La Nueva Ola vallenata: la música de las nuevas tribus urbanas

Abel Medina Sierra/ Círculo Coralibe

Una tendencia parece estar predominando en el tipo de música vallenata que se está grabando, vendiendo y difundiendo en los últimos años: la “adolentización” de la música. El vallenato antes era considerado música hecha por adultos para adultos. En la actualidad los jóvenes son quienes más consumen música; en el caso del vallenato; de las agrupaciones que graban, la mayoría están constituidas por jóvenes que apenas llegan a la mayoría de edad. Son ellos los que colman los conciertos y casetas, las plazas en los festivales, son ellos los que se toman las caravanas de lanzamientos de discos y exacerban sus idolatrías usando camisetas en las que expresan con orgullo “Soy silvestrista” o “Soy peterista”. Hemos sido testigo del paso de una música cuyos referentes hace tres décadas revestían como protagonista a un adulto parrandero, mujeriego y campesino y hoy a un universitario o colegial urbano, díscolo y light, prisionero del celular y el Internet o noctámbulo de la discoteca. Estos jóvenes son los miembros de las denominadas tribus urbanas o subculturas juveniles cuya identidad depende no tanto de su arraigo con el territorio sino de su consumo y sus gustos, entre estos, el musical.

El famoso investigador y sociólogo Simon Frith ha dicho que cuando nos hacemos adultos usamos menos la música y nos implicamos mucho menos en ella: “las canciones más significativas para todas las generaciones […] son aquellas que escuchábamos cuando éramos adolescentes. Lo que podemos deducir de todo esto no es únicamente que los jóvenes necesitan la música, sino también que el ser «joven» se define a partir de la música” (2001).

Es necesario aclarar que no se trata de postular que todos los jóvenes costeños o colombianos escuchen casi o exclusivamente un género musical. Ellos, en especial los urbanizados, prefieren ciertos tipos de música, pero combinan sus preferencias de las formas más variadas (vallenato- reggaetón por un lado, salsa-merengue por otra, por ejemplo). Esta forma de construir modelos híbridos de apropiación musical dista mucho de significar que los jóvenes no busquen distinguirse del mundo adulto a través de la música que compran y escuchan sino que simplemente han variado sus mecanismos de conformación de identidades, de socialización, integración y comunicación. Sin embargo, es evidente que existe una correspondencia entre grupos sociales y géneros musicales; o cómo explicar las afinidades a ciertos estilos, la creación de comunidad alrededor de ellos, la valoración negativa impuesta sobre géneros específicos o el desagrado que se experimenta ante otros (a los jóvenes amantes del vallenato contemporáneo poco les gusta el bolero o la música andina)

Por otro lado, la música juega un papel importante como elemento de socialización y en la formación de la identidad del adolescente lo que tiene que ver con la manera como lo sonoro se ha convertido en un símbolo de su búsqueda de identidad, diferenciación y autonomía. Los adolescentes utilizan la música como refuerzo de identificación con su grupo de iguales, como vehículo de su rebeldía contra lo convencional, para ayudarles a establecer una identidad separada de la de sus padres o simplemente es usada para relajarse, entretenerse o evitar el sentimiento de soledad.

El universo de lo “juvenil” se forma alrededor de muchos y muy diversos aspectos o vertientes de interés que configuran su universo identitario. Según Ignacio Megías Quirós y Elena Rodríguez San Julián (2001) la música es uno de ellos, pues tiene la capacidad de propiciar relaciones y encuentros, crear espacios, marcar de forma fundamental identidades e identificaciones… Forma parte de su propio lenguaje y crea códigos de entendimiento e identificación que contribuyen de forma fundamental a definir aquello que constituye lo que entendemos como ser joven. La música marca sentidos generacionales, marca clase social, marca identidad.

El gran poder de la música reside, precisamente, en que refuerza el sentimiento de colectividad en relación a aquello que denota. Una persona se siente más joven (y por tanto más unido a este sector generacional) cuando escucha a Silvestre Dangond, Kaleth Morales o Felipe Peláez; más contestatario si escucha a Silvio Rodríguez, Alí Primera o Pablo Milanés, más espiritual cuando entona canciones de Elvira Piña. Escuchar las nuevas olas de la canción vallenata refuerza la pertenencia hacia una generación, hacia una estética y hacia unos patrones diferentes al de los adultos.

La música es importante para los jóvenes, lo que obedece no sólo a razones estéticas, sino a la necesidad de la diferencia. Que a los jóvenes les gusten las canciones vallenatas de letra Light, mezclas rítmicas y tiempo vertiginoso como las de Kaleth Morales, no quiere decir que su gusto es malo o precario sino que necesitan distanciarse de la música de sus padres y tener una propia. La música les ayuda a explicar el mundo y contribuye a marcar roles: marca el tiempo y el espacio.

Al joven contemporáneo le correspondió una época en la que la figura tutelar de los padres tienen menos influencia en su formación y en sus gustos; el Internet, la barriada, los medios influyen tanto en su universo de experiencias, se diluye el ejemplo del padre y de la escuela como centros hegemónicos de referentes culturales. El joven ha enfatizado sus empatías cognitivas y expresivas con las tecnologías, y en los nuevos modos de percibir el espacio y el tiempo, la velocidad y la lentitud, lo lejano y lo cercano. Asistimos a una experiencia cultural nueva, o apelando a Walter Benjamín (Citado por Martín Barbero, 2002) un sensorium nuevo, que son sus nuevos modos de percibir y de sentir, de oír y de ver, que en muchos aspectos choca y rompe con el sensorium de los adultos. La generación de la Nueva Ola vallenata se distancia de los gustos adultos en aspectos como la velocidad y la sonoridad, la fragmentación y la discontinuidad, el hibridismo y la teatralidad.

Aunque en Colombia no existan cifras relevantes sobre el consumo de música por parte de los jóvenes es buen ejercicio revisar las cifras en España donde según el Centro de Investigaciones Sociológicas y Eurostat (El País 11.3.2000), el 78% de los jóvenes ente 18 y 24 años escuchan música todos o casi todos los días. De igual manera, en una amplia encuesta realizada a jóvenes entre 14 y 16 años, en 10 ciudades urbanas diferentes del sudeste de Estados Unidos, escuchan música un promedio de 40 horas a la semana. Los jóvenes escuchan música desde que se levantan hasta que se acuestan, e incluso muchos de ellos duermen con música. La música es utilizada por los jóvenes y adolescentes como música de fondo y acompañamiento desde la ducha, mientras hacen los deberes o ayudan en las tareas de casa, cuando van en bus, carro o moto, o mientras ven la televisión o hablan con los amigos.

La apropiación de este sector juvenil como renglón fuerte de consumo musical está estrechamente relacionada con el momento en que la categoría del ‘joven’ se constituye como una construcción cultural. Al respecto Domínguez cita a Raúl Zarzuri para quien el concepto de jóvenes recién aparece en las sociedades postmodernas industriales, y asociado a ciertas manifestaciones culturales que comienzan a emerger durante los años cincuenta.

Pero la inserción como sector diferente y emergente de la juventud en la sociedad y la cultura hizo que los diseñadores y productores los pusiera en la mira como potenciales consumidores: sus intereses, necesidades y el ansia por marcar la diferencia se vuelven mercancía. Los jóvenes se constituyen en grupo y para ello escogen significados sociales que atribuyen a los bienes culturales que consumen. “El consumo cultural los identifica y los cohesiona, les dicta patrones de conducta, códigos, formas de aprendizaje e interacción; inclusive, su lenguaje se arraiga en los objetos que consumen. La industria oferta a los jóvenes un sinnúmero de bienes materiales con los cuales crear una apariencia; estas mercancías son apropiadas por los jóvenes y revestidas de un valor simbólico que les permita definir su identidad. Así surgen los ‘estilos’ que caracterizan y hasta etiquetan a los jóvenes expresados en un conjunto de elementos materiales e inmateriales que los jóvenes consideran representativos de su identidad de grupo: uno de ellos es la música.

El consumo musical de la mayoría de jóvenes en la región se ha identificado por un estilo musical denominado Nueva Ola y que nace en medio de circunstancias sociales, geopolíticas y culturales bien concretas. En los años 2000´s, por efecto de los actores armados y la búsqueda de oportunidades laborales y de educación se enfatiza en el Caribe colombiano los procesos de urbanización, de configuración de ciudades “rururbanas” (ciudades con población rural), de desplazamiento forzado lo que genera la des-territorialización de comunidades y de sus manifestaciones culturales: la migración de comunidades afrodescendientes de Cartagena, María la Baja y Santa Rosa hacia La Guajira lleva consigo la expansión de la champeta en esta zona antes estrictamente vallenatera; así como las migraciones de guajiros del sur de éste departamento hizo que la mayoría de los músicos villanueveros, sanjuaneros y urumiteros se radicara en Valledupar. La nueva juventud pierde arraigo con su lugar de origen, sus manifestaciones (como la música) se re-localizan, los medios de comunicación lo insertan en una esfera transnacional, híbrida, en una nueva forma de negociar la identidad y de articular lo local con lo global, en un nuevo rol como gourmet intercultural.

Lo que se conoce como Nueva Ola del vallenato emerge en este contexto de emergencia juvenil a comienzos de éste siglo, e inicialmente designa a una nueva camada de intérpretes y compositores jóvenes, de buena apariencia física y, por lo general, universitarios, de clase media y residentes en ciudades. Esta nueva imagen contrastaba con la figura del cantante tradicional: un cuarentón o cincuentón, a veces obeso, de origen campesino y escasa preparación académica, parrandero y mujeriego consumado, músico indisciplinado pero carismático, gracioso y sicalíptico (Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Beto Zabaleta, Armando Moscote, Farid Ortiz para dar algunos casos concretos).

Éste movimiento tuvo su epicentro en Valledupar, y es en el año 2002 cuando tiene sus primeros hitos: el surgimiento del cantante guajiro Silvestre Dangond y el repunte de otra nueva figura: Peter Manjarrés que luego de varias grabaciones con Juan Mario De La Espriella consigue calar en el gusto regional. El inusitado éxito de Silvestre Dangond animó en los años siguientes a jóvenes talentos como Luifer Cuello, Tuto Uhía, Kaleth Morales y sus hermanos Los K- Morales, Michel Torres, Felipe Peláez entre muchos más.

La denominación de Nueva Ola se impone en el año 2003 cuando Luifer Cuello y su acordeonero Manuel Julián Martínez graban una producción con éste título y que incluía la canción homónima de Alejo Durán. La canción había sido grabada a finales de los 60´s cuando la guaracha, el pasebol y otros aires se insertaban en el repertorio vallenato por influencia de Aníbal Velásquez, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa entre otros. Alejo se quejaba entonces:

Ya mi negra me dejó

Como me compongo ahora

Porque ella dice que yo

No soy de la Nueva Ola

A mi negra qué le pasa

Lo voy a decir muy duro

Quiere que toque guaracha

Yo soy vallenato puro

Del título de la canción se tomó en los medios radiales de Valledupar la denominación que hasta entonces se aplicaba a una nueva generación de músicos, pero que desde el año 2005, en especial con la irrupción de Kaleth Morales, pasara a nombrar no solo a una camada sino a un estilo y hasta una forma o ritmo musical del vallenato contemporáneo.

En la consolidación de la Nueva Ola vallenata se pueden identificar algunos hitos relevantes. Uno de los primeros tiene que ver con el lenguaje y posiciona al canta-autor guajiro Fabián Corrales quien fue el primero en apropiar la jerga juvenil en el texto de sus canciones. Títulos y expresiones como “Hasta donde llovió hubo barro”, “Una serenata más y caes”, “Contigo ni de aquí a la esquina”, “Quihubo linda”, “Perita en dulce”, “Así no sirve”, “Tiro la toalla” , “Póngale la firma” , “Yo a que si y tú a que no”, “A partir palito”, “Te tengo en la mira” son el preludio o la continuación de una práctica hoy caracterizadora en los autores de Nueva Ola quienes apelan a frases muy usadas por los jóvenes como título, estribillo y parte del texto de la canción. Ejemplos de éstos títulos son: “Vivo en el limbo”, “Se va a formar”, “La pelusa”, “Me la juego toda” (grabadas por Kaleth Morales), “Hasta más”, “La que me mueve el piso” (Beto Zabaleta), “El dueño del circo”, “Tú me tramas”, “Estás buena” (Ernesto Mendoza), , “Los ayayay” (Poncho Zuleta), “No aguanta”, “Cómo es la cosa”, “Me estoy afilando” (grabadas por Luifer Cuello), “Open the pacht”, “Me tiene tramao” “Así es como es que es” (Rafael De Jesús y Luis José), “Coge el mínimo”, “Por ella pierdo el año”, “Barro esa jugada” (Peter Manjarrés), “Se te fueron las luces”, “El plan B” (Jorge Oñate) entre otros.

Fabián Corrales logró un nuevo lenguaje que entró en contradicción con el campesino, directo y lacónico de los cantos tradicionales por un lado, con los de tono lírico e influencia literaria como de los 70´s y 80´s así como con los sensibleros y despechados de los 90´s. Los jóvenes se sintieron más interpelados por un vallenato que hablara en su jerga pero también requerían un acordeón que interpretara su espíritu fiestero, su vértigo, su desenfreno corporal y esto se le debe al acordeonero guajiro Franco Argüelles. Este acordeonero y compositor se dio a conocer como epígono de un estilo creado por Juancho Roys pero luego a partir del año 2003 creó su propia impronta. Se trata de un estilo de ejecución que en el argot vallenato se denomina “jamaqueo” (una prótesis de la acción “hamaquear”) que insta al bailador a mecerse como una hamaca. Cuando graba su primer álbum musical con Peter Manjarrés titulado “Estilo y talento”, Argüelles impone este estilo de ejecución del acordeón caracterizado por ser más bailable, alegre, con recurrentes detenciones luego de las cuales se impone un giro melódico y rítmico que hace que el bailador “cambie de pase”, pase de una velocidad a otra. A partir de las grabaciones de éste músico y compositor el estilo se hizo hegemónico entre otros acordeoneros como Manuel Julián Martínez, Juan De La Espriella, Cristian Camilo Peña, Sergio Luis Rodríguez, Juan Carlos Ricardo, Gustavo García, Luis Guillermo Zabaleta y los demás.

Un lenguaje y un estilo acordeonero distinto requerían también un nuevo formato para el cantante. Silvestre Dangond Corrales sería el que marcara la senda por la que caminarían casi todos los cantantes del movimiento Nueva Ola. Un cantante joven, apuesto, frenético, con mucha energía en el escenario y que apela mucho a la interacción con el público. Silvestre concilia el carisma, la gracia provinciana y la espontaneidad de cantantes tradicionales como Diomedes Díaz y Poncho Zuleta pero tiene ingredientes más mediáticos y contemporáneos como la presencia escénica, la teatralidad, el look juvenil (camisetas, gorras, cabello largo, tenis). Sus presentaciones están colmadas de incitaciones al público, con frecuentes interrupciones para dirigirse a sus seguidores y reafirmar su idolatría. Baila, brinca, se mueve de un lugar a otro, suda copiosamente y contagia con ése frenético ritmo a su conjunto y a través de éste a sus seguidores. El estilo también se volvió canon en otros cantantes como Kaleth Morales, Keiner y Kaner Morales, Felipe Peláez, José Joiro, Omairo Bueno, Michel Torres, Cayito Dangond (su hermano), Luifer Cuello, Tuto Uhía, Tato Fragozo, Junior Santiago entre otros.

Otro hito importante sería en el plano composicional lo que afectaría las formas tradicionales del vallenato. Kaleth Morales Troya, hijo del cantante Miguel Morales y nacido en Valledupar irrumpe como uno de los autores a los que los nuevos intérpretes acudían para solicitar canciones. En el año 2005 Kaleth incursiona como solista (ya había acompañado a su papá en una canción a dúo) y logra un éxito inusitado truncado por su repentina muerte. Kaleth había iniciado componiendo paseo vallenatos en su formato hegemónico pero a partir de su grabación como cantante introdujo variantes híbridas, adopta un estilo de canto particular, afecta los estribillos y crea así un ritmo que bien podría ser otra variante del paseo vallenato. Canciones como “Vivo en el limbo”, “Mary”, “Única”, “Dos segundos”, “De millón a cero” entre otras instauran una nueva forma de componer que serviría para que otros autores como Elkin García, Leonardo Gómez, Felipe Peláez y otros exploraran esta nueva propuesta rítmica.

La figura de Kaleth Morales, influenciado por el vallenato que canta con suficiencia su padre y nutrido en Cartagena (donde estudiaba) por la onda champetera y de música Caribe imprimió al movimiento Nueva Ola un tono festivo, juvenil, híbrido, fragmentado y ligero que con su repentina muerte exacerbó la idolatría en todo el país. Los epígonos de Kaleth no se hicieron esperar y serían sus propios hermanos (Los K Morales) quienes más recogerían su legado.

La Nueva Ola en este camino de construcción ha encontrado su autodefinición y su identidad. En cuanto a las formas, estos grupos interpretan canciones tanto tradicionales (esporádicamente merengues y sones, casi nunca puyas) pero el ritmo que más integran a su repertorio es el paseo en distintas variantes: tradicional, lírico y rápido. Incluyen lo que podría ser otra variante del paseo en la que instrumentos como la caja (que marca en el vallenato la diferencia entre paseo, puya y merengue) tienen un comportamiento diferente y lo vocálico también adopta un estilo particular. Esta variante es lo que para muchos sería el ritmo Nueva Ola, el compositor Rosendo Romero la denomina “Paseo Kaleth” en honor a uno de sus precursores. En los años recientes el compositor valduparense Elkin García es uno de los más representativos autores de ésta variante con éxitos como: “El semestre” (Hermanos Zuleta), “El plan B” (Jorge Oñate), “Hasta más” (Beto Zabaleta), “Sentencia anticipada” (Ivo Díaz y Chiche Martínez), “El dueño del circo” (Ernesto Mendoza y Franco Arguelles). Los anteriores ejemplos también revelan que las canciones y el estilo Nueva Ola no solo es exclusiva de las agrupaciones nuevas y jóvenes sino que hasta los intérpretes tradicionales han incorporado este ingrediente a su repertorio para mantenerse en el mercado y en el nuevo gusto vallenato.

Las canciones de la Nueva Ola son ligeras, con énfasis en lo rítmico, exacerban lo bailable, el vértigo, la estridencia, la discontinuidad y la fragmentación. En las presentaciones en vivo se suele interrumpir o hacer pausas para que el cantante se dirija al público, lo incite, lo motive a participar en el canto colectivo, luego de esto se cambia el tiempo o el ritmo para exhortar a giros frenéticos y cambios de velocidad en el baile. Esta interacción con el público hace que el nuevo estilo esté marcado por la teatralidad y una mayor presencia escénica por parte del cantante. Las canciones incorporan la jerga y los motivos juveniles, el texto es light, con poco ejercicio estético y en la mayoría de los casos sólo busca crear un contexto para el estribillo en el que se reitera una frase común en el habla popular.

Aunque menospreciado y vilipendiado por los adultos, músicos tradicionales y garúes de la vallenatología, la Nueva Ola ha generado que nunca como ahora los jóvenes se involucraran más activamente en la música vallenata. Desde muy temprana edad se inician en la ejecución instrumental, el canto o la composición, cada dos semanas sale al mercado una nueva agrupación de jóvenes, son los que mueven actualmente el mercado y los conciertos, son los que visitan la radio. La Nueva Ola ha logrado que niños de escasos 10 y 12 años ahorren de sus mesadas o meriendas para comprar el nuevo CD de Silvestre Dangond, Felipe Peláez, Peter Manjarrés o los K Morales, que reclamen a los padres se les permita ir al concierto o al festival. Es decir, aunque se cuestione su tendencia al pastiche y a lo ligero, éste movimiento ha hecho sentir a los jóvenes que el vallenato también es hecha por ellos y para ellos, que los interpela y los convoca, que es música que habla su jerga celebra sus motivos, que vive a su velocidad y los hace diferentes a los adultos, que les permite la experiencia directa y tangible de identificarse como joven.

http://solovallenato.com

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