciertos, situaciones que no son determinantes para otorgar el Grammy en la mencionada categoría.

Nunca antes se le había hecho un reconocimiento al vallenato como ocurrió después del surgimiento de esa categoría, al exaltar los nombres de personas como Rafael Escalona y Jorge Oñate, cuyas vidas artísticas han sido pilares que el camino que nuestra música tenga hoy día una gran fortaleza. Igual tener unos ganadores en esa categoría como lo son los hermanos Emiliano Alcides y Tomás Alfonso Zuleta Díaz; Jorge Celedón en cuatro ocasiones, con el acordeón de Jimmy Zambrano, Gustavo García, Sergio Luis Rodríguez; Peter Manjarres con dos juntos a los acordeoneros Sergio Luis Rodríguez y Emilianito Zuleta; Juan Carlos Coronel, Juan Piña y Rodrigo Rodríguez; Diomedes Díaz y Álvaro López; el artista Fonseca, con un producto homenaje al cantautor Diomedes Díaz; Felipe Peláez, y el más reciente Silvestre Dangond con su acordeonero Lucas Dangond.

Jorge Celedón

Producto de esa categoría, es importante destacar el hecho propiciado por la academia latina de la grabación, al hacerle un llamado a todos los músicos ejecutantes del acordeón, en sus distintas músicas locales que tiene nuestra América, situación lograda sin confrontarlos que elevó a nuestro género musical. Allí vimos a Emiliano Zuleta Díaz ejecutar instrumentalmente la obra de su padre Emiliano Zuleta Baquero, ‘La Gota Fría’. Sin embargo, no se han percatado en Colombia, hecho que lamento, por la mezquina visión de muchos medios de comunicación, artistas, investigadores, agremiaciones artísticas, casas disqueras, hayan contribuido a que no se haga más evidente esa conquista, pero la realidad que en la mano tenemos es que lo único que tiene Colombia seguro es la Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum.

Poncho’ Zuleta.

Es evidente que a partir de la creación de la mencionada categoría, las otras músicas locales, que poco contaban en el contexto de ese premio, se han vuelto más visibles. Si no miremos lo logrado por artistas como Chocquibtown, Cholo Valderrama, entre otros, quienes alzan con orgullo un Grammy en defensa de su música.

Sumado a todos esos antecedentes, quiero decirles que los parámetros usados por la Academia Latina de la Grabación son claros y transparentes, sin dejar de lado, que pueden ocurrir errores propios de los seres humanos, “que a veces lo que no nos comemos, lo dañamos”, práctica usual en nuestro medio y que hace carrera en los dobles y triples discursos que se hacen sobre el tema del Grammy Vallenato, pero de lo que sí estoy seguro es que allá todos los productos que llegan dentro de la fecha límite de recepción son revisados minuciosamente por comités definidos en cada una de las categorías, que hasta el momento tienen esos premios.

Por lo tanto, cuando llega un producto musical se revisa el mismo como tal, sin la carga que muchos argumentan: “ventas de CD”, “fama”, “trayectoria”, sino lo que contiene el producto y es juzgado “solo por su contenido”. Luego el mismo se somete a la visión equivocada o acertada de los “Miembros Votantes” que tiene la academia, que son en este momento más de 8.000. Estos miembros votantes son los responsables, luego de la preselección (por los comités de categorías), de seleccionar cinco artistas por categoría y luego de uno como ganador de la misma.

Es bueno anotar que la Academia Latina de la Grabación no hace visible los nombres de las personas que son escogidas para esos comités, por razones obvias, para evitar la contaminación que suele ocurrir en estos casos, pero de lo que sí estoy seguro es que la mayoría de quienes lo conforman son personas probas y ejemplo de transparencia, quienes han estado cada vez que los requiere el ente organizador, en el trabajo arduo de selección de muchos productos vallenatos.

No es cierto que la Academia omite cualquier estrategia de promoción frente a nuestra categoría Cumbia-Vallenato/Álbum, ya que cada vez que expone los nominados aparece la categoría como tal. Es importante hacer notar que esta categoría no se hizo para grandes o nacientes artistas, en el caso del vallenato. No, todo lo contrario; la misma tiene todas las aperturas posibles, ya que cualquier artista, consagrado o nuevo, puede inscribir su producto a través de su casa disquera o de manera independiente y sujetarse a los reglamentos que tiene la Academia Latina de la Grabación.

Si todo lo expuesto está sustentado por la verdad, no lo es menos, lo siguiente, que es donde creo radica el problema de esta categoría:
La mayoría de las personas que hacen parte de los medios de comunicación, investigadores, artistas vallenatos y de otros géneros, se han dedicado a subestimar lo logrado y en el caso de los artistas vallenatos pierden el tiempo en pobres comentarios y no se organizan, mucho menos quienes le acompañan.

Al artista colombiano, y en especial a los vallenatos, en la mayoría de los casos le duele el triunfo del otro, lo que ha generado una postura muy feudal frente a lo que significa el Premio Grammy para el mundo de la música y quien lo gana.

Las casas disqueras, con contadas excepciones, andan algarete y no han mirado con seriedad el tema de sus artistas y ante todo el de la naciente Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum. Nada más se les escucha hablar mal de ese logro y no construyen mejores caminos para mejorar la imagen de sus artistas.

Diomedes Díaz.

A los medios de comunicación les resulta más rentable hacer crónicas y reportajes con géneros externos que con los colombianos. Este hecho está más que probado a lo largo de la historia del arte nacional, en donde hay varios elementos visibles: a la radio, prensa y televisión les gusta más lo extranjero que lo nacional, que nuestros artistas poco o nada hacen para mejorar su comportamiento, que siempre deja mucho que desear. Poco protagonismo de las agremiaciones, que tienen que ver con los derechos de autor y conexos en Colombia.

Que los artistas vallenatos no han querido mirar más allá de “la confrontación” que implica estar en una tarima o producir un producto musical, mientras la relación entre ellos está más sujeta a ganarle a como dé lugar al otro y no de construir mejores conquistas, para un género musical que debe estar mejor, pero que ese pugilato sin sentido que desarrollan resta cada vez más la posibilidad de ver un gremio solidario y unido frente a grandes propósitos sociales. Necesitamos transformar la postura de ellos, en donde podamos encontramos artistas que hablen bien de sus colegas. No es raro encontrar una vorágine de comentarios, que en vez de sumar, restan.

Fonseca

No queremos a un artista vallenato o de otros géneros enviando malos comentarios a la Academia contra el nominado o ganador de la Categoría Cumbia-Vallenato/Álbum, sino proponiendo hechos positivos y organizándose él y a quienes le acompañan, no solo como miembros de ese ente que organiza los Premios Grammy Latinos sino en el tema de un justo pago por presentación a sus compañeros de formula musical, este es un tema que sigue oliendo a mal y que si no se organiza como tal, tendrá las consecuencias fiscales y sociales que debe tener ese mal acto.

Que la radio, en especial, se dedicó a construir el edificio de “la payola” en detrimento de nuestra música nacional y en especial del Vallenato, en donde el artista vallenato y sus compositores han puesto los ladrillos para que ellos, se llenen los bolsillos a costa de la divulgación de la mala, regular o en pocos casos de la buena mercancía que se está produciendo en varios frentes de la música colombiana.

El problema artístico de Colombia es cultural y como tal debemos analizarlos en un gran debate nacional, con todas las partes involucradas y solo así, podemos construir unas verdaderas políticas públicas culturales que beneficien más a los artistas y no, a los entes que les aglutina.

Desarrollar la gratitud como un don preciado. Bien lo dijo Emiliano con su acordeón al pecho, cuando aparecieron gestores que se quisieron abrogar la lucha creada y sostenida por mí, para lograr esa categoría que tanto bien le ha hecho al vallenato en esos reconocidos premios:

“Hay que recocer y no echar al olvido/ que esa dura batalla fue de Félix Carrillo/ sino fuera por él no habría Grammy Latino”
*Escritor, periodista, compositor, productor musical, gestor cultural, para que el vallenato tenga la categoría Cumbia-Vallenato/Álbum en los Premios Grammy Latinos.

BLOG DEL AUTOR: Félix Carrillo Hinojosa


Diomedes Díaz Maestre, de lo desconocido a la cumbre

El gestor cultural, compositor e investigador Félix Carrillo Hinojosa comparte detalles de la evolución del máximo intérprete de la música vallenatas, Diomedes Díaz, desde que vivía en el anonimato hasta llegar al firmamento de la industria musical latinoamericana. Carrillo Hinojosa presenta: ‘El vallenato y sus personajes’.

Pocos pudieron percibir, lo que un muchacho delgado, de tez morena traía impregnado en su alma, que a manera de arsenal de versos y música se fue metiendo contra todas las barreras que le ponían, hasta conquistar a esa gente, que lo acogió como un ídolo indestronable, que con todo esa influencia que sigue vigente, lo metió en su alma y de allí no lo sacarán jamás.

Diomedes Díaz Maestre fue el mayor de diez hermanos y desde niño se dedicó al trabajo del campo, que sirvió de base para su inspiración, pues tuvo como fuente inicial la naturaleza y luego a todo lo que le rodeaba.

Hijo de Elvira Maestre Hinojosa y Rafael María Díaz Cataño. Nació el 26 de mayo de 1957 en la finca Carrizal, ubicada en La Junta, muy cerca al cerro del Higuerón en La Guajira.

Resumir la vida artística de Diomedes Díaz Maestre es uno de los retos más complicados que invita a desarrollar, todo un peregrinaje por los momentos duros que vivió para darle una significación a sus sueños. Es por eso que durante los años que perteneció al sello discográfico Sony Music, antigua CBS, éste cantautor se convirtió sin duda alguna en el artista más exitoso, vendedor, carismático, soñador, idolatrado, envidiado por muchos y no tan querido por otros, pero lleno de un gran talento innato, que desde niño cultivó, que con el paso de los años lo convirtió en una verdadera leyenda de la música vallenata y un digno representante de nuestro folclor nacional.

Diomedes Díaz Maestre en sus 37 años de vida artística impuso más de 300 éxitos a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional, 89 de ellos de su propia autoría, récord difícilmente alcanzable por un artista nacional como es el de superar 13 millones de copias vendidas, obtener 25 discos de oro, 26 de platino, 15 de doble platino, 6 quíntuple de platino, 10 de diamante, que lo convirtió en el artista de mayor reconocimiento en el territorio colombiano.

Su presencia en la discografía nacional está representada en la grabación de 34 álbumes, aparte del tradicional ‘Fiesta Vallenata’, en donde sorprendía a sus seguidores con tres o cuatro temas inéditos de su autoría o de otros autores, sumados a las muestras antológicas de otros ritmos del folclor nacional e internacional.

Diomedes Díaz Maestre dejó siempre en alto y en un gran nivel el compromiso que tenía con sus seguidores, como era el de brindarles la música que él componía e interpretaba con el alma.

Ese respeto profesado hacia las numerosas composiciones, que nunca se negó a grabar, le permitió la mayor fidelidad con sus seguidores, que no dudaron en consagrarlo como ‘El Cacique de La Junta’ para unos, ¿El Cantor Campesino o de Carrizal’ para otros, ‘El Papá de los pollitos’, ‘El Ídolo’, sumados a miles de elogios y calificativos, llenos de cariño y respeto a esa persona, que marcó toda una enorme generación triunfadora, en la cultura vallenata, que sirvió de puente para identificar la idiosincrasia de una región y de un país entero, que con su triste y definitiva partida dejó para siempre un recuerdo imborrable en el alma y corazón de sus miles de seguidores, que se mantienen fieles, hasta en su última morada.

Diomedes Díaz Maestre logró adaptarse a los diversos cambios que sufrió la composición nuestra, que pese a dar ese tránsito de lo rural a lo urbano, su voz, por muy moderna que fuera la canción, siempre llevó su sello vallenato. Ese cuidado siempre fue evidente, al seleccionar creaciones de otros autores, cuyo sello de modernidad y posmodernidad se hizo notar en cada grabación. Esto lo hizo convertirse en el más grande vendedor de música que ha tenido Colombia.

Todos los artistas nacionales y quienes venían de otros mercados externos sucumbieron ante la fuerza natural que tenía el cantautor. Un artista para el que su musa brilló en la más alta dimensión, para componerle a las vivencias, a la mujer, al amor, a sus compañeras y a sus hijos, que en todos sus álbumes mencionaba. Su inspiración sobrepasó los límites y quedó plasmado en sus letras y melodías, que son un tesoro que guardan sus seguidores, que nunca dejarán de sonar, porque fueron hechas con el alma, para convertirse en clásicas del género vallenato.

Algo que sorprendió en la vida del inmenso cantautor vallenato fueron sus composiciones, ya que cada una de ellas llevaba consigo un mensaje claro, definido y dentro de un contexto que ‘El Cacique’ dejó plasmado, a tal punto de convertirse muchas de ellas en verdaderos himnos al amor, el despecho, la naturaleza y en general a la vida misma. Son canciones llenas de un virtuosismo innato, tan naturales como el agua cristalina que corre por el río de la inspiración y de la vida, hecho difícil de encontrar hoy día.

Al tiempo que creció el artista surgen las dificultades para el manejo de todos esos logros, que al final terminan catapultando, no de la mejor manera, a un diamante que para infortunio de nuestra música vallenata cayó en manos de unos malos talladores, que nunca lo vieron como un ser humano sino como a la simple máquina de hacer dinero.

Diomedes Díaz Maestre empezó a quedarse solo. Martín Maestre Hinojosa, ‘Colacho’ Mendoza y Juan Humberto Rois mueren, al igual que Rafael Orozco, quienes ejercen sobre el cantautor unas grandes influencias, que a manera de reto lo ayudaron a crecer. El primero lo guio a conocer sus propias fortalezas y debilidades, el segundo fue el maestro que siempre vio con el que se graduó, el tercero, el cómplice que sabía cómo estaba, qué le pasaba, a dónde se perdía en sus noches de bohemia, el que le hablaba con regaños, todos llenos de cariño y el cuarto su rival artístico, que lo hacía cumplir con la mayor altura, poniendo de presente siempre su talento, para no quedarse atrás. Esos referentes fueron el motor del cantautor, que sumados a los tantos encuentros furtivos con el amor, fueron minando tanto su talento y esperanza, de encontrar un buen nido donde poder descansar, sin las afujías que su mundo artístico y la vida misma le produjo.

Diomedes Díaz supo gozar la vida y eso le llevó a tener muchas críticas, por lo exagerado de sus celebraciones, en algunos casos el incumplimiento en varias de sus presentaciones y una serie de infortunadas situaciones de salud e incidentes en su vida, que incluso casi lo llevan, anticipadamente, a un trágico desenlace.

Este es el momento oportuno, para reconocer también que su vitalidad fue una gran virtud que le sirvió para construir esa exitosa calidad artística que llevó consigo y lo consagró como una de las leyendas urbanas del vallenato, una cultura artística, que con el paso de los años creció y fortaleció su imagen en doble vía, dentro y fuera del país.

Su último disco titulado ‘La Vida del Artista’ nos dejó ver esa faceta del gran cantante que es, como paradigma en esa gran obra construida, para convertirse en uno de los productos más importantes en su carrera, que a manera de despedida les brindó a sus seguidores, artistas de su música y de otros géneros, dejando ver cómo se sentía Diomedes Díaz Maestre frente a la vida, al momento artístico, en donde siempre sobresalió el nivel musical que le sirvió para ser lo que es para todos nosotros, una de las joyas artísticas más preciados de Colombia.

El surgimiento de Diomedes Díaz Maestre sirvió para proyectar la economía formal e informal de la tierra vallenata y hasta donde llegó “su fanaticada”, en donde cada lanzamiento de su producto musical motivó la creación de diversas estrategias para su empresa discográfica, empresarios, seguidores y vendores, que esperaban religiosamente el disco de este artista para poner en circulación todo lo relacionado con su imagen.

Ese día, el país vallenato sintió la presencia de sus seguidores, proyectando la devoción hacia el artista, con toda la exaltación que solo él podía producir.

El momento más feliz que vivió el artista Diomedes Díaz Maestre en toda su carrera musical fue obtener por parte de la Academia Latina de la Grabación, un Grammy Latino por su producto ‘Listo Pa’ la Foto’, en compañía de su acordeonero Álvaro López. Esta distinción, que lo llenó de alegría, lo motivó para seguir en la lucha musical como solía decir, “el mañana es hoy” y “por eso debemos hacer lo mejor posible, para que no nos coja el día, sin hacer nada”. Así vivió Diomedes Díaz Maestre ese galardón, que se sumó de manera vigorosa a su vida.

Es tan vital el paso de este cantautor en la música vallenata, que logró, pese a los malos momentos que vivió al final de su vida, estructurar unos cimientos para que la nueva generación los tome como ejemplo. Hechos evidentes que nos permiten analizar su labor, en donde sin lugar a dudas les dejó una tarea en el nivel más alto, difícil de igualar y que debe servir como un referente especial.

Diomedes Díaz Maestre generó un grande aporte artístico a nuestra cultura musical, en donde su oficio como artista, compositor y verseador innato lo elevó a la categoría de ser “el más grande de todos los artistas vallenatos”, una especie de techo insuperable, en donde logró hacerse el mejor homenaje a su carrera artística, al despedirse de sus seguidores, con un producto narrado con su sabiduría, su esencia, su sabor y naturaleza, que lo ubica en uno de los mejores sitiales, que personas como él deben tener.

En Sony Music se experimentó un dolor inmenso con su partida física, pero es tanta su grandeza que en cada rincón de esa compañía se palpa a esa estrella que brilla con luz propia, por el pasado, presente y futuro de la música vallenata, en la que dejó un legado de canciones, muchas alegrías y una enorme satisfacción, de poder decirles abiertamente, que tal como se hace con los hijos: “lo criamos”, “lo vimos crecer”, “desarrollarse y consagrarse como la más grande figura que ha parido el vallenato hasta nuestros días” y eso, es algo que nunca se podrá olvidar, ni dejar atrás. Aquí él es inolvidable, suelen decir la gente que está al frente de esa empresa discográfica.

Esa infinita confianza que depositó el cantautor en su compañía discográfica y en el equipo humano, que siempre le acogió sus sueños, que se inmortalizaron al dejar atrás, un inicio que corrió con todos las dificultades, cuando su naciente voz de muchacho cantó al lado del rey vallenato Nafer Durán, que sin lugar a dudas fue el hálito perfecto para consagrarse ante propios y seguidores de muchas partes del mundo. Diomedes Díaz Maestre nació para triunfar.

BLOG DEL AUTOR: Félix Rafael Carrillo Hinojosa
Compositor – Gestor Cultural.

Hay ratos solemnes y otros de agonía

hermanos_zuletaPoncho y Emilianito ganaron el primer Grammy Latino. Estaban disgustados, pero la fuerza natural de su música les permitió el triunfo.

POR: FÉLIX CARRILLO HINOJOSA*


El Festival de la Leyenda Vallenata 2016 rendirá homenaje a Emiliano Alcides y Tomás Alonso, los reconocidos Hermanos Zuleta Díaz.

Nunca pensó Sara María Baquero Salas que de su relación con Cristóbal Zuleta Bermúdez nacería un genial hombre llamado Emiliano Antonio Zuleta Baquero, quien pudo, al tiempo que labraba la tierra, construir un mundo musical distinto al de sus contemporáneos, que serviría luego para musicalizar tierras inhóspitas, que supieron de su presencia y lo posicionaron como un trovador cuya juglaría serviría de soporte para un naciente movimiento artístico, que hoy sirve de base, en la defensa de la cultura musical de la Patria. Seguir leyendo «Hay ratos solemnes y otros de agonía»

El Cocha Molina, el rey del acordeón

El acordeón en nuestra tierra, se ha encargado de matizar los momentos tristes, volverlos fortalezas, ocupar la mente y hacerla más creativa, sin importar que a cuestas se lleve un dolor. Ese instrumento, al igual que la música vallenata, nos salvó de todo.

Por: Félix Carrillo Hinojosa*

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Gonzalo Arturo Molina Mejía «El Cocha»

Conocí a Gonzalo Arturo Molina Mejía, siendo un muchachito, al que el dolor por la partida de su padre Arturo Molina, se le reflejaba en todo su cuerpo, sin decirlo. Su casa quedaba en una esquina del Barrio San Joaquín, a la que llegué en más de una ocasión, a pedirle permiso a su madre, quien nunca me dijo no. Pese a sus retahílas que iban de la sala a la cocina, al tiempo que cogía el acordeón y tomaba de la mano al futuro acordeonero, para llevarlo donde se encontraba nuestro primo en común, Gustavo Molina Daza, quien con solo escuchar las notas de un acordeón bien tocado cántaba sus desencuentros amorosos. Seguir leyendo «El Cocha Molina, el rey del acordeón»

“Que viva el vallenato”

Al ritmo del son, el paseo, el merengue y la puya

Este género para ser cantado y tocado en su esencia, tiene que ser hilado a través de algo tan fundamental como ser del hábitat, del entronque, de la savia y de la sangre. «Yo canto, canto vallenato que me llenan de emoción, me quita o me da tristeza cuando escucho un acordeón». Emiro Zuleta Calderón 

Por: Félix Carrillo Hinojosa*

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El acordeón, la caja y la guacharaca son los protagonistas del vallenato.

Nadie imaginó, mucho menos nuestros campesinos creadores del son, paseo, merengue y puya y los ejecutantes de la guacharaca, caja y acordeón, que esa música rechazada pero contestataria a la vez iba a llegar hasta donde hoy día se encuentra. Seguir leyendo «“Que viva el vallenato”»